Festival Internacional de Poesía de Medellín

Federico Díaz-Granados (Colombia, 1974)

(Inéditos)

Itinerario de resurrección

Por qué alma mía decidiste habitar este cuerpo que viaja tan de prisa, desheredado del asombro como un ángel torpe entre la soledad.

Por qué alma mía trajiste de aquella piel sus llagas y sus lágrimas y no la paciencia de mi padre Job.

Me has arrojado en esta orilla de balbuceos, de equivocados, de roncos y lentos al andar.

Aquí la carne de los ángeles se consigue en los mercados y las gentes se entienden en una lengua desconocida para mi tristeza.

Por qué el azar de escoger este cuerpo que ya tenía la pobreza y la nostalgia adherida a su piel y la derrota como su único oficio competente para luego colgar mi corazón frente al sol de tu milagro.

No entiendo esas batallas, alma mía, tan sólo no me destierres del cuerpo de esa mujer que tiene un sabor a Dios entre sus labios, que desteje mi piel cada noche cuando termino una nueva infancia, el país donde hablan el idioma antes de Babel.

El primer día de la nueva creación

Desde mi ventana vi la tragedia del viento,
La puesta en escena del infierno arrojado
Con el bullicio de otros siglos,
La insurrección de los pájaros
Que huyeron con los colores de los trópicos
Y el inventario de exilios que hizo día tras día
Mi enemigo, el corazón.

Observé la abadía del espíritu,
La tierra como mi propia soledad
Donde descansaron los guerreros vencidos
Con Dios la noche en que lo derrotó el tiempo.

Vi a través de mi ventana las aguas azules de la palabra,
La capital de un huracán habitada por la miseria de los días,
Los mendigos que custodiaron mi dolor,
Y las migajas de lágrimas que envejecieron en mis bolsillos.

Y contemplé el paisaje que alojó a Dios con su rostro baldío
Cuando nos expulsó con sellos en la piel
Para reconocernos después de la masacre.

La casa del viento

Busco mis muertos diluídos por el tiempo,
Solitarios que deambulan por mi casa, por mi vida
Vistiendo un viejo musgo.
Busco mis muertos que desterrados olvidan las palabras
A esta hora en que desciende la nostalgia
Para viajar por las venas de la memoria.

Son estos mis muertos que habitan la casa del viento
Esos mismos que juegan en las fotos con algunos personajes,
Que hoy conversan con las raíces de los árboles
E indagan por la memoria de la tierra.

Ya mi vida no es un parque de diversiones
A las máquinas enmohecidas bajo la potestad del viento
Les ha crecido hojarasca.
Mi corazón parece un hospital
Que recibe heridos en su sala de urgencias
Y los amigos que han zarpado
Siguen dando vueltas en el inmenso carrusel
Con los desaparecidos que caen sin vértigo de la montaña rusa.
Cómo se parecen tus huesos a los sueños en esa casa del viento
En el hangar donde
Reparan algunos payasos y maromeros mutilados
En esa casa que cada día se parece más a esa otra demolición
Que es mi vida.

Federico Díaz-Granados nació en Bogotá en 1974. En 1995 publicó el libro de poemas Las voces del fuego. Poeta y antologista, ha editado las selecciones poéticas Vasos comunicantes y Oscuro es el canto de la lluvia, ésta última, expresión de la joven poesía colombiana.

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