Festival Internacional de Poesía de Medellín

Kailash Vajpeyi


Resignación

Te felicito, Siglo Veinte, por tus extravagancias.
Yo aquí me rindo.
noche y día
protestando contra tu demoniolatría
yo, que estoy reducido a una llaga
no tengo deseos de degradarme más.
Me retiro
como el dolor mudo y helado
bajo la costra de sangre seca.

¡Sigue con tus detonaciones, querido Siglo!
Vete a mamar a la madre tierra
o a fornicar con algún individuo anónimo.
No queda nadie que desafíe
tu suave arrogancia.
La poesía está en el exilio.

Te admiro, Siglo Veinte
por tus acrobacias.
Opaco y sólido,
tu gris razonamiento
me recuerda la edad de piedra
con innumerables brutos refinados.
En este laberinto tuyo
donde la bruma reflejaba la ignominia
yo era una rareza,
el vuelo sin sentido
de una mariposa solitaria
en la selva de cactus estramonios.

Antes de volverme totalmente loco,
debo admitir
que te estoy agradecido
por la cosecha de nuestras miserias,
por el impecable transplante de corazón
con abundancia de monóxido para inhalar.

En tu régimen aséptico
donde los desperdicios son el destino de todo talento
y las masas, como abejas asexuadas
forman el saldo en la cuenta bancaria de alguien más,
la sensibilidad de asfalto era un don
sólo que nunca lo pensé.

De otra forma, qué sentido tenía
arrullar a los bebes-robots.
Qué sentido tenía acariciar la espuma.

Como un reloj que aún golpea en la muñeca de un cadáver

seguí escribiendo poemas
seguí quemando inciensos
en una fábrica de armas

Aún así, no te culpo, querido Siglo
por mi derrota prematura.

Después de todo hay ríos
que no llegan nunca al mar.

Monumento de autocompasión

Mientras la ciudad permanece

Yo moriré
Ni el Fondo de Ahorros
Ni la familia
Vendrán a rescatarme
Pero tampoco yo querré que me rescaten.

La vida permanecerá

Y yo moriré.

La gente, ante quien aparezco como enemigo

Seguirá allí (al menos unos cuantos).
Algunos de los que me son cercanos
Jugarán a estar tristes,
Ignorando mis debilidades dirán
Que también fui un hombre.

Mis resentimientos actuales se habrán petrificado.
Las generaciones habrán sido sacrificadas.
Las civilizaciones habrán avanzado algunos pasos

Cuando yo, entre las llamas
-Cómo, no lo sé-
Me haya perdido.

Mi nombre no está escrito en ninguna parte de mi cuerpo,

Aunque la oscuridad de mis poemas
Centelleará a mi alrededor.
Nadie guardará luto por mí.

A pesar de la promesa
La rebelión
El amor

Yo me dispersaré con las cenizas.

La ciudad estará aún allí.

Sólo yo me habré ido.

Ni... Ni

Todos los días agonizantes han muerto
La escritura... difusa.
Mellado e informe como lata vacía y desteñida
¿Debo acaso permanecer en una casa en ruinas?
¿Hacia dónde partiré?
Desarraigado, hundido, ¿qué haré?

Con este cuarto de primeros auxilios;
Esta prisión, dentro de mí...
Algo debo hacer, ¿pero qué?

Un túmulo de semillas de flores chillantes
Fue arrasado por la corriente.
Un bosque verde se hundió y se perdió entre los juncos.

¿Cesaré de gritar? Por Nerón o por Ravana:
¿Abandonaré mi penar?

Dentro de poco todos habrán enloquecido,
En la luz
¿A quién diré:
¡Ven!
Te curan gratis
En un dispensario yanqui o en uno de Mao.

¿Qué remedio?
¿De qué dolor?
¿Quién dará?
¿Quién quiere que así se cumpla?

Algún día en el matadero,
Viejo, enfermo, testarudo o joven
Todos tenemos que morir.
¡Caeré!, pero ¿en dónde debo caer?

En el mar de Arabia
En el río Jehlum
En la bahía de Bengala o quizá
En un pozo seco.

En todos mis días antes y después del día después
¿Cuando no he sido golpeado?
¿Devolveré ahora el golpe?

Entre gente, infectado de
Sinusitis, calor, ardor, hambre;
¿Debo acaso tirarme como un muerto con mi descabezado esqueleto palpitante?
¿o debo ir al grano?

¿Cuál grano?
Decídmelo alguien.

Esta fama
Este honor
Esta hueca neutralidad
Todo ha perdido su sentido
Lléveselo alguien.

Donde difícil es distinguir quién es falso y quién es honesto
Y el asesinato es disculpado.

Fuego
Fuego
Fuego en derredor
¿A quién culpar?
¿Al viento enfermo, a la paja o al mundo enloquecido?

¿Me arrojaré en él?
¿O continuaré... contemplando?

A Mahatma muerto
A Gandhi vivo.

Kailash Vajpeyi nació en la India, en 1936. Poeta, ensayista, catedrático universitario y periodista. Su obra ha sido traducida y editada en inglés, alemán, ruso, danés, sueco, y español. Algunos de sus libros publicados en español son: El árbol de carne (1976); Visiones y mitos: una antología de poesía hindi contemporánea (Poesía contemporánea hindú, con poemas de amor); Visiones y mitos (1979); y Palabras de poder (1977).

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