Festival Internacional de Poesía de Medellín

Julieta Dobles (Costa Rica, 1943)

Música en la caricia

La caricia requiere su vientre musical,
su gestación de asombro bajo el tacto sediento.
Es como si de pronto descubriéramos
el continente de sus venas traslúcidas
palpitando en el oro transparente del músculo,
bajo el mapa fragante de la piel
y su vello finísimo
que alarga surcos, ríos diminutos
y espejos olvidados en sus pliegues recónditos.

En el amor el cuerpo
es el rotundo mediodía,
sin una sola sombra,
identidad perfecta
de nacimiento y transfiguración,
playa donde la eternidad
por un segundo esplende
en toda su remota desnudez.

La caricia es un mar
que se apaga extendiéndose
en oleadas mortales,
evocación y término
en la fugaz frontera del delirio.

Sin más sombra que la piel que deseamos,
sin más certeza
que el hueso adivinado y recogido
que nos separa y nos mantiene,
cada uno en su esfera llameante y silenciosa,
intentando, forzando el éxtasis
más allá de su origen,
como una música que fuese
demasiado sonora
para que el aire que habita,
como una música
que anhelando el vacío,
callara para siempre en el vacío.

Una viajera demasiado azul

Tengo, bajo mis senos,
entre mi cuerpo donde
todo moreno gesto palidece
en eterna tensión de danza y beatitudes,
una impaciente huésped que palpita de ansia
ante paisajes nuevos y ríos qué inaugurar,
una viajera demasiado azul,
niña que fui, saltando
en la espuma de gozo de los mares,
mujer que soy, amando
paisajes recién creados
con todo el entusiasmo de los advenimientos.

Ella hace zozobrar mi corazón
en cada muelle abierto que convida,
con su salobre gusto a lejanías.
En cada andén sin nombre,
donde el silbido largo de los trenes del mundo
crea ventanillas que pasan velocísimas
y nos llaman y ofrecen los dones de la tierra.
Desde cada aeropuerto y su viento impuntual,
pie del aire profundo e infinito
que nos recogerá en su mano abierta,
traspasando latitudes, horarios,
diminutas señales del hombre y sus cuidados
para intentar asir el universo.
Así, pasajeros de la noche al día,
en un sólo segundo de asombro y altitudes
nos sorprende allá abajo
la curva luminosa de la Tierra,
perfil de la alborada en el total silencio
de la noche y su música inconclusa.

Una viajera demasiado azul
que discurre parajes y caminos
y que va recogiendo voces,
afectos, músicas humanas
en su mochila de eterna caminante
que no se detendrá,
ni ante al puerta inmóvil de la muerte
y su gozne secreto, inevitable
como la misma vida,
móvil, atónito, incesante río
del que somos apenas viva espuma.

 

Julieta Dobles nació en San José de Costa Rica en 1943. Libros publicados: Reloj de siempre (1965); El peso vivo (1968); Los pasos terrestres (1976); Hora de lejanías (1979-1981); Los delitos de Pandora (1987); Una viajera demasiado azul (1990) y Amar en Jerusalem. ha sido incluida en diversas antologías antologías de la poesía centroamericana y costarricense, entre ellas, la Antología Crítica de la Poesía de Costa Rica, de Carlos Francisco Monje, 1992.

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