Festival Internacional de Poesía de Medellín

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Silvia Guerra (Uruguay, 1961)

Busca entre las zarzas tu enemiga
búscala y elígela despacio
la roja morada negra Mora
espérale el negror al justo punto
estando quieta mírala crecer
Madurar de su Sangre y Allí cuando esté en el momento coloreada ya apenas
se muevan las hojas espinosas con la brisa
baja tu cabeza hasta la zarza
pon debajo de su fruta tu boca hecha de aguas
y aprieta su pulposa Negrura entre los dientes.

loba negra

Anhelo La bagatela de los pies enfundados y turbios la bagatela de querer o no querer el miedo entre los terrones de una florida tierra. Salir de este tramposo maleficio con el canto del hacha, abrir el día. La circunspecta puerta de parodia partirla en dos hacerla añicos. El filo de costado la mansedumbre del querer perverso entre los tules el dedo que ligero traza del manantial lo quisquilloso. Brillar desde esa pequeña correntada. Atravesar del campo lo compacto del silencio lo oscuro de la trampa desde ese lado, estar.

Animales del mundo

La arcada por escote. Gime y dime dónde. Bajo cualquier sospecha bajo los disminuídos copos bajo la brisa aleve que cae del Desde, que cae como el aceite que escanceaban los brutos, en el patio del cuento. Así curados en el barro de su tinta, así en quietud que permanecen y parece no altera su apariencia de camastro, su apariencia de ser. Dime por qué. La fibra nerviosa que tú viste en la ingle que viste que fulgura incandescente. La línea que el pez sigue del cardumen, esa tampoco alcanza entonces dice: oso. Oso por animal por pelambre profunda por animosidad al siglo que atempera. Oso, por piel que el invierno no pesa, sobre carámbano pendiente, sobre cueva inmantada de azuleno que ingrata desvaría y se pierde en lo blanco, entre lo blanco. Parecido de mí. Parecida la luz el nervio que lo enciende parecido el filo que levanta el tendón, y ahora dirás la mojadura de esa nube y ahora dirás ¿ de quién? siempre por verse, mientras en el patio se prepara una liturgia se esconden los amantes el aceite los fueros en legajos las leyes en paquetes de yeso, se esconden los ladrones, la misericordia en platos llanos de lata ennegrecida. Así, guardar la lluvia, la arrastrada penuria de seguir, el tiento entre los dientes la supurante cara, ir el polvillo del agua por el pelo y la transpiración de la partida del dolor de salir el aceite que inunda el intersticio y tú llorando maldiciendo pingajos cueros de lagarto y mulas. Mulas a los flancos entre los brazos largos entre los montes que perfumes exhalas y decir; de ahí no me llevo. Montes y matas que no se diferencian y está la diferencia en el terciar, de amor ingrato. Y está la diferencia en la distancia rapaz por convergencia aro por verse reptil en la codicia, lujuria del mandril por liso acero si en la entrega la muerte se volverá infinita, mandril alcoba carne de la tullida. En el plato de lata la sobra de la dicha resplandece.

Antes, después

Avenir de lo oscuro, oscuramente un golpe, sordo en lo
Abreviado de alrededor que llega: como un mar, como verso, como
Recuerdo antiguo y propio, como olor de la infancia.
Y el color que lo invade, siempre invade entre intersticios
Del tiempo en la tez en el aire, en las ínfimas
Líneas que circundan los ojos. El color del otoño
desaprensivamente, la mano por la espuma ante el diluvio.
Así la mar se torna en femenino oceánica y los barcos
Nocturnos sobre el capote de la sombra crecen se agigantan y
Tratan de hacer visible algo en el recuerdo de alguien,
Se esmeran por llegar por llevar o traer, sólo en los filos laterales
Del viento
Se vuelve a gota, a primera inocencia.

 

Silvia Guerra nació en Maldonado, Uruguay, en 1961. Es una firme activista del intercambio poético y una presencia frecuente en recitales de poesía. Ha publicado, entre otros libros: De la arena nace el agua (1987), Idea de la aventura (1990), La sombra de la azucena (2000) y Nada de nadie (2001).
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