Festival Internacional de Poesía de Medellín

William Ospina (Colombia, 1954)

Guillaume Apollinaire Los pequeños y vertiginosos planetas de plomo
incandescentes cruzan el aire del crepúsculo
buscando estos calientes pechos llenos de miedo.
La certidumbre de perder esos bosques
los torna de frágil cristal, quiebra sobre sus ramas
el cántaro rojo de una luna de vino.
El olor de la sangre asciende de las sábanas blancas.
Lo más feroz de la guerra quema en los labios,
que están diciendo adiós desde su fiebre
a unas novias lejanas.
Vienen por las trincheras, llenan los hospitales:
la honda guerra está llena de mujeres bellísimas:
sólo las ven los ojos de aquellos que las aman.
Esos espectros adorables
pasan inmunes entre la venenosa luz de las armas,
sobreviven a las salpicaduras del metal y del odio,
y van dejando besos que sosiegan
sobre las frentes destrozadas.

Franz Marc El cuello del venado se alarga en la línea de la colina,
el ojo de la pantera es una pausa de fuego en la noche,
los firmes caballos tienen el color del barranco,
la paloma se desvanece en la nube, el pez dorado hace ondular los
follajes;
están cantando las ramas en el corazón del verano,
la abeja es invisible en la astromelia, la mosca azul se delinea en el lirio,
el murciélago se esconde tras el cielo nocturno,
el águila amarilla se sumerge en el atardecer,
el lagarto manchado era visible sobre el tronco manchado,
el león es el desierto que centra, la rama fría serpentea.
Líquido pez fluyente, plumas de aire, voraz hoja ovillándose,
súbito salto verde, contorsiones de tierra,
luciérnaga en la noche estrellada,
sólo yo nunca estoy donde estoy,
sólo yo soy extraño en la tierra y el cielo.

Hai-ku de Hiroshima Todas las hojas
de diez largos otoños
en un instante

Profetas Hay mil profetas esperando los mensajes del firmamento,
la aparición de los jinetes, las nuevas letras en los astros,
el clarín que rompa en la noche las negras cavernas del cielo,
pero esos ansiosos profetas sin duda no son el profeta.
Si eres el profeta en verdad, leerás un mensaje en todo,
en los rostros que la humedad va dibujando sobre el muro,
en la forma de ese cordel que los albañiles arrojan,
en los avisos de los diarios donde van envueltos los víveres.

Canción de los dos mundos En Europa es de día pero es de noche en África.
Al norte del mar está el tiempo, pero está al sur la eternidad.
Los blancos pueblos industriosos construyendo la gloria del hombre.
Las negras lanzas nervadas custodiando la roja luna.
Las blancas piedras con forma de ninfas danzando en la nieve.
Las melenas de oro, las pieles rayadas, las criaturas de cuellos
larguísimos como si fueran sueños.
Al norte del mar el insomnio en la noche, al sur la siesta en la tarde.
Al norte está la razón estudiando la lluvia, descifrando los truenos.
Al sur están los danzantes engendrando la lluvia, al sur están los
tambores inventando los truenos. Del libro ¿Con quién habla Virginia caminando hacia el agua?

William Ospina nació en Padua, Tolima, Colombia, en 1954. Poeta, ensayista y traductor, ha contribuido ampliamente en la difusión de la idea de que “la cultura y la educación son fundamentales para resolver la tragedia nacional colombiana”. Ha escrito reflexiones sobre la sociedad contemporánea, ensayos sobre temas literarios y meditaciones sobre el destino de América y de Colombia. Obra poética: Hilo de Arena, 1986; La luna del dragón, 1992; El país del viento, 1992; Con quien habla Virginia caminando hacia el agua? (1995). Ensayos: Aurelio Arturo, 1991; Es tarde para el hombre, 1994; Esos extraños prófugos de Occidente, 1994; Los dones y los méritos, 1995; Un álgebra embrujada, 1996; ¿Dónde está la franja amarilla?, 1997; Las auroras de sangre, 1999; y Los nuevos centros de la esfera, 2001. En 1982 obtuvo el Premio Nacional de Poesía del Instituto Colombiano de Cultura, Colcultura.
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