Festival Internacional de Poesía de Medellín

Tomaž Šalamun (Eslovenia, 1941)

Del libro Selección de poemas, Visor, Madrid, 1999

Esmalte

El destino me hace rodar. A veces como un huevo. A veces me
zarandea con sus zarpas por la pendiente. Grito. Me resisto.
Empeño todo mi jugo. No debería hacerlo.
El destino puede apagarme, eso ya lo he sentido. Si

el destino no nos animara, estaríamos muertos en el acto.
He vivido días y días con el tremendo pavor de que el sol
nunca más habría de salir. De que aquel fuera mi postrer día.
He sentido cómo la luz se escurría de entre mis manos, y si

no hubiera tenido suficientes monedas en mi bolsillo y la
voz de Metka no fuera lo suficientemente dulce y amable y
concreta y real, el alma se me hubiera escapado del cuerpo como alguna

vez lo habrá de hacer. Con la muerte hay que ser amable.
El hogar es de dónde venimos. Permanecemos vivos un instante.
Mientras el esmalte se está secando.

La medida del tiempo

¡Oh tú, que haces posible el puro gozo!
El sufrimiento y el abandono, la siembra callada,
el mudo envenenamiento del jugo y las células.
Que me traicionas y ajustas las correas. ¡Más! ¡Más!
Que exprimes con cruel dulzura la muerte de mí.
Un ladrón es mi Grial.
Que te olvidas de mí.
Que has roto mi sangre apenas
te entré.
¡Monstruo idéntico!
Nada sabes de pérdidas.
En quien la única huella de placer sobre tu
cuero se dispara en aquella millonésima
fracción de segundo en que tomas
el cash.
Sólo en aquel momento te estremeces.
Que con la mirada quemas y reduces a cenizas.
Que tienes la fragancia del heno.
¿Qué esperas, férreo príncipe? Mi
Saturno ya está partiendo.
¡Aprieta!
¡Incrústate en la embriguez y mira!
Todo oscila: el mar, la luna, Li Tai Po.
¡No mires hacia atrás, amado mío!
Junto a quien he vivido la más terrible
entrega.
¡No mires hacia atrás, te digo!
Eres uno y único.
Sólo tu nieve es cristal y muro.

Soy un albañil

soy un albañil, un sacerdote del polvo
fuerte como un monstruo, como la corteza del pan
soy un nenúfar, soy un guerrero de los árboles sagrados
de los sagrados sueños, grito con los ángeles

soy un castillo, una pared muerta
conduzco naves, soy un barquero para los viajeros
¡Oh madera! ¡madera!
garzas, venid, sangre

venid, jardineros; luz, ilumina
ven, mano extendida, cristal
azules remolinos, ven, tersura
viento que deslizas seres de otros campos

aquí los prados están quemados, la lava bulle
los pastores esperan, agitando sus alas impacientes
los perros se olfatean, los ovejeros,
aquí se yergue la memoria, el orden, los signos del porvenir

A mis sordos hermanos

Me he cansado de vuestros insípidos cielos.
Pierna sobre pierna, boca sobre boca, muertas.
¿Qué fuerza impide el florecer?
¿Un gulag, que extiende como un cáncer, en las serviles cabezas?
Yo llevo a Dios en mi corazón y lo prodigo
como agua para aquellos que hace tiempo no han bebido.
Que languidecen por esta imaginaria tectónica
de provincia y el pedestal del suicidio,
el campeón nacional.
Para aquellos que flaquean, matan, duermen
y ya no sienten miedo.
No permitiré que sea libre
por doquier y sólo caiga en una negrura
hueca y árida en mi tierra natal.
No soy un cínico, soy un poeta, un profeta.
Con mi vida me marcho adonde soy.
N me estrangularán vuestras redes,
vuestros balbuceos al estilo de Saint-Beuve no
son norma para nadie.
No voy a trastabillar y caer como Cankar.
No me dorarán en un esteril misal como a Županèiè.
Mi elemento es el mar, si no lo tenéis, os lo
doy.
Mi elemento es el aire, muerto y envenenado,
purificado.
Si soy el único en quien late la libertad,
no me rendiré.
Prefiero la muerte al humillante genocidio de vuestra
mermelada.
El alma es eterna, no lo sabéis.
Yo os lo he dicho.
Este espacio habrá de sobrevivir sólo con un tremendo
esfuerzo de todos nosotros.
Y si habréis de trompincar entre mis piernas,
os pisotearé como a hormigas.
Mejor uno con vida, que dará testimonio de sus goces y
tormentos, a esta cuajada gelatina
del Hades, que no es ni la sombra de una huella
de hombres vivientes y un tiempo
sin dobleces que respira bajo esta
tierra y tmabién sobre estos cielos; sólo
es necesario tener colmillos, dientes,
y, con la gracia de los dioses, asestar un golpe
en el corazón de este desfalleciente destino para que alguien
despierte y oiga algo.

Gracias a la vida, que me ha dado tanto.
 

Traducciones al castellano de Pablo Fajdiga

Tomaž Šalamun nació en Zagreb en 1941. Es uno de los grandes poetas eslovenos contemporáneos. Volúmenes de su poesía traducidos al inglés, incluyen: The Selected Poems of Tomaž Šalamun, Ecco Press, 1988; The Shepherd, The Hunter, Pedernal, 1992; The Four Questions of Melancholy, White Pine, 1997; Feast Harcourt, Brace, 2000; y A Ballad for Metka Krasovec, Twisted Spoon, 2001. Según afirma la Editorial Visor, "su poesía rompe con las formas poéticas tradicionales y crea textos juguetones, irónicos, provocadores y blasfemos... Los puntos de partida de su poesía son las crueles experiencias de guerra, violencia, muerte, destrucción, las escenas cotidianas del hombre amenazado, lo que se orienta hacia la visión del absurdo de todo lo existente". Ha recibido numerosos premios y reconocimientos. Ha sido escritor en residencia en diversas universidades, entre ellas la Universidad de Iowa, la Universidad de Harvard y la Universidad de Mississippi. Hasta hace poco, fue el agregado cultural del Consulado General de Eslovenia en Nueva York.
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