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Poesía: portadora de luz y entendimiento

Por: Zingonia Zingone

 

 

 

 

Las campanas de la memoria

 

En una esquina de la noche
una niña abraza sus piernas,
se balancea en trance y llora.
Las lágrimas bajan
por los costados del cuerpo,
caen sobre la calle empolvada
de un invierno sin lluvia.
Monstruos afloran
con rostro de hombre,                                              
roban el grito de un horror,
tapan su boquita y gozan
del mismo gozo maldito
que ilumina el rostro de Shaytan.

 

Soraya tiene ojos de carbón.                                                                    
Su cuerpo fino lleva el peso
de una infancia 
manoseada por el destino.
La casa es su tumba;
el murmullo de la gente, su muerte.
Se mira al espejo y oscila el vientre;
ensaya la danza de la diosa madre.
Las campanillas sonoras        
rodean su estrecho vientre
como el abrazo del amado.
Correa que ciñe el cuello del perro
hasta dejarlo sin aliento;
vientre agotado, surco de calambres,
tatuaje de una rabia implacable.
Soraya danza en la tarima
para fugarse de sí
y arrancar los clavos empotrados
en la carne de su memoria.

«¿Cuentos quieres, niña bella?
Tengo muchos que contar…»
La voz del padre se avecina
en el crepúsculo vespertino;
el catre temblante,
el aire impregnado de humo
de un cordero ardido
en el fogón de la cocina,
el aterrador silencio de la complicidad
y Soraya detenida en un respiro.
«Dime tú: ¿de cuáles quieres?».
La risa entre los dientes, los dientes
entre los muslos; la punzada del asco
en la grieta que conduce al alma.
Cerca se escucha
el aterrador silencio de la complicidad.

Soraya vende su cuerpo, compra
alegría. Vende alegría, compra
olvido. Exorciza el presente
clavándose a la cruz de la lascivia,
mártir del placer y del vahído. 
Erotismo fantasma la habita
y la ahuyenta, semilla catapulta

que la trajo a este mundo.
 

Junto al pozo

dos gaviotas bailan
en una esquina del cielo
entre las rocas
y el mar

 

el movimiento repetido y sensual

un tango suspendido
la existencia

*

piso la hierba del silencio
buscando
una palabra que resuma
átomo y estrella

escucharla en una flor
abriéndose despacio

*

los ojos del becerro 
evocan tiempos lejanos
cuando el hombre era rama
del mismo árbol
y el árbol vivía sin acoso
en el espacio sideral

me miran transitar el potrero
observan cada movimiento
en la abusiva corriente
que del hombre mana

acelero el paso
y el becerro retrocede
sabe
que somos hermanos
sabe
de Caín y Abel

*
como autómatas sin rostro
desfilan hoy
los hijos de la tierra

molidos por el muro
ladrillo tras ladrillo
caen en el abismo
ciegos
a la fuerza que mueve el sol
y las estrellas

sigue la invasión
de los rinocerontes

*

 

en la India
los perros son nómadas
andan por las calles
de polvo y trastorno
saben dónde
llevan los caminos

 

un joven palestino mira
por la ventana del camión
y pregunta
«¿hacia dónde van los perros?
siempre van y van
los perros»
toma mi mano
                       cierra
en el puño del alba
el despiadado recuerdo

los niños
sus miradas vacías
lamidas por los perros del odio
y las madres de su tierra
arrancadas del bien
gimiendo
descubren callejones ciegos


Poesía: portadora de luz y entendimiento

 

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Traducción de Arturo Fuentes
Especial para Prometeo

 

                                     Muchas veces pensé que la Paz  había llegado
                                                                                         Cuando la Paz estaba muy lejos
Como los hombres destruidos creen ver la tierra
En el Centro del Mar

Y luchan más débilmente sólo para probar
Tan desahuciadamente como yo
Cuántas orillas ficticias
Hay antes del puerto

Emily Dickinson

 

La poesía es un arma del alma, la más aguda. Apunta desde el centro de la Verdad Interior para destruir a sus letales enemigos: injusticia y engaño, ambos derivados del odio, así como causas de dolor y sufrimiento para la humanidad, para otros seres vivientes, y para el planeta como un todo. La poesía es un arma de defensa, para mantener en su lugar la simetría de la Creación.

La Guerra nació en la cuna de la injusticia y las interpretaciones erradas, y creció al ser alimentada por el Odio. La Guerra es a la vez cría y madre de la injusticia. Es una implacable y violenta enemiga de la Justicia y la Paz, pero a menudo despierta por un profundo deseo de ellas.

Desde los orígenes de la humanidad, Guerra y Poesía han coexistido: la última narrando o denunciando a la primera; la primera dando inspiración a la segunda.

La más antigua épica del mundo, el “Mahabharata”, describe en detalle la batalla espiritual de la Humanidad, en la que la Guerra es necesaria para alcanzar la paz. Y ella es Dios mismo, en la forma de Krishna, quien guía al guerrero elegido hasta la victoria. La Ilíada de Homero es otro ejemplo. Sin importar si la Guerra de Troya realmente tuvo lugar o no, los versos de Homero arrojan luz sobre el deseo del hombre por el poder; sobre la ciega venganza y el consiguiente derramamiento de sangre.

Estos mitos miran hacia el centro del problema: la presencia de tanto el bien como el mal en cada individuo, donde la astucia tampoco es menos dañina que la credulidad, y la naturaleza corruptible del Hombre cava su propia tumba.

    La historia, siendo el testimonio escrito de continuas luchas entre grupos de individuos, es el epítome de tales mitos. Registra, más o menos objetivamente, el ascenso y la caída de las civilizaciones, los movimientos del poder de un portador al otro, construyendo así memoria colectiva.

De otro lado, los poetas –aquellos inútiles individuos que no encontraron lugar en la República de Platón, han conservado recuentos íntimos  apasionados de las atrocidades que el Hombre ha infringido al Hombre. Muchos han alzado su Palabra contra el Mal, como expresión singular de la más alta consciencia. Numerosos son los ejemplos de poetas que han pagado por su llamado interior con la reclusión o incluso con sus vidas: ni tortura ni muerte pueden anular la verdad.

Naturalmente,  aquellos que ilegítimamente sostienen el poder se sienten amenazados por la verdad y persistentemente tratan de silenciar a los poetas, cuando éstos revelan verdades que pueden convertirse en una herramienta útil para los oprimidos. Pero a pesar de tales ataques, la poesía sobrevive y lleva luz y entendimiento a través del tiempo. Frescos en mí están los ecos de muchos poetas del pasado, como Anna Akhmatova y Ossip Mandelstam, Federico García Lorca y Miguel Hernández, las voces de jóvenes poetas guerrilleros que murieron en combate, así como el testimonio de poetas de la Guerra como Giuseppe Ungaretti, Robert Graves y Wilfred Owen, hombres heridos pero iluminados por el dolor, la mayoría conscientes de la precariedad de la condición humana.

La Poesía precisa los fundamentos de la condición humana mientras alcanza más allá, en lo Desconocido. La Poesía es, de hecho, la misteriosa encarnación de lo Desconocido; aquella última verdad: Amor. Amor, que mueve el sol y las otras estrellas, como dijo Dante. Amor, el antípoda del Odio reproductor de la Guerra y la ceguera humana. La poesía urge al hombre a mirar esa verdad más amplia, para descubrir la verdadera percepción del universo. Mientras se revela la percepción, el hombre puede reconocer el mal y encargarse apropiadamente de él.

Podría ser osado afirmar que la Poesía puede detener la Guerra, especialmente porque nunca lo ha hecho. Pero no es inverosímil decir que la poesía puede abrir nuevos horizontes adentro de nosotros, haciéndonos más conscientes, y que la suma de individuos conscientes pueda crear consciencia colectiva.

Tomemos prestadas las palabras del filósofo jesuita y paleontólogo Pierre Teilhard de Chardin, quien por sí mismo experimentó las batallas de la Primera Guerra Mundial:

…En el presente, la mayoría de los hombres aún sólo entienden la Fuerza… en su forma más primitiva y salvaje, la Guerra… Pero deja que el tiempo llegue, y sí vendrá, cuando las masas adviertan que los verdaderos sucesos humanos son aquellos que triunfan sobre los misterios de la Materia y de la Vida… (de “Construyendo  la Tierra”).

Uno podría decir que la totalidad de la vida yace en Ver — si no básicamente, al menos esencialmente. Ser más es para estar más unido… Pero la unidad crece sólo si es soportada por el incremento de la consciencia, de la visión. Esta es probablemente la razón por la que la historia del mundo vivo puede reducirse a la elaboración de cada vez más perfectos ojos en el centro de un cosmos, donde es siempre posible discernir más. ¿No están la perfección de un animal y la supremacía del ser pensante siendo medidos por la penetración y el poder de síntesis de su mirada? Tratar de ver más y ver mejor no es allí sino una fantasía, una curiosidad o un lujo. Ver o perecer. Esta es la situación impuesta sobre cada elemento del universo por el misterioso don de la existencia. Y así, al más alto grado, esta es la condición humana… (de “El fenómeno humano”).

Vivimos en una era de contradicción, gobernada por la crueldad del sinsentido y el individualismo (siendo la destrucción de los recursos naturales el más vergonzoso ejemplo), pero la mayoría de la gente está desesperadamente buscando amor. La guerra está en todas partes porque el odio está en todas partes: en las calles, en la bolsa de valores, en Internet, en lo no dicho. El amor, en cambio, reside en la compasión y la verdad.

Muchos dicen que la poesía está muerta, que ella no tiene un rol en la sociedad contemporánea. Otros la ven como un género literario para disfrute personal. Otros sin embargo, aseguran que puede ser un instrumento de construcción de paz, una voz para contactar y reconciliar partidos en conflicto. Lo último es posible si la poesía está libre de retórica política y dogma. Elementos, estos, que ahondan surcos y afilan discordias.

Poetas místicos de todos los tiempos han señalado que el camino de la paz es “Ir hacia el otro”. El monje budista y activista por la paz Thich Nhat Hanh dice en su libro “Ser Paz”: para que las cosas se nos revelen, necesitamos estar dispuestos a abandonar nuestros puntos de vista sobre ellas. El profeta de Khalil Gibran, cuando habla de libertad, afirma: si fuera un déspota lo destronarías, mira primero que su trono erigido dentro de ti esté destruido… Y si fuera un miedo lo desvanecerías, el asiento de aquel miedo está en tu corazón y no en la mano del temido. Y en la opinión de Jalaluddin Rumi: ¿Por qué la lucha para abrir una puerta entre nosotros cuando la muralla entera es una ilusión?... Amor es el puente entre tú y todo.

Que los poetas no olviden que en el principio era la Palabra, y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios (Juan 1.1). Somos receptores y transmisores de palabras llenas de gracia y verdad (Juan 1-14).


Doctora en economía, Zingonia Zingone (1971) es una poeta italiana, novelista y traductora, que escribe en español, italiano y francés. Vive entre Italia y Costa Rica. Sus libros están publicados en España, México, Costa Rica, Italia, India y Francia. Sus más recientes títulos en poesía son Los Naufragios del Desierto (Vaso Roto, 2013, Edizioni della Meridiana 2015), Petit Cahier du Grand Mirage (Éditions de la Margeride, 2016) y Light, the Temptation (Paperwall Media and Publishing, 2016). Mantiene una revista mensual de Poesía Internacional para la revista italiana Minerva. Entre sus traducciones está la versión italiana del más reciente libro de Claribel Alegría, Voci (Samuele Ediotore, 2015), ganadora de la XXIII Edición del Premio del Festival Internacional de Poesía de Camaiore (Italia, septiembre 2016). Fundadora del Movimiento Poético LibredeCadenas en una prisión para hombres en Roma.

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Publicado el 26 de enero de 2017

Última actualización: 18/01/2022