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Fabricio Estrada (Honduras)

Fotografía de Sara Marin
Fabricio Estrada en el 27º Festival Internacional de Poesía de Medellín

Por: Fabricio Estrada

 

 

 

Foto del autor

 

 

En cada palabra encontraba un eslabón perdido

 

Recuerdo la palabra cromagnon
entre tintas azules que formaban
una orla sinuosa en la página en blanco.

Cromagnon me sabía a canela
quizá por lo cercano de su sonido
a la dulce palabra cinnamon
que fue de las primeras palabras en inglés
aprendidas de mi gula insaciable
por el sabor de las palabras.
Creía ver al cromagnon
como un recolector de canela,
un recién estrenado hombre
que mordisqueaba bosques enteros
hasta quedar boca arriba, adormecido,
en la hipnosis de tanta nube hecha de espuma y café.

El cromagnon fue el momento clave
de mis primeros estudios sociales y,
cosa paradójica, no saqué buenas notas
cuando el examen me urgía esclarecer
sus relaciones evolutivas y la desolación posterior
que la tristeza del saber impuso al cerebro.

¿Qué tristezas podía tener
alguien que mascaba canela
como una salamandra feliz en lo más oculto
de una gruta en Moldavia?
El cromagnon era un obseso –el mayor obseso-
de todas las relaciones que la canela despertó en él.
el mundo era humo como la canela,
entonces,
la paz era la canela
entonces
el sexo era lamerse mutuamente
en busca de la canela
entonces
¿para qué querrían ellos evolucionar
de ese suave fondo dulce hacia el sabor a hierro
que dejaría luego el sexo entre homo sapiens?
La obsesión del cromagnon
sobrevivió en mí.
Yo sigo imaginando bosques
en los que veo tribus completas lamiendo cortezas
para luego adormecerse
lentamente
viendo las nubes pasar.

 

En el holoceno los huesos pesaban como culpas y los tigres nos alcanzaban de inmediato

 

Y tanto que esperaba el poema
para aligerarme y hablarle con amor
a la montaña.
Imaginar que se puede echar de menos un árbol
es como dejarnos crecer ramas en los ojos.

A veces basta cerrarlos para volver a saltar ese vacío.

Leía que hace 12 mi años la Patagonia hervía de junglas
y que los más parecido a esto
es la región que ahora poblamos los monos.

La nostalgia debió movernos a un estadio superior.
Todo lo hacemos por ella.
Hubo también, un momento
en que dejamos de cargar huesos tan pesados
y la poesía aligeró nuestra médula ósea.

Antes de la poesía
pesábamos demasiado.
Y no se extrañaba ningún árbol en medio del patio,
andábamos cargando el cráneo
como auténticos e imbéciles atlas.
Los griegos creían que los dioses pesaban más que el humano
y que por ello se sabía
cuándo un dios peleaba nuestras guerras:
hundidos hasta la rodilla
seguían peleando hasta que la tierra los tragaba.

Un imbécil no puede ser dios.
De ahí que los huesos fueron haciéndose más ligeros
y la nostalgia, más humana.

Hace doce mil años que extrañaba al árbol del patio.
Y a la montaña.
Por eso puedo amarla
y mirarla toda la mañana
sin cansarme.

 

No sé qué decir cuando veo el pequeño corazón de un reptil

 

Los libros que me dicen
que he existido acaban de quemarse.
También ardió la pareja que se besaba en el parque
con un corazón de helio a punto de reventar.
Mi hijo me habla de dinosaurios
sin imaginar
que llevo extinto muchas eras.
En medio del fuego
lo veo como un bello vitral
de vagas referencias sagradas.
Le explico entonces sobre quiénes somos
sin ser aquellos reptiles que no sobrevivieron
y que no lograron amar con poesía
ni tomar en fotos la caída del cielo.
Le digo que muchas cosas se enfrentan con sangre fría
y que bajo el agua
las cosas parecen sueño
hasta que algo en el tímpano se rompe
y nos avisa que debemos volver a la orilla
a secarnos para entrar a la casa que ya no existe.
Vamos –le digo-, pequeño velocirraptor,
crucemos Pangea
antes que la deriva nos vuelva irreconocibles
y que el cometa caiga sobre la pareja que se besa
en el parque más olvidado de Tegucigalpa.

 

 

Cuando el río suena

 

Yo escuché cuando venías, piedra,
en el tumulto del invierno
tronaste bajo el río, piedra,
piloto de las hondas, martillo de los pobres,
benjamín de las armas,
corazón del rayo
incrustado en los ocotes.

 

Yo escuché cuando rompías, piedra,
la cerámica de las frentes,
el espejo de los pechos,
te arrimaste magnética a mis manos
y a tumbos me pediste la fuerza, piedra,
para describir parábolas en los ojos,
amenazas en los tímpanos,
murmullo fantasmal en las arenas.

Yo te vi saltar en Jericó
de tu prisión en la muralla,
impávida, del teocalli
a tu nuevo disfraz de catedral.
y yo escuché cuando venías
aprestándome al golpe,
al retumbo de tu canto, piedra,
corona de basalto,
collar de grava,
perla escondida
en la ostra de mi mano.

 

Alfabeto para Esteban


Tú has nacido en un sitio verdadero,
lejos del mar…


(Antonio José Rivas)


Me has despertado para que vea el río,
pero hoy
lejos del mar y su espejismo 
tendré que enseñarte la palabra Honduras:

Fonema de sal
y campo de escafandras,
pirotecnia de los tristes
yegua en celo que nadie monta.

Explosión de la resina
que aprieta y avanza
en el fuego y chasquido de sus ramas,
asfixia
vena bajo tierra
que la aguja del sol
nunca encuentra ni alcanza.

Honda puñalada
rumor de la herida
en su pequeña hecatombe
de infección y hormigas
trepanando, socavando
en la más pura palabra de insomnio.

Me despertaste para ver el río
con sus peces y desoves ,
el sinuoso dragado del tiempo
y las aves en su estrecho cielo,
pero hoy
sin la idea de un mar que nadie espera
aprendí , a enseñarte, la palabra Honduras. 

 

 

13

 

Tengo la vista con más alta definición del lugar. Casi puedo atravesar el simulacro.
Casi podría señalar las grietas de lo invisible y bajar por ellas hasta encontrar la raíz tierna y jugosa y masticar, masticarla ceremoniosamente.

No soy alguien que se deje impresionar por los fragmentos. Jamás veo una ruina sin antes haber sentido el terremoto o la guerra que redujera su orgullo a la mínima expresión de la lástima.

Pues tengo la vista con más alta definición del lugar. Abarca unas cinco columnas vertebrales de ancho por tres aparatos digestivos de alto. Hay segundos en que cierro los ojos y al abrirlos han pasado todos los trenes de alta velocidad.

Todos,

y no he tenido la rapidez de elevar el pañuelo y decirles adiós.

Cada dos días hay menos pájaros en quién confiar. Han pasado semanas, así que sólo me queda leer sus vísceras, como buen augur, interpreto la forma de sus riñones y de sus detritos. Mascullo oraciones incomprensibles para un espíritu del siglo XXI.
En ellas, existen nada más lo mejores dioses, los más escépticos y enviciados con el video. Ellos se apiadan de mí y comparten sus archivos.

Nos quedamos viendo a David Lynch, toda la noche.


 

Fabricio Estrada nació en Sabanagrande, Honduras, en 1974. Ha publicado los libros de poemas: Sextos de Lluvia, 1998; Poemas contra el miedo, 2001; Solares, 2004; Poemas de Onda Corta, 2009; Blancas Piranhas, 2011; Sur del mediodía, 2013; y, Houdini vuelve a casa, 2015. Sus poemas aparecen en antologías iberoamericanas y ha participado por Honduras en diversos festivales internacionales. Prepara la publicación de su narrativa. Sus artículos de opinión han sido publicados en revistas on line de Iberoamérica.

Incluido en las antologías: Cien Años de Poesía Política en Honduras, Roberto Sosa, 2003; La Hora Siguiente, Poesía Emergente de Honduras, Salvador Madrid, 2006; Las Rutas del Viento, antología luso-española, Alfredo Pérez Alencart, Madrid, España, 2005;   La Herida en el Sol, antología Poesía Centroamericana Contemporánea UNAM, México, 2008; Puertas Abiertas, Antología de Poesía Centroamericana, Sergio Ramírez-Fondo de Cultura Económica-México, 2011; Cuerpo Plural, Poesía Hispanoamericana Contemporánea, Gustavo Guerrero - Instituto Cervantes de Madrid 2010; Apresurada cicatriz, Instantáneas de poesía centroamericana, Ediciones Literal, México D.F., 2013; Chamote, antología de poetas latinoamericanos, Gito Minore, Argentina, 2015; Poesía de Centroamérica y Puerto Rico, Selena Millares, Colección Visor, España, 2015; Muerte y Poesía, Roberto Arizmendi, Aguascalientes, México, 2016; 35 Grados, Yauguru Maca, Montevideo-Uruguay, 2016.

Artículos sobre cultura y política publicados en Brecha de Uruguay, Patria Grande de Venezuela, El Clarín de Chile, América Latina desde Abajo (Marco Coscione) Edición dominicana -2010 y artículos en Rebelión de Cuba. V Festival La Poesía Tiene la Palabra, Casa de América, Madrid-España, 2005 Invitado especial para el programa de Televisión Española Internacional “Casa de América”, junio del 2005.

Ha participado en diversos festivales de poesía en Latinoamérica y en España. Tallerista de creación literaria. Conferencista sobre cultura y política.

-Blog

Publicado el 28 de abril de 2017

Última actualización: 17/11/2021