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Guillermo Martínez González (Colombia)

Fotografía de Sara Marín
24º Festival Internacional de Poesía de Medellín

Por: Guillermo Martínez González

Arbol derribado

Ya no serás más
De las estrellas y el viento
Pajarero de flores rojas
Caído como un hombre
Que se desangra en la lluvia

 

EN EL SILENCIO TU NOMBRE

 

He ahí que he pronunciado

En el silencio tu nombre

Cuando a nadie le importa tu fuego

Y los hombres como autómatas

Se dirigen al trabajo.

Cuando a nadie le importa tu nombre

Y  los milagros desconocidos

Que despiertas.

He ahí que me levanto

Estremecido por tu temblor de cielo

Por  la oscura herida

De  tu más remota estrella

Por tu extraño esplendor

De criatura mortal que besa el infinito.

He ahí que te llamo

Porque estoy poseído de ti

Que iluminas y devoras

Y permaneces invisible

Porque a nadie se le ocurre

Abofetear el rostro de la vigilia

Y descubrir los terrores del relámpago.

 

CANCION DEL MUSICO DEFORME

 

Me duele en el cuerpo

La perfección de la rosa

Y el piano que estremece

Los cristales de la luz.

Trato de olvidar

En mi cuarto vacío

Inventando la música.

Desnudo me paseo

Sin contemplar las flores

Que se agitan en el patio.

 

VISION DE INVIERNO

Desnudos los árboles

Blanca la colina.

Silenciosa canción

Cae la lluvia.

 

CANTILENA

 

Toda la noche el viento

Todo el viento toda la noche.

 

Esas tardes, esos paréntesis

 

Sucede que hay dí­as
Que hay tardes en que uno
No quisiera trabajar
En que uno quisiera estar por ahí­
Fumándose un cigarrillo
O bebiéndose un buen vino
Mientras se acerca la noche.
En que uno quisiera estar por ahí­
Hablando sobre las primeras novias
Con un viejo amigo
Mientras la lluvia cae sobre la ciudad
Como una cortina blanca
Como un coro de ángeles húmedos.
Sucede que hay tardes
En que uno quiere volar por la ventana
En que uno quisiera ser como la música
Que no pesa en el aire ni en los hombres
En que uno está para soñar
Para conversar con antiguos
Dí­as de la infancia.
Sucede que hay dí­as así­
Mañanas de esas en que uno amanece de vago
Tardes de ésas paréntesis de ésos
En que duelen los horarios del oficio
Y las teclas de la máquina
Se clavan en el alma.
En que uno está totalmente
Desligado del mundo
Y no quiere hacer nada
Y quisiera estar todo el tiempo
Bailando sobre la lluvia.

 

Saludo al mundo con mi séquito de fantasmas

A veces despierto en la noche
Sobresaltado por el galope secreto del viento
Por la conversación transparente
De mujeres desnudas
Por el fragor de antiguas batallas
Y el humor dulce de recientes muertos.
Y entonces invadido de inmensos
Surtidores de mariposas
Poseí­do de la canción incesante
Del mar que me persigue desde la infancia
Saludo al alba con extrañas metáforas
Doy mis buenos dí­as al mundo
Con mi séquito de fantasmas.

 

Una resurrección

Una resurrección,
Pido ahora para poder vivir
En estos dí­as de muerte
De mal que se agarra
A mi garganta como una soga.
Para volver a sentir de nuevo mis heridas
El sol que quema al deseoso
El odio, la ironí­a que nace de mi amor.
Para volver a verte, amiga mí­a,
Dulce cantora entre la lluvia,
Como cuando estábamos poseí­dos de luz
Y tú soñabas frente a mi espejo
Y de tu boca salí­an pájaros.
Renacer,
Eso pido como cualquier Lázaro
En estos dí­as en que transito
Solo en la sombra
Como una piedra lanzada al vací­o.


Guillermo Martínez González nació en La Plata - Huila, 11 de mayo de 1952, falleció en Bogotá, 26 de septiembre de 2016. Fue un poeta, ensayista, editor y librero colombiano. Librosde poesía publicados: Declaración de amor a las ventanas, Puentes de niebla, El árbol puro del río, El bosque de los bambúes, Traducciones de poesía china, 1988; Mitos del Alto Magdalena, 1990;  Lu Xu, Poemas,1990; Tres Poetas de Lengua Inglesa (traducciones de W.B. Yeats, Theodore Roethke y Kenneth Patchen, 1993; El Árbol puro del río, Bogotá, Traductor de poetas chinos desde el inglés, 1994.

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Última actualización: 2026-09-15