Festival Internacional de Poesía de Medellín

Biografía del barro

1.
Soy el barro.
Viejo y arrugado,
los lustrosos músculos
hinchándoseme bajo tierra.

Si conocieseis
mi sed prodigiosa,
mi largo afán
de ser cielo.

Pero me veo atraído siempre al fondo
bajo mi propio peso.

2.
Sudo en mis grutas, camino pesadamente bajo la lluvia,
me vuelvo de espaldas al sol
estirando los mil dedos de mis pies.

Las uñas se quiebran, los tendones
se endurecen y rompen,
los lagartos hacen sus guaridas
debajo de mi lengua tiesa.

En cien años he avanzado
un sólo centímetro.

3
Y me alzo
entre dos manos.
Los dioses me alimentan de fuego
y me dan forma.

Loza, fayenza, terracota,
mayólica, azulejo:
soy oscuro,
mi historia resplandece.

Soy el barro.
De mi pesadez me levanto.

Traducción colectiva

*

De Las piedras de Jerusalem (2002)

Comprar legumbres con Yehuda

El pasado lanza piedras al futuro
y todas dan al presente.
Yehuda Amikhai

1.
A través del corazón caótico íbamos
a comprar legumbres para su familia.

El aire se llenaba de gritos de verduleros
que todavía no se habían convertido en piedras.

Sin embargo había muchas en el suelo
por las que andaba a grandes pasos

Entre bajos muros oliendo a mirrra.
Las legumbres eran su rescate.

2.
Abandonamos las partes orientales de la ciudad
acercándonos de nuevo a Yemin Moshe.

“Comprar legumbres para la familia,
es tan sencillo como tirar piedras”

decía, mientras señalaba en el suelo.
“Pero tirar piedras puede llevar lejos,

La que ves reposando allí
vino una vez de la honda de David”.

*

Debajo de la negrura perforada
Estaba la ciudad de siete puertas

que conducían a un mismo
dios despedazado

Entrar en esta ciudad significaba
abandonarse por largas temporadas

Señor de los meandros
Dadme mi diaria dirección

*

Observa delante toda Gehena
donde estaban ocultos los cuchillos del sacrificio

Las hierbas de la apacible pendiente
eran el pelo enmarañado de Molok

Desperdicios quemados.
Humo en la negra carpa del beduino.

El cordero extraviado
no encontró sino ubres de acero

*

La torre de la vieja ciudad
era la manecilla de un reloj parado.

La pequeña nube mamaba
de la cúpula maternal

El isopo colgaba paralizado.
Todo callaba como en el cielo.

A tiro de piedra un hombre tendido
con la sangre quieta en sus venas

*

Aquí donde todos eran hijos
Yo no era hijo de nadie

No tenía padre
ni siquiera un árbol, una efigie o una roca

que yo pudiera llamar padre
amorosamente de rodillas

Por eso no maté a nadie
por eso escribí en el vaho de los espejos

Viéndolos hacer venias
ante el dios de las venganzas

Entendí que no había salvación,
sólo lágrimas más pesadas que el plomo

¿Cuántos Goldstein había entre ellos
cuántos Baruch?

La devoción es nido de serpientes
donde nacen vástagos venenosos

*

En la primera página del Jerusalem Post
la foto de tres jóvenes joviales

sus sonrisas cortaron como cuchillos
la carne viva de la nación.

La arrogancia de los malhechores
estaba en todos los labios

Descendientes de Caín dijo alguien
o de Abel oí de otro

                                                                Traducciones del autor

Lasse Söderberg nació en Estocolmo en 1931. Poeta surrealista, editor y traductor de diversas lenguas, ha vivido en Malmö donde ha sido el organizador y director artístico de los Días Internacionales de Poesía. Ha publicado más de veinte libros de poesía, así como otra buena cantidad de traducciones y relatos. Sus más recientes libros de poemas son Stenarna i Jerusalem, 2002 y Breven från Artur, 2007. Recientemente tradujo al sueco una antología de Gonzalo Rojas; tradujo antes a Federico García Lorca, Jorge Luis Borges y Octavio Paz, entre otros. Entre los premios que ha recibido, se encuentran el Bellmanpriset, 1996. Editor de la revista Tärningskast (Golpe de Dados).

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