Festival Internacional de Poesía de Medellín

PENSAMIENTOS IMPENSABLES

Entrevista de David Edwards con Harold Pinter

«Las organizaciones empresariales se reúnen para formar
máquinas de fuego antiaéreo empleando recursos
financieros que aniquilan el poder de comunicación
de ecologistas, grupos pro-derechos humanos
y de cualquiera que sea críticocon el poder».

«Hubo una época» —Harold Pinter confesó a la Confederación de Sicólogos Analíticos en junio—, «en que yo pensaba que Tony Blair haría bien en consultar a uno, o incluso a dos, de vosotros, damas y caballeros, que estáis aquí esta noche. Me impresionó ese brillo de combate demencial en sus ojos. Pero ahora ya no estoy tan seguro de que esté realmente chiflado. He llegado a la conclusión de que su fervor y fanatismo moral son una mascarada».

No hay datos acerca de cómo reaccionó esa audiencia de terapeutas junguianos ante la descripción del paciente potencial como «chiflado» -¡un diagnóstico terapéuticamente ‘incorrecto’ como el que más!- pero en todo caso había temas más urgentes que discutir: el tema de la conferencia de Pinter era «La acción de la OTAN en Serbia», o más exactamente: «¿A qué se debe la acción de la OTAN en Serbia?» La conclusión a la que llega Pinter es: «La respuesta parece ser el considerable potencial petrolífero en la región del mar Caspio».

Los lectores se darán cuenta inmediatamente de que esto está a un millón de kilómetros de los medios convencionales y del consenso de que la acción de la OTAN estuvo verdaderamente motivada por el deseo de «impedir una catástrofe humanitaria» Un periodista del Guardian ridiculizó la idea de que el petróleo pudiera haber sido una consideración en los motivos de la OTAN: «Qué absurdo referirse al petróleo en la región del mar Caspio como algo que pudiera tener algo que ver con la operación de la OTAN. El mar Caspio está a más de mil kilómetros de Yugoslavia». (Jonathan Freedland)

«Claro que sí», responde Pinter, «pero para llevar el petróleo del mar Caspio a las manos de Occidente, no pueden usar baldes. Se necesitan oleoductos y esos oleoductos tienen que ser instalados y protegidos. Las reservas de petróleo en el mar Caspio son vastas. Los oleoductos significan que la seguridad en los Balcanes es de una concreta importancia económica y estratégica».

Los escépticos podrían recordar que los medios convencionales también se burlaron de la idea de que la Guerra del Golfo era por el petróleo. Cuando las nubes de la guerra comenzaban a aparecer en septiembre de 1990, el Independent sugirió que tal vez estábamos siendo testigos de un «renacimiento del idealismo estadounidense» que podría «hacerse una vez más relevante a las mejores esperanzas de la humanidad» ahora que la Guerra Fría había terminado. El Financial Times rechazó toda mención del petróleo como un motivo, insistiendo en que la guerra se produjo «no a causa del orgullo desmedido o del imperialismo de EE.UU. o por el petróleo» sino porque «la anexión de Kuwait fue un acto intolerable para un mundo que no puede vivir en paz si la integridad de las naciones es tratada de manera tan superficial». Los serbios, sin duda, estarían de acuerdo con este sentimiento.

También hay paralelos inquietantes con la guerra serbia en la forma en la que los comentaristas de los medios celebraron la Guerra del Golfo como una «victoria para la psique», lograda por George Bush, que fue un cabrón inflexible» (Boston Globe) El Times declaró que fue «una victoria militar memorable», mientras el Financial Times la llamó «un éxito militar extraordinario.»

A sólo ocho años, la «memorable victoria» puede ser vista claramente como lo que fue, una masacre, mientras que la idea de que la matanza fue por alguna otra cosa que por el petróleo, es algo entre ridículo y asqueroso. Puede suceder que sea Pinter, por lo tanto, quien ría el último. Le pregunté cómo recibieron los sicólogos su versión de los acontecimientos:

Harold Pinter: Bueno, fue una noche tremenda, de verdad. Fue una velada muy interesante, porque estaba repleta, sabe -eran todos psicoterapeutas junguianos - y presenté mi discurso, y ¡después de verdad que se armó la gorda!

David Edwards: ¿Cómo?

Harold Pinter: Bueno, lo qué sucedió realmente fue que había siquiatras masculinos bastante tradicionales -ser siquiatra no significa que seas un radical, realmente se puede ser cualquier cosa- pero allí también había un cuerpo entero de los sicoterapeutas femeninos de Serbia, que practican aquí en Inglaterra. Y entre estos dos grupos hubo tremendos choques que llegaron a ser muy apasionados, y realmente violentos.

David Edwards: ¡Violentos!

Harold Pinter: No es que llegaran realmente a las manos, pero fue muy intenso.

David Edwards: ¿No lograron controlar satisfactoriamente su enojo?

Harold Pinter: Por cierto que no, estaban realmente expresándolo, puedo asegurárselo. Así que fue una noche de esas.

David Edwards: ¿Cómo reaccionaron las mujeres serbias a lo que Ud. dijo?

Harold Pinter: Bueno, las mujeres serbias estuvieron muy de acuerdo conmigo. Yo estaba siendo atacado personalmente por los que simplemente repetían como papagayos los mismos viejos clichés: ‘Genocidio, hay que hacer algo al respecto’ y todo lo demás.

David Edwards: Es sorprendente lo bien que han podido sofocar el debate, ¿no le parece?

Harold Pinter: Sí, vergonzoso.

David Edwards: Sabe, ‘teníamos que hacer algo, está ocurriendo un genocidio,’ cuando en realidad son 2.000 las personas que han muerto entre todos los participantes, en los doce meses anteriores a que comenzaran los bombardeos...

Harold Pinter: Tiene toda la razón. Cuando dijeron ‘Nosotros teníamos que hacer algo’ yo dije ‘¿quiénes son exactamente esos ‘nosotros’ de los que hablan? Ante todo, ¿quiénes son ‘nosotros’? ¿Bajo qué título actuamos ‘nosotros’, bajo qué ley? Y también la idea de que ese ‘nosotros’ tenga el derecho de actuar, dije, ‘presupone una autoridad moral, ¡de la que ese ‘nosotros’ no posee ni un ápice! ¡No existe!

David Edwards: Y también en términos de ‘nosotros,’ la OTAN no responde a electores de ningún tipo, Jamie Shea (el portavoz de la OTAN) no representa a nadie.

Harold Pinter: Exactamente. Todo esto fue, como creo que en realidad todo el mundo lo sabe, totalmente ilegítimo, totalmente ilegal, totalmente inmoral, y, de verdad, criminal. En realidad, las mujeres serbias estuvieron realmente impresionantes, saben verdaderamente de qué están hablando. Se burlaron de una cantidad de ideas, invenciones y mentiras preconcebidas que los siquiatras varones estaban simplemente repitiendo, sabe, porque las habían leído en los periódicos. Y, por cierto, las mujeres serbias también conocían su historia, y es mucho más de lo que sabemos por acá. Así que eso es lo que pasó. Estoy muy contento de haberlo hecho.

Pensamiento impensable No. 1

¿Prensa libre o prensa corporativa?


David Edwards: Lo que pensé que sería interesante - podemos hablar más del tema serbio más adelante— pensé que el título de esto podría ser algo como «Pensamientos Impensables».

Harold Pinter: Me parece que hay una cantidad de grandes pensamientos impensables que casi nunca llegan a los medios convencionales. En cierto sentido, pienso que los medios convencionales no pueden manejar esas ideas, de manera que las han excluido.

La primera, es la idea de que la prensa corporativa no es una prensa libre. Como usted sabe, Edward Herman y Noam Chomsky han propuesto un modelo de propaganda del control de los medios. El modelo discute la existencia de cinco ‘filtros’ mediante los cuales el dinero y el poder logran filtrar las noticias ‘aptas para la publicación’, marginan el inconformismo, y permiten que el gobierno y los intereses privados dominantes hagan llegar su mensaje al público.

Pausa de reflexión No. 1

El modelo propagandístico


En su obra clásica Fabricando el consenso - la economía política de los medios de masas (Panteón, 1988), Edward Herman y Noam Chomsky presentaron su «modelo propagandístico del control de los medios». Herman y Chomsky señalan que los medios están compuestos de grandes corporaciones, todas en el negocio de aumentar al máximo los beneficios, todas ligadas a la bolsa de valores. Esas corporaciones también son de propiedad de gente rica, que generalmente está en los consejos de administración de otras corporaciones mayores, y que tienen incontables contactos personales y empresariales. La neutralidad de la prensa, por ello, está seriamente comprometida -sugieren- por el simple hecho de que los medios de masas están compuestos por corporaciones, propiedad de capitalistas ricos, a la busca de beneficios.

El poder de la publicidad también limita la libre información. Antes de que los anunciadores se hicieran predominantes, el precio de un periódico tenía que cubrir los costos de producción.

Con el crecimiento de la publicidad, los periódicos atractivos para los anunciadores pudieron reducir el precio por ejemplar, por debajo del costo de producción. Esto colocó a los periódicos que atraían menos publicidad en una condición de seria desventaja. El sistema de medios corporativos, por ello, es el que es elegido por su simpatía hacia las empresas, mientras que se tiende a negar ingresos por publicidad a los medios más radicales, ayudando a asegurar que sean marginados o que desaparezcan totalmente.

Los medios de masas son también llevados inevitablemente hacia una relación simbiótica con las más poderosas fuentes de información, por necesidad económica y por interés mutuo. Los medios deben tener un suministro regular, fiable de noticias, de manera que se concentran los recursos en los sitios en los que es probable que ocurran noticias importantes. La Casa Blanca, el Pentágono, y Downing Street No. 10, son centros de noticias de este tipo. Los reporteros y editores que ofenden a esos centros de poder de la comunicación, pueden perder rápidamente el acceso al flujo vital de la información mediática, a las noticias frescas. Como ha escrito el analista de medios estadounidense Walter Karp: «Es una amarga ironía del periodismo basado en las fuentes el que los periodistas más estimados son precisamente los más serviles. Porque ganan acceso a las ‘mejores’ fuentes haciéndose útiles a los poderosos»

Los intereses poderosos también pueden presionar a los medios para que sigan la línea de lo que Herman y Chomsky llaman «fuego antiaéreo.» El término fuego antiaéreo se refiere a las reacciones negativas a una declaración de la prensa o a un programa, y pueden tomar la forma de cartas, telegramas, llamadas telefónicas, demandas, juicios legales y discursos. Una forma de fuego antiaéreo es la amenaza de retirar ingresos por publicidad; esta sola amenaza a menudo basta para persuadir a los editores para que reconsideren su enfoque. Las organizaciones empresariales se reúnen regularmente para formar «máquinas de fuego antiaéreo» empleando amplios recursos financieros que aniquilan el poder de comunicación de los ecologistas, de los grupos pro derechos humanos, y de cualquiera que pueda tratar de impulsar una línea menos amistosa hacia el poder en los medios.

David Edwards: Me parece que la idea que tenemos de una prensa libre es, en realidad, una ilusión -esto se aplica en general a los medios de masas- lo que tenemos es una prensa corporativa, un medio de masas corporativo, que no es lo mismo.

Harold Pinter: Sabe, en el libroCruel Bretaña de Nick Cohen hay una gran historia sobre Monsanto y el tema de la manipulación genética (MG). Dos reporteros de una compañía de televisión en EE.UU. descubrieron lo que ocurre realmente con los alimentos manipulados genéticamente, y dijeron «Tenemos que continuar con esto y tenemos que hacer un programa al respecto», y los empujaron suavemente a un lado. No fue un ‘¡No!’ directo, fue solamente «No, no lo creo, no hay pruebas», etc., y sólo se les empujó fuera de todo el asunto hasta que se irritaron mucho, mucho, y dijeron: «Tenemos que hacerlo, es responsabilidad de la compañía que se haga». Y el jefe terminó por decir: «Escuchen, ¡las noticias son las que nosotros decimos que son noticias! ¡Y basta! ¡Y, para nosotros, éstas no son noticias, ¡OK!» ¡Y los despidieron! Así, ¡las noticias son las que nosotros decimos que son noticias!, es definitivo -tratan de no decir algo así- pero si los empujan demasiado, es la última consecuencia.

David Edwards: ¿Le ha pasado algo parecido en su propia experiencia? Parte de su material es verdaderamente ofensivo según los estándares convencionales, pero logra pasar- no es muy común que este tipo de material logre pasar, ¿no es cierto?

Harold Pinter: Así es, así es. En realidad nunca he sido censurado al respecto, aparte de mi poema ‘Fútbol Estadounidense’, que considero como un acto de censura en su época -durante la Guerra del Golfo- sin duda alguna. Fuera de eso, no me ha ocurrido. La manera en la que me manejan es distinta. Le daré dos ejemplos. Una fue cuando escribí esa «Carta Abierta al Primer Ministro,» el Sr. Blair. Como usted sabe el Guardian la publicó, pero cuando tomé el Guardian al día siguiente y abrí el periódico, ¡lo que leí fue ‘Escritor Indignado» en vez de ‘Carta Abierta al Primer Ministro’!

David Edwards: ¿Qué lo llevó a darle importancia a ese título?

Harold Pinter: Bien, se lo diré con exactitud. Significaba ‘Algún escritor idiota está indignado. Este tipo está siempre indignado. No es como su lechero local o el conductor del autobús: es un escritor -esos escritores- usted no puede tenerles ni un poco de confianza, está siempre indignado.’ Así que llamé al tipo, se llama David Leigh, el redactor de esa página, y le dije: ‘¿Por qué lo tituló ‘Escritor Indignado’? Y dijo, ‘Bueno, ¿no está indignado?’ Le dije, sabe, ‘Ése no es el asunto,’... porque el tono del artículo era de considerable ironía y burla, por mi parte -no había indignación, deje afuera la indignación. Mi indignación y desprecio están implícitos en el artículo, pero yo estaba, en realidad, tomando el asunto bien a la ligera, todo el tono de voz era bien ligero e irónico. Así que llamarlo ‘Escritor Indignado’ significa que no es necesario leerlo. Y le daré otro ejemplo que creo que es realmente importante en este contexto. Hace un par de años, el Observer -al que he renunciado, a propósito, después de treinta y cinco, cuarenta años, ¡al diablo!- hace un par de años, el Observer colocó en su primera página una noticia sobre un desertor kurdo del PKK sobre el que decían que había revelado que el PKK iba a envenenar a todo el mundo, tenían todo el veneno necesario. ¡Esas sí son noticias para primera plana! Así que escribí una carta diciendo ‘¿Quién es este tipo? ¿Cuál es su evidencia? ¿De qué están hablando? ¿Conocen ustedes los hechos reales sobre la situación turco-kurda? Explíquense.’ Y mi carta fue publicada. ¿Pero sabe cómo la llamaron? Le pusieron un pequeño título: ‘Un dramaturgo despotrica’. Ya ve, así que es sistemático.

David Edwards: ¿Vio usted algo de Jay Rayner hace un par de meses... ?

Harold Pinter: Por eso fue. Por eso renuncié finalmente al Observer. Renuncié después de eso.

David Edwards: Yo lo leí, me sorprendió. Fue muy por el estilo de, ¿sabe? ‘se necesita gente como Harold Pinter porque él siempre se escandaliza por algo y es bastante divertido, pero... ‘

Harold Pinter: Decía que todo lo que hago es gritar de esa manera: ‘Él grita por todo,’ sabe. Es otra manera de denigrar a alguien que insiste en mantener una posición política seria. Una de las cosas que estaban incluidas en mi «griterío» fue mi programa de televisión sobre la OTAN. La implicación era que cualquier ataque contra los bombardeos de la OTAN tenía que ser irracional.

Pausa de reflexión No.2

Ridiculizando el inconformismo


Después de la entrevista, saqué el artículo de Jay Rayner del Observer, del 16 de mayo de 1999. El título era «Pinter el descontento» y los subtítulos debajo decían: «Odiaba a Pinochet; detestaba a Thatcher; no le gusta EE.UU.; deplora a la OTAN; se disgusta cuando sus obras de teatro no son mostradas en el West End. Este Harold siempre está quejándose de algo».

Rayner se refiere a las obsesivas «quejas» de Pinter unas treinta veces, utilizando expresiones como: «furioso,» «sonido y furia,» «mascullar,» «escandalizado,» «atacando,» «hostilidad,» «riñendo,» «siempre dispuesto a comenzar una pelea,» «gritando,» «abucheando,» «furia,» (otra vez), «enfurecido» (una vez más.)

Como se mencionara en la entrevista, este énfasis en el enojo se utiliza sistemáticamente para desprestigiar los argumentos políticos de Pinter. Está en buena compañía, sin embargo, porque el mismo tipo de ataques se dirigen contra todas las voces radicales disidentes que llegan a los medios convencionales. Noam Chomsky, por ejemplo, ha recibido un tratamiento bastante parecido, cuando el Times de Murdoch lo describe como «El intelectual más adusto y sin sentido del humor de EE.UU.» (Citado en el Guardian, 7.12.96)

Lo que es interesante, es que Chomsky ha discutido la lógica detrás del tipo de crítica dirigida contra Pinter: «De alguna manera ellos (los periodistas de la prensa convencional) tienen que librarse del asunto (los argumentos de los disidentes). Uno no puede enfrentar los argumentos, claro, porque en primer lugar tendría que saber algo, tampoco podría responder a los argumentos, porque son correctos. Por ello, lo que tiene que hacer es lograr desecharlos de alguna manera. Así que esa es una técnica, ‘es sólo emocional, es irresponsable, es enfado.’» (Crónicas del disenso, p. 79.)

El científico climatólogo Ben Santer, del Laboratorio Nacional Lawrence Livermore, fue atacado por el grupo de presión del carbón y el petróleo, cuando el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC en inglés), del cual formaba parte, confirmó en mayo de 1996, que el resultado de la evidencia sugería que sin duda había una influencia humana discernible en el recalentamiento global. Entre otras cosas, se acusó a Santer de «limpieza científica.» Compárese el relato de Santer de los ataques en su contra con la explicación arriba citada de Chomsky: «Lo que era inquietante en las críticas era que se concentraban en la integridad de científicos individuales -no se concentraban para nada en la ciencia-. Todo lo que decían era claramente falso, y uno denunciaría ese hecho y así y todo continuarían diciéndolo. Es un descubrimiento difícil, pienso, para un científico: que exista gente en el mundo que no es accesible a la razón, que no está verdaderamente interesada en comprender mejor a la ciencia.» (Ben Santer, Laboratorio Nacional Lawrence Livermore, Siete días que estremecieron al mundo, BBC, 30.8.99.)

La crítica personal de este tipo, por lo tanto, es el método preferido para atacar un argumento sin discutirlo realmente: «Supongo que tienes que tener a John Pilger. Con su bronceado, su corte de pelo a lo Byron, su penosa, sacerdotal expresión oral y su evidente amor por sí mismo, la principal reacción es cambiar de inmediato a BBC... « (Charles Jennings, criticando «La conspiración de Timor» de Pilger, Observer, 24.1.99)

En otro lugar, Roy Hattersley ha criticado a Pilger por ser incapaz de «tener razón sin ser justo».

Al considerar la respuesta de Hattersley, tenemos que recordar el tema de muchos de los escritos de Pilger. Pilger, como Pinter, no se parece en nada a la mayor parte de los comentaristas políticos; a menudo Pilger llama nuestra atención sobre el hecho de que nuestros gobiernos, nuestras corporaciones, nuestros fabricantes de armamentos, están beneficiándose de la muerte y del sufrimiento de cientos de miles de hombres, mujeres y niños inocentes en el Tercer Mundo. Imaginen, entonces, que alguien irrumpiera en su sala gritando que la escuela está en llamas, que los niños se están quemando vivos. ¿Qué pensaríamos de alguien que criticara la expresión oral del mensaje, tal vez debiéramos exclamar: «Es costumbre tocar a la puerta, ¿sabe?». Presumiblemente, nuestra reacción sería preguntarnos qué clase de persona podría llegar a pensar algo así cuando los niños realmente se están quemando vivos, cuando este individuo nos está implorando que hagamos algo al respecto.

En otra parte, Hugo Young ha criticado a Chomsky por estar «enraizado en el pasado». El énfasis en el pasado es otro tema recurrente: ‘Eso no es nada nuevo’, ‘Ya hemos oído todo eso antes’, ‘no me venga de nuevo con ese viejo argumento’, cuando en realidad los argumentos disidentes casi nunca tienen acceso a los medios convencionales. El escritor Milan Rai ha informado que el modelo propagandístico de Herman y Chomsky ha sido reseñado (y desechado) una sola vez en los medios convencionales de EE.UU. desde su publicación en 1988.

David Edwards: Desde luego también usan ‘Perdonen, pero ese tipo es un dramaturgo, ¿qué diablos está haciendo comentando sobre política?’

Harold Pinter: Sí.

David Edwards: Lo que es interesante al respecto, es que Chomsky, de nuevo, se encontró exactamente con lo mismo. Durante mucho tiempo dijeron ‘Perdone, pero usted es un profesor de lingüística, ¿qué autoridad tiene para hablar de política?’ Y él dijo ‘Bien, soy un ser humano’ Y éste, podría decirse, es el crítico más importante del mundo de la política interior, la política exterior, etc., de EE.UU. Es como si hubiera una especie de profesión de ‘crítico social,’ y que sólo después de pasar algo como un examen, uno llegara a calificarse de crítico social. Es muy extraño. También ocurre, ¿no es cierto? que digan: ‘¿Qué hace ese cómico indignado hablando de los bombardeos de Serbia?

Harold Pinter: Tiene razón, pero la moneda tiene un reverso. ¿Conoce el programa de televisión Counterblast (Respuesta enérgica) que hice (BBC, 5.5.99)? Fue el único programa en toda la televisión británica, durante todo el período, que se declaró contra la guerra, que analizó la situación y el problema en forma crítica. La BBC lo hizo, no tenían alternativa -la jerarquía tuvo que dejar que sucediera, no hubo interferencia pero pasaron tres cosas que consideré muy importantes. La primera fue que no hicieron ningún tipo de publicidad para el programa ¡Nada! uno no podía saber que lo mostraban sino fuera por accidente...

David Edwards: ¿Y no podía ser más actual, no es cierto? Quiero decir que fue justo cuando estaban bombardeando...

Harold Pinter: No, no, fue justo cuando estaba ocurriendo. Segundo -no es la BBC, pero volviendo a la prensa -lo ignoró por completo.

David Edwards: Así es, no fue reseñado en el Guardian, por cierto. ¿Recibió una mención en alguna parte?

Harold Pinter: No, el único que hizo una reseña fue Timothy Garton-Ash en el Independent (‘Vívido, sombrío, fuerte y magnífico -pero equivocado,’ 6.5.99), y escribió un artículo que al fin de cuentas fue un ataque, pero por lo menos fue una reacción.

David Edwards: ¿Dijo que usted estaba indignado?

Harold Pinter: No, no, estuvo bien... Pero fuera de eso no hubo nada. Lo que sí pasó, el reverso de la moneda que mencioné, fue que recibí más cartas de la gente en este país por ese programa, que las que había recibido en toda mi vida sobre cualquier tema.

David Edwards: ¿Cuántas?

Harold Pinter: Bueno, entre 350 y 400 cartas. Hubo, diría, unas diez que me llamaron un verdadero ¿sabe?, cabrón, y el resto, el resto, fueron cartas verdaderamente muy conmovedoras, porque demostraban la profundidad de la vergüenza de la gente en este país -no puedo decirle- y el enojo, y la impotencia, y la frustración. Una proporción extraordinaria de ellos simplemente renunciaron al Partido Laborista. Así que eso me impresionó mucho, y me dijo que por debajo de lo que estamos diciendo de cómo los medios son controlados, etc., hay gente viviendo en este país ¿sabe? que verdaderamente repudiaron lo que estaba sucediendo.

David Edwards: Y, desde luego, los medios siempre dan la impresión de que la gente es totalmente indiferente a todo lo que sucede y que no les importa en absoluto lo que se haga...

Harold Pinter: Eso en realidad son pendejadas.

David Edwards: Son pendejadas. Sentí una increíble sensación de... siempre me quedé sentado ahí, noche tras noche, no podía creer lo que estaba ocurriendo, simplemente arrasando ese país, noche tras noche -centrales eléctricas, puentes, estaciones de televisión, hospitales— fue tan letal y uno se sentía tan impotente.

Harold Pinter: Me alegro de que pueda hablar y de que lo haga.

David Edwards: Pienso que es absolutamente importante que, por lo menos, se escuche a una o dos personas, porque crea una especie de sentimiento de esperanza. El simple hecho de que su programa existiera, o su carta, o la de Pilger, porque ayuda a la gente a pensar ‘Dios mío, no estoy solo pensándolo, no estoy solo.’

Harold Pinter: Es exactamente el tema. Ese fue el espíritu de las cartas que recibí. El sentido de estar totalmente solo, sabe.

Pensamiento impensable No.2

Dictaduras lucrativas


David Edwards: El segundo pensamiento impensable que quisiera discutir con usted es el siguiente: ¿No es que Occidente no sólo no promueve la democracia en el mundo, sino que, en realidad, depende en extremo de dictadores para proteger «los buenos climas para las inversiones» contra los nacionalistas locales, para servir a las corporaciones occidentales? ¿Está de acuerdo con mi opinión?

Harold Pinter: Sí. Pienso que... hmmm... ése ha sido siempre el caso. El término dictador, supongo, tiene que ser visto ahora de una manera ligeramente diferente. Hay muy pocos dictadores obvios, como tales, en la actualidad ¿sabe? en estos días. Pero ha sucedido algo distinto. Estoy muy, muy interesado, por ejemplo, en el caso de Haití, que se me viene de inmediato a la mente como un caso típico.

Haití es un sitio que interesa un pepino a la mayoría de la gente. Pero la realidad es que el caso de Haití representa uno de los ejemplos más terribles de manipulación y abuso del poder de EE.UU. que el mundo haya visto. No hay mucha gente que sepa que EE.UU. -el capitalismo a la manera de EE.UU.- apoyó a los más atroces dictadores de Haití, los Duvaliers, durante años, y años, y años. Y finalmente cuando, para decirlo en pocas palabras, el pueblo haitiano estuvo tan exhausto y harto de todo el maldito asunto, EE.UU. dijo ‘Demasiada gente ha sido torturada y asesinada, mejor retiramos nuestro apoyo, un poquito, y veamos lo que sucede.’ Y así tuvieron realmente elecciones democráticas y Aristide fue elegido -un 67 por ciento votó por él- y EE.UU. dijo, ‘¡Qué! ¡Ésta es una elección verdaderamente democrática! ¡El hombre fue elegido democráticamente de verdad! ¡Esperen un momento!...

David Edwards: ¡No se supone que funcione de esa manera!

Harold Pinter: Así que esperaron, si usted se acuerda, y en 1991, -llevaba ocho meses en el poder- y estaba preocupado por hacer algo verdaderamente por el país y por la gente que vive en el país ¿sabe? y no someterse a la estrategia neoliberal y a toda la maldita manipulación total, financiera y económica. Así que, por cierto, qué sucede: un golpe militar, y ¡bang! fuera. Aristide escapa a EE.UU.: pretendieron darle asilo, pero en realidad el golpe lo causaron ellos mismos. ¡La CIA asociada con los militares lo hicieron! Así que se lo llevan para allá y tratan de implantarle la idea de su verdadera responsabilidad hacia ellos, o sea hacia el capitalismo. Mientras tanto los militares asesinan por lo menos 3.000 personas, los tres años más brutales, y EE.UU. dice ‘Ahora vamos a hacernos los buenos.’ Así que invaden Haití bajo los auspicios de la ONU y establecen lo que es en apariencia un estado democrático -¡esto es ‘salvando el mundo para la democracia’! Lo que están diciendo, en verdad, es que la únicamanera de sacar adelante ese país es una estrategia neoliberal en la que el mercado controla todo... etc, etc.

Y ahora el nivel de pobreza en Haití es peor de lo que jamás ha sido, absolutamente atroz, el país está prácticamente devastado.

Ahora vuelvo al término dictador: no existe en la actualidad un dictador con una posición parecida como el que había en Haití, pero existe una élite, y esa élite es extremadamente rica, la mayoría de sus miembros son empresarios, y ahí está la cosa: la nueva dictadura me parece que es una dictadura empresarial.

David Edwards: ¿Forma parte de la idea de que no es bueno para el turismo, ni para las inversiones, que parezca que hay una dictadura? Digamos en Argentina o Chile: Pinochet se mantiene al margen, pero en realidad sigue en el poder, o por lo menos el ejército sigue.

Harold Pinter: El ejército está ahí, precisamente. Los tanques están a la vuelta de la esquina.

David Edwards: Me parece que hay algunos trucos psicológicos muy básicos que nos están presentando. Un truco es, ‘Tenemos que hacer algo, hay un genocidio’, de manera que cualquier persona cuerda está ahí sentada, pensando ‘Bueno, desde luego no podemos marginarnos, es como el holocausto, tenemos que hacer algo.’ Y entonces Tony Blair dice, en respuesta a la acusación de hipocresía -lo dijo en Question Time de la BBC- ‘Lo siento, pero simplemente porque no podamos ayudar a todo el mundo, no significa que no debiéramos ayudar a la gente a la que podemos ayudar.’ Pero, desde luego, si uno mira a Irak, donde 800.000 niños han muerto como resultado de las sanciones occidentales, a Cuba donde los niños con cáncer no consiguen medicinas contra náuseas y vomitan 28 veces al día, cuando Blair dice que no podemos ayudar a esa gente, hay que considerar que lo que quiere decir en verdad es ‘No podemos levantar nuestras botas de sus cuellos’, porque eso sería lo que significaría en realidad el ayudarles, ¿no es cierto?

Harold Pinter: Pienso que está muy bien formulado. Estoy totalmente de acuerdo.

David Edwards: Pero ha podido salirse con la suya con su truquito, ¿no es cierto? ‘Uno podría llamarlo hipocresía, pero también se podría argumentar que ‘estamos haciendo lo que podemos’, lo que es una deformación total de la realidad.

Harold Pinter: Realmente es repugnante. De verdad que se hace muy difícil encontrar palabras suficientemente fuertes...

David Edwards: ¿No piensa que la distancia entre la realidad y la representación de la realidad, se hace tan inmensa que uno casi no puede franquearla sin parecer absurdo? Es un verdadero problema, ¿no le parece?

Harold Pinter: Sé lo que quiere decir, sí. Siempre he dicho finalmente una cosa: ‘Mis escritos políticos tienen que ver en su totalidad con hechos. No invento absolutamente nada.’

David Edwards: Citando a menudo documentos estatales.

Harold Pinter: Por cierto. Hay muchísimo que ha sido publicado en Internet recientemente. Una cosa que tiene EE.UU. es esa Ley de Libertad de la Información -no es realmente muy buena, porque borran casi todo, pero no pueden borrar todo. Hay que conceder que la tienen, está ahí, así que hay que utilizarla, mientras que aquí, como sabe, todo el asunto es una farsa, una vergüenza. Pero por lo menos tenemos algo a disposición, y hace un tiempo conseguí documentos estatales sobre la CIA, sobre la participación del gobierno de EE.UU. en el golpe militar en Chile. ¡Todo está ahí!

Así que ¿qué están haciendo los demás escritores?

David Edwards: ¡No hay nada más! Eso es lo que me sorprende. Poco antes de su ejecución a menos del régimen nigeriano, Ken Saro-Wiva dijo: «En este país (Gran Bretaña) los escritores escriben para entretener, presentan problemas sobre la existencia individual -usted sabe, la angustia del individuo- pero para un escritor nigeriano en mi posición, uno no puede ponerse a hacer eso... Uno no puede hacer arte por el arte. Este arte tiene que hacer algo por cambiar las vidas de una comunidad, de una nación. Y por ese motivo, la literatura tiene un propósito completamente diferente en ese tipo de sociedad, completamente diferente que aquí.» (Ken Saro-Wiva, The Independent, 14.11.95.) Lo que hace preguntarnos: ¿qué están haciendo los demás escritores? Ahí está usted, hay un Pilger, hay Mark Curtis, Paul Foot, digamos, tal vez hay también Greg Palast ¿sabe? Nick Cohen. ¿Cómo explica usted el hecho de que haya tan poca gente dispuesta a decir realmente estas cosas? Verdades obvias, no hay que inventar nada. Uno simplemente toma los documentos estatales, toma los hechos, la lógica es muy simple, muy obvia, y sin embargo, nadie lo dice. ¿Cómo es posible?

Harold Pinter: Bueno, usted sabe...

David Edwards: ¿O conoce usted mucha gente que lo sabe pero que no quiere hablar al respecto? Usted debe encontrarse todo el tiempo con otros dramaturgos, novelistas, escritores...

Harold Pinter: No lo hago.

David Edwards: ¿No lo hace?

Harold Pinter: No, no me reúno con ellos. Bueno, uno o dos.

David Edwards: Hay un malentendido entonces.

Harold Pinter: Sí. Bueno, hace un tiempo, la gente en una escuela de verano, en Cambridge, gente de todo el mundo, de todas partes de verdad, me ha hecho varias preguntas muy interesantes. Una de las preguntas era: «¿Qué hacen los otros escritores en este país respecto a los bombardeos de la OTAN? ¿Los dramaturgos, los novelistas, etc.?’. En primer lugar dije, ‘No sé.’

David Edwards: Usted no sabe.

Harold Pinter: Bueno, eso es lo que dije primero. Y después lo pensé y dije dos cosas. Una es que los jóvenes escritores -hay muchos dramaturgos jóvenes, con inquietudes, en estos días, sabe- pero parece que guardan silencio sobre todo el tema de ‘Lo que ocurre.’ Se puede decir que comparten un cinismo básico sobre el mundo...

David Edwards: Que no se puede hacer nada.

Harold Pinter: Sí, así que les importa un pepino. ‘Es el mundo,’ ‘Así es el mundo: hagan lo que les dé la maldita gana con el mundo, hemos perdido interés.’ Puede ser el caso, estoy ofreciendo posibles...

David Edwards: ¿Puedo volver a lo que estaba diciendo sobre que los medios convencionales verdaderamente hacen lo posible por dar la impresión de que no hay ninguna esperanza, que no puede haber un cambio? Es un arma sicológica muy poderosa para impedir que la gente se involucre, ¿no es así?

Harold Pinter: Exactamente... Hay otra cosa que tengo que mencionar: hay un montón de gente inteligente, que no puede dejar de ver lo que está sucediendo en este maldito mundo, como, por ejemplo, ser parte del sistema.

David Edwards: ¿Por las recompensas?

Harold Pinter: Y por el estatus, supongo. Y por el hecho de que son amados, abrazados.

David Edwards: ¿Amados?

Harold Pinter: Bueno, abrazados.

David Edwards: ¿Piensa usted que es... normalmente yo diría, un asunto cínico como dinero y poder y prestigio? ¿Está diciendo que es porque necesitan algo como pertenecer a alguna parte?

Harold Pinter: Pienso que es posible. Como digo, ésta no es una investigación científica, estas son sólo proposiciones.

David Edwards: Así que, ¿qué sucede cuando usted hace lo que hace? ¿Se convierte en un extraño total?

Harold Pinter: Bueno, estoy en una posición extraña porque en un sentido soy indudablemente un extraño en la sociedad, simplemente porque utilizo mi inteligencia crítica...

David Edwards: Lo que no hace mucha gente.

Harold Pinter: Pero al mismo tiempo, tengo que enfrentarme al hecho -no es algo malo- de que soy una parte importante del mundo en el que vivo, porque he sido parte de él durante mucho tiempo y he realizado un tremendo montón de trabajo, y mi trabajo se escenifica, y se interpreta, y yo soy parte de todo eso. De manera que pienso que también soy aceptado generalmente como un tipo idiosincrásico ¿sabe? que sin embargo es parte del teatro contemporáneo -mis obras han sido representadas durante los últimos 45 años, o lo que sea.

David Edwards: Así que eso le da un sentido de pertenencia. ¿Pero se siente políticamente solitario?

Harold Pinter: Sí, he pasado por algunos pasajes muy, muy solitarios. Hay varios sitios, otros países, donde me siento mucho más en mi casa: Italia, Grecia y España. Quiero decir, un 95% de los griegos estuvieron contra los bombardeos, ¡95%! Lo mismo en Italia: odiaron toda la maldita porquería. Pero incluso ahí el gobierno tuvo que adaptarse. Ese es el verdadero horror del poder de EE.UU.

David Edwards: Así que lo que usted dice -y no es científico- es que lo que impide que la gente diga esto, no son simplemente cosas elementales como que quieren dinero y estatus, es el dolor psicológico que hay que sufrir cuando uno se convierte en un extraño al afrontar lo que no debe ser afrontado, si el sistema ha de funcionar sin problemas. Si uno dice cosas como ‘No tenemos una prensa libre,’ si uno dice ‘Tenemos que apoyar dictadores para proteger nuestros beneficios,’ te conviertes en un extraño al funcionamiento sin complicaciones del sistema y, psicológicamente, es muy doloroso ser un extraño.

Harold Pinter: Sí. Pienso que es cuestión de asegurarse su sitio inseguro y precario en el mundo: lo mejor es no hacer demasiadas preguntas. Usted recordará que Mohammed Ali fue reclutado por el ejército y que hizo su famosa declaración: (simula un acento estadounidense) «¡Yo no tengo nada en contra de esos del Vietcong!» ¡Eso es lo que dijo y le trajo tantos problemas!...¡Jesús! ¡Todo lo que trataron de hacerle! Es un tipo extraordinario. Así que pienso que en el caso de alguna gente hay un temor terrible a ser impopulares, pero de alguna manera siempre he sido vagamente impopular, así que ya estoy acostumbrado.

Traductor: Germán Leyens.
Revisado por: Deborah Gil.

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