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Fabián Casas (Argentina)

Fotografía tomada de Medium

Por: Fabián Casas

 

Hace algún tiempo

Hace algún tiempo
fuimos todas las películas de amor mundiales
todos los árboles del infierno.
Viajábamos en trenes que unían nuestros cuerpos
a la velocidad del deseo.

Como siempre, la lluvia caía en todas partes.

Hoy nos encontramos en la calle.
Ella estaba con su marido y su hijo;
éramos el gran anacronismo del amor,
la parte pendiente de un montaje absurdo.
Parece una ley: todo lo que se pudre forma una familia.

Doxa

No debería perturbarte
el ruido que hace tu viejo con la boca
cuando come. Ni la ordalía de bolsillo
en las horas pico; o tu scrum privado
contra los malos pensamientos.

No deberían perturbarte
los novios que acumulan en las piezas paternas
sus artefactos domésticos;
ni las mujeres en las peluquerías,
con sus gorras de goma,
cuando palma la tarde...

Alguien talla, desde que naciste,
un ostracón con tu nombre.
No debería perturbarte.

Sin llaves y a oscuras

Era uno de esos días en que todo sale bien.
Había limpiado la casa y escrito
dos o tres poemas que me gustaban.
No pedía más.

Entonces salí al pasillo para tirar la basura
y detrás de mí, por una correntada,
la puerta se cerró.
Quedé sin llaves y a oscuras
sintiendo las voces de mis vecinos
a través de sus puertas.
Es transitorio, me dije;
pero así también podría ser la muerte:
un pasillo oscuro,
una puerta cerrada con la llave adentro
la basura en la mano.

 


Fabián Casas nació en Buenos Aires, Argentina, en 1965. Poeta, narrador, novelista, ensayista, filósofo y periodista. Publicó: Otoño, poemas de desintoxicación y tristeza, 1985; Tuca, 1990; El salmón, 1996, Primer premio Latinoamericano de Poesía, convocado por la Revista Prometeo; Oda, 2003; y El Spleen de Boedo, 2003. Publicó en narrativa: Ocio (Novela, 2000) y Los Lemmings (relatos, 2006). En 1998 participó del Programa Internacional de Escritores de la Ciudad de Iowa, EE.UU. Donde dio conferencias y participó del taller de traducción. En 2003 obtuvo la beca Antorchas con El Spleen de Boedo. Su poesía está traducida al inglés, alemán, francés, armenio, e italiano. También integra numerosas antologías de Latinoamérica. En palabras de José Luis Mangieri: «Decíamos ayer, cuando se publicó Tuca, 1990, que Fabián Casas se emparentaba con los soldaditos de Malvinas y con los chicos de la calle. Ahora, la generación poética a la que pertenece ya es una realidad. Los chicos de la guerra tienen hoy 35 años y siguen reclamando solidaridad y justicia a una sociedad que los abandonó. Fabián Casas no se detuvo en su escribir. Y asoma como uno de los más lúcidos poetas de su generación. Su poesía cuenta de las grandes pérdidas, es decir, del dolor de cada uno, de él, de todos. Sin altisonancias. No se erige en el fiscal de la injusticia, la incorpora calladamente a la condición humana a la que también, con sus gozos, reclama pertenecer con piadosas certidumbres. Jamás hará del dolor un oficio ni literatura grandilocuente: no es un demagogo del sufrir. Su poesía es rotunda, una presencia que no podremos saltear en un futuro ahí no más. No es una predicción. Es una certeza. Ya verán.»

Última actualización: 28/03/2021