Festival Internacional de Poesía de Medellín

ANTONIO PRECIADO

Ecuador, 1941


HALLAZGO

Hoy saqué de la arena
un hueso que me ha pertenecido,
porque tiene una señal de sangre
idéntica a mí mismo,
y el horrible dolor que me he palpado
en este mismo sitio.
Además,
es del mismo metal
que en una uña de mamá he sorprendido.

Pues bien,
me haré una flauta,
compondré una canción a mi asesino,
y la saldré a tocar todas las lunas
a lo largo de todos los caminos.

NEPTUNO

Estoy aquí
para defender a mi caracol
de que, por cualquier mínimo descuido
(después de pasar acurrucados
junto a él en su concha
todos esos milenios,
todos los temas,
todos los idiomas;
y tras todos los mares
y todas las resacas
y todas las mareas
y todo lo demás
que con él en los mares haya sido),
tenga lugar el pavoroso instante
en que, por entre todas las certezas
y todo lo de adentro
que todo el tiempo el caracol ha dicho,
de algún modo,
por fin,
consigan invadirlo todos los silencios.
Sabed bien que, por él,
yo voy de ola en ola
enarbolando un alga feroz entre los vientos;
así que ningún buzo
y ningún capitán
me le atará la lengua
en que tengo grabados mis anhelos.
¡Dejadlo como está, que siempre estoy despierto!
Y sabed que si el mar,
el mismo mar,
al contrario, me tapa
la entrañable verdad del caracol
con sus estruendos,
haré en mis propias palmas, con los dientes,
dos mares apacibles
y los pondré a decirme
al oído,
quedito, la palabra que quiero.

TAL COMO EL AGUA

Parto de que me bebo este poema,
de que yo siempre sueño cataratas,
de que no en vano se me va la lengua
si, aunque se atoren las palabras secas,
cuando empujo mi sed,
empieza el agua.
Empieza el agua buena de los niños
el agua niña del alegre charco,
el agua de los lunes,
los domingos,
el agua primordial de todo el año;
el agua audaz que se decide a ola,
el agua firme que horadó la roca,
el agua torrencial que me ha mojado;
el agua lavandera de la casa,
el agua pobre que jamás descansa,
el agua que anda a pie por los sembrados;
el agua perspicaz que al coco trepa,
el agua que pensó con la cabeza,
el agua sabia que colmó el milagro;
no el agua tonta que confió en la arena,
no el agua boba que se dio a la pena,
no el agua insulsa que se ha vuelto santa,
no el agua que se enjuaga los pecados,
no el agua dolorida de la lágrima,
no el agua boquiabierta de la gárgara,
no la gota voraz como un océano,
no el agua mansa resignada a poco,
no el agua muerta de los ahogados
ni el aguasangre de mi pueblo roto.

Antonio Preciado nació en Esmeraldas, Ecuador, el 21 de mayo de 1941. Poeta y catedrático universitario. Licenciado en la especialización de Política y Economía. En 1965 obtuvo el VII Premio Nacional de Poesía "Ismael Pérez Pazmiño" del Diario El Universo de Guayaquil y en 1967 el Primer Premio en el Festival Nacional de las Letras, Universidad de Guayaquil. El crítico Hernán Rodríguez Castelo, anota: "Hace ya bastante tiempo que Preciado es la gran voz de la negritud en el Ecuador. Con lenguaje recio y tierno, sustantivo; original y vigoroso en el juego imaginativo; rítmico y musical. Y con una poética enraizada en lo negro -de donde le vienen antiguas sabidurías y resonancias mágicas-, pero generosamente abierta a lo contemporáneo. Ha publicado, en poesía: Jolgorio, 1961; Más acá de los muertos, 1966; Tal como somos, 1969; De sol a sol, 1979; Poema húmedo, 1981; Espantapájaros, 1982; De ahora en adelante, 1993; De sol a sol -antología-, 1992; De boca en boca, 2005 y De par en par. Consta en las antologías: Lírica ecuatoriana contemporánea, 1979; Poesía viva del Ecuador, 1990; La palabra perdurable, 1991. Ha participado en muchos encuentros, festivales, congresos, lecturas de poemas, etc., en Europa, África, Norteamérica, Centroamérica, el Caribe y Suramérica. Actual Ministro de Cultura del Ecuador. Refería sobre él, en 1979,  Hernán Rodríguez Castelo: “Lo más vigoroso del último Preciado es la protesta social. En esta hora en que hay tanto por qué protestar –La protesta es uno de los grandes deberes incumplidos del hombre de América–, estafado, robado, amordazado, pisoteado, torturado, asesinado, el esmeraldeño resulta una de las voces líricas más vibrantes… Y todo ello el canto a las cosas y a la esperanza humana, al amor de mujer y al hombre pisoteado por las botas, con una impresonante voluntad de soledad… Con una terca y alta pasión de humanidad.”. Y Esther Bermeo de Crespo, dijo sobre él en 1992: “Su poesía delata al idealista, al luchador, al hombre de valores profundamente arraigados… Palabra vibrante que responde a la fuerza de la tradición oral que exige cautivar al interlocutor. Poesía variante y dinámica, exponente indiscutible de la poesía negra, su obra trasciende cualquier superficialidad. Su voz tiene lugar destacado en la cultura ecuatoriana y en la universal”.

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