Festival Internacional de Poesía de Medellín

CABALLOS NEGROS

El enemigo asesinado
Piensa en mí sin piedad en su sueño eterno
Fantasmas que ascienden las escaleras de la casa, rondando las esquinas
Son los fantasmas que recogí por los caminos
Tomándolos de los pecados que rodean el cuello de las gentes.

El pecado cuelga de la garganta como una carga
Es ahí donde alimento a mis fantasmas y les doy de comer
Los fantasmas que flotan como caballos negros en mis sueños.

Con el vigor de los muertos se levanta el último Blues
Mientras reflexiono acerca de los celos
La puerta se abre curva, el aliento se filtra por las grietas
El aliento del río
El aliento del borracho, el aliento
De la mujer que despierta a su pasado en un parque público.

Cuando duermo
Veo un caballo pastando en la hierba
Cuando me quedo dormido,
El caballo vela mis sueños

Sobre mi mesa en Ramallah
Hay cartas inconclusas
Y fotos de viejos amigos
El manuscrito de un joven poeta de Gaza
Un reloj de arena
Y versos iniciales que baten en mi cabeza como alas.

Quiero memorizarte como esa canción en primer grado
Esa a la que me aferro
Completa y
Sin errores
El ceceo, la inclinación de la cabeza, desafinada
Los pies pequeños golpeando ansiosos el concreto
Las palmas abiertas golpeando los bancos.

Todos murieron en la guerra
Mis amigos y compañeros de aula
Sus piececitos
Sus manecitas ansiosas… aún golpean los pisos de cada habitación
Golpean las mesas;
Y todavía golpean el pavimento, las espaldas de los paseantes, sus hombros.
Donde quiera que voy
Los veo
Los escucho.

LA TRINCHERA

Qué extraños son los días de la sal
Es como si fueran de otros
Y al igual que una tragedia bien tramada
Traída apenas a su fin
Comienzan a respirar cuando los recordamos

Las olvidadas colinas el tedio de las laderas
Las montañas que aspiran hacia el oeste
Las errantes caravanas de la muerte
La fe de los muertos, completa.

Las manos que emergen de la oscuridad
Para decirte todo
La profunda fraternidad que no conduce a la sabiduría
Las palabras no más apropiadas a los lugares elevados

Extraños son los días de la sal,
Ahora solos en el abismo
Esparcidos como podridas semillas

Y mientras ascendemos,
Porque eso es todo lo que podemos hacer
Los días ruedan hacia la distancia a nuestras espaldas,
Abandonados y nunca pueden regresar

Nuestra tez oscura
Nuestros intentos de dormir
... Nombres, títulos interminables

Dialectos también
Proclamando una campiña
Que ya no es necesaria.

Qué extraños son los días de la sal
No son siquiera dignos de ser recordados.

GUÍA

Nos señaló…
este camino.
Y desapareció
en el derrumbe de las casas
después de la explosión
sus dedos en la grieta en la pared
todavía señalando:
por aquí…
por aquí.

Traducciones de Omar Pérez

GHASSAN ZAQTAN nació en Beit Jala cerca de Belén, Palestina, en 1954. Recibió su grado como profesor en Jordania y trabajó como profesor de educación física. Ha vivido en muchos países, como Jordania, Siria, Líbano y Túnez. Actualmente vive en Ramallah, Palestina. Ha publicado varios libros de poesía: Temprano en la mañana, 1980; Viejas razones, 1982; Banderas, 1984, El heroísmo de las cosas, 1988; No por mi causa, 1990; Cielo claro, 1992;  Más allá de la descripción, 1995; Encargando descripciones, 1998; Monte tentación, 1999 y La cronología del carbón, 2003. Ha escrito varios guiones para documentales. Su obra de teatro El Mar Estrecho fue destacada en el Festival del Cairo en 1994. Zaqtan ayudó a fundar y es el actual director de la Casa de Poesía en Ramallah. También ha fundado varias revistas culturales en Ramallah y en el Golfo en los últimos años. Es actualmente el Director General del Departamento Editorial y Literario del Ministerio de Cultura de Palestina.

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