La creación del campo y el sistema de dispositivos
de control sobre los “cuerpos” del arte

Por Bernardo Bustamante

Es de aclarar que no se trata de una charla doctoral, es, sobre todo un abrebocas para la discusión pertinente sobre un tema, arte y política, por lo tato no se espera una definición de arte, ni de política, es en el punto de encuentro entre arte y política en el que se centra el análisis.

Voy a atreverme a trabajar sobre dos núcleos conceptuales:

El núcleo que permite la dilucidación de la sociedad de control y el que lleva al análisis de la creación de campo del arte.

Al aplicar el análisis se esclarece un paisaje, el hecho de que el arte comprometido y popular ha sido relegado por las instituciones del poder a un ostracismo, a la periferia y por lo tato los hechos que este arte expresa, son sacados del limite de interés general y puesto en el universo de lo difuso.

I. Para Michel Foucault los dispositivos de control son fuerzas que se imprimen en lo social y se realizan a través de figuras como el tratamiento social de los delincuentes en el panóptico, de los infectados por la peste, de los enfermos de lepra.

Primero analicemos los dispositivos; la figura de la peste le permite al poder imaginarse una forma de control bien estructurada, se apela a la separación masiva, la distribución de la vigilancia y los controles y a una separación de los individuos confinados en su mismo domicilio.

La figura de la lepra consolida la separación y el exilio, crea comunidades alejadas y separadas con regímenes de disciplina y control exhaustivos; los gobernantes sueñan con la potencia de separar y clasificar entre locos y no locos, vagabundos y no vagabundos, separar a los violentos y confinarlos, hacer fácil la clasificación en normales y anormales.

El panóptico es una figura arquitectónica que induce en el detenido un estado de consciencia de permanente vigilancia, que permite y garantiza el funcionamiento automático del poder; la interiorizaciòn de la regla y la autovigilancia como una consideración de supervivencia.

“En suma (escribe Juan Esteban, un estudiante en su trabajo), para ejercer el poder político debe existir unos instrumento de vigilancia permanentes, exhaustivos, omnipresentes, capaz de hacerlo todo visible, pero a condición de volverse ellos mismos invisibles, debe ser una mirada sin rostro social en un campo de percepción, millares de ojos por doquier, atenciones móviles y siempre alerta, un largo sistema jerarquizado, soplones, cámaras de seguridad, entre otros”.

II. Pero cuando se consolida el poder, no todo se hace visible, se omiten pequeños detalles, se realiza también la invisibilidad, se construye un límite entre lo permitido y lo no permitido, en este punto entra la construcción de un campo de saber que consolida las fuerzas, ejecuta actividades de desplazamiento, consolida instituciones y desarrolla estrategias y subterfugios, se impone a través de dispositivos.

Lo que pretendo es analizar este fenómeno en la creación del campo de las artes, entendiendo este como la cristalización de las instituciones que ejercen el poder sobre la creación artística.

Estamos en un momento de organización de los campos de la cultura y el arte, en Colombia los circuitos culturales y comerciales de las artes tanto las visuales, como las sonoras y las relacionadas con el cuerpo, entran en el proceso de consolidación a través de las leyes de la cultura y de la educación.

¿Cómo se consolidan los campos?, si existe una práctica, ésta se acompaña de una reflexión que se convierte en teoría, una teoría del arte en este caso, se hace institución en las academias y por último reflexión teórica en las universidades, en este sentido las Facultades de Artes son nuevas con relación a al ingeniería o el derecho y la medicina.

Están los saberes constituidos como poderes institucionalizados, por otro lado se encuentran los concursos de artes, las revistas y los críticos que escriben en los medios de comunicación; y en la sociedad capitalista los circuitos de comercialización de la obra.

Tenemos el mapa de los elementos del campo, hombres que crean instituciones, que ejercen un poder de comparar, criticar, analizar y excluir. Es aquí en donde se encuentra el punto que empieza a funcionar como extrañamiento, como condición del sujeto que pregunta sobre un punto que parece natural a lo social y del cual todos dan respuesta inmediata, ¿dónde está el arte político?

Inmediatamente hay tres respuestas, el arte político fue un movimiento de los años 60 o la segunda, es una arte de los panfletos que poco o nada tiene que ver con el arte bueno, con el gran arte y el buen gusto; por último, todo artes es político.

Voy a excluir la última apreciación pues si todo es político estamos cubiertos por un halo de lo común, cosa que hace imposible la diferencia: es posible alimentar con el análisis esta tesis pero nos convierte la discusión en política y no en arte.

El historicismo nos lleva a una tesis de lo pasado, por o tanto no es del caso. Queda el arte como panfleto y es aquí en el centro de la discusión de la relación arte y política, es por lo tanto el arte como panfleto el objeto de la discusión.

Pero a ¿qué se llama arte como panfleto? La maquinaria de los dispositivos de controle ha distribuido las cargas de la memoria sobre los mojones de la memoria, es conveniente recordar desde una parte pero no de otra, desde unos héroes pero no de otros.

Me detengo en una anécdota que ilustra lo que estoy diciendo:

He preguntado a los estudiantes como definen el pensamiento y el actuar de Bolívar, el pensamiento bolivariano, y sin mucha pena respondieron con el silencio, la escuela les dije, cumplió su función, ha vaciado de contenido la figura del héroe y lo convirtió en figura de papel.

Si no se puede concluir el aporte del pensamiento bolivariano a la historia del país, como puede llevarse a cabo el análisis del aporte de Martí o de Camilo.

Entonces se hace una luz en la el problema del arte político, por lo menos las artes visual, aparece lo que ha sido excluido, así como se hace una historia de héroes de papel, se consolida un pensamiento estético metafísico, un arte sin arraigo a la realidad socio cultural, unos artistas sin dientes.

Para clarificar el punto se presta entonces un ejemplo.

Los circuitos de las artes han trazado las fronteras, han puesto más allá de las fronteras el arte comprometido y lo han determinado como panfletario.

Desde diferentes centros de poder se aplican las figuras de la exclusión como el panóptico, se puede encontrar arte eventos artísticos y producciones en para las cuales hay ojos especiales que separan y llevan a la cripta, se ve frecuentemente en los concursos.

También se aplica la figura de la peste, aparece cuando son alejados no físicamente sino significativamente las nuevas estéticas urbanas, los mensajes de la calle son borrados rápidamente, con capas de pintura purificadora.

La figura del enfermo de lepra, aquellos que han construido algún mensaje no apto para la sociedad son forzados al enclaustramiento.

Por lo tanto se empieza a ver la necesidad de acercarse al arte panfletario, se puede decir, reivindicar el arte panfletario, a mirar aquello que con el devenir de los años ha sido relegado al olvido por ser otra estética, pero también a revisar el hacer de hoy, el sentido de lo estético, del trazo, del letrero de la imagen estampada en la calle, en lo urbano.

Por última se debe hacer la pregunta por la construcción de este arte, ¿cuándo tendremos una pintura sobre aquello que, como el evento de las bananeras en cien años de soledad, nunca existió?

 

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