XIII Escuela Internacional de Poesía de Medellín
Venimos a desaprender a la Escuela de poesía

 

Por Álvaro Marín
Oficina de prensa del XIX Festival Internacional de Poesía de Medellín

Los recitales de poesía del Festival se acompañan con el ejercicio del diálogo y la reflexión propiciados por la XIII Escuela Internacional de Poesía. El poeta español Jorge Riechmann abrió la actividad de la Escuela con tres jornadas dedicadas a las relaciones existentes entre poesía y ecología. Riechmann como otros poetas han encontrado en estas experiencias de intercambio cercano con el público del Festival una manera de acercarse a entender mejor la actitud de un público que sería más adecuado llamar comunidad. Una comunidad que comparte el interés por escuchar la poesía que se escribe en el mundo, pero también manifiesta interés en seguir el diálogo con los poetas que le interesan. A través de ese diálogo facilitado por la Escuela el público construye poco a poco una visión de la poesía, se puede decir que la comunidad del Festival viene construyendo ella misma su propia arte poética.                

Experiencias como la lectura y diálogo con el público del poeta vietnamita Nguyen Quang Thieu, acercan a los participantes del Festival al conocimiento de otras experiencias, ya no de poetas, sino de las formas tradicionales de otros pueblos para asumir la poesía, como es el caso de los campesinos poetas de Vietnam de donde viene Nguyen.

Los asistentes tienen su propia versión de la Escuela, Ángela Penagos, una mujer adulta encontró en el curso del poeta Carlos Vásquez sobre Alberto Caeiro, uno de los heterónimos de Pessoa y según sus propias palabras, un sentido más complejo de la vida. “Tengo en mi piel el asombro, dice Ángela, de permitirnos conocer con mucha pasión que existe la posibilidad de existir como un ser diferente, sentí a través del curso  que el amor es despojado, ausente, vacío y gozoso, que es necesario el encuentro para comprender, soltar y abandonarse en lo que un gran poeta Pessoa nos deja en su escritura. El poeta Carlos Vásquez, estudioso, inagotable, supo ser transmisor de su amor y su esencia con la belleza de la palabra.”  

“Aprendí que Alberto Caeiro siente a través de su mirada y sólo cuando aprendemos a ver que no hay nada en las cosas las podemos ver. Me queda la enseñanza de que uno puede dejarse ser uno mismo, al desnudo y con sencillez. Salí fascinada de reconocer que el hombre es una cosa que siente, la flor es una cosa que huele y la piedra dormida en sí misma, en su pesadez… es muy profundo… me abre la puerta para entrar a estudiar la grandeza de Pessoa, para mi Pessoa es una novedad. Es significante en estos talleres el hecho de entrar en autores como Pessoa con estudiosos del tema que ya han hecho un recorrido sobre su vida y obra. Quisiera que a los talleres tuvieran mayor difusión, porque vale la pena estar ahí aprendiendo, nos ayuda a mejorar en la escritura y en nuestro ser.”

Mary Navarro, otra de las asistentes a varias de las actividades de la Escuela, vive siempre el Festival como un acto ritual de una semana: “encuentro una cantidad de realidades que me dejaron pensando mucho, a veces parecen muy simples las propuestas, pero cuando se va entrando en los temas, interpretamos a través de la imaginación, comprender con los ojos nunca con el pensamiento a simple vista. Todo tiene mucho significado y va más allá de las palabras, porque salirse de una visión de una época que fue una constante, entonces, volver a desaprender lo aprendido. Pienso que sin tanta filosofía se pueden tomar muchas cosas… lo aprendido hasta ahora lo ata a uno pero son ataduras que no dejan pensar y volar y ser uno mismo. No soy sino una blanca pared en que las cosas se reflejan, escuché decir sobre Pessoa.”

“El tiempo lo hemos atado y nos atamos a él, hay que desaprender lo aprendido porque nos enseñan mal, como a pendejos, entonces tenemos que desaprender lo malo que nos  enseñaron, ahí está Caeiro. Dan ganas de abrir las alas hacia una vida libre, sin amarras, navegar en océano nuevo salir de la cárcel del pensamiento. Siempre he venido, asisto a   todos los talleres con una alegría total, esto es para mí una semana de fiesta que la espero y cuando pasa me deja feliz. El Festival es la libertad que busqué desde niña.”

“Gente adorable sorprendida son los poetas humildes. Me enriquecen. Hagamos por el Festival: yo les digo aportemos sin que nos den. Que entiendan los señores de corbata que esto es para apacentar la guerra y el dolor de la soledad, la violencia y el conflicto familiar, que sepan que tenemos algo valioso, una institución de palabra y espíritu y de belleza.

El poeta Luis Bravo, quien ofreció una conferencia sobre oralidad en la Escuela, tuvo la posibilidad de pulsar el espíritu de los asistentes: “este es un público entrenado en escuchar poesía, esta actitud viene de dos fuentes: una es la persistencia de veinte años de trabajo del Festival y la otra está en la tradición de la región, según entiendo, por las conversaciones que he tenido con el público. El público tiene una actitud no solamente sensible y reflexiva, también tienen a devolverte en el interés con aportes y preguntas.”       

Luis Galar en su Taller observa que hay personas incursionando en la escritura y desde allí plantean y tratan de resolver sus grandes interrogantes como por ejemplo, qué uso es el que debería dársele a la palabra “¿la palabra es libre? Me preguntó una señora que teme, no se atreve a robar una palabra de Cervantes, y un señor español me manifiesta su necesidad de acercarse al mundo de la escritura sin importas si sus poemas llegan a ser conocidos o famosos, simplemente hacer poesía para sus amigos, o su familia.”

La preocupación por el sentido profundo de la poesía está viva en los participantes de los diferentes cursos, talleres, conferencias y conversatorios con el público. La Escuela tiene este espacio como lugar de intercambio y planteamiento de las preguntas propias que derivan de un público que vive en la poesía.   

   
 
 

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