En defensa de la poesía y la libertad


La idea de que la poesía pueda salvar una ciudad, cambiar la imagen de un país, sólo se le puede ocurrir a aquellos que creen en los sueños dentro de los sueños pero a la vez están siempre muy despiertos, como reflexionaba Rilke, o como hubiera podido pensar Borges, sino le hubiera tocado en suerte fundar su ciudad y no tener que reconstruirla a partir de los escombros.

No otra cosa me viene al encuentro cuando recapacito en lo que es y ha sido y seguirá siendo el Festival de Poesía de Medellín: esta empresa de poetas a todo corazón, poetas que comprendieron que si la palabra controlada por las fuerzas de poder, era el arma destructora de la sociedad colombiana, esa misma palabra, envuelta en poesía, podía ser constructora no sólo de una realidad en sueños sino en vida.

Aunados a los esfuerzos de otros hombres y mujeres tan corajudos como ellos, estos poetas de Medellín, con las herramientas de versos y metáforas, levantaron la ciudad, le colocaron una columna vertebral allí donde sólo habitaba una masa humana humillada por su propia miseria. Y así, el Festival de Poesía de Medellín no fue sólo una empresa de celebración de la belleza, del alma de los pueblos que va dentro del poema, sino la presencia decisiva de esa luz que ayuda a disipar las sombras en las que lamentablemente nuestro país ha vivido por mucho tiempo. Que la comunidad mundial así lo haya reconocido, que hoy en día miles de poetas de todo el mundo celebren la realidad de la poesía en Medellín, es prueba contundente de esto.

Creo oportuno señalar aquí que el año pasado salió en Italia el libro Mappe Colombiane, del poeta Alessio Brandolini, hermoso libro que tuve la fortuna de prologar y que surgió de la visita de este poeta al Festival. Este libro, franco, directo al corazón del país, hubiera sido impensable sin los caminos que los poetas de Medellín, gracias al Festival, mantienen abiertos. Y así como éste, muchos poetas más han escrito y continuarán escribiendo sobre Colombia. Hace algunos meses, en Atenas, el poeta griego Tassos Denegri me recordaba todo su amor por Colombia, y la felicidad de sus días en Medellín.

Es por esto que veo con profunda tristeza cómo algunos poetas colombianos se han lanzado injustamente y sin razón contra el Festival de Poesía, esgrimiendo diferencias políticas tan circunstanciales y perecederas, como es el hecho de que hasta hace poco estos mismos poetas eran defensores de esas mismas ideas que ahora abominan, y creen ver en los otros. Estos poetas me hacen pensar en la intolerancia que desarrollan esos fumadores y bebedores, que han dejado de serlo, contra aquellos que todavía celebran su liberadora oralidad. Uno de ellos, recuerdo, celebraba en aquel entonces las obras completas de Mao, sin importarle para nada el horror de la “revolución cultural”.

No más ayer yo veía en la televisión norteamericana cómo el hombre más rico del mundo, Bill Gates, hablaba por la boca de sus millones como si fuera un santo, dispuesto a salvar el mundo de las pestes del hambre y la enfermedad. Por contraste, observaba al mismo tiempo, que algunos de los hombres más pobres de la tierra, estos poetas colombianos a los que me refiero, utilizaban los medios para ventilar su ira como demonios contra el Festival, dispuestos a salvar el mundo de la misma poesía que ellos dicen defender y practicar. Terrible ironía, en un mundo de cabeza, y sin cabeza, que no puede soportar la riqueza de las ideas, la libertad que el hombre como un poeta se merece para vivir en poesía y amor.

Personalmente nunca he defendido ninguna idea política, nunca he seguido a un líder o comandante. Abomino la facilidad de lo circunstancial. Me adhiero a la siempreviva poesía, a ese grano de arena que no puede aplastar lo que de más vil tiene el hombre: la pobreza de ser. Por eso hoy desde mi casa al lado del río Ohio, levanto mi mano para saludar a mis amigos del Festival de Poesía de Medellín, festejar con ellos su libertad de pensar, de vivir, de crear, que es nuestra libertad, la libertad de la poesía.

Armando Romero
(poeta colombiano en Cincinnati)

   
 
 

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