Orietta Lozano (Colombia, 1956)


Pensamiento II

A Alejandra Pizarnik

Vengo del silencio,
mis ojos se secaron como el agua de hace siglos.
Me lancé al vértigo de lo extra
ño y accesible
al final fantástico, al comienzo.
Senté a la muerte en mi silla paralela,
nos miramos y supimos que estábamos perdidas
supimos de la cita misteriosa,
todo lugar era el exacto, cualquier hora la precisa.
Los hombres la miraban como una doncella condenada,
la contemplaban indecisos, la injuriaban,
y ella la de tantas muertes, se protegía el rostro
con mis manos.
Ella siempre supo de mi sueño,
que la buscaba a lo largo de un pasillo,
en lo oscuro de una cueva,
en la geometría de las casas;
y con el miedo de una niña pálida
que acude a su primera cita, a su primera muerte
se aposentó en mi regazo suavemente
buscando para su juego el final fantástico,
el comienzo.

La ráfaga y el espejo

Yo soy él, el mundo, el de eclipses y fulgores
el inmenso, el pequeño.
Ha llegado la hora en que se guía el carruaje, en que se derriba el muro,
y sobre el agua en que transita el navío, el náufrago y el pez,
y sobre el Apocalipsis que serpentea con sus afilados dientes
de púrpura y arcilla,
la visión aparece como una calma inmutable, ni vencedor ni vencido,
amalgama violeta de voces y de gestos,
confusión de lenguas y horizontes,
temblor del bosque de la huída, el mirto se abre, y flota la ansiedad,
el hierro en la entraña de la tierra se hace aire en las alas transparentes
de un pájaro que dibuja el paisaje alucinante.
Todo parece tan simple, dijo un hombre,
cuando la visión se extiende hasta los crepúsculos dorados
de la noche sin la trinchera de la guerra,
sin el filo del hacha y sin la soga, sin el frío del cuchillo.
La noche de la danza de abejas y de lobos,
de la carne de la luna sobre la plata de la hoguera,
del descenso de la lluvia en el campo del jazmín y el abedul,
de la alucinante música del navío cuando viaja hacia el centro
de las aguas prometidas.
Yo el mundo, afligido y huérfano, giro el reloj y lo retengo
en la hora de la penúltima contienda y en la red de las palabras
que por un instante desata el nudo del lívido tejido.
Salve al hombre, la alquimia de las aguas,
La imperturbable piedra, el misterio del espejo y la pupila,
El canto que precede a la venida de los peces y los vinos.

Yo soy la invitada, la piedra de la encrucijada. La airada, la que aturde,
la siempre soñada en la voz que no redime, en el canto que tienta,
confunde
y ejecuta imperturbable el cruel mensaje de la trompeta
Y la terrible orden.
De un lugar a otro, desde la tienda en el frío campamento
hasta la resequedad del barro mezclado con el lamento de un jacinto
todo se mueve con el zumbido extraño de las abejas de la guerra.
Aquiétame, enmudece mi boca que brama con la espuma aniquilante
del estrépito,
detén la andanza de mi decrépita ceguera
la procesión de mi espalda jorobada.
Déjame dormir en lo profundo de los sueños.
Guíame a las azuladas estepas del abismo
al cristal avizor de los ojos de la tierra
a la entraña inescrutable del oasis del volcán y el espejismo.

Este triste animal

A este triste animal que me soporta
le duele el vuelo de mi espíritu,
la sagacidad de mi garganta
que huye de la soga,
la escueta salud de mis microbios,
el juego lúgubre de mi carne.
La recolecta está hecha,
la oreja de Van Gogh, para un poema
de agua y de dolor,
un rayo de sol para mi ombligo.
Todos me dieron la palabra
plena de sutiles formas,
todos me dieron el ayuno pleno de sus bocas,
ahora, mis brazos fatigados
recogen las flores funerarias
esparcidas en mi alcoba.

 


Orietta Lozano nació en Cali en 1956. Poeta y novelista. Es directora de la Biblioteca del Centenario de la ciudad de Cali donde ha desarrollado una importante gestión. Obtuvo el Premio Nacional de Poesía 1986 con El vampiro esperado ganó el concurso Mejor poema erótico colombiano. Entre sus publicaciones se encuentran los libros de poesía: Fuego secreto, 1981; Memoria de los espejos, 1983; El vampiro esperado, 1986; Antología amorosa, 1996; El solar de la esfera, 2002 y Agua ebria, traducido al francés. En 1994, publicó una novela, Luminar. Sus poemas han sido traducidos al inglés, francés y portugués. Premio Nacional de Poesía Eduardo Cote Lamus.
 

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