Juan Diego Tamayo (Colombia, 1968)


XVI

Vi derramar mucha sangre.
Los sueños quedaron tendidos en el campo.
Nadie consoló las estrellas ni imploró el perdón.
Sólo una boca decía: “Muerte, Muerte”. Su escudo era su cobardía.
Mas llegaron las palabras. Venidas de todas partes.
En la plaza avivaron el sueño, la alegría, la hermandad.
Vi un hombre levantarse de entre los muertos:
“Mereces lo que sueñas”. Dijo.
Y las estrellas cocieron la boca de aquel que decía: “Muerte, Muerte”.

VI

No vi nada. El fuego lo lamió todo. Barcas, caseríos, palmeras.
Todos dejaron sus caseríos. Todos, me decía el viento, dejaron su ser en la arena que recogía su llanto.

Llegaron vencedores y vencidos. Ascendieron como la bruma golpeada; bajaron triunfantes como la lluvia.

En el valle las lágrimas florecieron.

Flor de odio es lo que ahora queda.

No vi nada. Todo fue muy rápido. Tan rápido como un nacimiento.

Apenas recordaba el agua.

IX

Así fue que nos olvidamos.

El caballo bajó desde la colina. Estaba lleno de luciérnagas.

Terminaste de deshojar la flor de la noche.

¿Cómo fue posible?

La columna de humo cubrió los campos.

¡Virtud la sombra! ¡Claridad nuestro nombre!

¡La noche pule la piedra de pedernal con la estrella de los muertos!

 


Juan Diego Tamayo nació en Medellín, en 1968. Cofundador del Festival Internacional de Poesía de Medellín. Poemas suyos han sido publicados en las revistas Prometeo, Imago, Punto Seguido, Misterio Eleusino, Isla de Barataria (Argentina). Participó en el tercero y séptimo Festival Internacional de Poesía de Medellín. Obtuvo el Tercer lugar en el concurso de poesía Castro Saavedra (1994). Ha dictado numerosos talleres de apreciación poética y de poesía contemporánea. Tiene como libros inéditos: Los Elementos Perdidos y A una Ciudad.
 

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