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Vicente Rodríguez Nietzsche (Puerto Rico, 1942)

Vicente Rodríguez Nietzsche (Puerto Rico, 1942)

Un sólo minuto
entre dos vivimos A ti, criatura natural

No hay profundidad en ti,
todo es relieve.
Como el cuerpo montañoso
de mi Isla, Eres.

Criatura natural te miro y canto,
despliego tu figura como un trompo
que zumba su equilibrio y lento gira.
Me acerco a tu dulzura y saboreo
la enorme suavidad que te acompaña.

Me dices tú, mi esposa, si te amo?
Encuéntralo en mis ojos y en mi pecho,
destroza esta cubierta de mi alma.
Soy tuyo desde adentro desde el fondo
que yo no sé de mí te pertenezco.
Descansa mi mujer. Oye mi canto.
Rebusca en mis palabras verticales.

Mido tu desnudez y siento un gozo
comparable al de oler flores y frutas.
Mido este no cubrirse de los árboles
y el claro verse en sí del agua sola.
En ti se agita el mundo.
De todo cuanto existe estás rodeada.
Te doblas al sentir que te acaricio.
Te aniñas de saber mi mano ahumada
paseando por tu pecho.
Niña Cristal de viento.

Sustitúyete tú mi esposa dulce
en las horas del nervio que se agita.
Aparécete cuando presientas
mi garganta que grita.
Mi zona de reposo mi ribera.
En los riscos me salva
tu vara de cerezo.

Ni viento ni palabra te caben dulce esposa.
Sólo Dios y yo llenamos tu estatura.

El traspasar el viento de tus ojos
la mica transparente de tu dentadura
los colores con que ruedas almendra y júbilo.
Así te quiero retratar esparcida redonda
como nuestro anillo de casados delgada
serena como esta lámpara que enciendo

para verte dormida...

Aurora vas conmigo

mirando el sol creciente
trepar los cielos de la patria,
iluminar su rectángulo verde.

Aquí vivimos aquí amas la libertad
juntos con nuestro amor la amamos.

No se pueden cantar todas tus cosas,
las tengo aquí a cada lado de la lengua
atadas al cristal de un vaso hermético.

Peces profundamente azules guardas,
lo sé porque los pesco en tus entrañas...

Digo: Pulpo naranja Red
Mar que percibo cuando me llamas.
De la guerra con armas se protesta
se quiere eliminar cosa violenta.
La guerra en nuestro amor es indefensa.
Se mueve como un cedro
clavado firme en tierra,
la guerra en nuestro amor
es limpia y tersa.

Estoy cantándote un poema
y necesito darle sostenerlo
— conoces el golpe referido
igual que tú me alivia y me alimenta.
Tu tráquea tu cintura me interesan
me interesan tus venas tus pasiones.

No puedo describirte toda entera
pero suelta como un velo sin nudos

te presentas. Crúzame por aquí
sombra de porcelana
logra tu pleno ser en este pecho
que no quiere otra cosa que tu tiempo

tus lunes y tus huesos
tu angustia tu mañana
el tendido y los cables de tu mundo.
Relámpago de piedra sé inmutable.
Lienzo de mi deseo lienzo rojo.

No hay palabras para decir tu alzada
ni gusanos ni fechas que te acaben
mientras mis piernas corran
y mis manos puedan cargar con una hormiga.
Pirámide espumosa blanca pirámide.

Bandera que conoce un viento libre
guardado entre sus pliegues desde siglos.

Toda te llenas de todo mi egoísmo,
te llenas de mis goces
y de mis sufrimientos.
Soportas el misterio de mi vida.
Por eso más mis fuerzas son para tus hijos
nuestros hijos de amor
que ahora comienzan,
nuestros sencillos hijos de ternura,
los casi nada niños
que desplazan un espacio infinito.
Nuestros diáfanos completos
nuestros sólo niños...

En tu vientre germinaron
les diste forma y dominio.
Por ellos hay luz en esta casa
hay cines fabulosos hay circos.
Para ellos y tu amor esposa dulce
una esperanza me corre como un río...

Encadenada tú planeta que domino
liso nombre del aire submarino
víctima de mi amor eres mi presa.

Un solo minuto entre dos vivimos.
Flotamos protestamos
damos en cada puerta de los vecinos
para pedirles que no vendan
su blando corazón a los cochinos.
Hacemos queremos la igualdad
la cantamos la damos,
la re-damos en la puerta
que la ambición mantiene clausurada
bautizada de sal
enviuda nuestra música...

Pero no cedes.
Charca de forma mágica.
Sencillamente ondulas
en sustento enardecido.
La inocencia más pura está contigo.
A ti,
criatura natural
que canto y miro,
que llenas mis oídos
con maíces,
mi Yo y mi corazón
se trepan a esta cima
a declararte este amor
a través de la sangre concebido.

 

Vicente Rodríguez Nietzsche nació en abril de 1942, en Santurce, Puerto Rico. Es el director de la revista de poesía Guajana desde su fundación en 1962, donde ha publicado gran parte de su poesía. Es colaborador de las revistas literarias: Bayoan, Mester, Versiones, Prometeo, Islote, Sin nombre, Amanecer, Mairena, Instituto de Cultura Puertorriqueña y otras de la isla. Ha colaborado con diversas revistas de países latinoamericanos. Ha participado y organizado varios recitales de Poesía en República Dominicana, Venezuela, Nueva York y Puerto Rico. Ha publicado veinte libros, entre ellos, Domingo, Lunes, Martes (1965); Mural (1973); Amor como una flauta (1978); Vuelvo a enhebrar la musical costura (1989); A lo mejor es doble nuestro sueño (1995); y Voces del silencio (1997).
Última actualización: 28/06/2018