Festival Internacional de Poesía de Medellín

Callao, la lengua ingente


Poema inédito de Luis Bravo para Prometeo

Luis Bravo nació en Montevideo, Uruguay, en 1957. Es poeta, performer, ensayista y profesor universitario. En poesía publicó: Horizonte mudo (1980); Puesto encima el corazón en llamas (1984);  Claraboya sos la luna (plaquete.+ casette colectivo, Ayuí 1985); Lluvia (1988); Gabardina a la sombra del laúd (Último Reino, Bs. Aires, 1989); Naturaleza Fugitiva (plaq. 1994); La sombra es el arco (plaq., Barcelona, 1996); Arbol Veloz (CDROM + libro, Trilce,1998; cassette, Ayuí, 1998; Dvd + Cd Ed. del Cementerio, 2007-09); En el contorno del espejo (plaq., 2000); Anna Blume, traducción y puesta oral del poema de Kurt Schwitters (libro + cd  colectivo, Alemania, 2000); Liquen (La Bohemia, Bs. Aires, 2003); Tarja (2004); 31/13 poema-ciber on Line, Intemperie (2005); “Algo pasa por la voz” (2008). Ha realizado recitales y perfomances en universidades y festivales de Argentina, Chile, Paraguay, Bolivia, Nicaragua, Colombia, España, E.E. U.U., Alemania, México. Poemas suyos han sido traducidos al inglés, francés, portugués, sueco, alemán, estonio y farsi. Integró el grupo Uno de poetas entre 1982 y1994. Fue coorganizador de dos Festivales Internacionales de Poesía en Uruguay, en 1993 y 2006.

 

Callao, la lengua ingente   

 

1.
la voz callao asoma como una oreja en diferentes lenguas:
siendo guija, “piedra pelada” (las hay nervudas) o “planta almorta”
adviértese a su consumidor que su ingesta puede provocar latirismo;
caillou (francés)y callau (galaico portugués) son sinónimas de guijarro;
en Islas Canarias “peladilla de río” es llano cubierto por canto rodado de baños de mar
o por almendras con baño de azúcar: elíjase cuál sabor de la lengua degustar;
caliavo (rara forma céltica) significa “de cal, piedra”.
En el campo marino(valga el oxímoron), sobresale como ”cualidad de fondo”,
yen el fondo nativo — al que poco y nada se inclinan los filólogos castizos—
qallu  es “lengua, órgano del gusto”.
En lengua quechua, agregándole la o, que refiere a “lar”, y sustituida la q por c,
llegamos finalmente a callu-o : “lugar de la lengua”
—acepción que a distancia de tiro de ballesta inspiró el título de este poema —.
Como donde hay lengua no hay quien la acalle, la susodicha voz también es 
paralelismo telúrico-anatómico en “lengua de tierra”,
y sólo telúrico en “faja angosta”, no la de tela que sostiene o da belleza a las caderas
sino aquella que podría derivar en cayo —no el de corteza dura en los dátiles o plantas de los pies—
sino el de “isla rasa cubierta de mangle”, según hable el antillano.
Luego, una vez comprimida la desinencia u-o, la voz deriva y ancla en calla-o,
lo quepor economía fonético-portuaria refunda en callao, el cual usado cual
participio pasivo masculino pero habiendo perdido al decirse la d intervocálica, en imitación del habla porteña rioplatense,
señala a una “persona callada “la que no dice
ni habla lo que sabe”. Bien distinta a la variable que enloquecida por el murmulleante bandoneón de Astor,
  a toda voz canta: “no ves que va la luna rodando por Callao”.
En sentido estricto se trata de una variedad austral que la callu ofrece al quechua,
ese extranjero en su propia lengua de tierra, una y otra vez arrasado por la guija conquistadora que no ha cesado de acallar la voz de los callaos nativos
que ya no están, señores propietarios de la lengua, más dispuestos a seguir calllaítos
la boca y han entrado por buenas razones morales  en la constitución de su propio derecho de cantar, Evohé!, Evohé! Evohé!
Mas no olvide el cantor lo único que no se lleva la corriente: oiga a Don Luis, el mester cordobés, tañendo cítaras de pluma
para dar caza aérea al ave canora de la poema: 
“el arroyuelo para oílla
  hace de blanca espuma
  tantas orejas cuantas guijas lava”.

Véase a un chalaco que contempla callao, en silenciosa contemplación, su propia
lengua de tierra y mirando al Pacífico le habla al sonoro mar ´al oído`,
expresión que el nuevo diccionario de latinoamericanismos registra como:
“dícese de lo que se aprende oyendo, sin otro estudio ni más auxilio que la memoria”.

 

B.

Escorpiana noche (1) la marola se alza,
gigantesca guija, oleaje rodao,  metálico embate:
23 buques sobre los techos del Mercado Central;

la furibunda pelambre erguida tromba infernal
arrastra cual gancho de leva a 6.000 chalacos
y en ristre al Piti- Piti de los ancestros marangos.

Encallao el navío durante el maremoto (8.4 de intensidad),
Santiago (2) deja su oficio de grumete
— es uno de los apenas 200 sobrevivientes del Callao—
y pasa a engrosar el cinturón miserable de Lima.
Le apodan “Chalaco”.

Allí descubre la mecánica, no la marina ni la celeste
— huérfano mantel estelar de puerto materno—
sino el elevado mecanismo de las alas de las aves
planeadoras en cielo gris nunca lluvioso.
No recoge caña de maíz ni hojas secas,
este chalaco pesca extraviaos cóndores del valle,
palomas de plaza, vencejos ventaneros que cañonean mierda
blanca como la pólvora de artillería que voló de lao a lao
cuando el General La Mar cedió el Real Felipe
abrazando la causa y la espalda de su enemigo, el argentino San Martín.

Santiago abre las plumas, las extiende sobre la mesa
casi no come, sólo dibuja insomne cartílagos a escala humana:
“Dédalo chalaqueño”, “Ícaro da vinciano”
ríen,  afinada lima, los virreinales capitalinos.
“Navegar no es preciso, volar es preciso” reza el acápite del manuscrito
que Santiago envía por chasqui al Virrey Amat y Juniet.
Mas Don Cosme el Bueno, científico con los pies en la Corte,
no vio con buenos ojos ni dio visto bueno a tan aéreas andanzas. 

Al cabo de un tiempo, la santiaga locura hízose popular,
y una infausta tarde la multitud emplazóle el arrojo:
“o vuelas de una vez desde el San Cristóbal o te apedreamo, carajo”.
Faltaronle instrumentos a Santiago, y no pudo volar al futuro
ala delta entre rascacielos.
Será el mismísimo Amat quien envíe soldados a refugiarle en la Catedral.
Desde entonces “Santiago, el pajarero”, reza al ave del espíritu santo,
los pies alzados del mundanal ruido por gracia de la fe de vuelo.

Helo allí,  callao, escuchando a las aves agoreras susurrándole:
 “en dos siglos tú, Santiago,  volarás  por el cielo del mito;
y  a tus adversarios los carcomerá el latirismo de la Historia.”

          (1) El maremoto del 23 de Octubre de 1746 (10:30 p.m)  arrasó al Callao y a sus 5.100 habitantes.
           (2) Santiago de Cárdenas (Callao: 1726-1766). Popular personaje, inventor, quien escribió Nuevo Sistema
                de Navegar por los Aires, manual que incluye sus propios diseños de artefactos para volar.

III

De Puerto Puno a Taquile, todo un bautismo aru o aymara,
el lago más alto del mundo.
Corderos sobre el agua y el gran ojo del cielo.
Señas con que un nativo me bendice a distancia.
Bienvenida en el muelle de piedra, los extranjeros
en busca de un tesoro humano, como en toda isla.
 
El comercio, que floreció a fenicios y florentinos,
era ingente ocupación nativa: dar con el precio
de tejidos polícromos, tallas, otros objetos artesanales. 

Uno hace garabatos, números en el piso de tierra,
otro grita y enojado llama a borrón y cuenta nueva,
se arma lío, aspavientos, siempre hay líos en el puerto
los marinos bajan ebrios de mar, desquítanse con mujeres,
descargan sus pollas de pescado maloliente
que ellas lamen por monedas.

Tintinea el oro de la carne caliente en la alcoba
en el bar se desata una discusión en dos y tres lenguas anudadas;
un parroquiano en la sombra paga la vuelta — viejo lobo de mar
ha visto camaradas por las dentelladas de la ira del oro cercenados—.

En la isla sube el humo de la paz,  la asamblea de artesanos resuelve
montos y repartos, chim-pun festejos, a jarras espumosa Plisen.
De buen anfitrión el niño me lleva hasta la cañada 
la abuela hierve arroz, frita huevos, parto el pan a mano;
la aureola de las velas dibujada en los huecos de la pared de barro,
los ojos de la anciana, dos piedras de ónix.

Otra negrura la noche cuando la milicada irrumpió
en el Vapor de la Carrera: sonaba la sirena no había cera
en los oídos ni calma en los gestos, nos bajaron al trote por la escalerilla
metralleta en mano iban de camarote en camarote, en el muelle
la radio a transistores decía: “ amenaza de bomba en el puerto”,
dicen que los tupamaros van a hacer volar el vapor
¿volar el vapor?
ah! como el navío Fitzcarraldo del homónimo empresario
del caucho que a lomos de indios volaba por la selva amazónica
hasta que uno cayó descuartizado por la rodadura del barco, en pleno rodaje
cuando los monos-araña en lianas de cables tomaron el set
y la realidad selvática se puso a imitar al story board de Herzog.

Como en una película de exploradores amanecí en la cama de chhalla,
el niño trae leche tibia de cabra, la tomo, tomo la pluma escribo en el cuaderno
tinta china comprada en la tiendita del Turco, la caja decía:
container Mosca Hnos / puerto: MONTEVIDEO,
yo compro allí porque “el Turco” siempre vende más barato;
me atiende su hija, Luna  — las tetas recién nacidas más bonitas del barrio —
el padre se da cuenta que las miro y dice: “Luna  anda baradentro a bonerte la túnica” 
ella me mira de reojo mientras ingresa suave el plumín en el frasquito de tinta negra, “para probarla”, me dice sonriente mientras dibuja un corazón con pluma Staedtler,

la pluma de mis primeras letras, la A de pata inclinada, la B mayúscula con voluta
todo el abecedario que en Taquile no me sirve de nada,
tampoco al mercante rubio cuyo índice mugroso señala la botella de ron,
y en un rincón una mina a la que apodan “la Turca” — vino de Montevideo, su padre
enviudó en Estambul— mira y mide al cliente con ojos de luna cansada.

Como todos los migrantes, incluidos los nativos- extranjeros en su propia tierra,
la Turca mira refugiada en la prodigiosa fuente Mnemósine:
agüita pródiga de los destronaos en mar humano
psíquico tesoro que nadie ve ni toca
espuma rala de la leche de baja ralea
primer y último puerto
callana en la que la memoria lame y a ratos y al fondo,
surca la raíz entinta de la inocencia
perdida entre el uso y los abusos que, de las lenguas, ingente se desata.

                                                                

Texto inédito 2005-2009.

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