Festival Internacional de Poesía de Medellín


Julio 8-15, 2017

POETAS INVITADOS

Luis García Montero (España, 1958)



Oración


A vosotros,
que cortáis la manzana de la muerte
con el anonimato de una guerra,
os pido caridad.

Por un Dios
en el que jamás he creído.
Por una Justicia
de la que desconfío.
Por el orden de un Mundo
que no respeto.

Para que renunciéis a vuestra guerra,
yo renuncio a mis dudas,
que son parte de mí
como la luz amarga
es parte del otoño.

Y escribo Dios, Justicia, Mundo,
y os pido caridad,
y os lo suplico.


Son de paz


Vigílate a ti mismo
cuando hables de paz.

Que no lleguen los himnos victoriosos
donde el amor no llega.
Que no te hagan injusto tus verdades
igual que tus mentiras.
Que el miedo no te obligue a ser valiente.
Va contigo la sombra que te ve
cuando cierras los ojos
y miras a otra parte.
Va en silencio contigo tu silencio.
No olvides que el cinismo
flota como un ahogado,
que las guerras crueles
necesitan de ti.


En pie de paz


No detiene la muerte su larga enredadera,
ni las hojas de plata del invierno científico
que suben como tallos de araña rodeando
la soledad del mundo, el ojo y las estrellas.

Y de silencio muere la palabra en el verso;
lo sé, porque no pudo empapar con su vientre
la savia envenenada, el fuego de raíces
que llamean oscuras debajo de la tierra.

Metáforas gastadas que saben a metáforas.
Lo sé: la luz, el día, la vocación del sol
que nunca se arrepiente, son viejos voluntarios
de los primeros versos escritos a la vida.

Metáforas gastadas, pero también la muerte
se acomodó a las suyas: un alacrán nocturno
y el grito de la espada que levanta en su lámina
las cosas que nos duelen y son el enemigo.

Porque a veces el aire es pólvora, los sueños
se convierten en turbia pesadilla, las balas
aprenden de memoria su destino y el cuerpo
a su destino acude, en busca de la bala.

Entonces yo regreso a vosotras, palabras;
tal vez como el muchacho que recoge la sangre
caída de un amigo, y corre hasta la brecha
y sigue resistiendo desde la barricada.

O quizá como el náufrago que se amarra en un mástil
luchando con las olas y con su agotamiento.
En pie de paz, yo vuelvo, regreso a las palabras,
a vosotras antiguas camaradas del mundo,

camaradas del hombre que os pide y os levanta
hechas lirio, consigna, empeño de futuro,
mientras la luz nostalgia y el arado del día,
todas aquellas cosas que son más que palabras,

siguen amaneciendo con la misma impaciencia
que la muerte utiliza para fijar sus víctimas,
que la muerte utiliza para hacer su comercio,
que la muerte utiliza. Yo regreso a vosotras,

cómplices en la noche de los enamorados,
pequeñas como un nombre que apenas se pronuncia,
oídas en el sótano de las calles más tristes,
canción de retaguardia. Yo regreso a vosotras,

porque busco hasta el límite roto de mi conciencia
esa ciudad oculta debajo de la mano
que me llama sin nieve a la mitad de un sueño
para hacer el amor o darme una noticia.


El dogmatismo es la prisa de las ideas


Aquí junto a las dunas y los pinos,
mientras la tarde cae
en esta hora larga de belleza en el cielo
y hago mío sin prisa
el rojo libre de la luz,
pienso que soy el dueño del minuto que falta
para que el sol repose bajo el mar.

Esa es mi razón, mi patrimonio,
después de tanta orilla
y de tanto horizonte,
ser el dueño del último minuto,
del minuto que falta para decir que sí,
para decir que no,
para llegar después al otro lado
de todo lo que afirmo y lo que niego.

Esa es mi razón
contra las frases hechas y el mañana,
mientras la tarde cae por amor a la vida,
y nada es por supuesto ni absoluto,
y el agua que deshace los periódicos
arrastra las palabras como peces de plata,
como espuma de ola
que sube y se matiza
dentro del corazón.

Aquí junto a las dunas y los pinos,
capitán de los barcos que cruzan mi mirada,
prometo no olvidar las cosas que me importan.

Tiempo para ser dueño del minuto que falta.
Pido el tiempo que roban las consignas
porque la prisa va con pies de plomo
y no deja pensar,
oír el canto de los mirlos,
sentir la piel,
ese único dogma del abrazo,
mi única razón, mi patrimonio.


Democracia


Venga a mí tu palabra
en los labios abiertos que me buscan
para morder la rosa de los amaneceres.

Venga a mí,
en los ojos del joven que levanta la mano
y pide la palabra,
y confía sin más en las palabras.

Por los años prohibidos,
por las mentiras tristes que manchaban el aire
como pájaros sucios,
por los que se levantan con frío en las rodillas
y por el exiliado que regresa,
por su recuerdo herido al bajar del avión,
venga a mí tu palabra.

A mí,
que quise hacerme hoy
en primera persona del futuro perfecto
con un libro de amor en el bolsillo.

Por los libros de Freud y de Marx,
por las guitarras de los cantautores,
por los que salen a la calle
y no se sienten vigilados,
por el calor del cuerpo que aprendí a respetar
mientras lo desarmaba con mi cuerpo,
por los ojos brillantes
de los antiguos humillados,
por las banderas libres en las plazas
igual que peces de colores,
por un país altivo,
mayor de edad, pero con veinte años,
por los viajes a Londres y a París,
por los poemas de Cernuda,
venga a mí tu palabra.

Tu palabra más limpia, más alegre,
porque es el tiempo alegre de las palabras limpias.
Los buitres han perdido su carroña de miedo.
Parece que no tienen donde ir
y vuelan a esconderse,
a esconderse,
muy lejos de nosotros,
en la tumba más fría del pasado.


En cada lealtad hay un rumor de transparencia


Yo he querido un respeto de cristal.

Que la lluvia viniese sobre mí
con sus alas de tarde,
que la noche difícil se moviera
como un vaso de agua en nuestra mano,
que las enamoradas
buscasen un espejo donde sentir los labios,
y que la historia
con su tacón injusto
no pisara mi vida,
porque la lluvia y yo
y las enamoradas y el espejo
no somos partidarios de los cristales rotos.


*

Luis García Montero nació en Granada, España, en 1958, y en la Universidad de su ciudad se gana la vida como Catedrático de Literatura. Entre los libros de poemas que ha publicado, se encuentran: El jardín ex­tranjero, 1983; Diario cómplice, 1987; Habitaciones separadas, 1994; Completamente viernes, 1998; Vista cansada, 2008; Un invierno propio, 2011; y, Balada en la muerte de la poesía, 2015. Le han conce­dido algunos Premios: Adonais, 1982; Loewe de Poesía, 1993; Premio Nacional de Poesía, 1994; Premio Nacional de la Crítica, 2003; el Premio de la Crítica Andaluza, 2008; y, en México, el Premio Poetas del Mundo Latino. La Universidad de Mar del Plata, en Argentina, le otorgó el Grado de Profesor Honorario. Algunos cantantes han cantado sus poemas, entre ellos Miguel Ríos, Joan Manuel Serrat, Enrique Morente, Joaquín Sabina y Quique González.

Es autor de algunos ensayos como Poesía, cuartel de in­vierno, 1987; Lecciones de poesía para niños inquietos, 1999; El sexto día. Historia íntima de la poesía española, 2000; Gigante y extraño. Las Rimas de Gustavo Adolfo Bécquer, 2001; Los dueños del vacío. La conciencia poética, entre la identidad y los vínculos, 2006; y ediciones críticas de Federico García Lorca,  Rafael Alberti, Luis Rosales y Jaime Sabines. Es también autor de las novelas Mañana no será lo que Dios quiera, 2009, por la que recibió el Premio del Gremio de Libreros de Madrid, No me cuentes tu vida, 2012 y Alguien dice tu nombre, 2014.

Antología de poemas A media voz
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Antología de poemas Poemas del alma
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Publicado el 25 de mayo de 2017

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