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La ofrenda

Por: Chantal Maillard

En una de las que serían sus últimas noches de libertad, Friedrich Nietzsche sale de su alojamiento en el número 20 de la calle Milano. Es enero en Turín, y hace frío. Aprieta el nudo de la bufanda en torno al cuello de su abrigo. Va a cruzar la calle cuando, ante él, un caballo se desploma. El cochero, impaciente, lacera a latigazos el lomo del animal, que no puede tirar de la carga. El filósofo corre hacia él, se abraza a su cuello y, llorando, le pide perdón en nombre de la humanidad.  

La Historia considera este episodio como uno de los síntomas de su locura.

 

* * *

 

¿Que qué pasó? Señora, eso aquí nadie lo pregunta.
El diablo se escapó y anduvo por los poblados.
Durante cien días anduvo entre nosotros con
el machete afilado.
No, Señora, aquí nadie pregunta.
Quién no aprende a perdonar
no tendrá paz dentro de sí

                    (le respondió a la periodista la
                                    superviviente de un genocidio).

 

* * *

 

Cuidad de vuestros hijos, dijeron entre sí. 
Ellos defenderán a aquellos que servimos. 

Sólo algunos oyeron las palabras
que fueron añadidas en voz baja:

Cuidad de vuestros hijos: son
los que enviaremos a morir.

 

* * *

 

  

–“Aprieta”, le dijeron.      Apretar
era             retraer el índice 
sobre el cerco suave del acero
hasta vencer su resistencia.

Apretó.

Fue la dulzura del acero, lo juro, su
pulida              dulzura.

¿Por qué gritaba aquella gente?
¿Por qué ese alboroto
de piernas y de sangre?

 

 

La ofrenda

 

Poner un marco a la ofensa.
Bajo la herida, un cuenco.                                       

                                         Recoger
la sangre y bebérsela frente al cuadro.
Como ofrenda.

Por los actos el yo
busca afianzarse.
Por los actos el yo es ofendido.
Por los actos el daño. Por los actos
el conocimiento.

Nada de lo que se hace a ciegas es
inútil para ver.

 

* * *

 

Bajo las piedras. A resguardo
del fuego y de los proyectiles
copulan los escarabajos.   

Mi cuerpo:
lo que les debo a los muertos.

 

* * *

 

 

Abierta
como una caja de Pandora
la mente. Sus detritus. 

El oído aséptico, perforado, oblicuo. 
La escucha atravesando los múltiples discursos.

Y el corazón
desposeído.

 

* * * 

 

 

Escucha. Pon atención 
y escucha
el golpe del martillo           

nunca
la misma
                     nota  
en la piedra que estalla.

Deshaz el nudo arranca
la venda de tus dedos.

                           Sé testigo.
¡Canta! Si vuelves a cantar
tal vez

                                          o tal vez no


Chantal Maillard nació en Bruselas en 1951. Vivió en Bélgica hasta cumplir los treces años. Adquirió la nacionalidad española en 1969. Doctora en Filosofía y especialista en Filosofías de la India, fue Profesora Titular de Filosofía en la Universidad de Málaga, donde promovió la enseñanza de las relaciones del pensamiento y de la artes en las distintas culturas. Ha sido colaboradora habitual del diario El País. Como poeta recibió el premio Nacional de Poesía por Matar a Platón, y el Premio de la Crítica por Hilos.

Es autora de numerosos libros de poemas, ensayos y una cuatrilogía de diarios: Filosofía en los días críticos (2001), Diarios indios (2005), Husos (2006) y Bélgica (2011). La baba del caracol (2014), La razón estética (2017), ¿Es posible un mundo sin violencia? (2018) son algunos de sus últimos ensayos. El volumen India (2014) reúne sus escritos sobre este continente. Entre sus poemarios destacan Hainuwele y otros poemas (2009), La herida en la lengua (2017), Cual menguando (2018) y Medea (2020). En La mujer de pie (2015) y La compasión difícil (2019) apuesta por una escritura híbrida. Matar a Platón se ha llevado a escena y representado en concierto en numerosas ciudades españolas.  

Más información en su sitio web.

Última actualización: 09/11/2020