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Ángela Mavisoy, nación kamëntsa Biya, Colombia

Por: Ángela Mavisoy

Kanta S̈buachán

Ya entsatëshinyan, taita shinÿe bënokan s̈ontsechuaná
Cada cachës bëngbe Tsbatsana mamá enyantsatobatman
Jteninyenam basëngaftak.
Ats̈be oyejuayán endëmëna jinyam
Chë gubshn botaman lemp entsobochá cabëngbe sanang,
Buyeshetem cadaté s̈ondetjëmbanna tjocan endabaiversiay
Chë binÿie tojatantiá ats̈̈be juentses̈ok bobonshan endatatshinye
Tsbatsana mamá binÿie, buyesh, niñetem añem s̈matats̈etá botaman benach jisinÿnanam.

 

Cuatro elementos

Ya está amaneciendo, el padre sol
Me saluda desde lejos
Cada mañana la madre tierra espera a sus hijos para el encuentro
Mi felicidad es mirar al verde que crece como nuestro alimento
El agua nos acompaña todos los días
Del monte viene cantando
El viento frío del páramo toca mi frente su amor va demostrando
Espíritus: tierra, aire, agua, fuego
Llénenme de vida para continuar mi viaje por el universo.

 

Tulpa sagrada

Llega la noche
y las nubes desean encender la tulpa en el centro del valle encantado
el fuego se enciende y el humo se esfuma 
como aquel tiempo donde caminamos juntos de la mano, 
recojo el aventador sin ilusión 
y avivo el fuego que guarda esperanza 
desolada, en el primer mate de chicha que llevo a mi boca, 
beso el consejo de mi abuela;
“No tienes ventaja en esta vida, pero mientras vivas
trata siempre de encender la llama”.

 

Habito

Habito este territorio
la medicina, los tejidos y la siembra
habito mi ser y mi consiente
en mis ancestros que partieron
en la voluntad de seguir existiendo
en la bondad de la tierra.

Habito el perdón de mi pueblo,
habito de vez en cuando mis heridas
y como nómada me pierdo en el silencio.

Habito los sentimientos que no fueron
y lo recuerdos que si existieron,
en las lágrimas y las derrotas.

Habito en el amor de las mañanas
y en las ideas que levantan,
en la visión de mi hermano
y en el recuerdo de los que se fueron
habito en las letras, en las palabras me que cobijan 
y ahí me quedo.

 

Medicinita

Medicinita de la montaña llévame lejos,
donde el verde sea mi único sustento
aves del valle llévenme lejos,
entre sus alas a viajar por el universo.

kindy, vuela, vuela lejos, dile que nos salve y me acune
díganle al ser que en la montaña me encuentro
en la montaña lloro y me lamento.

El río me acompaña, llora conmigo sin dolores
vallesito sagrado que sana el alma, sana mi alma
planticas de la chagra mírenme ahora,
que necesito del sustento
díganle que aquí estoy besando la Tierra,
pidiendo por mi cuerpo.

Samay a mi espíritu para que retome los pasos
abrazo mi corazón y le compongo un verso
en la montaña lloro y me lamento.

 

Los poemas

Las pisadas de mi abuela escriben poemas 
en el camino de regreso, 
cobijados por el reboso que resguarda
sus cabellos y collares en su cuello,
avanza a la luz de la luna, menguando el mal viento.

El canasto tejido por sus manos,
son poemas que se cruzan entre versos
sostienen plantas, frutos y a un pueblo
que se alimenta junto al fuego,

Rezos que lanza a la brisa
con ruda, copal y silencios
para sanar heridas que abruman el sentimiento
para calmar alma, corazón y entendimiento.

Presencia de lluvia, sabiduría del cielo
miradas en flor de miel, amor en pecho
es ella un poema de sus abuelos
que danza con el tiempo.


Voces en el tiempo

Escuché un solo canto a mitad de la noche, el cielo recordaba los cuentos que  contabas.

Escuché una historia con tu nombre,
dijeron que habita tu voz en la selva, 
que tu cuerpo volvió a ser ave del cielo, 
que volviste a ser cielo, 
que allá te encontraste con todos, 
que hay un pueblo kamëntsa en las estrellas.

Escuché que mientras haya selva habrá cantos y cuentos,
que mientras el agua siga fluyendo tú y todos seguirán viviendo.
Escuché al jaguar venir del cosmos y decir que allá danzas, 
que caminas con luz en las manos e iluminas nuestro camino siendo luciérnaga de noche.

Escuché que tú no te alejas 
aunque ya no habitas un cuerpo, 
ahora vuelas libre y estás más cerca.

Cuenta el cielo que la vida es un suspiro 
Y la muerte es un soplo en otro lugar,
Que seres de música somos, melodía universal 
Pintados de amor y sueños 


Ángela Mavisoy es una poeta y artesana indígena del pueblo kamëntsa Biya de Bëngbe Uaman Tabanok (Nuestro sagrado lugar de origen), el valle de Sibundoy- Putumayo, Colombia. Nació el 21 de abril de 1996 en el seno de la familia Mavisoy Juajibioy, indígenas kamentsa. Estudiante de Licenciatura en Lengua Castellana y Literatura de la Universidad de Nariño, directora del Colectivo de Arte: La Minga Artística Tabanok y fundadora del Festival de Bellas artes Tabanok, desarrollado en Sibundoy.
habitando toda la inmensidad.

Última actualización: 18/06/2022