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Poesía como instrumento de paz y relación entre los humanos

Por: Eliane Vernay

Con el placer de compartir esta fructífera larga semana pasada en el Festival Internacional de Poesía de Medellín, el más grande del mundo por su influencia, el número de poetas invitados (200 de más de 130 países, este año separados en dos momentos, el Festival Virtual y el presencial, al que tuve el gran honor de ser invitada), las actuaciones transmitidas por radio, FB, Youtube, etc., las más grandes sobre todo por la multitud de espectadores de todos los niveles porque en Colombia la poesía está dirigida a todos, reunidos en la misma devoción a los poetas, deseosos de escuchar sus voces, la voz de los poetas considerados como portadores de una palabra sincera, esencial, en definitiva un público para el que la poesía es una necesidad vital. La escucha fue atenta por todas partes, ferviente, nos bebieron los labios, los aplausos proporcionados y cálidos, muchas personas vinieron a agradecernos al final de cada lectura, profundamente conmovidas y agradecidas. Diciéndonos que ya nos habían escuchado aquí, aquí o allá, y que volvieron a escucharnos de nuevo, probablemente teniendo que hacer viajes largos cada vez, porque Medellín es una ciudad grande y sobre todo muy extensa. Radios, micrófonos tensos, fotos, discusiones, un hermoso compartir cada vez.

Este es uno de los puntos más positivos del Festival para los poetas que están acostumbrados a trabajar en silencio y soledad... ¡olvidando finalmente que la poesía está destinada a ser leída en voz alta y compartida!

Todo estuvo perfectamente oganizado, traductores, lectores preparados, conductores puntuales, lecturas que se realizan todos los días en diferentes lugares de la ciudad, teatros (un gran teatro abierto para la inauguración, donde nos acompañó la Orquesta Filarmónica de Medellín, y para el cierre), universidades (incluyendo la Universidad de Antioquia, una de las mejores de Colombia), bibliotecas, municipios de los alrededores: Guarne, Guatapé..., colegios (en los que habñia unas cincuenta pequeñas cabezas escuchando, sin casi moverse, durante una hora, todas intimidadas primero, con su inmaculado uniforme planchado, y luego envalentonadas, a quien más, una vez terminada la lectura para bombardearte con pequeños papeles por una palabra, una firma, en una tarde infinitamente conmovedora). En todas partes nos esperaban, nos escuchaban, nos celebraban, nos amaban.

Entre los poetas también, los intercambios fueron animados, numerosos, cálidos. Las comidas fueron compartidas, mesas redondas y grandes, así que solíamos reunirnos varias veces al día, y muchas de las relaciones que hemos construido todavía siguen en marcha ahora ¡dándonos un impulso definitivo para ampliar la difusión de la poesía en los 130 países invitados!

Terminaré con mi más cálido agradecimiento a todos los organizadores, por esta perfecta organización primero, su acogida y su preocupación por proveer para todo, respondiendo en el momento a la más mínima de nuestras emergencias, imprimiendom textos para una lectura inesperada, traducciones, etc., o incluso solicitudes de menor importancia. Nombraré, por supuesto, a Fernando Rendon, el gran poeta fundador del Festival y su fe inquebrantable en la Poesía, así como su estrecha colaboradora Gloria Chvatal (quien no dudó en enviarme un médico un domingo por la mañana, la llegada a este lugar ubicado a más de 1.700 metros con el jet lag, etc., me ha causado un poco de preocupación, por desgracia afortunadamente), su incansable hijo y también poeta Luis Eduardo Rendón, que tampoco se perdonó durante la duración del festival (¡al que llamó "tsunami"!), presente en todas partes y en todo momento, de la mañana a la noche, con Geraldine cuyo brillo, resplandor, energía, alegría, entusiasmo comunicativo nunca flaqueó, y tantos otros... Salomé que nos recibió en el aeropuerto (se apresuró a pedir un taxi para mí solo, el control de inmigración resultó ser más largo que para mis compañeros), Andrea en la oficina (y fotocopias!), los presentadores Valeria, Raul, Catalina, Andrés y Froilán, etc. etc., sin restringir su tiempo, mostrando una generosidad y amor inquebrantables por su tarea, y por lo tanto también por la poesía, ya que todos sentimos que estaban involucrados en el mismo torrente de energía para hacerlo vivir a través de este festival.

¡No hay puntos negativos! Regresé de Medellín con un corazón lleno de infinita gratitud por este país que desde mediados del siglo pasado se ha conocido por la violencia, el crimen organizado, el conflicto armado, el terror (visitamos la Comuna 13, el bastión del narcotraficante Pablo Escobar, otrora el barrio más violento de Medellín que ahora está experimentando una transformación extraordinaria gracias a una gran cantidad de iniciativas de educación comunitaria basadas en las artes, el arte callejero, el hip-hop, etc., entre ellas la de Maurizio Cortezart que nos hizo descubrir el barrio hoy más colorido de la ciudad) pero para quienes, desde la entrada en funciones, el 7 de agosto, del primer presidente de izquierdas de su historia, Gustavo Petro, ¡todas las esperanzas están permitidas!

Una pequeña reflexión personal para concluir: el que sea precisamente en este país, para el que la poesía es vital, donde se organiza un festival como este, es en mi opinión no solo admirable sino también muy significativo en cuanto a la importancia y el lugar que este último debe ocupar: no es elitista, dirigiéndose a una cierta franja de la población, sino una urgencia dirigida a todos: la poesía como instrumento de paz y relación entre seres humanos, poesía para mejorar, e incluso, dejándonos llevar por el impulso colombiano, ¡vayamos tan lejos como para salvar el mundo! 

¿Gracias a Colombia que nos da tal ejemplo! Y gracias también a Pro Helvetia por apoyarme a vivir esta experiencia tan importante y estimulante en la vida de un poeta.

19.08.2022

Última actualización: 28/09/2022