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Ismaël Diadié Haïdara, Malí

Por: Ismaël Diadié Haïdara

Un año con sus días y sus noches


Os deseo un año nuevo 
con sus días y sus noches, 
sus luces y sus sombras.

Me felicito de haber conocido 
cada uno de los instantes deparados por la vida 
y cada una de las personas que se han cruzado en mi camino. 
Me alegro de haber cometido mis errores, 
de ellos he aprendido 
y también algún que otro acto menos malo, 
ellos me enseñaron el camino 
que debo seguir en la vida. 
Agradezco a mis muertos haber vivido 
y los momentos de peleas, amor, odio que hemos tenido. 
Algunos me han hecho daño, 
sin ellos no me afianzaría en el camino del amor y del perdón, 
otros me aplaudieron, 
sin ellos no aprendería a no confiar en los aplausos, 
los honores, aunque son cosas de agradecer. 
He entendido por los aplausos 
que debo hacer más y mejor y por las críticas también. 
Hay gente que me odia, se lo agradezco, 
porque con ellos no he sabido hacerme amar siempre,
 y me enseñan a no sucumbir a ese sentimiento.
No deseo que este año sea solo de felicidad, 
prosperidad, gozo para todos; 
no pido tanto a un año 
porque nadie puede pedir a un árbol 
que todos sus frutos sean buenos, 
a una madre que todos sus hijos sean los mejores del mundo. 
No pido que haya día sin noche. 
Si debo volver a vivir este año ya pasado, 
desearía que cada instante vuelva de nuevo, 
los que me han hecho llorar y los de mis sonrisas. 
Volveré a aceptar que se vayan mis muertos 
y aceptaré las bofetadas de la vida todas y cada una.
Deseo a mis amigos y a mis enemigos 
las alegrías del año venidero 
y la fuerza suficiente de soportar el dolor que en él aguarda. 
Las cosas de este mundo no son ni buenas ni malas en el fondo, 
es nuestra actitud, 
nuestro juicio, los que hacen de ellas cosas buenas o malas.
Doy las gracias a la vida por todas las personas que he conocido. 
Doy las gracias al aire que respiro, 
a la tierra que piso, al fuego que me da calor y luz,
 y también a conocidos y desconocidos 
que un día me han sonreído, 
a quien me ha abrazado y dado calor. 
Doy las gracias a la luz del día y a las noches más oscuras. 
Doy las gracias a quienes me han dado de comer y de beber, 
a quienes me han dado en este año un techo, 
y también a cada gota de agua, al arroz y al trigo, 
a los terneros, gallos, peces, 
sin ellos no viviría más de un día quizás, 
y también a los grillos de la noche, 
a los pájaros, los árboles que tanto abrazo, 
al mar que acoge mis horas de andar.
Pido perdón a las hormigas pisadas sin saber
y a tantos insectos que matamos andando. 
A los pájaros que no he podido escuchar, 
al aire de mi respiración al sol, 
a las aguas desechadas sin límite por la tierra. 
Pido perdón a la tierra por los daños 
que he podido hacerle sin saber, 
a quien esperaba una sonrisa de mí sin haberla tenido, 
a quien no he entendido, 
a quien he hecho daño, 
pensando a veces hacerles un bien, 
o deseándoles un mal cualquiera.
Perdono a los yihadistas 
que ocuparon la tierra de mi nacimiento 
obligándome al exilio. 
A las personas que destruyeron 
las tumbas de mi padre y de mi madre. 
A los independentistas que vinieron, 
saquearon casas, 
violaron mujeres, 
a los militares que huyeron, 
a los políticos y sus plagas. 
Algo faltaría a la fuerza de sufrir 
sin la fuerza de perdonar.

Silencio, dame la mano,
solo me queda en esta noche
tu solitaria amistad.

 


El arte de coger la luna entre las olas del río


Uno: Espera que llegue la noche.
Dos: Para que el tiempo no sea largo, bebe solo bajo la luna.
Tres: Ve al río.
Cuatro: Coge un barco y déjate llevar por el viento.
Cinco: Enamórate de los ojos plateados de la luna.
Seis: Agáchate para coger la luna entre las olas del río.
Siete: Deja el barco vacío.
Ocho: Sé tú Li Pö.

 

La tortuga de los limoneros


La noche es blanca y sosegada.
Como un pueblo de mariposas vuelan las estrellas.
La luna de plata en el manso cielo camina.
Camina la luna entre los árboles oscuros y castos.
Los árboles callados sin trinos ni alas.

Esta mañana el cartero ha llamado una sola vez.
Dicen que la tortuga de los limoneros ha muerto.

La montaña no se inmutó.
Siguió quieta y verde bajo un cielo azul.
Ahora la noche es blanca y sosegada.

 

Campos de arroz


El niño que fui corría en un campo de arroz
con sus nubes de pájaros blancos y sus peces plateados.
Cantaba con el sol rojo que caía sobre el ganado
y sobre la estera de Arkia Abidine soñaba con estudiar Leyes,
tener buenas cosechas de arroz, una casa y un coche Citroën,
y también una inmensa biblioteca con mis títulos colgados.

Ahora no sé si el viejo Lele que recuerda es el joven que soñaba.

Por la ventana pasan hombres con los ojos llenos de sueños
y en las manos llevan flores, no sé si para los vivos o los muertos.
A mis pies son muchos los sueños marchitos que yacen.
Arkia se ha casado y no tengo campos de arroz ni Citroën.
No quiero que nadie llame a mi puerta ni ser nada.
Sobre mi pelo plateado vuelan pájaros verdes en un cielo azul.
¿Qué más quiero para vivir y pasar como todo?

 

Frente a la quietud de las montañas


Hoy los mártires han quemado un pueblo
y sus arrozales, su ganado y sus casas.

Un marido y su mujer,
el hijo de la vecina que no reconoció,
el vendedor de arroz, sal y especias,
el controlador de pesos,
la loca de los harapos,
el huraño vecino,
este que todos saben que es un ladrón,
todos andan tristes y asustados
con sus maletas y lo que les queda,
descalzos algunos y despeinados.
Unos pierden un dinero ahorrado con pena,
otro no sabe dónde está la sal,
que caiga al suelo da mal augurio,
pero todos van sin saber adónde.
En el camino lloran solos
frente a la quietud de la montaña bajo el cielo azul.

Por amor a los libros Texto para su participación en la 25º Escuela Internacional de Poesía de Medellín.
Poemas Prometeo #113-114
Ecocidio y Ética Escrito para su participacion en el 32º Festival Internacional de Poesía de Medellín.
Tebrae de Ismaël Diadié Haïdara: Cartografía de un libro Por Virginia Fernández Collado


Ismaël Diadié Haïdara nació en Tombuctú, Malí, en 1957. Es poeta, filósofo, ensayista, historiador y narrador. Es presidente del Fondo Kati y director de la Biblioteca Fondo Kati de Tombuctú. Recibió el Premio de la fundación Roger Garaudy a la investigación histórica, 1991. Ha publicado, entre otros, los libros de poesía: Territorio del dolor, 1967; El canto equinoccial, 1978; Como una herida reventada en las compuertas del sol, 1979; Poemas 1980-2000La tumba de Jabès, 2000; Sahel, 2017, y Tebrae para mi madre, 2017. Otras de sus publicaciones: El estado del mundo. Necesidad, posibilidad y contingencia en Ibn Arabi, 1992; La España musulmana y el África subsahariana, 1997; Los judíos de Tombuctú, 1999; Los últimos visigodos, 2003; Los otros españoles, 2004; Rihla. Relato de un viaje por la Curva del Níger y los desiertos del Sáhara en pos de un sueño llamado Al Ándalus, 2006; Monólogo de un carnero, 2012; Tombuctú, Andaluces en la ciudad pérdida del Sahara, 2015; Una cabaña junto al agua, 2016; Diario de un bibliotecario en Tombuctú, 2017; De Toledo a Tombuctú, 2019; y De la sobriedad, 2020.

Publicado el 21.04.2022

Última actualización: 23/05/2022