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Janette Ayachi, Escocia-Argelia

Por: Janette Ayachi
Traductor: Omar Pérez para Prometeo

Fuego en rio 

            Todo brilla al desvanecerse.
             Rainer Maria Rilke


Toda la museología de un país
Material de hierro     pérdidas incalculables    suicidio nacional
Veinte décadas     de etimología indígena brasileña
Camiones de agua        como altos vientos solares     se vacían rápidamente
Llamas lamen   en torno a los marcos de las ventanas Antiguas    
                                                                      momias egipcias ríen burlonas
A través de la vidriera de exhibición los ataúdes comienzan
                                                                      a rajarse por sus costados y centro
por el calor cómo el Fahrenheit en aumento cosquillea
                                                                      enrolla su lengua bajo los dientes
El amor genera amor;                             ¿de qué tenemos miedo?
Bustos de mármol y esqueletos fósiles garita iluminada por naranja neón
Las revueltas se derraman    las barricadas sudan lágrimas y
                                                                      gritos de guerra  académicos
Poniéndose de espaldas a su país

Como si la multitud afuera estuviera atrapada dentro de doscientos años
Una muestra de archivos                           enarbolada hasta cieno y carbón
Cuántas caras harán falta para ver la esperanza       emerger del fuego
                                                                         no el miedo
La trama de toda espiral doble    si quemas el pasado con antorcha
                                                                      iluminas el futuro
Y el futuro                          contemplado desde la favela pateando
Sus delgadas ásperas piernas                                       sobre los tejados
Una fogata audaz en el segundo día de septiembre       apenas días antes que
                                                                      el huracán Isaac
despegara en su Concorde a través del Caribe     desventrado hacia Sudamérica
Con sus entrañas       empapadas en los diamantes     de una tormenta tropical
Envuelto y acicalado en un paquete mientras se impulsa para sacudir 
Penachos de plumas marinas que ascendieron en aliento sin dejar rastro 
                                                                      alguno de sus materiales
El autoinfligido daño del museo justo después de la hora de cerrar había
                                                                      sido uno de esos días;
Turistas que siempre tocan demasiado la luz demasiado brillante    
                                                                      la magia no convocada 
Fractales sumergidos   salvan las reliquias   amanecer y atardecer se encuentran por vez primera
Espanta la herida con amor el incendio terminó en Babilonia   y
                                                                      comenzó en Brasil
Reconstruyan desde las cenizas     dijeron las momias andinas    
                                                                      desde más allá de la tumba
Penachos de humo      densos de dolor    el fuego inventa un nuevo tipo de
                                                                      flema de fuego
La única cosa intacta entre los escombros fue esa metálica piedra de guerrero
Todo el resto           quemado hasta el hueso         desecho y desaparición
Aparte del peciolo de lirio en el meollo de la galaxia    echando a correr
                                                                       nudillos contra llamas
Si sobrevivió su paso a través de la atmósfera          un fuego común no lo matará
Hay un infierno en Rio esta noche       duermen los volcanes    y tú estás
                                                                      ahí afuera
Tan infalible               y tan radiante            como ese meteorito
Una tremenda Catherine Wheel de los amantes     o una insistente crecida de
                                                                      amor verdadero
Persiguiéndote a ti misma por las misteriosas florestas de Salvador
Brazos arañados por hojas colosales engañaste luego contaste luego corriste 
                                                                      al parecer
Sólo para escapar de tu novio por un rato y la mirada regulada   sólo por
                                                                      el aliento
Así como un meteorito contempla sin pestañear el espacio exterior y el interior
Y los grandes corazones batientes de todos los rodeados arden en el trasfondo.


Explosión

(agosto 2020)


En un país que ha muerto continuamente
hoy Beirut recibe un nuevo golpe
del nitrato de amonio atesorado
confiscado a un carguero ruso
almacenado durante siete años
en los espectaculares muelles de la bahía.

Al reaccionar los compuestos químicos
calor al sol del Covid
primero, hay una pequeña detonación
seguida por una mucho mayor
una florecilla de coliflor de humo se alza
no diferente de algo nuclear
la gente filmaba el fuego a distancia
hasta que la explosión exhaló una rápida nube
y las ventanillas de los autos se consumieron de pronto
como si el mar hubiera estado contenido en una burbuja
estalló en pleno como un globo atravesando la tierra
causando que hasta los más distantes saltaran
o se desmantelaran en busca de refugio mientras escombros
se disparaban como lluvia de balas agujereando
cualquier superficie que alcanzaran
esquirlas por las calles
estados de shock
crisis sobre crisis
tres mil hogares derruidos
techos cayendo sobre pacientes hospitalarios
edificios sacudidos
camiones volcados
llamas atravesando almacenes
el humo abrió una brecha en el atardecer
calles adoquinadas de peligro
los balcones desprenden sus soportes
la cuarentena queda hecha pedazos
todos forzados a escapar
huyendo del vidrio
salvando seres queridos.

En los pabellones hospitalarios en catástrofe y pánico
los padres arrancaban los sueros intravenosos
de sus niños enfermos terminales
una enfermera corre de aquí para allá
con los brazos floreciendo en un rescate de recién nacidos
hacia la ciudad en busca de otras vidas y más ayuda
electricidad cortada, cables despedazados por el pavimento.

Y qué es lo que queda por buscar en el escombro
muy similar a la vida después de un bombardeo relámpago
todo se ha desplomado
como si un cinturón de gravedad hubiera sido perforado
llamando a toda una flota de gente
a cojear hasta los hospitales
donde montones de cadáveres obstruyen las entradas
con vendas improvisadas
rostros ensangrentados que lloran
y niños
ladrillos
polvo y metal
moviéndose en el aire
periodistas que buscan pasaportes
bolígrafos
su aliento y sus zapatos recios
mientras a cientos de millas de allí
en la isla de Chipre
los locales sintieron la explosión
algunos estáticos
otros tambaleándose ligeramente.

¿Qué sucede cuando tu mundo se desploma?

A través de la oscura noche de la kasbah
los nombres de los desaparecidos y los heridos
son proyectados en pantallas
en el trasfondo miembros sepultados
empiezan a sobresalir entre las piedras
mientras duermes, luego no logras dormir
los vivos se sienten afortunados de estar vivos
pero hacia dónde apresurarse ahora
cuando los hogares inhabitables
siguen derrumbándose sobre las posesiones
los más infortunados hermanos y hermanas
están ahí para lamentar y ser testigos
de la destrucción de tu país en cuestión de minutos
mientras los bomberos y los sanadores corrían sobre
aquello que había quedado expuesto sin previo aviso.

El humo llegaba hasta Damasco
mientras el esqueleto de los edificios
disparaba las varillas sísmicas de hierro
y un desorden geométrico
en una pos-erupción
en plano congelado
indicando
más sufrimiento
y una clara sensación
de un desastre
peor que la guerra.

Calamidad en la ciudad capital del Líbano
envío mis condolencias
en plegarias y canciones de curación.

 


Fado en enero 


            ‘Una vez más el amor me impulsa,
            ese que libera los miembros,
            criatura dulce amarga contra la cual
            nada se puede hacer”.
                                        Safo

Corazones que se empeñan en sangrar
doce cuerdas de acero, doce estrellas brillantes.

Me envías mujeres cantantes de Fado
y las encuentro desesperadamente andróginas

como las mujeres en los lienzos de Rossetti:
espaldas anchas, mandíbulas salientes, lenguas reptiles,

todas pintadas con pestañas, melancolía, ribetes de terciopelo 
endulzando con mal gusto perfectamente logradas paletas de pérdida y añoranza.

Así, es aquí donde nos comprometemos a enfriar el sol
con canciones, tras días nupciales de hermanos, semejantes, con sonrisas 
                                                                                                                                  de encaje,

no hay tiempo para dormir sino para una bofetada lunar de cruda
realidad, para enjuagarse de sueños y habitar el teatro del corazón

una vez más deseosa de su herida familiar de tragedia dramática
y siempre, constantemente cortada para repetir:

la comida se demoró tanto que bebiste y bebiste
hasta que el frío quemado de sol volvió a arder en hielo.

Mareada por el tren tras la sobredosis de vino, las ventanillas
del vagón una pesadilla de vertiginosas viñas de alvarinho y bosques infestados 

de lobos, cubiertos de pinares y eucaliptos colgando tras las bahías:
pescado blanco, limón y nueces – un Portugal amargo;

empapado en mujeres plañideras e imperios marítimos,
una flota de preñeces celebradas, estaciones marinas

intercambiando aquello que se perdió allá a lo lejos
por ofrendas de año nuevo, capturas frescas, piel limpia,

cuando los últimos se volvieron demasiado resbalosos.
Mas ten cuidado de no caer en los pulmones de Lisboa

pues ella te acepta buenamente pero rodeada de toda esa agua, todo ese azul,
ella ha sido naturalmente criada para contener el aliento allí donde se hincha 
                                                                                                                                      su ciudad

con mercados de cambalache de sueños, bazares de regateo y comunidades 
                                                                                                                                      secretas
que venden aclaraciones en las esquinas por un precio inolvidable.

Ten cuidado al andar porque un pequeño pinchazo conduce al colapso,
la torre escupiendo cemento desde su centro,

y ninguna cantidad de besos con labios de fuego puede resucitar
o devolverte a ese lugar donde el amor fuera una vez suficiente voltaje.

Cuando visito Portugal llevo clorofila en el bolsillo
para hacer que esas tristes sirenas cantantes permanezcan inconscientes,

y conservaré el trapo usado para absorber la sangre que brota tozudamente 
                                                                                                                                del corazón.
He de almacenar y empapar y malhumorarme hasta que mi pulso eventualmente

bifurque su propia ruta hacia la aorta del océano -
vasto al derramarse en los ventrículos de lo Divino

para menguar y golpear contra la cerradura de otro pecho.
Incluso si el mío propio, sólo rebosa con el milagro de un tesoro intratable.

 


La tierra es la escuela de los dioses 

(Para Hiroshi Sugimoto)


Paisajes marinos de un minimalismo zen
divididos por la línea del horizonte.
Roethke estaría orgulloso
querida mía, un simple gesto
de composición y luz
mostrando al hombre antiguo
sin la mancha de la historia humana
por primera vez en el planeta
esto es lo que verías, dijiste,
y ahora he observado la naturaleza
sobrecogerme
con la cabeza hacia atrás
sus riendas
de encantamiento
y yo esperé,
conceptualmente,
de la misma manera que tú
capturando al humano perdido
en tus fotografías
de dioramas de selvas tropicales
agachados en el museo
el humano desapareció; la natura sigue
yo también trafico con extinciones, sueño
con la última ballena beluga buscando a
su pareja y nunca hallándola
pero tú estabas a salvo con tu corazón
una yegua solitaria recorriendo estudios
en la cazuela de las noches de Tokio
hasta que la confortable California te robara
para estudiar filosofía oriental
que rápidamente escanciaste
en tu propio arte, prefiriendo
sólidos maniquíes
a top models
evitando
el contacto y
el desencanto
por los rígidos mundos liminales
donde nuevos mundos fueron concebidos
y fuiste finalmente capaz de conciliar el sueño.


Janette Ayachi nació en Londres en 1982. Tiene raíces argelinas y vive en Edimburgo. Fragmentos de su obra han sido publicada en más de sesenta revistas literarias y antologías. Colabora con artistas, y ha presentado su trabajo en BBC radio, así como en eventos en todo el Reino Unido. Es autora de los poemarios Pausas en los pasos de cebra y Un coro de fantasmas, así como de un libro para niños La sirena, la niña y la góndola. Su libro Hand Over Mouth Music (Pavilion) ganó el Premio literario Saltire al Libro de Poesía de 2019.

Última actualización: 14/05/2022