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Claude Darbellay (Suiza, 1953)

Claude Darbellay (Suiza, 1953)

Poemas inéditos en español de El horizonte no tiene más que un lado

Me gustaría -dijo- invitarme al festín
de los dos ciegos y tres sordos que se
reparten el mundo en cinco partes
cuando la noche sucedía a la noche y la
oscuridad a la oscuridad.

*

Indiferentes al rumor, los sapos
copulaban alegremente rozados por el
zigzag de las libélulas que inventaban el
baile con un aleteo.

*

Tocaban una música de no se sabe
dónde, giraba en incansable ronda.
Ningún miedo martilleaba el tiempo. Se
ofrecía sin resistencia bajo su velo negro
de seda.

*

Una risa separó las tinieblas, lo negro se
puso azul. Dios se le apareció en sueños
al idiota y le ordenó que sacara un
puñado de greda de sus bolsillos. Crea
-dijo. El idiota tuvo que hacerlo dos
veces. Dios montó en gran cólera. Hice
todo lo posible - se disculpó el idiota.

*

Siguió una confusión: el agua chorreaba
de las rocas, el cielo lamía la tierra
atizada por el viento. En los labios del
día, por vez primera, leyeron su nombre.

*

Tuvo ella dos hijos. Uno veneraba a su
padre (ese del que sólo se veía la voz) y
le ofrecía sacrificios. El otro se mantenía
apartado y buscaba las caricias de su
madre.

*

Una queja escapó de una criatura
informe, inacabada: Yo también quiero
existir. ¿Cómo explicarle que el más
ínfimo rincón ya había sido atribuido, que
hasta lo indecible tenía sitio numerado?

*

Bajo el cielo uniformemente azul sólo
esperábamos una confirmación. Se
acercaba un extraño: ¿eres tú? El
extraño pasaba. Y cada vez el idiota
añadía un rasgo.

*

Treinta días estuvimos esperando sin
movernos. Treinta noches acechando un
soplo. Al amanecer el trigésimoprimer
día el idiota cerró el libro.

*

Se fue dejándonos dos piedras blancas.
¿Qué es lo que tenía que revelar su
perfecta redondez?

Vamos andando. Cuando lo obscuro
cubre la sombra, nos detenemos.

*

Al despertar, enterramos los vestigios de
nuestros sueños y volvemos a andar con
el deseo, en los pliegues de la piel, de
un deseo para palidecer el día

*

crear un camino como los enamorados
se olvidan en la voz que los acaricia al
ritmo de su respiración

Palpitaba un secreto que nos
atravesaba. Desgranábamos un tiempo
dócil, a nuestra medida. El sueño ya no
rechinaba en sus goznes.

*

El silencio pesaba menos que el
clamor de las batallas. Los muertos
habían juntado sus huesos
desparramados y bailaban.
Todo era nuevo como antes del primer
día en que, torpe, el idiota tuvo que
hacerlo dos veces.

*

Se nos ensanchaba el pecho. En cada
uno inventaba la alegría palabras con
sabor a frutos.
De repente, cuando creíamos haber
llegado a la meta, se nos turbó la mirada.
Un viento ardiente secó los arroyos,
borrando su huella apenas visible en la
arena.

*

Nos volvíamos con frecuencia mientras
avanzábamos. ¿Qué es lo que habíamos
abandonado y por la memoria de qué
promesa?

El camino se había cerrado como vientre
tras el primer grito.

¿Cómo volver a hacerlo?

Versión en español de Norberto Gimelfarb

Claude Darbellay es Licenciado en Letras de la Universidad de Neuchatel. Ha recibido numerosos premios, entre ellos, el Premio Louis-Guillaume (France), por el libro de poemas en prosa, L’horizon n’a qu’un coté. En 1995 fue miembro fundador del Observatorio Europeo de Poesía con Jarkho Laine (Finlandia), Mauren Duffy (Gran Bretaña), Arie van den Berg (Holanda) y Jochen Kelter (Alemania). Ha publicado los siguientes libros de poemas: Si les crabes chaneaient de direction (1983), L’Ile (1987), La petite patrie (1991), La cité (1991), Anche i ciechi chiudono gli occhi (1992), Vies de reves (1992) y L’horizon n’a qu’un coté (1993).
Última actualización: 28/06/2018