Festival Internacional de Poesía de Medellín

BREYTEN BREYTENBACH

Suráfrica, 1939


EXILIO, REPRESENTATIVO

para F.M. y M.K.

te vuelves menos ágil, más sumiso,
con grandes gordos en el cuerpo,
como hormigas muy hondo en un animal muerto,
un día te consume,
tus ojos arden más en la soledad

vives como si nunca fueras a morir
porque aquí no existes
y sin embargo la muerte camina en tu cuerpo,
abajo hasta los intestinos
la muerte está enredada entre tus alas

la tierra se hunde tras tus ojos,
las colinas se aquietan, el verde del vacío,
tus manos y tu sonrisa desaparecen,
las fotos y los panfletos están pegados
en los recuerdos: la experiencia es un sueño

aprendes a rogar
y a ofrecer tercamente la cruda contrición de tu pueblo
a los insaciables burócratas,
los Funcionarios de la Conciencia del Mundo: miras
el espejo por los huecos de sus corazones

con la luz del día todavía estás despierto,
tu boca gris de tanto murmurar;
las palabras se arremolinan como parásitos en torno a tu lengua
y hacen nidos en tu garganta

en la multitud siempre eres un fugitivo,
no fumes, no bebas:
¿no es tu vida un arma?
decaes envenenado por la desesperación
abaleado como un perro en una calle sin salida

y para el momento en que desees romper el cráneo del día
y gritar: ¡miren, mi pueblo está de pie!
¡aquí viene la explosión madre! ¡poder!
habrás olvidado los silencios del lenguaje
de modo que las hormigas saldrán lentas del grito
eructado por tus entrañas: guerrilleros ciegos

EL ASILO
PARE EL “C”

1.
primero los más cercanos te abrieron huecos
y después la astuta araña nocturna
la que espera en todos los rincones de todos los cuartos
se desangró por estas puertas rojas del amanecer
y el rastro de la reluciente telaraña obstruyó tus venas,
la sangre se filtra para siempre en la tierra,
el cuerpo deshecho está tendido, obscenamente
violado, en un pesebre, en un establo
los labios lívidos —¿diciendo burlones un último “adiós”?
los dientes son una puerta pisoteada
una pared derruida
los ojos están abiertos pero no hay nada qué ver
pequeñas garitas de un reino despoblado
dos abejas petrificadas en la miel y en la luz
el aliento se estremece por allá lejos entre los pájaros en los árboles
y el cadáver ya está embalsamado
con el perfume erótico de la putrefacción

tú serás una telaraña de huesos deslumbrantes…

ven, cierra de nuevo los orificios
restringe por favor el aliento de este cuerpo
y devana un velo ante nuestros ojos
para que nunca podamos ver cómo muere el héroe
cómo los mortales contemplan los secretos de su cadáver

2.
el viaje en la tierra de los solitarios
es un camino sin posadas a través de una tierra sin fronteras
a lo largo de un mar sin costas
sólo con el amor como una antorcha
en la tierra de los ciegos todos los colores son fantásticos
cada sonido atestigua
el lenguaje plateado de los mudos
con sólo el amor como oscuridad

con sólo el amor como una torre de vigilancia contra incendios
una barrera contra el mar
de notas en una garganta donde la espuma
debe abrirse
como el mensaje susurrado de una ametralladora
tartamudeado en código por el mudo
en las orejas de los sordos
quién puede escribirlo para el ciego
con sólo el amor como tinta

porque la ametralladora exhala el secreto
para revelar todos los secretos
la ametralladora ilumina el camino
y lava tus pies
y te coloca ante el pan y el vino
para que puedas volver a casa
con sólo el amor como cuerpo de tu muerte

PARA FRANÇOIS VILLON

hay cosas que nunca se olvidan, oh farsantes—
garras de gato de la oscuridad sobre párpados cerrados
el preciso y claro boquete de la tos de la bala
los faros de los autos cortando la noche en cintas
blancas máscaras pintadas del bufón y la puta
la risa del verdugo como una dosis de estricnina
la llama color de carne humana
que no puede chamuscar el bolso de satén
grajos negros en almiares rojos
un enano con un pito a lomo del elefante
la torre llena desde hace años de fuego susurrante
el verde retumbar del oleaje del mar
ese largo interrumpido arrastrar los pies cuesta abajo de la vejez
frenando hasta gastarla hasta las rodillas—
estos, los recuerdos inalienables
los diminutos espejos del corazón cargados todo el resto del viaje

todos vamos por ese camino
de la vida rumbo a la muerte—
asesinos, ladrones, drogadictos y pirómanos
matones, estafadores, violadores
y compañeros terroristas—
me quieren tatuado en el contorno y en la piel
solos en nuestro destino—
hasta que trepamos por la hendidura
a la despensa en la cocina
y la tierra nos masca hasta los huesos
“acabado; despachado; quebrantado; en casa”

que les vaya bien, amigos, bajo la luz del cuerpo
que les vaya bien, marcados por lo que nunca se olvida
hasta la prisión final donde se va la luz de la memoria

¡hamba kahle!

Breyten Breytenbach nació en Bonnievale, Suráfrica, el 16 de septiembre de 1939. Poeta, narrador, ensayista. Algunas obras: Una temporada en el paraíso; Confesiones verídicas de un terrorista albino; Regreso al paraíso; La memoria de los pájaros en tiempos revolucionarios; Corazón de perro. También es pintor. Reside entre París, Nueva York, Senegal y la Isla de Gorée. Según Pura López Colomé, traductora suya al castellano, “Breytenbach sugiere que la poesía expresa nuestra multiplicidad, nuestra mutabilidad, nuestra fluidez; cómo nos vemos modificados por los ancestros y los espectros, y cómo los huéspedes invisibles toman posesión de nosotros. Una vez abiertos a esas “voces” que necesitan un lugar dónde pernoctar, podremos ver lo que tienen todas en común: un lenguaje. Según Confucio, toda sabiduría parte del aprendizaje de llamar a las cosas por su nombre. Para no quedarnos en la delgada superficie de la demagogia y el vacío significativo, el lenguaje poético debe devolverle al ser humano la posibilidad de viajar por el encendido camino entre el pensamiento (o la emoción) y la expresión, el de la lengua madre de la textura y el color, el que ofrece acceso al eco auténtico de los orígenes incrustado en la palabra. La poesía es una lengua precisa y tangible; así pues el poema no representa exclusivamente una combinación de palabras, sino también la materialización de un proceso de metamorfosis… Según testimonio de Ren Weschler, “…Breyten Breytenbach era el único preso blanco entre los muchos negros condenados a muerte en la cárcel de Pretoria. Al fin de cada noche, uno de los condenados marchaba al patíbulo. Antes de que el piso se abriera bajo sus pies, el elegido cantaba. Cada amanecer, una canción diferente despertaba a Breyten. Aislado en su celda, él escuchaba la voz del que iba a morir, y también escuchaba a los que escuchaban: escuchaba el silencio de los demás presos, que esperaban su día en la fila de la horca. Ese silencio sonaba más fuerte que la voz. Breyten sobrevivió. Sobrevivió para contarlo, y para seguir escuchándolo…”

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