Festival Internacional de Poesía de Medellín

 

“Es difícil pensar la poesía en términos colectivos
o corporativos”: Una entrevista con Peter Sirr



Por Jorge Fondebrider

Irlanda es un país que se toma muy en serio la literatura, y eso también ayuda a la hora de escribir”, señala Peter Sirr (Waterford, 1960), quien estudió en el Trinity College de Dublín, donde actualmente reside. Vivió en Italia y en Holanda. Fue editor de las revistas Graph y Poetry Ireland Review, además de director del Irish Writer's Centre, razones que hacen de él un testigo privilegiado de la actividad poética de su país. Su obra, muy apreciada en su país, está compuesta por Marginal Zones (1984),  Talk, Talk (1987), Ways of Alling (1991), The Ledger of Fruitful Exchange (1995), Bring Everything (2000); Nonetheless (2004); and  Selected Poems 1982-2004 (2004). 

–¿Existe algo así como un denominador común entre los escritores irlandeses?

– Escritores tan disímiles como Joyce, Beckett, MacNeice, Kinsela y Mahon –para nombrar ejemplos al azar– comparten un rasgo en común: son conscientes de la importancia del lenguaje. La literatura irlandesa suele ser lenguaje conscientemente trabajado, se lo organiza y se lo desorganiza para lograr un cierto efecto. Las razones de que esto sea así hay que buscarlas en la tradición misma de la lengua. El inglés como lengua literaria entró tardíamente en nuestra historia. Llegó de la mano del invasor, que lo impuso, y aquí fue modificado. Tuvimos que arreglárnoslas con esa materia ajena. En consecuencia, como instrumento de trabajo, el inglés de Irlanda es bastante distinto del inglés británico o del inglés norteamericano. Tal vez por eso Beckett hablaba de la lengua como de “un velo que debe ser desgarrado para acceder a las cosas (o a la Nada ) escondidas detrás de él”. Sumemos a esa ultraconciencia de la lengua otros datos distintivos: nuestra tradición se ha nutrido de humor, ironía e ingenio, confiriéndonos una evolución muy particular que me animaría a poner aparte de la del resto del mundo de habla inglesa. Dicho de otro modo, la literatura irlandesa está conectada con otras tradiciones de la lengua y, a su vez, con la gran tradición occidental, pero conservando un entidad propia y reconocible. Hay una serie de voces notables que a lo largo de nuestra historia literaria nos han demostrado lo afortunados que hemos sido.

–Durante un lapso prolongado usted fue editor de la Poetry Ireland Review. Supongo que podrá ofrecernos un cuadro realista del estado de la poesía irlandesa hoy. Si es que las hay, ¿podría decirnos cuáles son las principales tendencias?

–No me parece que sea posible juzgar el estado de la poesía por lo que aparece en una revista; ni siquiera en una de circulación nacional, como Poetry Ireland Review. Muchos de los poetas que aparecieron durante estos años son extranjeros y hay muchos poetas irlandeses que no necesariamente someten su trabajo al juicio de las revistas. De modo que yo miraría más los libros para tener una idea cabal de lo que se está haciendo. Es probable que la poesía irlandesa esté pasando por un momento muy saludable; hay muchos poetas excelentes y muchos tipos distintos de poesía. Por un lado, están las figuras establecidas, como Thomas Kinsella, John Montague, Seamus Heaney, Derek Mahon, Michael Longley, Ciaran Carson, Paul Muldoon, Paul Durcan y Medbh McGuckian. Todos escriben de manera muy diferente. Carson, Muldoon, McGuckian son innovadores incansables, que fuerzan los límites, jugando con la forma y disfrutando de todas las posibilidades que la lengua y la técnica tienen para ofrecer. Hay muchos poetas menos conocidos fuera de Irlanda, pero igualmente importantes. Poetas como Eiléan Ní Chuilleanáin o Harry Clifton, y hay poetas que trabajan que trabajan conscientemente dentro de una tradición vanguardista, como Trevor Joyce, Maurice Scully o Catherine Walsh. No hay ninguna tendencia dominante. Los poetas más jóvenes –como Justin Quinn, David Wheatley, Vona Groarke, Conor O'Callaghan o Caitríona O'Reilly– están interesados en una tradición lírica formalista que mucho le debe al ejemplo de la poesía británica y estadounidense reicente. Pero, como siempre, cada vez que uno trata de presentar a una generación o a un grupo, se deja afuera los aspectos más interesantes de su trabajo.

–En su opinión, ¿existe alguna especificidad que establezca diferencias entre la poesía irlandesa y otras especies de la poesía en lengua inglesa? Si así fuera, ¿persistirán?

–A pesar de que podría decirle que no hay algo a lo que se pueda llamar “poema irlandés”, hay una poesía que sí puede ser identificada como irlandesa. Esa condición está definida por la historia, la geografía, la cultura y las lenguas de Irlanda. Los poetas, como todo el mundo, tienen una relación con el lugar del que provienen. Dublín no es Londres, Donegal no es Cheshire. Los poetas también tienen una relación con el pasado, y con la tradición de escritura que los precede. Se conforman en relación con ese pasado y esa tradición. Y sucede que Irlanda tiene una tradición viva de escritura en irlandés así como en inglés: se ha estado escribiendo poesía en esta isla por más de dos mil años. Y aunque la gente no hable irlandés antiguo o moderno, esos materiales están disponibles en traducciones. Si uno es un poeta que escribe en inglés, puede mirar por encima de sy hombro y sentir los poderosos fantasmas de Yeats, Patrick Kavanagh o las presencias todavía vivas de Kinsella, Heaney, Muldoon y tantos otros. Esos ejemplares ayudan a determinar qué viene después, pero, claro, también está todo el resto de la poesía del mundo. Entonces, la lengua que uno tiene en la boca nunca puede ser la mismo que aquella de la que dispone alguien de Yorkshire o Wichita, y ésa es una diferencia fundamental, dado que los poetas tienen un sentido particularmente íntimo de la lengua. Al fin y al cabo, la lengua es aquello con lo que pensamos. También hay otras diferencias difíciles de cuantificar, que tienen que ver con la cultura y la sensibilidad. Cuando leo ciertos tipos de poesía inglesa –vale decir, poesía proveniente de Inglaterra–, soy consciente de la diferencia de énfasis, de una atmósfera emocional distinta, de un tipo diferente de ambición. Son reacciones instintivas, pero me parece que son importantes. Por otro lado –y siempre hay otro lado–, hay muchas clases de poesía irlandesa que no sentiría para nada cercanas. La poesía es realmente un asunto solitario, es difícil pensarla en términos colectivos o corporativos. Tenemos que vivir en nuestras propias burbujas de prejuicios e intentar escribir a partir de ellos.

–Antes de la actual crisis, la situación económica en Irlanda había cambiado radicalmente respecto del pasado. Habiendo tanto dinero como el que hubo en los años del “Tigre Celta”, ¿por qué no hay más editoriales? ¿Y por qué pareciera ser que los poetas irlandeses prefieren publicar en el extranjero?

–Primero que nada, hay que decir que hay varias editoriales importantes que publican poesía (con la ficción, el asunto es otro). Gallery, Dedalus y Salmon son las tres principales, por lo que, la mayoría de los poetas irlandeses están publicados por editoriales irlandesas. Otros eligen publicar en el Reino Unido, en casas como Carcanet, Bloodaxe o Faber & Faber. Pero supongo que en todas partes es lo mismo: la publicación de poesía es un negocio pequeño y precario. Los que prefieren publicar en el exterior son los novelistas y eso por una cuestión de dinero.

Septiembre 12 de 2012

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