Festival Internacional de Poesía de Medellín

El poeta en nuestro tiempo



Por Mohammed Bennis
Especial para Prometeo

1.

El poeta se formuló, siempre, y según las civilizaciones y épocas de la historia, interrogantes sobre su propio arte poético, otorgándole siempre un interés particular al sentido de la palabra con relación a un tiempo y a un espacio cultural. Estos interrogantes guiaron al poeta en una partida sin retorno para hacerse merecedor de su lugar entre los vivos y los muertos. Es éste un itinerario seguido de un poeta a otro. Itinerario de un aprendizaje, pero igualmente lo es de una iniciación en la palabra poética que con cada poeta adquiere experiencia, el inicio del despertar.

De oriente a occidente, de los tiempos antiguos a los tiempos modernos, el poeta hizo de este itinerario una señal a la cual seguir. Se trata de saber cómo la palabra poética puede hacer permanecer la palabra. Y el poeta moderno, desde el siglo 18 hasta nuestros días, cava la senda de nuevo. Siempre el tiempo. Cada vez que el tiempo exige más reflexiones sobre el sentido del poema, el poeta angustiado se integra a la interrogación.  Toda una acción del poeta es puesta en cuestión. Actuar en el tiempo y en el espacio cultural no significa nada distinto a la responsabilidad de un poeta que se quiere con y para el mundo. Es significativo acordarse de los grandes maestros, de su trabajo intelectual y de sus compromisos en lo que concierne al sentido del poeta y de su necesidad.  Hölderlin, Edgar Alan Poe, Baudelaire, Rimbaud, Mallarmé, Ezra Pound, para no citar más que maestros modernos que han abierto mil senderos desconocidos para unos y para otros, a través del mundo, escogieron la interrogación sin ceder jamás a la tentación de lo fácil, de lo ya dado, de lo conocido. Estos maestros nos han enseñado el lado serio y grave de la responsabilidad del poeta. Cada uno de ellos buscaba hacer presente al poeta entre la gran historicidad, entre una corriente que corre y que renueva la fuerza de la palabra poética.

Interrogándose sobre el poeta en su tiempo, nuestros maestros prestaron su atención a la lengua, al fuego que ilumina y libera. Lengua de lo sensible y de lo invisible. El tiempo de la promesa o de la destreza era su tiempo. Y  nuestros maestros eran depositarios de la lengua. Su tiempo era aquel en el que la lengua era el medio para traducir proyectos de los imperios y de las naciones. Medio quiere decir que permite llegar hasta aquello que se desea. Y llegar a aquello que se desea, deja a los poderes políticos las manos libres para desfigurar el sentido de las palabras. Contra esta concepción utilitaria, cuya desfiguración es el sello del poder, el poeta ha elevado sus críticas. La imaginación, la belleza, lo imposible son estrategias poéticas que encarnan las críticas de los poetas frente al poder político y en las cuales el poeta tendía hacia la ambición metafísica.

2.

Nosotros vivimos, ahora, otro tiempo y en otro tiempo. Es esto sobre lo que poetas de los cuatro rincones del mundo se encuentran de acuerdo. Por aquí y por allá, hay poetas que actúan en el decir poético para situarse con relación a este tiempo. Es el tiempo de la mundialización. Y la mundialización no hace sino acentuar las atrocidades, y todo ello declarando la guerra a los poetas y a la poesía. Ya no hay más lugar para los poetas y para su poesía. He aquí la palabra de orden de una mundialización feliz de sus atrocidades.

La acción de los poetas contra las atrocidades, que la mundialización acentúa, vuelve a tomar aliento.  Contra las guerras y las injusticias. Se puede ver (escuchar) a poetas que le apuntan a decir NO. Un NO plural. El que se despliega fuera del mercado, gobernador intransigente del mundo. Festivales, sitios web, blogs, son los lugares privilegiados para hacer que prosiga la palabra del NO poético. El incremento del número de festivales, de sitios web y de blogs de poesía es significativo. Al lado de las antologías, de las revistas y de los periódicos de poesía, cuya existencia continúa gracias a los pequeños editores, comprometidos en la defensa de la palabra poética, estos nuevos lugares amplían el campo del encuentro entre los poetas mismos y entre ellos y el público, prestos a estar a la escucha de los poetas y de su palabra.

Pero si el poeta se compromete en la enunciación del NO poético contra las atrocidades de nuestro tiempo, se nos hace imperativo el tomar conciencia de aquello que reserva a Nuestro tiempo su especificidad. Este Nuestro (con mayúscula) no designa ni preferencia ni elección. Designa, ante todo, el estatuto particular de la lengua en este tiempo que es el Nuestro, lo que el tiempo de la mundialización hace de la lengua.

La mundialización, en nombre de la lógica del mercado, no nos priva solamente de la poesía, sino que llega más lejos. Lo más lejos incumbe a la lengua en cuanto tal. La mundialización nos despoja de la lengua, despojándonos con ello de la poesía. Es este un hecho poco considerado por ciertos poetas. Nosotros somos expropiados de la lengua. La lengua de la información y del consumo multiplica su encarnizamiento. Ella es la lengua de lo útil (y de lo fácil) que devora el sentido de las palabras, sobre el cual vigila el poeta.  Incluso el inglés, que se presenta como lengua internacional, se encuentra devorado por la lengua de lo útil. Desposeimiento generalizado aquí y allá, en el mundo. Y a la lengua de lo útil (y de lo fácil) se agrega la lengua de la ganancia (y del prestigio). Algunos pueblos abandonan sus lenguas. Estos pueblos que se sienten solos frente a la arrogancia de lo útil, se precipitan a abandonar su lengua para adoptar una lengua de la ganancia (y del prestigio).

Nuestro tiempo es aquel del desposeimiento de la lengua. Por esto, el poeta de hoy en día ya no es el poeta del siglo diecinueve o del comienzo del siglo veinte. Estos dos poetas vivieron en un tiempo en el que la lengua tenía todavía el derecho de existir. El poeta de Nuestro tiempo ya no es más el poeta profeta y la profecía ya no le es prometida. Que él tenga conciencia de la lengua en Nuestro tiempo o no, él se encuentra a pesar de él mismo condicionado por el estatuto actual de la lengua, subordinado a su vuelo.

Este estatuto actual de la lengua, conduce a los poetas a decir que en la lengua misma el lugar del trabajo del poeta se precisa. A partir de su experiencia, y no a partir de las definiciones y de las tendencias, el poeta de Nuestro tiempo se ve en el que escucha el destino de la lengua y de lo inútil a la vez. Esto deja y abandona la lengua de lo útil, del provecho y del prestigio.  El trabajo en la lengua es un trabajo que da lugar al vacío y a la desaparición. Hacer de la lengua su propio lugar de trabajo es un apego del poeta a una nueva acción, que no surge sino difícilmente. La palabra y la relación entre las palabras. Un aliento extremo que atraviesa la lengua. Pero la lengua es también la lengua del patrimonio cultural. El poeta de Nuestro tiempo, no es solamente aquel que trabaja con la lengua. Él es aun aquel que hace de la lengua de su patrimonio cultural su lugar de trabajo. No existe lengua en la abstracción. Toda lengua está ligada a una cultura y a su gran historicidad. Trabajar con la lengua es una acción por la cual el poeta da lugar al vacío y a la desaparición entre la lengua del patrimonio cultural.

Exilado, rechazado, interdicto del derecho de ciudad, el poeta de Nuestro tiempo resiste. Dentro de la lengua, la lengua de su propio patrimonio cultural, él introduce una resistencia con muchísimas facetas. Él está aquí, donde sería necesario estar. Velando sobre lo imposible para que permanezca imposible y entre lo desconocido para que permanezca desconocido.

Traducción de Rafael Patiño

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