Festival Internacional de Poesía de Medellín

A tu memoria, Angélica, desde tu voz




No perecer no es ser invencible, sino aun siendo invisible florecer
Angélica Bazurto.


Vitalidad, vivacidad, alegría como una fuente de pájaros. Movimiento. Chispeante espiga de la vida, tu presencia traía una gracia lunar con destellos de tristeza, de lo más recóndito e ignoto de tu misterio. Angélica para siempre en nuestra vida, como un ave de ámbar de luz, de sol.

Danzas, ríes. Con el oleaje de tu cariño, se embriagó de dulzura el corazón de los niños que tanta maravilla recibieron de tu vuelo imaginativo. Tu rayo creativo les llegaba hondo en su fibra amorosa. De sus bellas almas brotaron, gracias a tu ímpetu y carisma, los poemas que nunca imaginaron crear.

Eso te alegraba y siempre fue prolífica la vena creadora de todos los niños que te sentían como un bálsamo.  

Tú, que por lo general eras silenciosa, nos revelas hoy una voz  desde tu escritura.

Nos dices:
 
“La poesía es el amor/corriendo entre letras//El coraje que las palabras toman /para introducirse el sonido y ser lenguaje/son los castillos esclarecidos a la hora de sonreír.//La proteína silábica/que gotea en la mirada/inunda la atmósfera de acontecer/en medio de la muerta /calcada en la piel/para cumplir un ciclo humano”.

Tu voz, Angélica, tu voz avanza en la vida nuestra y se prolonga de galaxia en galaxia. Vas en el viaje de la luz y como tú misma dices:

“Las notas armonizan en el tiempo los espacios, abrazan melódicamente las miradas a las estrellas./Mírame en el infinito inmortal de la noche/Abrázame en la inmensa luz del día/Para que mi alma navegue hasta la orilla/Para que circule la sangre estelar por mis venas/Para que se inunden mis poros y sólo fluya la energía creadora de la palabra”.

Cuando los niños, que tanto se han iluminado con tu cariño e ímpetu vital, pregunten por ti, ¿con qué palabras hablarles de tu ausencia?  ¿Decirles, tal vez, con tus palabras, que ahora eres:  “un abecedario escondido entre nubes lejanas”?

Letras de oro de sol son tus palabras. Es la voz de tu alma impulsando el anhelo de vivir, la esperanza que tú eres, cuando nos hablas acerca de la Poesía en tiempos de guerra:

“La convulsión del amor entre palabras, la paciencia puesta en la carne y los sentidos. Esta ansiedad de vivir, de expresión. Rebasar las palabras, inunda el vocabulario de fantasías que circulan en el ambiente de los ojos enamorados, de la espera constante.

La poesía en tiempos de guerra, son tus ojos llenos de esperanza, de constancia  en los brazos para circular por mi cuerpo.  La poesía en tiempos de guerra eres tu batallando conmigo abrazados en el lecho de yerba, es la alegría que expresa el corazón en su latir cuando palpita tu tacto sobre mi piel. Eres tú, atravesando el bajo cauca sobre la tierra, escudriñando en las entrañas de la tempestad, los sueños que en la oscuridad cóncava de una veta, brillan como oro”.                                                                                

Es tu voz angélica, hoy revelada, hoy vuelta faro. Canción de esperanza, de ganas de vivir. Es tu voz, Angélica, que permanece en tu poesía, que es la voz de una joven lúcida y fuerte:

“Camaradas, no corran ante el bombardeo/No sucumban a la velocidad del humo/Resistan en la intensidad de la mirada/En la perspicacia de los sentidos./Pongan los sustanciales instantes de electricidad/En el abecedario incontable de la continuación.//Con bocanadas de risa, opaquen el sin fin de la muerte/Esa que aplasta los versos y los hace sustancia bajo la tierra/No perecer no es ser invencible, sino aun siendo invisible florecer”.

Es tu voz, Angélica, que nos la donan esas gemas de tu espíritu: los poemas. Es tu voz que escuchamos, con tu escritura, cuando te refieres a ellos:

“POEMAS// Pienso en ellos con deseo/Se me expanden las venas y se hace un acopio de la circulación/La sangre pareciera que apaciguara todos los sentidos/De repente se ha cauterizado en armonía y sobrepasa las glorias de la carnosidad/Están ahí latentes/En cada movimiento/Ellos sospechan la fugacidad de la vida/La especulación de las palabras puestas al orden /La regulación de la respiración en el abecedario del reloj.

Están ahí y suspiro/Con la intensidad de los besos que salen del alma/Y se traspasan/Por la piel Hasta las entrañas”

Es tu voz que sube por nuestra médula. Tu voz, que es tu alma, nos llega desde tu escritura:

“Escribimos a la vida con palabras estrechas y sentidos cortos/Agarramos las nostalgias y las volvemos historia/Al tiempo pedazos y sin embargo/Nos queda una sonrisa.

Transmitimos sonidos que se escapan a cualquier lugar/Somos creyentes de la distancia/Socorremos corazones para herirnos/Angustiamos los paladares para voltear al vómito.

Dónde está el apocalipsis de la meditación/Son bandadas de gusanos las que vuelan en los pasillos/En las escuelas queda el desorden devenido/La esperanza es la palabra predilecta entre balbucear y gruñir”.

Y continúas diciéndonos:

El escondite es la fuga del alma hacia los lugares desconocidos/Las comunicaciones son el castillo de la diversa figura geométrica que hace la boca en la pronunciación.

Los comunicados son inciertos, las avenidas paralizantes, los elementos rechinantes/Y al fondo la luz apagada del alba,/Como si todo se consumiera en un suspiro”.

Ya en tus poemas habías visto, con los ojos de la premonición que da la poesía, un desenlace que nos deja atónitos, aún sin aceptar del todo la realidad de tu partida:

“Como camionetas en la carretera/Pasa el humo asfixiando la velocidad del viento/Si los ojos pudieran mirarlo tan fijamente como él interviene entre los poros de la piel/Las consecuencias serían otras.  Se apagarían los focos, se inundarían las calles y solo quedaría la valentía del naufragio. (Del poema: “Las horas son el suburbio de los días”).

Inolvidable amiga, tu voz también es nuestra luz, por siempre.

Con tu propia voz  te decimos:

“Cuéntame jardines en rosa y en piedra/Narra mi vocabulario en tu boca/Silencio mi silencio con tus sonidos/No permitas que  se embargue el tiempo somos una ruleta que no para.

Acaricia el instantáneo suspiro /Cuando la mirada añora/Cuando el colibrí respira/Cuando el Búho se transforma con sus alas/Y rompe el viento que acaricia tu cara.

No cortes el árbol que nutre los pies/Porque entonces, no habrá agua para beber /Desde la copa todo se ve y desde mi canto a ti/Se trasluce el revés”.

Tu voz es nuestra luz, dulce niña, no pares de jugar.

Publicado el 16 de septiembre de 2014

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