Festival Internacional de Poesía de Medellín

 

El mito de Prometeo y el conocimiento humano


Por Paolo Astorga
Tomado de Letralia.com


Para intentar una exégesis acertada del personaje de Prometeo1 dentro de la cultura mitológica griega hay que plantearnos en principio la cuestión formativa de este mito desde una perspectiva griega y en toda su filosofía, es decir adentrarnos al contexto, al espíritu de la época, no sólo con el fin de comprender la simbología que conlleva estudiar el mito de Prometeo, sino también lograr una aprehensión de esa simbología para llevarlo a nuestro contexto actual que en suma repercute en el acervo cultural de nuestra modernidad.

Pero hay que recalcar que estamos refiriéndonos a un mito que es en sí una forma de explicar el mundo o como dice Carlos García Gual:

              “...los mitos tienen una función significativa en la vida de una sociedad primitiva o arcaica: explican el mundo, justifican los                 hábitos y los ritos, ofrecen las causas de las pautas de comportamiento y relatan por qué las cosas son de un modo determinado”                .2

Prometeo, siendo un personaje que se rebela a los dioses para el bien de la humanidad, también se afirma en el hecho de engañarlos (en todo caso a Zeus) y además el de crear al hombre, no sólo de una naturaleza semejante a la de los dioses, sino con algo que se le atribuye y lo hace una categoría mayor a la de los animales: la inteligencia.3

Podemos plantear que hay una relación significativa dentro del perfil de Prometeo que tiene una analogía muy estrecha con la modernidad, o en todo caso el hecho de civilización del hombre que parte desde una desdivinización que en cierta medida favorece a la humanidad proveyéndola de ciertos medios por los cuales no sólo sistematiza de una manera más rápida sus actividades (el fuego, que es un elemento muy importante después del agua y que simboliza el adelanto tecnológico), sino que crea las primeras ideas acerca de la tecnología, es decir la creación y utilización instrumental de un determinado objeto para la facilitación de los actos cotidianos vitales. Podemos plantearnos basándose en este elemento principal (fuego), que cualquier ánimo de conocimiento o descubrimiento se da a raíz de una necesidad por la supervivencia y, en ese sentido, Prometeo, conociendo la necesidad de los humanos, trata de rebelarse ante Zeus para robar el fuego y por ende su tecnología en pos de la humanidad:

                      “En las primitivas condiciones de vida, probablemente nada era más importante y misterioso en la naturaleza que el fuego.                       Dispersaba la oscuridad y producía el calor necesario para enfrentarse al frío... Era el emblema de la vida del hombre, en las                       tormentas descendía del cielo y en las erupciones volcánicas surgía de las profundidades de la tierra. Su presencia estaba en                       estrecha relación con los dioses. La forma en que el hombre obtuvo su uso estaba explicado en la historia de Prometeo”.4

O como dice Ricardo Accurso, profesor de la Universidad Nacional de Rosario, Argentina, que nos propone una visión muy estrecha entre la humanidad y el conocimiento que prontamente deslinda una relación con los dioses (Zeus) y en este entorno la idea de progreso se ve en un naciente estado donde los humanos satisfacen sus necesidades sin la necesidad de dependencia divina:

               “En la mitología griega, la figura de Prometeo está íntimamente ligada a la humanidad. Desafiando al dios supremo, el celestial                Zeus, Prometeo intenta favorecer a los hombres entregándoles el fuego —robado a los dioses—, elemento esencial no sólo en el                sentido material (como punto de partida fundamental para avances ulteriores en el desarrollo de la civilización) sino también en                el orden espiritual, pues el fuego es el símbolo de la vida, de la energía, de la inteligencia que mueve a los humanos”.

El mito se caracteriza por centralizar el símbolo de la humanidad al personaje de Prometeo, esto se puede explicar dado la amplitud que tiende a tener este titán con relación a los Olímpicos (es decir a Zeus), él (Prometeo) trata de ser un benefactor de la humanidad,5 donde no sólo trata de dotarla de vida, sino también de darle herramientas que le permitan liberarse de la dependencia divina.

Acerca del mito de creación de la humanidad podemos puntualizar que Prometeo no sólo interviene de una forma activa, sino que utiliza elementos naturales para formar al hombre y así en todo caso obtener una configuración humana muy ligada a la naturaleza, ya que no sólo hay una intención de dar vida a lo inanimado (es decir al barro), sino que la intención primordial es la de crear un ser individual y racional, que se diferencie de los animales u otra clase de seres y que tenga en consecuencia el poder para sobrevivir más allá de sus instintos:

                 “Según la leyenda, Prometeo descendía de una antigua generación de dioses que habían sido destronados por Zeus. Era hijo del                    titán Japeto (hijo de Urano y Tierra) y de Asia, él sabía que en el suelo de la tierra (naturaleza) reposaba la simiente de los                    cielos, por eso recogió arcilla, la mojó con sus lágrimas y las amasó, formando con ella varias imágenes semejantes a los                    dioses, los Señores del Mundo. Los Hombres”.6

Con respecto a la idea concreta de creación y evolución de los hombres, en el mito podemos notar que no sólo hay una condición ya de dependencia divina, sino que también existe un patente sometimiento por parte de los dioses ante los hombres, pues es sabido que el poder que éstos tienen (el conocimiento) y por ende este “poder”, logra hacer que el hombre no sólo se rebele ante las divinidades opresoras, sino que se independice de ellas y les “robe poder” que utilizan para someterlos.

Esta relación casi dialéctica Dios-Humanidad, gira en el mito como una constante íntimamente ligada al hecho de necesidad y rebelión, que es la que regulariza todos los actos de “engaño” que Prometeo utiliza ante Zeus, para robarle poder, con el único objetivo que es el de proporcionarlibertad a la humanidad. Entre estos actos de engaño, podemos diferenciar dos importantes: el sacrificio a los dioses y el robo del fuego.

En el sacrificio a los dioses, Prometeo demuestra que no sólo basta ser poderoso para obtener el conocimiento, sino que hay que ser muy precavido en nuestro juicio antes de tomar una decisión:

               “...[Prometeo] urdió un primer engaño contra Zeus al realizar el sacrificio de un gran buey que dividió a continuación en dos                 partes: en una de ellas puso la piel, la carne y las vísceras, que ocultó en el vientre del buey y en la otra puso los huesos pero los                 cubrió de apetitosa grasa. Dejó entonces elegir a Zeus la parte que comerían los dioses. Zeus eligió la capa de grasa y se llenó de                 cólera cuando vio que en realidad había escogido los huesos. Desde entonces los hombres queman en los sacrificios los huesos                 para ofrecerlos a los dioses pero la carne se la comen”.7

En otro “engaño” a los dioses, Prometeo roba el fuego para entregarlo a la humanidad y así hacer que ésta alcance el grado de civilización, partiendo del control, utilización y perfeccionamiento del fuego y todos sus posibles beneficios, que en todo caso restará poder a los dioses y centrará sus ojos en el vislumbramiento hacia el conocimiento y la inteligencia, es decir cualidades humanas por excelencia que serán el eje central del desarrollo de las civilizaciones a lo largo de la historia:

                “El fuego es un símbolo sagrado, dependiendo de cómo se utiliza, puede iluminar o quemar. Él representa la luz que ilumina a los                 que actúan de acuerdo a su conciencia, proporcionándoles elevación a niveles de dimensiones espirituales (de paz interior). No                 así para el curioso, para el inconsciente, para el cual se torna en llamas del infierno. Este elemento es también el inicio de la                 evolución humana, fue el elemento determinante para el salto de una estructura primitiva a una mayormente evolucionada,                 estructurada, sociabilizada”.8

Pero no podemos olvidar algo importante en el mito y es la contraparte del progreso y el elemento defensivo de los dioses visto desde el concepto del “castigo” que Zeus envía a Prometeo por su rebeldía y por haber dejado en ridículo la hegemonía divina. El castigo dentro del mito se denota como unafrustración del poderío divino ante el avance tecnológico de la humanidad y por ende el cuestionamiento de parte de los hombres ante la existencia de los seres etéreos. Podemos puntualizar que el mito recrea en sí dos grandes castigos que tiene que suplir Prometeo: el de ser encadenado y torturado día tras día en el Cáucaso por un cuervo que le comía las entrañas9 y un segundo castigo que tiene relación con otro mito, el de Pandora,10 y que también simboliza la desobediencia que trae como consecuencia una serie de maleficios contra los hombres.

Es imposible negar el hecho de ver en Prometeo a un ser parecido al personaje de Cristo dentro de la religión cristiana. Notamos grandes rasgos entre los que destacan la inteligencia y la prudencia, pero también se desprende la idea de rebeldía ante lo establecido, la utilización del mismo ser como un objeto de sacrificio y por último la creación de un nuevo sistema (que visto desde otra perspectiva es lo que denominamos liberación de los oprimidos):

                “Es curioso señalar que algunos de los principales escritores cristianos vieron en Prometeo una imagen semejante a la de                 Cristo... El dios filántropo se sacrifica o se expone al sacrificio —no de la cruz, pero sí de una tortura parecida en la soledad del                 Cáucaso”.11

En suma la amplitud que tiene el mito de Prometeo dentro de una conformidad literaria y mítica dentro de la tradición antigua griega, no sólo nos hace referencia a la facultad a la que aspira el hombre asombrado de la naturaleza (conocimiento) sino que parte de una necesidad inherente del hombre por llevar su vida a un nivel mayor. Cabe rescatar el hecho importante que conlleva a pensar que es necesario la idea de oposición para que haya un cierto desarrollo dentro de las civilizaciones y que a raíz de esta oposición no sólo obtengamos ciertos beneficios, sino también la certeza de que el ser humano es y será siempre una dualidad inconforme ante su contexto y con un ansia casi obsesiva por lograr una identidad concreta. Es decir su esencia primordial proyectada al horizonte del progreso.

 

Notas
1. En la mitología griega, Prometeo (en griego antiguo Προμηθεύς, “previsión”, “prospección”) es el Titán amigo de los mortales.
2. GARCÍA GUAL, Carlos; Introducción a la literatura griega. 1992, Madrid. Pág. 82.
3. Aquí se puede también agregar la característica de poder cuestionar la hegemonía de los dioses y su relación para con los humanos.
4. IRRARTE BRENNER, Francisco; Los griegos. Ed. V.I.G.V., Lima, 2004. Pág. 126.
5. “Esquilo lo califica como ‘amigo de los humanos’, philanthropos” (García Gual; pág. 83).
6. RIQUELME, José; “Prometeo, el maestro que robó el fuego”.
7. “Prometeo”. En: Wikipedia.
7. RIQUELME; “Prometeo, el maestro que robó el fuego”.
8. El castigo de Zeus denota concretamente el deseo de venganza de esta divinidad contra la inteligencia y prudencia de Prometeo.
9. Conforme lo habíamos dicho, Prometeo representa la conciencia, el conocedor del pasado y del futuro (sabiduría), y justamente por esa duda producto del razonamiento genera la desconfianza e intenta advertir y recomendar a su hermano Epimeteo que no acepte regalo alguno de Zeus. Pero éste, siendo desmemoriado, lo hace (“Epimeteo” significa “el que piensa después”), para luego abrir la caja de Pandora seducido por los encantos de la doncella, la cual fue creada artificialmente; al ser creada de dicha manera no posee alma, representando a la muerte y el error. Ya luego se casan ambos; es decir, quedan establecidos aquellos vicios y males y el efecto que producen en el ser inconsciente y de incapacidad espiritual (Pandora y Epimeteo) (RIQUELME; “Prometeo, el maestro que robó el fuego”).
10. GARCÍA GUAL; pág. 90.

Octubre 15, 2012

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