Festival Internacional de Poesía de Medellín

Camino al silencio
(Aproximaciones a Yanis Ritsos)


Por Jesús Lozada

(Habana Radio)

Una delicada piedra de los ríos de Grecia, un pequeño pedrusco, una china pelona, y sobre ella la imagen de un efebo, trazada a líneas, negras, grabada, escrita en la dura superficie. Regalo de Yanis Ritsos a José Luís Moreno del Toro. Se abre la puerta a los misterios. La piedra, resistencia y belleza, nos acompañará. Esa piedra y no otra nos alcanzará al poeta.

Moreno del Toro y Waldo Leyva, antes de 1990, hicieron un camino esencial. Ambos habían sido invitados a decir sus poemas en un festival que se celebraba en las ruinas del santuario del Oráculo de Delfos. Fueron a conocerse, a conocer y a reconocer en la gran cultura helénica, resonante e intensa, definitoria, la cultura que junto a la latina conforman el patrimonio común de nuestro mundo occidental. Seguramente alguien saltará recordando a África, y es que África también es griega y es latina, o mejor, la Cultura Occidental es en mucho de raíz africana. En África nace la vida, pero también allí, al norte, estaban algunos de los centros culturales más influyentes de los primeros siglos del cristianismo, ya antes se asentaban comunidades judías, es allí de donde brota San Agustín, que tanta influencia tiene aún hoy, y nace el pensamiento copto.  Todo esto simbolizado en una pequeña piedra herida. Fueron juntos a conocer al viejo patriarca Yanis Ritsos en su casa de Atenas. Moreno lo recuerda amable y lleno de energías, lo recuerda delicado y generoso.

La memoria y la piedra, nos servirán para hacer el camino del descubrimiento de uno de los más importantes poetas del siglo XX. Como tenemos de talismán la piedra, y ella es mínima, daremos espacio a escuchar al poeta más que insistir en la acumulación de datos o atiborrarlos de levedades.

Leamos, como pórtico, fragmentos de un poema de Ritsos escrito en 1956, en plena madurez poética, es Sonata Claro de Luna, el poema comienza así:

Una noche de primavera. La habitación grande/ de una vieja casa. Una mujer de edad, vestida/ de negro, le habla a un hombre joven. No han encendido/ la luz. Por ambas ventanas entra un despiadado/ claro de luna. Olvidé decir que la Mujer de/ Negro ha publicado dos o tres interesantes/ colecciones de poesía sacra. Y bien, la/ Mujer de Negro le habla al Joven): “Déjame ir contigo. ¡Qué luna la de esta noche!/ Es generosa la luna – no se notará/ que mis cabellos han encanecido. La luna/ los hará rubios de nuevo. No notarás nada./ Déjame ir contigo./

Es un poema extenso, sólo podremos ahora, leer algo de él, de todas maneras por allí se puede encontrar una traducción de Selma Ancira publicada en México, es la que yo conozco, además de otras traducciones de Miguel Castillo Didier, Ramón Irigoyen, Dimitri Papagueorguiu y Luis de Cañigral.

“Y a partir de ahí surge un canto que estremece, que pide rescate de la soledad, que lanza una red al vacío para pescar esperanza y en esa suerte desesperada no encuentra más que derrumbe.

La casa de la Mujer de Negro es el símbolo de un sistema viejo, acabado, y busca anclar en nuevos puertos pero su deseo naufraga, no llega a la orilla. La Mujer de Negro quiere una transición hacia lo nuevo. Es el pasado que se niega a desaparecer, que no acepta su muerte y si es así, sabe que seguirá viva en los rincones, los armarios, los corazones”. Así describe a la Sonata Claro de Luna de Yanis Ritsos el mejicano Germán Martínez Aceves. Con tal que escuchemos criterios diversos, es decir plurales, lo he citado in extenso.

Hagamos un breve retrato del poeta antes de continuar: Ritsos, miembro de una antigua y acaudalada familia de origen veneciano, que, tras la caída de Bizancio, se instaló en la ciudad-fortaleza cretense de Monemvassiá -la Malvasía de los cruzados-, en la Laconia, al sur del Peloponeso,  nació el 1ro. de Mayo de 1909, y murió en Atenas, el 11 de Noviembre 1990.  A los ocho años escribe sus primeros versos cosa que explica la extensión de su obra: escribió más de noventa títulos, sus obras completas necesitan de una larga estantería sólo para ellas como pueden ver. En 1921 mueren su hermano Dimitris y su madre de tuberculosis, mal que acompañó a la familia y al poeta mismo. En 1925 se arruina su padre, un jugador compulsivo. Enfermo de tuberculosis, Ritsos vive tres años en un sanatorio.  Además de actor, trabajó en el Teatro Nacional griego y en Quipseli, y pintor, tradujo a Maiakowski, Blok, Eremburg, Neruda y Nicolás Guillén, entre otros. Su activa participación en la resistencia durante la ocupación alemana a Grecia y su militancia política de izquierda durante la guerra civil que le siguió, le valieron el exilio, y de 1948 a 1952 vivió recluido en distintos campos de concentración ubicados en islas remotas. Muchas de sus obras de ésos y de años posteriores fueron prohibidas. Más tarde, cuando la junta militar subió al poder (1967) fue nuevamente deportado y no fue sino hasta 1970 que volvió a Atenas, al levantarse el arresto domiciliario en que vivía en Samos. Su vasta obra ha despertado variadas y encontradas posiciones tanto entre sus lectores como en la crítica especializada de Grecia, pero sin lugar a dudas Ritsos es un poeta de intensísima vena y aliento líricos que sobre todo han quedado plasmados en los llamados “poemas escénicos” como “Sonata al claro de luna”, del que acabamos de escuchar algunos fragmentos, “Elena”, “Áyax” y “Filoctetes” entre otros, que se han puesto en escena y que, en opinión de muchos, constituyen la mayor aportación de Ritsos a la poesía griega moderna. Sin embargo, la expresión, con frecuencia con inusitada fortuna, de su honda preocupación por la dimensión social y política del hombre es otro de los ejes fundamentales de su obra.

Uno de los textos más importantes de Yanis Ritsos es Helenidad. No puedo resistir la tentación de proponerles la lectura. No haré comentarios, sencillamente lean, sientan, comenten, pero primero tómense todo el tiempo.

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