Festival Internacional de Poesía de Medellín

Pensamientos del Archipiélago,
Pensamientos del Continente



Edouard Glissant
Cargado porslal. - Vídeos de noticias del mundo entero.

Por Édouard Glissant
(Revista Aleph)

Traducción del francés: Ana-Rosa Tealdo

Conferencia magistral pronunciada en la Universidad de Cartagena, el 17 de junio de 2008, con motivo de la recepción del doctorado honoris-causa y del Coloquio internacional "Caribe, archipiélago de influencias", organizado con el apoyo del consejero Bernard Grau de la Cooperación Francesa para la América Andina. Cartagena de Indias, Colombia.

La desordenada serie de observaciones que aquí desarrollaré encuentra su "lugar-común" en una de mis obras, Une nouvelle Région du Monde (Nueva Región del Mundo), siempre que ustedes acepten admitir conmigo que "lugar-común", (escrito con un guión entre las dos palabras, contrariamente al uso gramatical autorizado en francés cuando la expresión designa una evidencia o una verdad banal) es, en primer lugar, un lugar en el que un pensamiento del mundo encuentra siempre otro pensamiento del mundo. Pero, así como cierto río jovial - que surcaba cuencas en las que uno podía atrapar muchas mulas en un solo instante - en adelante se vería cubierto de lodo y desperdicios, arrastrando sus exigüidades hacia un delta indistinto, siempre amarillento; del mismo modo, el mundo, al revelarse cada vez más a nosotros, se ve cubierto de todas las incertidumbres e indistinciones que enmascaran su movimiento real.

2 - El enfoque de las historias de las humanidades, desde que las culturas occidentales se aferraron a "descubrir" el mundo, que luego fueron paulatinamente colonizando, pone de manifiesto la intensidad con la que vincularon esta pasión por el descubrimiento con la urgencia del dominio. Para las civilizaciones en expansión, descubrir el mundo y descubrir la verdad del mundo, así como controlar el mundo y controlar el conocimiento en su potente generalidad, iban a la par.

3 - Pero desde que el mundo adscribió a una totalidad, poco a poco la pasión por descubrir dio paso a otra exigencia, que es precisamente la de dicha totalidad: es decir que las sensibilidades del mundo se mostraron cada vez más coriáceas en lo que atañe a la consideración del menor componente, sosteniendo que éste es tan indispensable para el equilibrio del todo como lo son los elementos más potentes que en ella se podrían diferenciar. Ya no vemos el mundo de manera sintética y descriptiva. Por ejemplo, cinco continentes, cuatro razas, varias grandes civilizaciones, varios periplos de descubrimientos y de conquistas, una progresión regular del conocimiento, un porvenir casi previsible. Entramos en detalles infinitos, y en primer lugar nos percatamos de la complejidad en todas partes, complejidad que - para nosotros - es indesligable. No sólo hay cinco continentes, están los archipiélagos y una infinidad de mares, evidentes y ocultos, los más secretos de los cuales ya comienzan a conmovernos. No sólo hay cuatro razas, sino asombrosos encuentros que se despliegan holgadamente. No sólo hay grandes civilizaciones: la propia medida de lo que se llama civilización cede más bien ante el entrelazamiento de las culturas de las humanidades, cada vez más cercanas e imbricadas unas con otras. Los detalles engendran totalidad por todas partes. Al conjunto de estos elementos inextricables e inesperados lo he denominado: Todo-mundo.

4 - En esa perspectiva, la relación entre el descubrimiento y la conquista deja de ser evidente, así también como la pertinencia de las conquistas; y sólo las colectividades - aún insertas en las sendas de un pasado que no pueden superar, tal vez a causa de su impresionante carga que les impide moverse junto con el mundo tanto como fuese necesario - siguen creyendo en la connivencia de la conquista y del descubrimiento. La dimensión del mundo-totalidad hace caducar al apetito de la dominación y, si no se da en los hechos, al menos se da en la valoración que de él deriva: la potencia de las naciones ya no es su grandeza. La grandeza nace de la intuición colectiva que tenemos del mundo.

5 - La nueva pasión que consiste en presenciar la concreción de esta totalidad-mundo, sin excluir al componente más inadvertido, ha requerido que la humanidad actual muestre otras exigencias secretas. En primer lugar, la del reconocimiento de la diferencia (de los diferentes) como elemento principal de la Relación en el mundo. Lo diferente y no lo idéntico, es la partícula elemental del tejido de lo viviente, o de la trama de las culturas. Es indiscutible que una especie viviente clonada ad infinitum sea una especie que pueda detenerse infinitamente. Asimismo, es evidente que una cultura humana que se abarcase a sí misma para siempre, y tan sólo a sí misma, sería una cultura que no abarcaría nada del mundo y que no se desligaría de sí misma, ni se abarcaría. En adelante, para las humanidades, el fuego fértil será siempre un fuego conjunto. Las ofensas a los otros no hacen cambiar nada y las soledades de las personas ya no están rodeadas de vallas.

6 - Recibir a los diferentes, significa también (y por fin) concebir la diversidad, que es la dimensión del Todo-mundo. Con la aceptación de la diversidad, los diferentes no dejan de seguir existiendo en otros lados, como diferentes a sí mismos, pero tampoco temen por ello proponerse, de una forma totalmente nueva, como identificables con el otro. Ciertamente, la particularidad de la diversidad es la de haber funcionado siempre en el marco de la acción y de la pasión por el mundo, y la de haberse visto reforzada sólo cuando llega a ser de conocimiento de todos.

7 - De este modo, la conciencia de la diversidad del mundo o la de la solidaridad entre sus propias diferencias, nos conduce hacia otra pasión: la de la consideración del tiempo, el que en adelante osamos imaginar como la evidencia misma de la existencia de un relativo y de un absoluto aliados en las mismas instancias. Ya que las diferencias del mundo (los diferentes) se presentan ante nosotros en sus tiempos distendidos que hoy en día, no obstante, son contemporáneos.

8 - El tiempo en un campamento inuit es realmente contemporáneo al de la Banca de Wall Street, y no solamente contiguo en una secuencia dilatada de tiempo. El tiempo del archipiélago y el tiempo del continente son contemporáneos. Es así como los pueblos, a quienes se ha pretendido separar de sus historias, reconstruyen sus memorias colectivas a través de fragmentos discontinuos, y saltan de piedra en piedra a lo largo de los ríos del tiempo. Crean sus tiempos y los consumen ad infinitum y, sinembargo, comparten con los demás pueblos - inclusive con aquellos que habían deseado eliminar sus memorias colectivas - la trama inextricable de este tiempo abierto, completamente actual, imprevisto y vertiginoso, del Todo-mundo.

9 - Estas pasiones desapercibidas - y sinembargo tan difíciles - de las humanidades: en primer lugar, hacia la conciencia de la totalidad-mundo y, simultáneamente, hacia las aceptaciones de la diferencia y de los diferentes como tales, así como hacia vivencias difractadas y al mismo tiempo convergentes en el tiempo, vivencias que hacen parte de los tiempos de los pueblos, todas estas pasiones - que remiten a tensiones - estructuran, en un universo en el que se conocen casi todas las regiones geográficas y físicas, una nueva región del mundo, que no se tratará de explorar, sino, en la que cabemos todos; antiguos descubridores y antiguos descubiertos, antiguos colonizadores y antiguos colonizados, sin que ninguna ventaja de conocimiento, para uno u otro, derive de las herencias de dicho pasado. Acercarse al mundo significa tanto morar en él como desandarlo o ir a la deriva. Los puntos de sujeción y los puntos de flotación no sólo se distinguen por la elección de las poéticas o por el liberalismo de las filosofías, por lo menos cuando estos puntos no son impuestos por los terribles asaltos de la miseria de los pueblos y de su exterminio. Ésta es la parábola del archipiélago.

10 - Tal repartición de los azares del mundo, más allá de las ventajas fortuitas, más allá de las soberanías, de las masacres y - para gran parte de los pueblos - más allá de los estados infrahumanos que subsisten, esta repartición explica cómo es que cada día nos percatamos que nuestros pensamientos y nuestras reacciones más inesperadas, las más secretas, han sido expresadas al mismo tiempo por desconocidos en lugares lejanos - a través de nuestros espacios terrestres, en las lenguas más extranjeras, y bajo las formas más extrañas que se puedan encontrar - desconocidos con los que aparentemente no mantenemos ningún tipo de relación. Tales encuentros, que denominamos lugares-comunes, incesantemente reflejados en la ebullición de internet y de otros tipos de comunicación moderna, constituyen la materia insospechada; es decir, aquella en la que el conocimiento se evapora inmediatamente después de haber sido percibido, y en la que se entretienen y concurren los estremecimientos de nuestro mundo.

11 - Aprendemos cada vez más a descubrirlos y a relacionarlos. No se trata de los encuentros tan asiduamente repetidos entre descubrimientos científicos y técnicos: por ejemplo, cuando uno se pregunta quién fue la primera persona que sustrajo un aparato de la gravedad atmosférica, que aisló el virus del SIDA, o concibió un submarino. Estos descubrimientos generalmente quedaron confinados dentro de los límites de los laboratorios, mientras que la propiedad legal no fuese establecida. Los lugares-comunes a los que aludo se refieren a una intuición en relación con lo inextricable del mundo y de los infinitos estados que de ello derivan. Intuición universalmente reconocida y difundida, pero fundamentalmente experimentada, y que se extiende y aparece por todas partes, que implica - ante todo - una poética del mundo, y que tiene infinitas maneras de expresarse.

12 - Y sinembargo, tratándose de las obras del imaginario, jamás podríamos concebir una "literatura universal", que fuese indistintamente válida para todos, según la antigua acepción de esta expresión. Se trataría, ya sea de una literatura abstracta y sin contenido, por el hecho de haberse separado de todo mantillo, de toda particularidad, (es decir: por haber querido desafiar la presencia de todas las fructíferas intimidades y de los terribles combates y antagonismos de los lugares y de las especies, en su totalidad) o, por el contrario, se trataría de una literatura sumamente particular, que se habría arrogado la condición de "universal" y se habría declarado válida para todos, confiriéndole a sus propios métodos una dimensión generalizadora que impondría su "valor" sobre las demás formas de expresión de las humanidades.

13 - Inicialmente, el universal es una sublimación del particular. Es así como se presenta en la mayoría de los valores de las culturas occidentales. Por ejemplo: la dignidad humana, la función fundadora de la familia retransmitiendo la del clan, la superioridad del libre albedrío, el difícil ideal de la democracia - que tienden a generalizarse en el mundo, "a universalizarse" justamente, por lo menos allí donde las condiciones económicas y sociales lo permiten. Pero las literaturas, que tratan acerca del mundo, no podrían limitarse a ser series de ilustraciones de estas tendencias o particularidades, que se habrían generalizado o sublimado: las literaturas no fluyen de manera uniforme, ni de manera consecutiva; ellas provienen de rupturas, de inspiraciones burbujeantes, de conflictos e invenciones totalmente imprevisibles, y en primer lugar en las lenguas que emplean. El mundo, que se convierte en Todo-mundo, que intuyó su propia totalidad realizada, tan tupida e impredecible, es, por este mismo hecho, el mayor objetivo de dichas literaturas. De esta manera, la inaudita complejidad de los múltiples sistemas de valores particulares que pueden tener "alcances universales", el carácter inextricable de sus paralelos en el gran escenario del mundo, hacen que hoy en día las literaturas que aún llamamos nacionales, (denominación que a menudo apoya y reclama la denominación "universal"), tiendan a su vez - contrariamente a lo que hubiera podido significar la calificación "universal" - hacia una emoción de tal complejidad, que añaden a su carácter imprevisible. Podríamos decir que esta es la principal característica de una Poética de la Relación.

14 - Lo inextricable del mundo constituye lo inextricable de las actuales literaturas que tratan, de esta forma, de alejarse de las transparencias caducas aunque siempre dominantes de la nación y de lo universal. Pero nadie entiende por ello que la dimensión de la nación sea caduca. Su agregación es siempre indispensable para que las distintas colectividades humanas frecuenten los lugares en los que habitan y los paisajes que suscitan día tras día, y para conectarlos con otros lugares y otros paisajes del mundo: lo que ha caducado es una perspectiva tradicional según la cual mi manera de ser en mi espacio sería la única universalmente válida; es decir que mi frecuentación del mundo sólo podría tener lugar gracias a ella y sólo por ella.

15 - Contrariamente a estos encierros, la Relación se entiende aquí como la cantidad que resulta de todas las diferencias del mundo, sin que se pueda excluir una sola. No se trata de elevación sino de completud. Su principio sería que se extiende sin fin, hasta la cuantificación absoluta de la totalidad de las diferencias, y que no encuentra justificación en ninguna sublimación, sino que existe absolutamente en esta misma totalidad. Una literatura de la Relación no podría ser "universal", a pesar de nuestro deseo oculto, sino más bien procesal: sólo tiene lugar cuando cambiamos con el Todo-mundo que, para nosotros, cambia siempre y permanece.

16 - Si, de esta forma, la acción colonizadora de Occidente - descubrimiento y conquista - permitió y facilitó tan evidentemente la adhesión del Todo-mundo, podemos concluir que ella también es - en parte - fuente de la aparición de las literaturas de la Relación. Pero las descolonizaciones crearon otras divergencias coincidentes con estas literaturas, todas ellas fractales antes que convergentes, combatiendo las ideas triunfalistas de lo Uno y de lo mismo, que presidieron estas colonizaciones, e impusieron la conciencia y la realidad de lo distinto, difractado, múltiple y prácticamente incalculable, conciencia y realidad que son inseparables de la convulsión de las artes y de la aparición de nuevos estilos de pensamiento, que traté de abordar. He aquí algunos de ellos.

17 - El pensamiento-archipiélago, pensamiento del ensayo, de la tentación intuitiva, que se podría adosar a pensamientos continentales que serían sobre todo pensamientos de sistema. A través del pensamiento continental, aún vemos el mundo en bloque, en grueso, o como un chorro, como una especie de síntesis imponente, tal como cuando observamos sucesivas tomas aéreas de vistas generales de los contornos de los paisajes y de los relieves. A través del pensamiento-archipiélago, podemos conocer indudablemente las más pequeñas piedras de río e imaginar los huecos de agua que éstas cubren, dónde aún se albergan los cangrejos de agua dulce.

18 - La fórmula "actúa en tu lugar, piensa con el mundo" hoy se ha generalizado. La encontramos sobre los muros de las más grandes ciudades tanto como en los rastros de los pueblos más abandonados, con esta notable prescripción, no la de pensar en el mundo - con lo que se podría reinventar la idea de la conquista y de la soberanía - sino la de pensar con el mundo, a partir de lo cual florecen todo tipo de relaciones y de equivalencias. Ante todo, el lugar es inevitable, porque nadie vive suspendido o diluido en el aire, y también porque jamás puedo darle la vuelta entera a mi lugar, contenerlo, rodearlo, es decir, encerrarlo. El imaginario de mi lugar se conecta con la realidad de todos los lugares del mundo. El archipiélago es la imagen de donde surge este imaginario: el esquema de la pertenencia y de la relación, al mismo tiempo. El archipiélago está difractado. Forzaremos la expresión para decir junto con los expertos de las ciencias del caos, que es fractal, indispensable en su posible totalidad, frágil o eventual en su unidad: es un estado de mundo. Es un estado de mundo, porque actualmente el mundo hace parte del conocimiento y de la estremecedora intuición de los archipiélagos, antaño ignorados.

19 - Los archipiélagos están en el principio o antes de los continentes. El archipiélago del Caribe es el prólogo de las Américas, y recordamos que, por esta misma razón, en el siglo XVI al mar del Caribe se le denominaba mar del Perú. Allí donde el pensamiento-archipiélago mantiene lo diverso del mundo, el pensamiento continental impone una unicidad que generalmente es vehiculada por los pensamientos de sistema, que rápidamente se organizan en sistemas de pensamiento. Las suntuosas invenciones de los pensamientos continentales acompañaron a través de la fuerza - y quizá también a través de la gracia de sus sistematizaciones - a los apresuramientos y conquistas que impusieron las normas en el mundo. Contra estas imposiciones, los métodos-archipiélago desarrollaron otros conjuntos no sistemáticos de pensamiento, algunos de los cuales he podido mencionar o adivinar.

20 - El pensamiento del temblor, adjudicado a las vibraciones y a los sismos del mundo, a las cataclísmicas modalidades de contacto entre las sensibilidades y las intuiciones, y que quizá nos permite conocer lo inextricable sin desconcertarnos. Entre el temblor y el pensamiento del temblor está toda la fragilidad que refuerza a veces un sistema errático que no otorga principios ni finales sino una sinuosidad infinita. Lo sinuoso permite evitar las rigideces de las situaciones. El pensamiento del temblor nos aleja de las certezas arraigadas. Suponemos que inspira, por ejemplo, a una parte de las ciencias contemporáneas, a las que se ha denominado ciencias del caos, que desconfían del pensamiento de lo universal y desconocen la linealidad imperativa. Podríamos decir que dichas ciencias del caos tienen características archipelágicas. Pero el archipiélago sólo es caótico, si por caótico aludimos a su aspecto imprevisible.

21 - El nuevo pensamiento de las fronteras, como ha sido en adelante lo inesperado que distingue entre realidades para conectarlas de mejor modo, y ya no un imposible con el que se diferenciaría a las prohibiciones para separarlas de mejor modo. Ahora, la idea de frontera nos ayuda a apreciar el sabor de los diferentes cuando se colocan unos al lado de los otros. Atravesar la frontera significaría conectar libremente una vivacidad de lo real con otra. Conocemos así una geografía inédita de los paisajes, así también como sabemos que éstos ya no figuran más para nosotros como simples decorados consentidores o como simples e indistintos jarrones, sino como verdaderos personajes que intervienen en el drama de nuestras relaciones con el otro. Las fronteras entre los lugares que se constituyeron en archipiélagos no tienen muros sino pasajes, pases, en los que circulan los pensamientos del mundo.

22 - El pensamiento errático, que no es el pensamiento de la dispersión sino aquel de nuestras adhesiones no anticipadas, a través del que emigramos de los absolutos del Ser hacia las variaciones de la Relación. Lo errático no es la exploración - colonial o no colonial - ni el abandonarse ante errores. Puede ser inmóvil y a la vez puede transportar. Gracias al pensamiento errático podemos rechazar los arraigos intransigentes, las únicas raíces que, por lo demás, matan en su entorno: el pensamiento errático es aquel de los arraigos solidarios y de las raíces en rizoma. Contra las enfermedades de la identidad-raíz única, es el conductor infinito de la identidad-relación. El Ser se estremece por nosotros, como Ser-como-siendo. Debemos acostumbrarnos a la idea que el absoluto del Ser es continental, que las variaciones de la Relación comienzan con los archipiélagos, y que el conocimiento es errante, que va literalmente de un sitio a otro y que ello lo refuerza.

23 - La criollización, como lo inextricable de la relación entre las culturas, con tantas e inesperadas prolongaciones. Sabemos que la criollización no es la simple hibridación, el melting-pot, la mecánica de los multiculturalismos. Hay una alquimia viva de la criollización que supera los mestizajes, aunque a menudo los recorre. En la criollización ninguno de sus componentes se diluye en otros que hubieran podido erigirse como más poderosos y agresivos. La criollización no es una mezcla informe en la que cada cual podría perderse, sino una consecuencia de asombrosos - y sobre todo imprevisibles - resultados, cuya máxima no imperativa se resumiría de esta manera: "Puedo cambiar intercambiando con el otro, sin por ello perderme o desnaturalizarme"

24 - El pensamiento de lo imprevisible (Heráclito vio lo imprevisible, así como Demócrito vio el átomo), al que debemos acostumbrarnos para poder diferenciar lo imprevisible del desorden inoperante y lograr escapar de la estupefacción paralizante que nos sorprende durante las pandemias y los sobresaltos del Caos-mundo. Frecuentar en todo momento el pensamiento de lo imprevisible es ser capaz de escapar de la súbita convulsión que lo imprevisible del mundo levanta en nosotros, y ser capaz de acomodar una continua posibilidad de la acción humana durante sus irrupciones. La ingeniería genética de los organismos incluye y utiliza lo imprevisible.

25 - En el otro extremo del espectro de estas intuiciones, el pensamiento de la opacidad del mundo como revelador de su luz implícita. La opacidad no se define, ni se comenta. Pero, exigir para todos el derecho a la opacidad, es renunciar a circunscribir las verdades del mundo a la única medida de una sola transparencia, de una sola iluminación, que serían las mías y que yo impondría. La parte de opacidad negociada entre el otro y yo mismo, mutuamente consentida, garantiza su libertad y confirma mi libre albedrío, en una relación de puro compartir. ¿A decir verdad, no es acaso en el juego variable de los archipiélagos donde toda relación prospera?

26 - La Relación, por ende, a la cual es necesario regresar al final de esta lista, como al esplendor que a la vez enlaza, releva y relata.

27 - En la Relación, lo que enlaza es - en primer lugar - la serie de contactos entre las diferencias, que vienen al encuentro unas con otras. Las raíces viajeras (los rizomas) de las ideas, identidades, intuiciones, toman el relevo. Es allí donde se revelan los lugares-comunes que compartimos. Las poéticas informan: no cuentan nada, dicen. La Relación se refuerza cuando ésta se dice. Lo que relata no es una historia sino un estado del mundo, un estado de mundo. Imaginé que la belleza se ubicaba en la conjunción de tantas conmociones, y que lo que denominamos estética es, ante todo, la lección no normativa.

28 - Con ello nos percatamos que la Relación no tiene moral. Ella crea poéticas y genera magnetismos entre los diferentes. Por primera vez en su historia, las humanidades están solas ante esta terrible presencia: tener que suscitar ellas mismas sus éticas, y más sencillamente sus morales, sin el buen recurso de conducirlas en primer lugar - o de poder deducirlas - a partir de baremos de historias que estas mismas humanidades se contarían o de ficciones que construirían en torno a sus concepciones sistemáticas del mundo o de la naturaleza humana; y ello, precisamente, con la finalidad de encaminar o de legitimar estas éticas o, a cada día, a estas morales. La Relación no infiere ninguna de nuestras morales. Somos nosotros quienes debemos inscribirlas, haciendo un esfuerzo terriblemente autónomo de la conciencia y de nuestro imaginario del mundo. La conducta moral ya no se regula a partir de las historias que nosotros nos contamos, emana directamente de la estética del mundo en el que vivimos juntos y directamente. De este modo, la estética autónoma infiere una ética, ayuda a definir toda conducta moral, por un lado, y, de otro lado, permite dar forma a los acabados del arte, a estos marcadores y a estos testigos de los entramados del mundo, sin que las dos inferencias se deduzcan, ni se recomienden una a otra.

29 - Tal soledad esencial, puesto que se trata de la expresión estética o de la elección ética, señala la responsabilidad de cada comunidad, pero también - y ante todo - la de cada individuo, en la totalidad-mundo. Cuanto más se revela y actúa la Relación, y se amplía hasta considerar a todas las diferencias del mundo, tanto más se libera el espacio del individuo. Tanto más se ve obligado por su libertad. En el caso de colectividades que tuvieron que sufrir los avatares paralizantes de las colonizaciones y descolonizaciones, y en particular las perturbaciones de la memoria histórica, desvirtuada o borrada, la relación de la persona con la colectividad se muestra especialmente compleja y a menudo indescifrable. Es por ello, por ejemplo, que en esos casos la biografía personal, la biografía del individuo o la del poeta, se confunden o se pierden, o se encuentran, en la biografía pendiente de tal colectividad dominada. Es decir que esta biografía personal se puede ubicar en una historia colectiva que debe reconstituirse o recuperarse; ergo, en una historia que requeriría ser concebida de una manera absolutamente nueva en relación con el convenio occidental - que nosotros llamaríamos continental - de la historia considerada como género. La visión sistémica de la Historia (con H mayúscula) dio lugar a una reconstrucción archipelágica de las presencias de los pueblos del mundo de sus historias en adelante conjuntas, que se esclarecen unas a otras y que no podrían constituir un género, porque constituyen una diversidad.

30 - Pero generalmente somos bastante ciegos ante estos nuevos datos del mundo. Confundimos aún la belleza, lugar-común de los encuentros de las diferencias del mundo con el espectáculo de la belleza, que constituye su fijación, pero que es una fijación generalmente desreglamentada por nuestras turbaciones o nuestras ebriedades, en el arrebato de este mismo mundo, de su velocidad, de sus rupturas imparables, de sus inocentes brutalidades. Tal desajuste no indicaría una falta o una imperfección si de ello no hiciéramos un hábito, y si pudiéramos escapar de las mecanizaciones de dichas violencias.

31 - Aún seguimos confundiendo también la labor de las literaturas con los placeres de los relatos o con los disfrutes de la ficción, que constituyen tan sólo los alrededores acogedores y a veces engañosos. Nos contamos historias para ahorrarnos la difícil adivinación del mundo. Me parece que, hoy en día, esta adivinación comienza por la alianza no discriminatoria de los continentes y archipiélagos, en sus poéticas desde ya complementarias.

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