Festival Internacional de Poesía de Medellín

Arte Poética
(Seis ángulos para la estrella de la poesía)




Por Argemiro Menco Mendoza

Poesía (ποίησις), poder que crea la luz y el arte del enigma. Poeta (ποιητής) es el ardor que escribe y gesta. Poesía es la pulsión más humana y más sobrenatural que el poeta siembra como semilla en el poema (ποίημα). Discurso, hilvanación, artificio de realidad imaginaria. Revelación del caos y universo donde germina la libertad y laten las turbinas de los sueños. Se la percibe en el éxtasis, en la polaridad de lo sublime, en su levedad de belleza y pesadez de esperpento, en su acritud y perfume de floración. He aquí estatutos alados de alquimia pública, física, biología, intuición, azar y síntesis, al servicio de la felicidad, la conciencia, el encanto y el asombro: hay mezclas de verbos con substantivos melodiosos que pueden precipitar la guerra y fraguar la paz. Esencias de aguas filtradas con adjetivos agrios y olorosos; condensación que enlaza presagios; sublimaciones: un mendrugo de amor se fuga del horno, al vapor. El odio se transmuta en palabración que oscurece, y viceversa: del vil metal puede surgir un animal muy noble, decantado; rayos activos de palabras reactivas, inflamables. Existen palabras apagadas porque son alérgicas a vivir en unidad. Hay palabras de alta y baja entropía. Compuestos cósmicos, sonidos elefantiásicos y sílabas angelicales; fusiones de silencios que rugen y gritos que arrullan… El silencio vertebra los sonidos; es una instancia sígnica. El silencio convoca y seduce la inminencia de la palabra; el silencio poético es inmanente a una quinta dimensión donde pintamos la imagen, los significados, los sentidos. Hay palabras que sueltan gases semanticidas, homicidas, lacrimógenos e hilarantes. Las palabras son organismos que nacen, crecen se reproducen y mueren (o las asesinan, o se matan entre sí); y palabras que, enamoradas de la vida, resucitan. Hay palabras que nos clavan aguijones (dispositivos de materia, soledad y compañía, o circunstancias de modo, lugar y tiempo para dejarnos bajo tierra). Por el contrario, hay palabras –como la voz de Dios o la de todo un pueblo– que, al unísono, exclaman: “Lázaro, César, no te mueras, quédate hermano”. Y el cadáver se incorpora, se echa a caminar y hace el camino. (Palabras que nos resucitan los deseos, gracias al poder del Verbum-Pueblo-Profeta quien les infunde una nueva virtud de conjuro. 

Poesía –más allá del lenguaje y de la lengua–, es el Logos que canta a las diásporas de una familia violentada en sus orígenes. Decir “adiós” es invocar al aire de la ausencia; lirismos que alumbran la boca de Adelaida a través de cristales, el baile de sus muslos, y lo volátil del ensueño. Espejo de antihéroes y desvaríos. La creación incorpora paraísos, asume rebeldías y desarraigos, asilos y exilios, ostracismos y aguas de naufragios. Esculpir es escribir, sangrar por la herida y expresar la chispa del misterio y los colores del desequilibrio. Fantasear y luego descifrar las incógnitas de la ecuación: un dolor es igual (=) al dolor incógnito y a la muerte de un hermano y de sus lágrimas.

Poesía, derecho de evasión y deber de compromiso con la vida. Refugio de miedos milenarios; dentera fría y júbilos de una oración en el olvido, para la cual no hay escapatoria. Hoy y siempre, el poder de la Poesía: festejo, llenura, liberación, restauración, sanación y lucidez: un tiempo sugestivo que nos colma los vacíos. La otra voz, otra cadencia: la primavera es un taller de orfebrería. Poesía, una estación de tres reinos. Las tres manos del orfebre tejen las flores espirituales, orlan el cutre y nace el milagro.

Poesía, espada milagrosa. Su autoridad, un filo triplicado. Un ritmo interior de magia espiritual. Vibración, orgasmo creativo de la palabra que ilumina y que transforma. Su luz de piel trigueña, ternura que erotiza los sentidos y nos extrae del abismo, ése que quiere aplastarnosla cordura de homo ludem. El homo demen dibuja un bosque que camina en un globo preñado de luciérnagas. Allá las criaturas son ríos de apariciones y música que danza: la batuta del sol descifra el pentagrama secreto de El Altísimo. Allá, un mar de palabras, el iris disuelto, un dios azul, caído, y su sangre son olas de agonía. La tierra pronuncia un lenguaje de ímpetu, un diastrofismo puro que edifica montañas de libertad. La poesía, cuando se unge de harapos, los dictadores le criminalizan la dignidad de sus armamentos y ornamentos: vivir la utopía ataviados del Signo de los signos y jurar por los frutos de sus sueños.

Poesía, el octavo color, novedad en el prisma, nicho de brasas, llamarada. Su fuego nos eleva los sentimientos hacia el infinito. El infinito limita con las vísceras del hambre. Fuego que restituye la vida, a partir de la ceniza. Aunque se asome risueña al paladar de nuestro olfato, su cuerpo de sílabas seguirá siendo inasible, y su huella…una urdimbre inefable en la conciencia. Mañana será un día de realidades imaginadas.

Poesía, preexistencia, relieve fecundo; son los semblantes proteicos de la palabra, profundo el surco de la memoria. ¿Cómo despertar el alma que habita en cada cosa; cómo tocar y recrear lo creado; cómo seguir el rumbo de toda metamorfosis, y el curso del efecto mariposa cuando aletea un susurro articulado sobre la página en blanco? La consumación es el poema, el pequeño perímetro de ars verba,la piedra fértil, el esplendor de la epifanía. El poema es el cáliz sacrificial donde el poeta derrama el sudor de su aliento y sublima la eternidad. El poeta destila… y su vino eternizado es un divinal alumbramiento. Su letra impresa sobre el mármol y en el corazón del hombre satisface su sed, sed del elixir de la larga vida. Vida para resistir ante el cañón teledirigido, o defendernos de las balas esquizofrénicas. La pluma dorada vierte el vino del canto ejercitado en las palpitaciones del infolio. La palabra en vilo. El poeta al desnudo, el poema sangrante. Oh, la inmortalidad. El vasto anhelo pulido por el hombre, la humildad de un libro, sus bellas letras y lo que cuesta vivir en ese reino.

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