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La poesía, el poeta, el poema

La poesía, el poeta, el poema



Por Jairo Guzmán
Especial para Prometeo

 

La poesía


“La poesía consiste en apretar el sol
hasta convertirlo en una magnolia”

Pablo de Rokha

La poesía es el habla de lo no manifiesto. Es el instrumento de comunicación de aquello que está inmerso en el enigma. Diríase que la poesía es lo que sale a flote de las profundidades del ser, que son las profundidades insondables de un océano oscuro. En ese océano late el origen y la voz es una brotación de ese latido. La voz es la canción primera, el fundamento o principio del poema. El poema es la partitura del principio que al ser modulado despierta su poesía.

La poesía es nuestra heredad, la esencia del ser, su magia primordial. Sin sus luchas por ascender al sol, el hombre y su horizonte perecerían en la densidad celeste.

El ser humano y su orfandad gestan el canto que hace posible transitar los escenarios de este sueño en expansión, a través del vacío de lo real.

El mundo objetual es poesía que el ser ha construido cantando. Se canta para que el miedo huya y el niño duerma, mientras son despertadas las potencias concurrentes que hacen visible y representable el misterio que somos.

Al entrar en la esfera de lo histórico, el ser perdió la memoria de ciertas cosas que sólo son recuperables por las fuerzas desencadenantes de la poesía, con las que el mito crea un lenguaje en el que canta el origen y se resguardan los más remotos saberes, por cuyos dones el ser mantiene su lucha ante la adversidad a la que ha estado enfrentado en un extraño devenir de su conciencia.

El ser humano no vino al mundo: el mundo es mundo gracias a su sueño. El mundo le preocupa porque es el hijo primogénito de la vasta red de sus sueños , de sus temores y de sus delirios.

Los poemas son cápsulas donde gravitan nuestros sueños más ancestrales.

Se preguntará: ¿Por qué esta insistencia en la poesía? ¿Por qué hacer multitudinaria una conciencia de lo poético? ¿Cómo es eso de vivir poéticamente en el mundo? ¿Signo de qué es el hecho de que resurjan, en el mundo, Festivales de poesía?

Todo este resurgimiento obedece a una antigua lucha, a una confrontación más que atávica, entre los poderes ocultos y manifiestos en el ser humano. Se podrá entender, se podrá visualizar, a través del Festival Internacional de Poesía de Medellín, que la poesía no es asunto de “espíritus selectos”, como se ha pretendido hacer creer desde ese tiempo en que el racionalismo y la ciencia se erigieron como nuevos dioses, de una cultura fundada en la “finesse” cartesiana y en las imposturas del despotismo ilustrado. Quedó así, en manos de algunos “elegidos” por el nuevo poder, una noción totalmente  desvirtuadora de las potencias reales de la poesía.

 

El poeta

“La humanidad entera es un poeta que escribe
las excentricas proposiciones de su destino”
Wallace Stevens.

El poeta es un pararrayos.

Los nuevos estados capitalistas fueron erigidos por una alta traición a las potencias luminosas de la poesía. Esta traición continúa y consiste en desvitalizarla a través de su tergiversación, desde ese tiempo en que los auténticos  poetas fueron relegados al escarnio público, como una forma de minimizar sus alcances en la sociedad. Se hizo una propaganda negativa contra los verdaderos poetas y se situaron falsos poetas en el escenario de una cultura construida para el vasallaje, el coloniaje, la sobre-explotación y la esclavitud.

Fueron muchos los poetas que pagaron con su cuerpo, con su mente, en cuotas de dolor y sacrificio, su insistencia, su resistencia, en la poesía. Fueron esos poetas los que, con su actitud, dejaron constancia de esa antigua lucha, cuyos alcances los experimentamos en un tiempo  que posibilita ver el fracaso de una ciencia basada en el dolor y la opresión. De ahí que, en este tiempo, brote, casi que naturalmente, la manifestación de la poesía, a través de los poemas y de los poetas quienes han aprendido a vivir de las fuentes nutricias del silencio, para poderle retornar al mundo el canto, la sustancia primordial de un sueño en movimiento, por la fuerza motora de nuestro deseo.

En esta perspectiva, nos encontramos para reafirmar el hecho de que el ser humano lo es porque vive poéticamete en el mundo y este acto es signo de las fuerzas renovadas del ser, que nos atraviesan y nos preparan para las contiendas fundamentales en las que está en juego la permanencia de la especie, luego de haber rectificado el rumbo de su viaje por la existencia.

 

El poema

 

“El poema es el amor realizado del deseo
que permanece deseo”
René Char

 

El poema es un ser múltiple, es la conjunción de esas complejidades que son el autor, el lector y el texto escrito que , cuando es escuchado al ser leído en voz alta, se vuelve plural. Se transforma y transforma, al mismo tiempo, el campo de acción de la mente. Desde antes de la historia, la esencia del poema es su sonido, al cantarse o decirse en voz alta. Porque el poema es un hablar (es un decir)
que se luce en la punta de la lengua y brota para el oído desde un lugar incógnito.

La aparición del poema en el espacio sonoro de los que escuchan, ejerce el poder de la poesía. La poesía, el deseo, posibilita el súbito que hace evidente al poema.
El poema arde en la voz. De su ignición, en el oído del otro, está hecha la poesía.

Hablar con otro, es poetizar. Hablar es cantar que es un decir: poesía. Decir el poema es practicar el ser que somos. Decir el poema es continuar con la misión órfica. Es mantener vivo el himno que la vida es en cada uno de nosotros.

Cuando el poema es escuchado, se construye un habla esencial, se entra a la zona de las fuerzas magnéticas de la imaginación. Se alimenta el eros de la tribu para conjurar la muerte y su carruaje de huesos.

Celebrar con ofrendas poéticas ha sido un gesto de la humanidad ante lo desconocido, ante las fuerzas de lo ignoto que hablan mediante la revelación.
Es el mundo revelado el lugar que merecemos y por el que el poeta se reafirma y por el cual vive. 

Ante este panorama, el del mundo revelado,  nada más oportuno que invocar el poder visionario y onírico, como certeza de la humanidad, condensados en el siguiente poema de Wallace Stevens (parte VII de su poema “Mañana de domingo”) :

 

    Ágil y turbulento, un círculo de hombres
    Cantará orgiástico una mañana de verano
    Su borrascosa devoción al sol,
    No como un dios, sino como podría ser un dios,
    Desnudo entre ellos, como fuente salvaje.
    Su canto habrá de ser canto de paraíso,
    Salido de su sangre, de regreso al cielo;
    y entrarán en su canto con cada una de las voces
    El lago ventoso donde goza el señor,
    Árboles como serafines y colinas con ecos
    Que reverberan en coro hasta mucho después.
    Ellos conocerán la amistad celestial
    De los hombres que mueren y de la mañana de estío.
    Y el rocío sobre sus pies será el que muestre
    De dónde vienen y hacia dónde van.

Última actualización: 04/07/2018