Festival Internacional de Poesía de Medellín

 

 

Dos voces de la poesía de Nigeria: Soyinka y Ofeimun

Por María Antonieta Florez
Afrol News

La poesía de Wole Soyinka (Nobel de Literatura, 1986), al igual que la de Ofeimun, son un territorio para denunciar la injusticia, el racismo, la dictadura, el poder y para reafirmar la pertenencia a una colectividad con su consecuente arraigo y desarraigo en constante diálogo.

El arte africano contemporáneo está marcado por las tensiones y conflictos existentes entre la viva cultura autóctona de cada etnia o tribu y la impuesta por los colonizadores. La fragmentación y la unificación conviven tensa, frágil e inevitablemente como principio sustancial en cada nación del África Negra. Esto es ineludible para el creador y tal vez en su quehacer se hacen más evidentes las contradicciones que implican una determinación exterior de este tipo. La violencia sistemática que ha sufrido la región ha marcado la interioridad, la mirada del artista y el poeta. Sin embargo, se conserva con mayor fuerza el sentido sagrado de la palabra, su carácter colectivo, la fuerza transformadora y vivificante del poema. Las condiciones existenciales se concretan en una poesía del compromiso, de lo colectivo, de la lucha y de la esperanza.

El tránsito de región colonizada a nación democrática, el paso por una Guerra Civil (1966-70) y por dictaduras militares, han marcado los procesos creativos de Nigeria. Su poesía responde a estas circunstancias exteriores, pero no se reduce a ellas. Más allá de lo político, la protesta y la indignación ante el sufrimiento humano y desde la conciencia de la voz colectiva, el individuo y su interioridad no están borrados, se manifiestan entretejidos a los hechos externos que los han determinado. La voz del individuo ha surgido como producto de un proceso de liberación para la construcción de la actual nación y es producto, también, de la conquista y apropiación del lenguaje colonizador. Nigeria es la tercera región con más hablantes de inglés, lengua oficial de la nación.

Igualmente, la interioridad del poeta se manifiesta en conexión con la mitología africana, imaginería madre en esta poesía, pero actualmente son más los poetas que reconocen y aceptan la unión indisoluble del mundo de sus ancestros, con el Islam, el cristianismo y el mundo grecolatino. Estas grandes tensiones enriquecen más el discurso poético desde el desgarramiento que producen. Es decir, la poesía nigeriana contemporánea está cruzada por los conflictos de un mundo multicultural unido políticamente y en tensa convivencia. Las luchas étnicas, la pobreza y la violencia se entretejen con la mirada profética, constructiva, ascensional de sus poetas. Sus voces convocan a la unidad, pero no es una posición ingenua y ante lo real convocado en la palabra, no dejan de establecer la distancia que marca la ironía.

En Nigeria, según los estudiosos, coexisten tres generaciones de poetas vivos y cada una responde a un momento significativo dentro de su historia. Las tres están signadas por el discurso de la protesta. Femi Folorunso señala a Wole Soyinka en la primera generación, en la segunda a Odia Ofeimun y Niyi Osundare, en la tercera a Harry Garuba, Afam Akeh, Sesan Ajayi. Por supuesto, en trabajos breves, muchos nombres quedan sin mencionar.

El poeta nigeriano Tanure Ojaide (1948) considera que se puede hablar de literatura africana contemporánea a partir de la década de 1970. Para él, Soyinka perteneciente a la primera generación de escritores nigerianos, es al mismo tiempo un poeta moderno y contemporáneo, y forma parte de la nueva poesía africana donde también se ubica él mismo junto a Ofeimun, Osundare y Chimalum Nwankwo. En el libro West African Poetry. A critical history (1986) de Robert Fraser se puede encontrar, desde una interpretación no reductiva, una lectura de la etapa postcolonial nigeriana donde señala períodos de límites borrosos, tal como es en la realidad. Entre 1957 y 1963 la universidad es un espacio fundamental para la poesía, la etapa previa a la Guerra Civil (1959-67) la denomina "camino a Indare" en clara referencia a un poemario de Soyinka. A la poesía de la guerra (1966-70) sigue la etapa de la disidencia (1970-80). (El vacío sobre la década de 1990 en el presente texto radica en la dificultad de acceder al material bibliográfico, aunque éste existe). Los poetas de la primera generación John Pepper Clark, Gabriel Okara y Christopher Okigbo quien en 1967 muere en la Guerra Civil, construyeron, junto con Soyinka, las bases de un decir demasiado reciente (la etapa postcolonial) que proviene de una tradición muy antigua. Por los momentos, sólo me detengo en dos poetas representativos de distinta generación, cuyas voces de alguna manera marcan una continuidad en el rumbo de la palabra.

Wole Soyinka (1935), Premio Nobel de 1986 y el primer africano y hombre negro en ser reconocido con el galardón, es más célebre como autor teatral, sin embargo su producción poética es significativa. Abarca: Idanre and Other Poems (1967), Poems from Prison (1969), A Shuttle in the Crypt (1972), Poems of Black Africa (1975), Ogun Abibiman (1976), Mandela's Earth and Other Poems (1988). Para él, el teatro es su medio expresivo por excelencia, pero hay ciertas experiencias cuyo impacto conducen a la poesía como un modo lógico de expresión.

Por esto, su discurso poético no se separa totalmente del teatral. Sus imágenes se sustentan en la mitología yoruba y en la griega, pero no se limita a este aspecto. Intimismo, protesta, lenguaje directo no exento de lirismo, para conformar una obra que desde el poema relata una vida y, al mismo tiempo, se enlaza con lo arquetipal. La mitología ha sido no sólo territorio para la elaboración artística de Soyinka, sino también ha sido terreno de reflexión. La presencia de Ogun, dios u orisha de la guerra, en su obra posee un carácter trascendental por su fuerte simbolismo. Otros dos aspectos esenciales conformadores de su visión son la experiencia de la prisión ("Fragmentos/no podemos tener, demorarnos") y la exigencia de la memoria ("Recuerda esto. Y recuerda España-Guernica/Recuerda los sueños que partirán agrios,... ").

Odia Ofeimun (1950) ha publicado The Poet Lied y A Handle for the flutist y después de un silencio editorial de más de veinte años: Dreams at Work and other poems (2000), A Feast of Return/Under African Skies (2000), London Letter and other poems (2000). La causa de este silencio se puede encontrar en el largo período de las dictaduras de Babangida y Sanni Abacha, y su ruptura coincide con el retorno de la democracia a Nigeria. Ofeimun ha optado por permanecer en Lagos y ejercer desde su misma tierra el activismo y la crítica al sistema. Por el contrario, Soyinka muestra igual actitud desde el autoexilio, sin dejar de hacerse presente en ciertos eventos y en la prensa de su país, pues no ha roto con sus raíces ni con su tierra. Elecciones de vida distintas y, sin embargo, conducen a un compromiso existencial, político y cultural que converge en la misma lucha.

El discurso poético de Odia Ofeimun, de largo aliento, está marcado por la urgencia de decir y denunciar, pero esta urgencia no anula lo fundamental: el lirismo de lo directo. Esta concepción no se concreta sólo en la temática radical y en la incorporación de la voz de lo cotidiano, sino también en la presencia de los tópicos universales de la infancia, el amor, la soledad y la muerte. Cuando emerge la imagen de los generales, símbolos del poder y la destrucción, sus poemas alcanzan los bordes de lo mítico y lo apocalíptico: "surgieron nueve perros que gruñían/y las vacas dejaron de dar leche/los cerdos se revolcaron/en pantano y petróleo".

Después de a A Handle for the flutist, su libro más popular ha sido A Feast of Return/Under African Skies. Este responde a una concepción totalizadora y pan-africana al reelaborar con visión contemporánea la mitología africana para cantar e invitar al regreso de los exiliados, ya que las dictaduras, las guerras intestinas y la represión produjeron una diáspora continental. Estos poemas fueron elaborados a comienzo de los años 90 para dos espectáculos con el Pan African Dance Ensamble en Londres. No sólo canto y música transitan esta poesía, también la danza, la cual aparece como tópico constante en distintos poetas africanos.

Los tres poemarios editados en el 2000, recogen significativamente la vivencia del exilado y del viajero. Londres surge como un paisaje donde se entreteje el sentir y el clamor por el lugar nativo, siempre reconquistado con la memoria. De esta manera conviven los tiempos y se elaboran como uno solo. El sueño es una presencia constante como vía para construir la realidad. En esta concepción, el sueño es la acción primera que conduce a la transformación de la realidad individual y colectiva, tanto política, social y cultural. No hay idealización sino necesidad de ideales para trabajar por la unión y el desarrollo.

La poesía de Wole Soyinka, al igual que la de Ofeimun, son un territorio para denunciar la injusticia, el racismo, la dictadura, el poder y para reafirmar la pertenencia a una colectividad con su consecuente arraigo y desarraigo en constante diálogo.

Tanto Soyinka como Ofeimun verbalizan una concepción del tiempo que ruptura las coordenadas occidentales. Es una concepción que signa la escritura del poema y la visión de mundo, y que revela la convivencia cotidiana con aquella realidad que escapa a los registros de la razón.

“El tiempo no es lineal, la muerte estructura las relaciones hacia la inmensidad del tiempo y del espacio. Puedo aceptar el concepto cíclico del tiempo, el mito del eterno retorno pero incluso así, aunque lo cíclico pueda hacernos parecer que nada cambia se trata de un ciclo simbólico, nunca nada vuelve a ser lo mismo, también en el concepto cíclico del tiempo hay cambio.” (María José Ragué, 1992, “Brecht, Artaud... Soyinka. Entrevista a Wole Soyinka”, Quimera, n. 112-113-114. Barcelona).

En esa concepción del tiempo que abarca a su complementario, el espacio, la muerte es una presencia ordenadora y determinante. Para Soyinka, el tiempo siempre implica transformación y no es lineal. Odia Ofeimun concibe un tiempo interior y sagrado donde las barreras temporales tal como se conciben racionalmente, se fracturan para que surja un solo y único tiempo.

“No está determinado por el movimiento del sol y de la luna. Está fundamentado en el concepto de la muerte y también de los ancestros que participan en el presente, por tanto mi concepción del tiempo tiene que ver con el propósito del artista de hacer posible la coexistencia del pasado, el presente y el futuro”. (“Para elaborar un diccionario poético”, El Colombiano, Medellín, 01-07-2000, p. 4-C).

Allí, en ese tiempo atemporal, la palabra de ambos poetas se concreta y actúa. Cuando se lee la afirmación de Robert Fraser: "Ofeimun es el Jeremías de la moderna Nigeria", que luego complementa con "La voz de Ofeimun es más el instrumento de una visión espiritual que la voz del hombre de letras de educación liberal." , se entiende lo que ya se presiente tanto en él como en Soyinka y en otros poetas, que ésta es una poesía iluminada por la tradición de la oralidad, del griot y que primordialmente se reconoce como voz que expresa el sentir colectivo por encima del sentir individual.Ambos creen en la identidad africana por encima de la nacional y en la nacional por encima de la étnica. Esto, en el caso de Soyinka desde la reafirmación de su condición yoruba y en el de Ofeimun, desde el silencio de su pertenencia étnica para favorecer y defender el concepto de unidad nacional. Ambos poetas han mantenido y mantienen una posición poética y ética comprometida con su realidad y circunstancia nacional.

La poesía de Nigeria se distingue por el registro que de su acaecer político-social ha hecho, registro doloroso y hermoso en la dureza de su sustancia. El poeta asume una misión colectiva ante su pueblo, no está encerrado en su intimidad, aunque no la abandona ni la niega en el poema. Responde a un compromiso nacional donde lo regional y lo universal se entretejen para una mayor trascendencia. De esta manera, es una poesía que nos revela cercanos desde un reflejo desgarrante.

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