Festival Internacional de Poesía de Medellín

Hugo Mujica

 

Por Martín López-Vega

"Soy el freak que fue a Woodstock", ha dicho de sí mismo alguna vez Hugo Mujica (Buenos Aires, 1942) ironizando sobre su biografía, rocambolesca pero no exenta de coherencia: en los 60 fue hippie en Nueva York, donde se mantenía lavando platos o vendiendo discos a la vez que pintaba (estudió Bellas Artes, pero también Filosofía, antropología filosófica y Teología) y experimentaba con drogas. Quizás, ha reconocido, fueron el camino para desarrollar su lado espiritual (también su interna relación con el gurú Satchidananda, a quien le había presentado Ginsberg). Después de aquello vinieron siete años repartidos entre tres monasterios de EE.UU., Argentina y Francia. El caso es que un día estaba en la cocina del monasterio preparando el té para la comunidad: anotó  lo que veía mientras se ponía el sol y surgió su primer poema. Después vinieron los libros de versos que se integran ahora, ligeramente revisados, en esta Poesía completa (1983-2004), además de varios volúmenes de una particular variante del ensayo no ajena a la propia creación poética, los más destacados de ellos La palabra inicial, Flecha en la niebla y Poéticas del vacío (en la editorial Trotta).

No hay grandes saltos en el devenir poético de Hugo Mujica: desde el inicial Brasa Blanca (1983) hasta Casi en silencio (2004, Pre-Textos) Mujica parece escribir un único libro sustentado en una concepción de la alteridad como método de autoindagación que no tiene nada de borgiana, pues en esta obra nada es juego literario, nunca se pierde el contacto estrecho con la realidad.

Evolución sin saltos

Los nombres que alumbran esta poesía son otros: San Juan de la Cruz, Paul Celan, María Zambrano. Suya es una frase que a Mujica le gusta especialmente y que bien podría servirle a modo de poética: "La poesía no se aleja del temblor de las hojas". No hay saltos en la obra de Mujica, pero una evolución que da forma a su voz y elimina cada vez más las esquirlas de lenguaje vanamente poético —a las que está expuesto cualquier principiante, por tardío que sea su inicio— hasta llegar a la plenitud de Noche Abierta (1999, Pre-Textos), Sed adentro (2001, Pre-Textos) y Casi en silencio, un libro en cierto modo, continuación y complemento del anterior.

Gusta Hugo Mujica de darle vueltas al lenguaje para descubrirle nuevos sentidos. El ejemplo que copio es de Sed adentro, quizás el mejor de sus libros y al que el propio autor se ha referido en alguna ocasión como "el más cálido, el más despojado": "Hay que osar lo abierto y la caída:/ el desierto de la sed / no la sed del desierto"; de abrir brechas en la realidad para señalar sendas nuevas: "Lo que busca con su bastón / el ciego es la luz, no el camino". Las referencias a la naturaleza son habituales en esta poesía que busca el sentido no amontonando referencias, sino desbrozando hasta llegar a lo esencial: "La lluvia", escribe, "no deja trazos, sólo pasa, / desnudando". 

Clásicos del zen

Leyendo estos poemas, queda claro que la experiencia del silencio ha sido mucho más determinante en la formación del poeta que los años de experimentación física e intelectual: a menudo algún poema, algún fragmento pueden recordarnos la obra de los grandes poetas de Oriente. Esta poesía no es ajena a la influencia de los clásicos del zen, pero es sólo una de las muchas fuentes de una poesía cuya forma de mirar es muy nueva. Un poeta japonés ve y describe la gota de rocío que se desliza en una hoja: Mujica escribe desde dentro de la gota de rocío, la comprende y nos da su sentimiento en forma de enseñanza sutil. Porque hable de lo que hable, siempre está desvelando asuntos del hombre, de sus incertidumbres y de un camino que no consiste en dejar atrás la duda, sino en comprenderla y aprender a convivir con ella.
Son varios los rasgos que hacen de su obra un referente ineludible de la actual poesía en lengua castellana. De un lado, su absoluta originalidad, basada, como no podía ser de otro modo, en la búsqueda interna y no en el exhibicionismo externo; de otro, su capacidad para reunir corrientes de pensamiento muy diferentes y que da un fruto puro y destilado, en absoluto pedante ni libresco, sino completamente vivo.

La poesía de Hugo Mujica es una poesía útil, sirve para lo que ha de servir la poesía: para ir componiendo poco a poco ese libro de instrucciones de la vida que no nos dan cuando nacemos.

 

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