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Fuera de tema

Por: Mohammed Bentalha

Comenzaré por decir que la poesía no tiene nada que ver con el orden sin importar de qué orden se trate: nuevo o viejo, local, regional o incluso mundial. De hecho, lo más urgente para la poesía es definir el vacío, en este caso, darle forma. Para esto, la idea de un abordaje algebraico de las palabras y las cosas, obviamente, no se excluye.

Sin embargo, ¿podrá ella dar cuenta siempre de los cuatro puntos cardinales del ser? En el fondo, esotérico o no, un poeta no está para contar sino para mostrar. En el camino, ¿cómo no comprender lo que se pierde y su doble? Y sin embargo, el punto de referencia a menudo es incierto. En últimas, antes del átomo fue el guiño de ojo.

Todavía es necesario caminar primero para que el camino tome forma. ¡Sí, justo eso! Desde los albores del tiempo el poeta y el desarraigado han sido el mismo. Incluso, la poesía no es sólo la morada del ser, ella es también su exilio, es decir, este bosque tropical al interior del cual se es, al mismo tiempo, la presa y el cazador, preferiblemente ciego.

Por fortuna, para tomar una siesta no es necesaria una escalera. Lo esencial es sobre todo estar allí, en el punto donde se cruzan los guiños de ojo. No está mal. Salvo porque aún la suerte no tiene buena memoria. Además, “el paso de los siglos” a menudo nos ha demostrado que los sueños verdaderos no solo pasan a través de la puerta de cuerno sino también a través de la puerta de marfil [1] al igual que la torre no era solo de Babel. En una palabra, es la falta y no la circunstancia la que produce la relación.

De ser necesario, nada impide, en estos tiempos, supramodernos para algunos, inframodernos para otros, medir la distancia que nos aleja permanentemente de la estrella inicial, allí donde el mundo se retrae y comienza el paraíso. ¡Ay! Toda estrella es fugaz. Todo paraíso está perdido. De algún modo, mejor que sea así. Además, ¿«Una temporada en el infierno» no era más que una buena marca de cervezas en su época? ¡Qué importa! Bebamos y elevemos luego nuestras copas por la salud de nuestros nietos, esos que aún no han nacido y que, justa o injustamente, cruzarán otro milenio, un tercer milenio. ¿Dónde acaso somos ya predecesores? ¿En qué futuro para nuestro boca a boca? ¿Qué lugar para su CNN?

Es cierto que, por correo electrónico se puede transmitir todo hoy en día. Casi todo, pero nunca los sueños. ¿Qué hacer entonces? ¿Fumar y rezar al mismo tiempo? ¿O, por el contrario, no creerse parte del espectáculo y apresurarse a pelear? Después de todo, falta saber quién tendrá la última palabra, ¿la olla de barro o la olla de hierro? ¿El hombre o su clon?

Vivimos solamente gracias a nuestras ilusiones. Razón de más para escapar de ellas, ¿qué mejor que una gran ilusión? De otro modo habría pasado de largo sobre ellas. Solo el peligro da la talla. Actualmente está bien planeado. Lo único que hace falta es un breve cortocircuito y ¡puf!, el texto que estábamos procesando ya no existe, de repente, de una vez y para siempre. ¡Qué pánico! En especial cuando el texto es –no sé por qué milagro– el poema decisivo.

¿Podemos aún ver con claridad? La respuesta es Sí, pero ¿cuál es la pregunta? Baste decir que el lugar más sombrío está siempre debajo de la lámpara. No exageramos. Hasta donde alcanzamos a ver, el lejano oeste no deja de avanzar sin descanso hasta nuestras rodillas, hasta las rodillas de todos. Observación: la tierra, nuestra aldea planetaria, se ha reducido. Tiene cada vez más la condición de un mercado, único y solitario, pero en el que la economía no debería, cuando menos, ser la del texto, digamos: la poética.

Habiendo ya tomado las precauciones, ¿puede ser acaso que la poesía sea esa que levanta y apunta con el dedo a menudo? Por ellos, porque ella ha sido siempre la pariente pobre de la familia; por ellos, peor aún, ella está agonizante.

El debate no terminará nunca. Sin embargo, ¿con qué rima todo esto? Especialmente porque todas las vocales no son del mismo color. La prueba, de una orilla a otra, ¿cuál de los poetas mediterráneos nació con casco [2] ? ¿Cuál no ha cometido en toda su vida un solo error de interferencia? En realidad, todo depende del sentido que se le atribuye, desde un comienzo, al “derecho a la diferencia”. Dicho de otro modo, aquí y allá, las obras poéticas de primera línea no faltan. El problema, sin embargo, es más delicado. En el estado actual de cosas, requiere la presencia de este famoso tándem en que los dos elementos constitutivos son: el centro y sus orillas.

A riesgo de ser demasiado simplista, tomemos este caso más o menos puntual: la poesía árabe contemporánea. Esta última, tras haber intentado, tras un envite de cincuenta años para romper el verso, ha pasado a intentar romper el sentido. Por momentos, el sol salía por el oeste. En algunos lugares se han tendido puentes, en otros se han derruido. En suma, lo hemos ensayado todo: verso libre, poema en prosa, escritura aforística, fragmentaria, caligrafismos, pictorialismos, etc.

Grosso modo, no estando ya a tiempo, o casi, para las vanguardias, especialmente tras la caída, entre otras cosas, del muro de Berlín. la poesía árabe ha comenzado a reconciliarse con ella misma, a buscarse. Esto no ha ocurrido sin discusión, así fuera solo por esos viejos fuelles que habitualmente llamamos focos de resistencia. A decir verdad, en ocasiones la novia era demasiado bella. Toco madera. De otro lado, la intertextualidad, a manera de ejemplo y tal y como ella ha sido concebida y practicada, no se ha negado nunca a ser, a un mismo tiempo, catalizador y punto de fuga, ya sea con respecto al Pasado o a lo Otro.

Baste decir que es el estado de alerta lo que constituye al poeta. Igualmente, que la poesía, por definición, no requiere de herencias ni de testamentos. Solo necesita ser ella misma, y a veces escapar de sí misma. Por lo demás, incluso día a día, a fuerza de zapear, uno termina con amebas. En poesía, del mismo modo, queriendo ser un buen ciudadano del mundo, no hemos podido ir más allá del texto. Los vientos han cambiado. También lo estatuido.

Resultado: nada de brazos, nada de chocolate. Dicho esto, para ocupar el frente del escenario, nos empujamos demasiado. Es más, nos matamos de un texto al otro. En consecuencia, cada poeta, cada agrupación de poetas considera su forma de dar “forma” a su texto como la mejor, como el summum. Mucho más que nunca. En estas condiciones, el intercambio de sal y pimienta es, a menudo, apenas un (pre)texto.

¡Cuidado con los anzuelos! Existe prueba para lo contrario. Sin embargo, en los albores del año 2000, el poema andrógino fue considerado como mejor augurio.

Aquí y ahora, la contraseña no es: esperar y ver. Por el contrario, lo importante será, sobre todo, (pre)ver: antes, durante y después. En este caso, visionar no lo real sino el constructo, la metáfora. Así, a falta de no (sa)-ver [3] de dónde viene, el poeta podría al menos adivinar a dónde va. Nada qué temer. En el peor de los casos, tiene consigo su lámpara de bolsillo: el sueño.

Sin embargo, incluso contra viento y marea, incluso negro, el sol brillará en varios lugares al mismo tiempo. Pues está visto que no vivimos como extranjeros en nuestros cuerpos.

 


[1] Alusión a la imagen poética de la mitología griega según la cual los sueños verdaderos, premonitorios, cruzan, para llegar a los mortales, la puerta de cuerno y, los sueños falsos, la puerta de marfil. (N. del T.)

[2] La expresión “naître coiffé”, “nacer con casco” refiere a la expresión latina Caput galeatum y a una extraña condición de nacimiento en la que la cabeza del bebé trae aún adherida a la cabeza una parte del saco amniótico que es removida de inmediato por el médico o la partera. La superstición según la cual nacer con casco es buen augurio para el bebé, ha perdurado desde la antigüedad en muchas culturas.

[3] Juego tipográfico-semántico en el original francés (sa) voir, lengua en la que el verbo ver (voir) hace parte del verbo saber (savoir). Vierto conservando el principal sentido resaltado, ver, que se perdería al traducir por “saber”. (N. del T.)


Mohammed Bentalha nació en Fez, Marruecos, en 1950. Es un poeta consagrado de la generación de los setenta, por su expresión poética post-modernista. Ha publicado los poemarios: El canto del cisne, 1989; Nube o piedra, 1990; Sodoma, 1992; Al reverso del agua, 2000; Ay si yo fuera ciego, 2002; Un poco más, 2007; Obra poética 1970-2010 (2013); Silbato en aquellas escaleras, 2013; Pierdo el cielo y gano la tierra, 2014; Visiones en la estación de cambrones seguido de: ¿Debajo de qué escalera pasaste?, 2015; Obra Completa 1970-2015, 2016; y Como un lobo solitario, 2019. Publicó también una biografía poética: El puente y el abismo, 2009. Fue homenajeado por su trayectoria poética varias veces tanto en Marruecos como fuera del país. Ha recibido premios por su trabajo poético de los que destacan: El Premio de la Unión Nacional de los Estudiantes de Marruecos, 1971, el Premio Internacional de la Ciudad de Fez del Libro, 2015, y El Premio Internacional de Poesía Argana, 2016. Es miembro fundador de la Casa de la Poesía en Marruecos, de la Liga de los Literatos de Marruecos y de la Red Universitaria Euro-Mediterránea para la Poesía en Estrasburgo. Fue también secretario general de la Unión de los Escritores de Marruecos.

-J'oublie et je bois. Poeme Mohammed Bentalha
-Poesía marroquí. Mohammed Bentalha Ebook

Publicado 09.11.2020

Última actualización: 02/12/2020