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Ética y estética: Algunas preguntas


Ética y estética: Algunas preguntas


El Festival Internacional de Poesía de Medellín ha tenido, y casi en eso está fincado su origen mismo, una honda preocupación por el destino de la poesía, por su sentido, su origen, su sueño, a quién está dirigida. Por supuesto, hemos tenido siempre una posición clara al respecto, y la estructura misma del Festival lo ejemplifica bastante bien, así como lo  ejemplifica el Proyecto Gulliver, dirigido a niños en alta condición de vulnerabilidad. Por otra parte, tanto lectores en general como nosotros en particular hemos estado siempre muy atentos a las obras de los poetas, pero no siempre a aquello que las gesta, a lo que sucede antes de la creación, a las preguntas, las dudas o las certezas que asisten al creador cuando emprende el reto de realizar una obra. Siguiendo en esa dirección, hemos pensado que algunas preguntas, y sus respuestas, nos ayudarían mucho para saber algo al respecto, y por qué no, quizás nos sirvan también para aumentar la calidad y complejidad de nuestras propias preguntas. Esta vez, hemos pensado en las relaciones entre ética y estética, y hemos formulado, a varios poetas, cuatro preguntas. Aquí algunas de las respuestas.

  1. Si juzgamos que una obra poética, para que lo sea, debe  ser - entre muchas otras cosas-rigurosamente individual, ¿podríamos también afirmar que no hay una poética sin que exista previamente una ética? Yendo un poco más lejos: ¿Es concebible una obra poética sin que ésta esté antecedida de una ética?

  2. En alguno de sus ensayos dijo Albert Camus que un hombre “debe ser víctima sus verdades”, esto es, debe actuar en consecuencia con sus propias convicciones, las cuales chocan con demasiada frecuencia con las verdades y los decálogos de cualquier moral. Al socializar su obra, al publicarla, el poeta confronta de manera directa esa moral, pero, al mismo tiempo, ¿no cree que el poeta, conscientemente o no, propone una nueva moral? 

  3. Si el poeta debe tener alguna fidelidad, un “deber ser”,  en su caso, ¿cuál es esa fidelidad: a la tradición, a sí mismo, a su pueblo, al porvenir, etc.? 

  4. Por último: ¿Cree usted posible la creación de una obra desligada de un sueño común con otros hombres?

Julio Mitjans (Cuba)  

Bueno esa aseveración cada día se hace más frágil, hace unos meses conocí a una mujer músico japonesa, ella es chelista, y me dice un día,  después de una lectura de poemas,  uds., los cubanos, son muy raros,  ya en el mundo no existe eso del poeta, de momento me sentí halagado, por aquello de que los cubanos permanecemos a pesar de los vientos;  entonces al paso de los días aquella conversación venía una y otra vez a mi memoria, hasta que comencé a cuestionarme cuánto de ético hay  en  insistir en un oficio que muchos ya no valoran ni ven, no les es necesario, pero inmediatamente me reconcilié conmigo mismo, la necesidad de escribir,  de estetizar el lenguaje cotidiano, es auténticamente mía, es una de mis maneras de relacionarme con la libertad,  porque mi capacidad de elegir es la única garantía del oficio, es mi huella, y cuando hablo de esto claro que digo y concuerdo en que la literatura también puede ser una dosis de exposición del escritor, esa zona de riesgo, en la que el lector percibe que algo íntimo le llega desde el sujeto lírico, algo único, irrepetible, eso también forma parte de la ética literaria, en mi caso.

Asumir una perspectiva ideológica, estética, es asumir un camino ético con el que uno tiene correspondencias, y actitudes que no negocia. No me gusta ser absoluto, más, sí creo que es necesaria una actitud ética;  desde el oficio literario no es posible hacerlo aislado de este universo tan politizado en el que vivimos, y la única respuesta efectiva ante la impunidad con que se menosprecia la sensibilidad humana es la respuesta ética. 

2- El oficio literario y sobre todo el de poeta es esencialmente solitario, el poeta trafica con vivencias, sentimientos, verdades que son sobre todo en el ámbito del texto literario, para ello vive el tormento de una mirada peculiar, de una sensibilidad  minuciosa, que no descansa, aunque no termine en el texto literario, esas son convicciones más acuciantes, y en ellas no hay nada de una nueva moral,  el poeta puede atisbar lo que vendrá, vislumbrar la luz de la otra edad, pero nunca podrá hacer de eso una norma, porque  eso es tarea de políticos y de gente con un poder diferente al del poeta,  difícilmente un poeta abandone  los predios de la sabiduría, su poder,  para establecer nuevas normas en la sociedad.

3-   La pregunta se abre a diferentes formas de ser fiel y yo pienso que el poeta debe tener una única fidelidad y esa es a su condición de ser humano en la medida en que sea consecuente con ella podrá asumir las demás fidelidades en mayor ó menor medida, siempre siendo un ser humano, no otra cosa.

4- Si el sueño común implica que mi capacidad de elegir no se vea afectada claro que tengo un sueño común, si no es así, ya entramos en terrenos dudosos, en el que la demagogia y al impunidad con que se perpetran los actos lesivos en detrimento del ser humano,  comienzan a fundar a propiciar una identificación de anhelos, necesidades, que no sueños; los sueños son resultado del acto de fomentar,  el sueño en sí mismo es crecimiento, es paisaje visto, recorrido, resultado de un estado de a punto de;  los anhelos son carencias necesidades, impunidades que padece el ser humano cuando la codicia es la norma de su ética. Y claro que hay más seres humanos,  mujeres,  hombres,  heterosexuales, homosexuales, negros blancos, amarillos, obreros, intelectuales, militares, hasta políticos que coinciden con mis sueño, y en eso somos una comunidad psicológica pero comunidad al fin.  

 

Jorge Fondebrider (Argentina)

 

Entiendo que esta encuesta peca de un exceso de optimismo: esto es, parte de supuestos que no necesariamente son ciertos. Por caso, equiparar poética a ética suena a comparar melones con naranjas; luego, no todos los poetas se plantean ideales mesiánicos proponiendo viejas o nuevas morales; algunos, simplemente, se contentan con tratar de escribir lo mejor que pueden. Por otra parte, la tradición, uno mismo, el pueblo –imaginando que eso designara a una entidad uniforme y única– y el porvenir, no son términos que constituyan ninguna serie coherente. Finalmente, ¿cuál es el “sueño común de los hombres”? ¿Acaso existe?

Yo empezaría por otro lado. Por ejemplo, por no homologar categorías políticas al bien y al mal –algo así como suponer que la izquierda es buena y la derecha es mala– porque sobran los ejemplos de que el mundo no está hecho en blanco y negro. De lo anterior, se sigue que ser de izquierda o derecha no hace que uno sea decididamente bueno o decididamente malo. En primer lugar, las categorías cambian según el hemisferio (no es lo mismo ser de derecha en Holanda que en Colombia) e incluso de país en país y de provincia en provincia de un mismo país. Me ha tocado ver a señoras francesas católicas y de derecha, de vida por demás acomodada, ir a cocinar infatigablemente a las villas miseria de mi país cuando muchos amigos de la izquierda argentina se dedicaban a viajar por el mundo dando discursos sobre cómo deben ser las cosas en lugar de mitigar el hambre de los pobres. ¿Qué quiero decir con esto? Que si bien las ideas de izquierda nos resultan más simpáticas que las de derecha, la historia demuestra que una muy buena idea puede tener una muy mala realización. También, que la formulación de una idea no basta para juzgar a quien la formula: hacen falta sus actos.

Ahora bien, ciñéndome a los términos que nos interesan aquí, Lenin nunca entendió a los poetas del Siglo de Plata ruso y siempre, extremadamente conservador en cuanto a las ideas estéticas, dijo preferir a Pushkin. Stalin, con mucha menos tolerancia, se ocupó sistemáticamente de los grandes poetas de su país: los hizo matar, los mandó a los campos de trabajo, los silenció o los llevó decididamente a la desesperación y al suicidio; ése fue el de Alexandr Blok, Ossip Mandelstham, Anna Ajmatova, Serguei Essenin, Boris Pasternak y la lista podría seguir. Ninguno de esos poetas era derecha, pero, aparentemente, no se avenían tan fácilmente a las necesidades políticas de Stalin que, para Louis Aragon y tantos otros, representaba a la izquierda. Podría decirse lo mismo de lo que ocurrió en Cuba cuando empezó la persecución de homosexuales, o de Nicaragua, donde la revolución se puso al servicio de los burócratas, olvidándose de la gente, según manifestara el mismo Ernesto Cardenal.

En paralelo, si uno se pone a revisar sistemáticamente de qué lado estaban los principales poetas de vanguardia durante los años veinte y treinta, se observará que Ezra Pound –acaso el mayor revolucionario en términos de transformación de la poesía en el siglo XX– adhirió al fascismo. T. S. Eliot –otro de los grandes nombres del período– simpatizaba con los nazis y era abiertamente antisemita, exactamente como e.e. cummings, otro gran revolucionario de la poesía. Por su parte, Wallace Stevens era abogado de compañías aseguradoras, con todo lo que esto implica. El sudafricano Roy Campbell –acaso un gran poeta– fue voluntario del lado de la falange en la Guerra Civil española. Ese bando también fue el de Manuel Machado, y Gottfried Benn adhirió al nazismo, así como Giuseppe Ungaretti y Eugenio Montale coquetearon con el fascismo, etc. La lista, claro, podría ser más larga. Cabe entonces preguntarse en qué consistió el humanismo de todos esos grandes poetas. ¿En una idea? ¿En la formulación de una idea? ¿O en la escritura de poemas más allá de cualquier idea? Mi primera conclusión es que, más allá de lo que nos resulte ideológicamente más simpático, la poesía se debe a la poesía y poco importa la posición política que los poetas tengan como ciudadanos: la condición es que escriban bien y eso es lo único que importa para la especie, aun cuando individualmente pueda considerárselos unos miserables.

A quien esto le resulte intolerable, ruego revisar, volviendo a las cuestiones de ética, el comportamiento de Pablo Neruda, un individuo mezquino, egotista y aprovechado, incapaz de reconocer a quienes lo ayudaron y siempre dispuesto a ocultar a quienes le pudieran hacer sombra. Sus ideas políticas podrían ser consideradas buenas y, sin embargo, están en abierta contradicción con sus actitudes como ser humano. Sin embargo, hoy, cuando leemos Residencia en la tierra, tal vez el mejor Neruda, ¿importa a quien traicionó, qué provecho obtuvo de tal o cual circunstancia, a quien ignoró para brillar con luz propia y exclusiva, o qué tan comunista fue o dejó de serlo? Y la pregunta no es sólo para Neruda. Juan Gelman, por caso, a diferencia de muchos otros revolucionarios argentinos de su tiempo, jamás abjuró de la lucha armada y nunca realizó una autocrítica. Además, procedió siempre con soberbia, como si fuera un aristócrata de la izquierda latinoamericana. ¿Disminuye eso en algo la calidad de los poemas de Cólera buey? Ética y poesía, mal que nos pese, nada tienen en común.

 

Eduardo Gómez


dado, por tanto, es formada o de-formada por esas determinaciones que en el plano ético implican ciertas tendencias. Eso significa que el poeta crea su obra implícitamente influido por esas circunstancias, las cuales, sin embargo, son modificadas y pueden ser relativamente superadas en la medida en que la pulsión primera (inspiración) puede ser elaborada conscientemente, es decir, autocríticamente. En consecuencia, no es concebible una obra poética sino en el contexto de una ética dada por el medio.

2. El poeta, como todo artista, debe descubrir (a través de sus vivencias y del saber aprendido) no propiamente una "moral", puesto que esta denominación está contaminada por el cristianismo, sino su propia ética. En la medida en que logre profundizar en la problemática de su época, esa ética será innovadora o conservadora. Sus aportes dependen de la autenticidad de su vocación como poeta y de la manera como viva los conflictos que le plantea la época en que le tocó vivir. De todos modos, se tratará, de hecho, de una ética social.

3. En realidad no se trata de "fidelidad", sino de asimilación de la tradición, en la medida en que ésta logra ser un legado clásico de obras anteriores que no podemos ignorar. Pero esa asimilación se logra a través y mediante las vivencias más auténticas y entrañables del poeta y su mundo. De hecho, implican una actitud respecto a su pueblo, puesto que en ellas está implícita una posición de clase social y ante la historia concreta, las cuales, necesariamente, significan simultáneamente una concepción del futuro.

4. Yo diría que no es posible concebir una obra desligada de las circunstancias sociales e históricas de carácter estructural que determinan a una sociedad dada. Pero esto es todavía demasiado general y es necesario especificar concretamente en qué sectores se ha formado el poeta y qué capacidad tiene, por tanto, para compartir los proyectos y los sueños de sus contemporáneos. Es sabido, además, que "los sueños" de una sociedad escindida por la lucha de clases, no son homogéneos y entonces, habrá que especificar cuáles sectores y en qué forma, se proyectan hacia el futuro.

 

 Fernando Linero

 

1. Considero que existen diferencias entre los juicios estéticos y los juicios axiológicos. Cuando el poeta actúa lo hace atrapado por una lúdica personal sin una finalidad pragmática o moral. No creo que se pueda acceder al poema teniendo en mente un fin que sea ajeno al mismo poema.

No obstante no podemos desconocer que el ser mismo del poeta, obedece a múltiples aspectos entre ellos la ética, es así que el poema además de tener un nivel estético que lo eleve a obra de arte, debe tener un carácter de verdad que lo legitime.

2- Poesía y moral son dos palabras que de primera nos cuesta trabajo aproximar. Pero me atrevería a decir que es natural que el poeta, en tanto que abanderado de un modo avanzado de ver la realidad, –la que le confiere su condición de poeta-  encuentre aspectos de la moral que sean objeto de cuestionamiento. La circunstancia del poeta es la de crítico de la realidad y como consecuencia de ello, no me extraña que, en ocasiones deliberadamente, defienda o niegue la difusión de determinados valores y en esta dinámica pueda llegar sin proponérselo a las instancias de una nueva moral.

3- El poeta según mi parecer, sin siquiera advertirlo, tiene compromisos éticos que subyacen en su imaginario afectivo, y que lo obligarían, tácitamente, a guardar fidelidad a un sinnúmero de asuntos: a la tradición, a sí mismo, a su pueblo, al porvenir, pero todos estos aspectos deben desembocar en el camino de la justicia.

4- Creo  que todo poeta, como ya lo dije con anterioridad, tiene compromisos con su tiempo, es decir, con los hombres de su tiempo. El poema es la punta de lanza de las percepciones más finas que puede tener una sociedad con la realidad. Esta circunstancia le genera al poeta obligaciones con su tiempo y con su pueblo.

Ya desde Platón existen consideraciones que hablan en este sentido y que nos avocan a entrar en la temática del papel social del arte, reviviendo la vieja discusión sobre la complicada relación entre ideología y libertad creadora.

De parte del poeta, debe existir una coherencia, en consonancia con el importante papel que la Poesía tiene en la formación de la sensibilidad de los ciudadanos. No se puede negar su importante influencia social. 

 

Gustavo Pereira (República Bolivariana de Venezuela)

 

1. Antiguo conflicto éste entre poetas, aprendices y amantes de la poesía que nos lleva de soslayo hacia otros asuntos, entre ellos las responsabilidades o compromisos del poeta ante su tiempo. 

Una ética, se dice, constituye la expresión de una conducta generada por la reflexión sobre la moral establecida en un tiempo y espacio determinados, suponiendo a la moral como  conjunto de principios, normas y preceptos de un conglomerado social, especie de conciencia colectiva o código tácito de sus prescripciones y prohibiciones. Expresada en conducta individual, toda ética apunta sobre todo a valores inmanentes, a virtudes universales, y no a posturas que cada quien es libre de asumir y calificar, por lo que a mi juicio podemos hablar tanto de una ética como de su contrario, una antiética. No concibo una ética ni una antiética en un Robinson Crusoe desvinculado de lo humano desde siempre. Con ello quiero decir que en el caso del poeta –aunque no sólo del poeta- la ética está ligada a su ser social, a su compromiso ante los otros, ante la historia, y antecede desde luego a su obra.

Desde su aparición, para decirlo en términos de un gran poeta políticamente conservador como Eliot, el desarrollo de la poesía fue siempre un indicador de cambios sociales y las formas poéticas no expresaron más que profundas transformaciones en el seno de las sociedades y el individuo. Nuestros actos y gustos poéticos están subordinados a nuestros otros intereses y pasiones, los condicionan y vienen condicionados por ellos. Y puesto que la poesía no existe fuera de la conciencia humana, quien la expresa mediante el lenguaje, a menos que sólo trate de regurgitar soliloquios baldíos, al suponerla sujeta a representatividad la comunica en palabras que simbolizan valores que no son valores. En tiempos de pesadumbre o podredumbre moral, cuando la poesía llega a constituir la única cosa en este mundo que el mercado no ha podido convertir en mercancía, toda conducta insurrecta del poeta se corresponde, desde luego, con una ética. Y aunque la poesía no tenga entre sus propósitos manifiestos arreglar lo desarreglado del mundo ni de nadie, sí aspira a vivir en los otros para cumplir su destino: ver más allá de lo evidente, crear otras realidades, propiciar la realidad fundamental. ¿No es eso lo que nos ha quedado de inmortales poemas como La Ilíada de Homero, la llamada Divina Comedia de Dante o el España, aparta de mí este cáliz de Vallejo, por  nombrar sólo tres paradigmáticos que en su esencia nacieron, aunque algunos se sorprendan, comprometidos social y políticamente en ejercicio de una ética? No por ser comprometidos políticamente, es decir, por vivir en los otros, llegaron a ser grandes e inmortales poemas, sino que por ser grandes poemas se hicieron inmortales y vivieron y viven y vivirán en los otros, en nosotros.

2.  La moral constituye en efecto aspiración colectiva a un orden de valores inspirado en la tradición, esencial para la vida en comunidad… hasta que esos valores se fosilizan o se pudren y se transforman en estorbos. Parece lógico que todo poeta se insurreccione contra esas y otras camisas de fuerza, mas no todo poeta transgrede esa moral en crisis, ni siquiera cuando esa moral limita los fueros de su propia poesía. No todo poeta es, pues, insurrecto por el solo hecho de ser o creerse poeta. Se puede asumir la insurrección contra el mundo decadente y contra la injusticia y contra la doble o despreciable moral, pero una vez más todo depende de una ética afincada en principios, en principios de las causas justas e insurrectas que en el mundo han sido y son. Entonces el poeta, como todo ser humano, puede llegar a ser, con alto orgullo, víctima de sus verdades.

3.- En verdad no sé ni veo por qué guardar fidelidad sólo a una de esas opciones. Me atrevo a pensar que la vida es más pródiga que sus alternativas, justo porque está constituida por todas sus alternativas, incluyendo su antípoda, la muerte. En mi caso puedo ser fiel a una tradición que no me desdiga, a un pedazo de mí que no me niegue, a un pueblo al que pertenezco o amo, a un porvenir que sueño y ayudo a edificar humildemente entre sus brumas y fulguraciones, a una mujer a la que ato mis otros cautiverios, etc.

4- El individualismo y la insensibilidad, aunque nunca tuvieron que ver con la poesía, adquirieron honra y fortuna en el capitalismo desarrollado, cuyos tentáculos culturales aún descalifican todo arte que intente compartir el sueño común de transformar su realidad de lobregueces para cambiar la vida. La llamada “poesía primitiva”, aun siendo creación de un individuo siempre pudo convertirse en hechura colectiva y anónima, como suele ocurrir con todo lo útil y trascedente en las misteriosas urdimbres de la especie humana. Tal vez la máxima aspiración de un poeta no sea más que el humilde y enigmático y acaso póstumo honor de saber que sus poemas o uno siquiera de sus versos pueda contribuir, en los ojos o labios o manos de miles de seres anónimos, a hacer menos aciagos los malos días y más fervorosa la existencia.                     

 

Gabriel Impaglione (Argentina)


Creo en una sola sustancia original. El poeta dialoga con el mundo desde una PoÉtica, desde ella se expresa en todo momento, incluso cuando aun no ha aparecido la primera letra del primer verso incierto.

Es un Todo que decide el rumbo de la palabra.

Escribió Antonio Machado que “La poesía es el diálogo de un hombre con su tiempo”. Este diálogo sin ética es imposible.

Coincido en que una obra es un hecho rigurosamente individual. Pero la pregunta es: ¿hasta dónde sostiene su individualidad cuando su razón es colectiva?

No me refiero a la obra ya publicada, al libro que podemos tener en mano y en el que leemos, por ejemplo, poesía social, noticias de la infamia, acontecimientos... digo, en el proceso creativo individual, rigurosamente individual, que se consolida en el enigma insondable de la poesía a merced de la corriente ética que fluye y la influye, ¿cuánto de lo colectivo en las resonancias de la obra? ¿Cuánto del tiempo (esa infinitud multitudinaria) en el aquí y ahora de la intimidad del poeta, como esencia que toma prestada la voz del poeta para dar batalla?

Se dice que muchos de los grandes poetas han tomado de la voz del pueblo, de sus imaginarios, de aquellos climas identitarios, la palabra para devolverla en poesía.

Se dice que todos los poetas no hacen más que agregar un tramo al infinito devenir de la poesía.

No hay obra poética sin posición ética. Creo que el hecho de escribir poesía es asumir su esencia ética. La poesía que lleva la firma de cualquier secuaz de la inmoralidad deja de ser poesía. Aunque vayan bien las ventas y se mueva como pez en el agua en los plató y bajo los micrófonos. A la poesía no le interesan plató ni micrófonos ni ventas ni corbatas. Quiero decir que ya sabemos como laboran los supermercados de la cultura.

No hay poesia sin la más íntima unidad de ética y estética. La “poesía” sin la amalgama de ética y estética, es sencillamente, mercadería.

Y no me refiero a la “estética” de los salones de belleza literaria o los decorados que rodean a los sillones desde donde se dicta la moda del consumo.

Como el hombre en el planeta, la estética en su raíz también trabajosamente sobrevive alienada.

En estos tiempos donde cierta oscuridad confunde niebla con ceguera hay demasiados escaparates de lo futil, demasiados ombligos trastocando el lugar de las cosas. Ocupando espacios donde deberían crecer las preguntas...

La poesía que intenta romper con la superficialidad de lo establecido por los catálogos del “saber politicamente correcto” conlleva un comportamiento ético. Si este intento se ve traducido, además,en lucha conciente y coherente y constante, estamos ante la cabal demostración de la existencia de una ética que antecede y nutre a la poesía.

2. Sí, ser consecuente es el punto. Podemos mirar este ejemplo desde otro lugar, sin polemizar sobre el presunto pesimismo de esta frase de Camus, (por cierto, también él arquero de fútbol), ajusto la perspectiva citando un verso de Virgilio: “cada uno tiende, si puede, hacia lo que le da placer”. Quiero decir que hacer causa común con verdades es un hecho liberador y luchar por ellas – tomando a rajatabla las palabras de Camus- no victimiza. Pero el hombre sí suele ser victimizado por las fuerzas contrarias de aquello que él quiere.

Camus, miembro de la resistencia francesa, tenía plena conciencia del infinito valor de esas palabras.

Si nos remitimos al origen de estética, hablamos de sensaciones, de la percepción a través de los sentidos.

Es con estas herramientas que tomamos la información, mediando valores ya otorgados por los diversos patrones a los que nos exponemos y/o que nos han formado y por la síntesis hecha individualmente, en estado de conciencia crítica, de todo este complejo universo de información que nos rodea.

Nadie persigue un ideal que no le guste – obviando algunas patologías-, luego entra el concepto de verdad, el sistema siempre subjetivo que nos permite misurar lo que está bien y lo que está mal. Aquello que nos gusta o no. De aquí se desprende nuestra visión del todo, es así como organizamos el mundo para entenderlo y entendernos.

Volviendo a Camus, él nos dijo: “en su esfuerzo mayor, el hombre puede solo proponerse disminuir aritméticamente el dolor del mundo.”

Cuando nos apropiamos de una idea/verdad que nos gusta la propiciamos, la defendemos, luchamos por ella porque queremos. ¿Si ella nos victimiza? No, claro que no.
Nos victimizan quienes establecen y/o defienden las condiciones que no deseamos, que procuramos cambiar.

Actuar en consecuencia implica toma de posición y confrontación. Es natural (y a veces no tanto) entre los poetas. Pero ... el poeta no solo confronta, si lo hace entonces, cuando socializa su obra.

En todo el proceso que termina con la publicación de una obra existe la confrontación, se desarrolla, empuja la creatividad, la mirada crítica. La poesía también es “la otra” versión de las cosas.

Cada poeta – como es natural, toda vez ser humano-  es transformado por la cultura / identidad de la sociedad a la que pertenece, pero también por los elementos dialécticos que él mismo cuestiona.

Digamos que desde el momento de toma de conciencia se alimenta el proceso de elección, de nutrimento ético.

Si existe toma de conciencia y coherencia entre pensamiento y acción, el hecho de la socialización de su obra será un nuevo tramo de ese confronto, pues el poeta, su presencia en diversos ámbitos, su actividad militante en torno a las ideas, su participación social habrán marcado antes ese polo opuesto.

Si no existe coherencia entre pensamiento y acción, la obra parecería un elemento aislado, sin sustento en una estética de la ética, en una pertenencia de quehacer ético.

La implicación ética es una condición esencial del trabajo poético.

La no implicación se traduce en la indiferencia sobre la realidad social, por ejemplo. El acto de escribir poesía es la más de las veces solitario e individual, siempre. Pero, entiéndase su valor colectivo como principio y fin. Solo en lo colectivo adquiere su razón primordial. Su valor testimonial.

Podría decirse que el poeta propone una nueva moral. Por ejemplo ante la injusticia social que corroe el mundo, el poeta clama por aquellos valores esenciales que favorecen la igualdad entre los hombres y el derecho al bienestar universal.

Ante las masacres, la destrucción y el miedo propinado desde el imperialimo a lo pueblos del planeta el poeta traza su Basta indeclinable.

Propone o advierte sobre la necesidad de un camino ético porque observa-sufre-reflexiona sobre la realidad inmoral. La propuesta de un cambio sea resultado de su acción crítica.
Pero... ¿nueva moral? ¿O cese de lo inmoral?

Entramos en terrenos colindantes al tema.

Hay quienes desde su torre de marfil señalan los males del mundo, articulan explicaciones que hasta pueden ser conmovedoras, hacen gala de novedosos sinónimos para decir lo mismo, pero no han conocido las polvaredas del luto, la agria intensidad del aire en las tragedias, el soliloquio de quienes sufren perdidos en la bestial indiferencia; la alegría como un pan o un pájaro de improviso.

Desarrollan una militancia de confort aséptico.

En tanto no bajen de esa altura, no compartan el agua en el aquí y ahora donde las marchas y contramarchas se suceden, no entenderán visceralmente la esencia que anuncia la poesía. Aquello que se revela en el acto creativo. Lo todavía no escrito que traerá de su hondura verso por verso el poema.

¿Existe una vanguardia cultural que moviliza a la sociedad (o lo intenta) con su conciencia crítica y en ella están los poetas? ¿Es también con su obra que militan los poetas? ¿Ésta sería una de las razones que justificarían la casi permanente indiferencia de los poderes, establecidos sobre las comodidades de la acriticidad, hacia la poesía? ¿El arte es proa de los cambios? ¿La poesía debe abrazar la causa política? ¿La poesía es siempre política? ¿Existe la poesía política? ¿Porque el interés por la poesía política es inversamente proporcional al interés por los temas superficiales, frívolos, pasatistas?

¿En este inicio del siglo XXI son los poetas también una vanguardia en las luchas de liberación de nuestros pueblos?

Creo que sí, pero ya es otro asunto.

El oficio de poeta encamina siempre hacia la verdad.

3. Creo que debe ocuparnos una constante tarea de nutrir la conciencia. Podría ser esto un punto de partida. Los “deber ser” son vastos, muchos importantes y otros no tanto, y tan subjetivos.

No está mal el asunto del porvenir, finalmente se trata de un horizonte que da salud a la utopía y mantiene viva la lucha, la solidaridad, los puros sentimientos de fraternidad que necesitan habitar en la conciencia del poeta (y en la de los pueblos).

Existe un mundo doloroso que han puesto a oscuras y es allí donde los poetas debemos andar, con las sencillas lámparas de llevar la palabra.

Pongamos la palabra patria en todo esto. Veamos desde su mirada todos los “debe ser” que entran en semejante luz.

Construyamos.

4. No, personalmente no me parece posible.

Cómo acudir a las rondas donde el fuego de la poesía nos convoca desprovistos de la conciencia de estar trabajando por un sueño en común?

La poesía, así como ética, también es comunidad.

Final

“Cultura non è possedere un magazzino ben fornito di notizie, ma è la capacità che la nostra mente ha di comprendere la vita, il posto che vi teniamo, i nostri rapporti con gli altri uomini. Ha cultura chi ha coscienza di sé e del tutto, chi sente la relazione con tutti gli altri esseri (...)” Antonio Gramsci

“Cultura no es poseer un depósito bien provisto de noticias, es la capacidad que nuestra mente tiene de comprender la vida, el lugar que tenemos en ella, nuestras relaciones con los otros hombres. Tiene cultura quien tiene conocimiento de sí mismo y del todo, quien siente la relación con todos los otros seres (...)”  Antonio Gramsci.

Lanusei, Sardegna, mayo 2014

 

Gustavo Adolfo Garcés (Colombia)

Queridos amigos: les contesto en tono de fábula:

LINAJE

Intento un verso
de espíritu leve

un poema bello
como un insecto

1

Las palabras se pasean como hormigas por el cuerpo de la noche; doy fe del comezón.

2

Hay noches en que uno descubre la escalera, la puerta y la cerradura, pero la habitación sigue siendo secreta.

3

Como la construcción de las catedrales de la Edad Media, que duraba siglos, así tu poema.

4

Palabras que vacilan en el paladar, dudas en el cielo de la boca.

5

El primer verso tiene carta blanca; el segundo, un hambre devoradora; el tercero es un animal enorme; el último verso excede nuestras fuerzas.

6

Por decir la rosa, sangro y fracaso con esmero.

7

¿Qué hace el poema con un penacho de plumas? Con él nunca se sabe, nada es del todo lógico, las plumas no se caen de su peso.

8

¡Ah!, las palabras que se las dan de exactas, las que se sienten de mejor familia que el silencio.

9

Llegas al alma por el esplendor de lo inútil, y entonces las palabras se hacen ciencia.

10

¿Qué milagro hizo que entraras en el tiempo sereno del poema y descubrieras el vigor de la hierba?

11

Las palabras, pequeños episodios que ruedan al olvido, voces que no están siempre a nuestro alcance, versos, segmentos de la tregua.

12

El primer verso no lleva a ninguna parte; ¿de qué se hace eco el segundo?; el tercero es un límite que asusta; el cuarto, sólo una pregunta; el quinto cuesta verlo; el sexto se parece a la soledad; el séptimo y los restantes son un lugar imaginario.

13

Las formas que no llevan a la verdad son la verdad.

14

Lo que lleva dentro son palabras; sabe muchas, pugna por una.

15

Se arruina el verso, se ablanda y apoltrona; ha oído decir que su tema es pura tontería, pero él se obstina en turbar las reglas. Mira la mosca, quiere aprender de su zumbido.

16

El verso no es lo que deseabas decir, tampoco lo que dices; las palabras a un tiempo arden y envejecen.

17

Palabras que llegan después de un día oscuro, el poema.

18

Palabras dichas al azar, bellas sin saber por qué, con esa extraña capacidad de ser inútiles.¿Qué ocultan?, ¿por qué nos afectan?, ¿en cuáles bocas han estado?

19

Escribe con cierto estupor, un poco a ciegas, cavila de la primera a la última palabra, de uno a otro silencio; defiende la extrañeza.

20

Hablar al aire, en una lengua que no llegó a ser cosa común.

21

Para que cantes, muchacha, toco la cítara.Tu voz mitiga la ruina de la casa, y trae de nuevo los sueños y el convite; por ella hemos esperado tanto tiempo a la puerta.

22

Nada altera el verso: permanecen iguales el agua y sus orillas, los trenes que se van y los que llegan.Tus ojos no supieron ser otros.

23

Una palabra cada día: la montaña vuelta sombra en el río, el exilio rojo del poniente, los hábitos que siempre tienen que ver con los errores, las luces que no se apagan en la memoria, un muro en medio de la vida, lo que no se sabe y lo que no se dice.

24

El hallazgo lo hizo lento. Fue casi amable, pasó por alto muchas opiniones; nadie creería que fue un ser atormentado, cauteloso con su devoción.

25

Los versos miden fuerzas, son todo curiosidad y expectativa. A veces permanecen inmóviles, incapaces de hablar; otras muestran los dientes. Muchos caen en un lago de fuego.

26

A medianoche, unas pocas palabras hormiguean, miran los escalones de piedra de un viejo almanaque, hablan en voz baja: una página las abandona para siempre.

27

Se despertó, preparó el café, leyó los titulares del periódico, escribió algo acerca de las luces fluorescentes sobre la calle mojada, y pensó que todo lo escrito eran disparates; miró por la ventana, volvió al cuaderno.

28

El poema se nos escapa, no quiere ser un animal doméstico; desobediente, crece sin ritmo.

 

29

La ceremonia es lenta y solemne, el verdugo saluda y la guillotina hace lo suyo: el ojo muerto del poema nos enferma.

30

Final: ningún verso vendrá a buscarnos.

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Texto: creí que ya estaba terminado, nada de trazos arbitrarios, todo cabía, las calles, el río, la lluvia; las lámparas y una avenida perdiéndose en el horizonte. Me gustaba vivir allí, nunca soñé con abandonarlo.

 

María Clara Sharupi (Nación Shuar, Ecuador)

 

1-La ética está en el alma, es el principio de todo respeto para los demás, para quienes nos escuchan, para quienes nos leen, como el padre y madre que hereda sus conocimientos, no me refiero a una ética impuesta o que se estudia en las aulas de un colegio o universidad; más bien me refiero con lo que uno se nace desde la ancestralidad.

Por supuesto que en ocasiones la obra poética es individual - intrínseca, porque depende tanto de lo que somos nosotros como Seres humanos, cómo estamos conviviendo y respetando a la vida, a las criaturas milenarias que existen en el cosmos y en la tierra, en ciertos casos somos responsables de dar vida, de bendecir, o maldecir  o expresar los dolores de nuestro espíritu, me niego a ser palabra que maldice, vivo para bendecir.

La obra poética de los Shuar ejm. se caracteriza por ser valiente, por no callar, lo que siente, por decir la verdad pero sin ofender a los demás, partimos siendo colectivos; damos amor al espíritu que no podemos ver pero cuya presencia si sentimos.

2-En mi caso deseo ser un apoyo sin imponer, que seamos mejores ante las adversidades y las alegrías, queremos que el conocimiento del hombre ancestral y moderno camine juntos. Se busca coexistir conociéndonos más y más, en cada escritura también aprendemos y descubrimos un mundo nuevo que seguiremos ofreciendo. Aprender de los errores es muy bueno en la nueva generación.

Al escribir en Shuar Chicham, lo más hermoso es dar vida a ciertos dones que olvida la ingratitud del Ser humano. Estoy promoviendo el compartir en los niños, en los jóvenes y conservar lo que tienen los abuelos y abuelas como sabiduría ancestral y rescatar lo que se olvida con el paso del tiempo sobre todo en mi país Ecuador y en las afueras del mundo.

3- A lo que existe, en eso me apoyo, es mi fuente de todo, es el árbol y soy semilla viva; de allí he partido siempre y en mi caminar he sumado lo que vivo, lo que aprendo, lo que me enseñan, Sobre todo vuelvo a compartir con la nación Shuar las tradiciones, sus costumbres y formas de vida que estamos olvidando, propongo nueva vida a los nuevos pobladores en su estar.

4- No es posible caminar solos, soñar juntos para alcanzar el sueño de cada quien es hermoso, pero más hermoso me resulta construir desde mi Ser universal, creo en las peticiones del alma, creo en la palabra, creo en el niño, creo en el anciano y creo en mí; en mis acciones a veces no vistas por el hombre con ojos “ciegos” pero deseo ser el cirujano que deja ver el nuevo día.

Publicado en marzo de 2015.

Última actualización: 04/07/2018