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Iguasalibler y la llegada de los españoles a nuestras tierras

Iguasalibler y la llegada de los españoles a nuestras tierras



 

                     

El saila (cacique) Horacio Méndez refiere al traductor indio y poeta Aiban Wagua la memoria tule-kuna, aún viva, del primer contacto de los nativos habitantes del Golfo de Urabá con los conquistadores españoles, poco tiempo después de la llegada de Colón, texto inédito que recoge PROMETEO para la reescritura de la historia.

Olokanakunkiler bajó en Ukupnega, allá de esos cerros, por el gran río Titile'uala. En ese sitio vivían nues­tros abuelos, recogían el oro y traba­jaban el oro, sacaban planchas de oro para las pecheras, o untaban en oro las cabecillas de los bastones. Olokanakunkiler fue un gran nele. El recorrió muchas capas preternaturales, él llegó a decirnos que además de nuestra Abia Yala, había otras cuatro islas muy grandes, allá por los mares que desconocían nuestros abuelos. Allá por esas grandes islas vivían otros hombres distintos de nosotros. Olokanakunkiler dijo a nuestros abuelos que habían hombres de co­lor de balsa pelada, barbudos, otros de color de leña tiznada, otros amarillos como el color de la crecida de los ríos. Que esos hombres comían distinto que nosotros, se vestían distinto, vivían distinto. Olokanakunkiler nos dijo que esos hombres se arrimarían a nuestras costas, a nuestra Abia Yala. Nos llegarían a molestar mucho, que ya no dormiríamos tranquilos. Y, eso, nos lo decía miles de años antes que llegaran los españoles a nuestras tierras.

Después vino Iguasalibler a Ukupnega; Iguasalibler vino con su hermano Kalib. En su tiempo vivían grandes abuelos: Tad Iguakunapiler, Nakikunapiler, Olosurkaliler, Masar, Tad Ursichiler, Kalub, Oloagnaitule. Nuestros abuelos seguían trabajando el oro; en nuestra tierra había kunki, y por eso nos llamamos kunkitule.

Iguasalibler era un gran nele. Iguasalibler conoció muchos recin­tos sacros (Kalu). El traía de las grandes kalus las presas ahumadas de venado, de jabalí, de macho monte y convidaba a los ancianos. Él puso un gran perro negro, un enorme "sichagi" en la puerta de los recintos sagrados. Era un gran pe­rro de tamaño de un jabalí. La espo­sa de Iguasalibler dejaba al animal que se apoyara en su regazo, ella acariciaba la cabeza del animal. El animal daba un salto y rugía al mí­nimo ruido, mientras Iguasalibler bajaba a los lugares sagrados. Lle­gaba Iguasalibler y dejaba encerra­do de nuevo al perro, mientras crujía la puerta como un trueno.

En el tiempo de Iguasalibler, vivían también los abuelos saila Yaidar, Tunakalib, Til'la, Pila.

Por ese tiempo, nuestros abuelos han visto llegar a los hombres bar­bados, a los que traían fuego, cuchillos largos brillantes, perros cazadores de hombres. Nuestros abuelos fueron decapitados sobre esta madre-tierra. Nuestras ancianas fueron violadas por los hombres barbudos. Nuestros sembrados fueron robados, muchas de nuestras chozas fueron quemadas. Pero nos cuentan que nuestros abuelos también se defendieron. Un día, nuestros abuelos descubrieron que los españoles cruzaban el río apoyados de una soga muy gruesa. Eso sucedía por los afluentes de Tuile'uala, por Ukupnega. Nuestros ancianos se adelantaron a los españoles y dejaron la soga medio cortada por el centro. Nuestra gente se distribuyó entre los matorrales esperando la llegada de los extranjeros, con las flechas, los arcos y los palos bien preparados. No tardaron mucho, los hombres barbados cruzaron el río. Ellos cayeron a tierra, y nuestros ancianos saltaron sobre ellos y mataron a muchos. Ahí, en ese río uno de nuestros abuelos fue apresado. Uno de los españoles le traspasó su enorme machete en el vientre. Nuestro abuelo cayó a tierra sangrando y murió. Nuestros abuelos eran trata-dos como plátanos maduros por las espadas largas de los españoles.

Tuvimos también muy valientes abuelas. Ellos se acercaban a los españoles tratando de engañarlos con sus mimos y les incrustaban en el vientre las flechitas fuertemente envenenadas. No se hacían esperar los otros españoles, que agarraban a nuestras abuelas, las violentaban para luego destrozarlas y echarlas a sus perros.

Iguasalibler era un gran saila. Iguasalibler buscabala tranquilidad para nuestra gente. Iguasalibler no podía dejar que su gente muriese así sin más, porque querían los españoles. Entonces este gran saila contaba a nuestros abuelos las luchas de Ibeler. Él decía que su pueblo debía volver a las estrategias y tácticas que había utilizado el gran Ibeler cuando había luchado contra Piler. Recurrir a los medicamentos que sirvieron a Ibeler para vencer a Piler.

Discurriendo así, tratando de buscar un poco de paz, Iguasalibler envió donde los españoles, allá donde hoy llamamos Bogotá, a su yerno Kandur Dumma con su intérprete que ya había vivido un poco en casa de los españoles, José Guiñón. En esa época, vivían los abuelos Yaidar, Yaribichuar. Kandur Dumma y su intérprete se reunieron con los españoles.

Luego volvieron. Y pasaron su mensaje:

-¡Quieren un lechón, un perro grande y granos de cacao!, dijeron los mensajeros.

-Quieren que nosotros les contemos todos nuestros palos de cacao, de aguacate, de limones, de otoes. Que le llevemos todos los números precisos de todas nuestras cosas, -dije-ron los dos que habían estado en la casa de los españoles.

Nuestros ancianos empezaron a contar todo lo que tenían, porque ya estaban cansados de morir por gusto. En la aldea también vivía alguien que entendía un poco a los españoles, José Uagun. Este también fue a contar sus árboles de fruta. Por el camino de sus sembrados Uagun recibió los mensajes fuertes de los pájaros (kika), y volvió sin contar nada. Se opuso a seguir a los españoles. Y dijo al pueblo:

-Los españoles nos dicen que les busquemos un lechón, un perro cazador y que les contemos los frutos de nuestro trabajo. ¿Qué nos quiere decir realmente con todo eso? Ellos quieren saber cuánto tiempo les vamos a resistir, ellos quieren acabar con todos nosotros, -terminó diciendo Uagun a nuestros abuelos reunidos en Ukupnega. Entonces nuestra gente entendió la intención de los españoles.

Así, siempre con amenazas de muerte, con robos, con asaltos por las noches, por parte de los españoles, el gran saila Iguasalibler con su comunidad empezó a trasladarse hacia Nurdargana, Ukupkinnid. Nuestros abuelos vivieron en la más oscura tristeza de muerte de terror. Les quitaban tierras, les quemaban cañaverales para hacerlos huir. A pesar de eso nuestros valientes abuelos no se dejaron que los trataran como animales, ellos respondieron al fuego, a la espada, a los perros. Poco a poco, nuestras abuelas empezaron a mezclarse, violentadas. Sus hijos malheridos y moribundos veían cómo sus madres eran arrastradas por el río, maltratadas.

Ahora vamos a hablar de los "kachigan". Ellos tampoco faltaron en esa época. Los más renombrados eran: Captan Papel'le, Obikachi, Kachitolman, Kachidii, Kachibee, Kachikuilob. Ellos permitían entrar a los españoles en otras comunidades kunas, ocultaban las intenciones de los españoles, hablaban un poco la lengua de ellos y eran sus amigos. Nuestros abuelos los descubrieron. Nuestros abuelos decidieron eliminar a los kachigan. Se presentaron cuatro jóvenes de la aldea. Ellos eran hijos de los mismos kachigan. Los cuatro se decidieron eliminar a sus mismos padres. Se alentaron, se pusieron de acuerdo:

-Tú matarás a mi padre, y yo al tuyo, -se dijeron los cuatro jóvenes. -Diremos que somos de Agla, que somos de Uala, que somos del río, -hablaron los hijos de los kachigan. Era la única manera de liberarse de los españoles.

Como eran sus amigos de confianza les habían entregado para que les defendieran. Los cuatro jóvenes limpiaban las armas a sus padres y habían aprendido a utilizarlas. Los cuatro jóvenes esperaron la fiesta de los españoles porque sabían que sus padres irían también a la fiesta. Así, en plena fiesta, los jóvenes gritaron: -Somos Agladola, somos Ualadola, somos Diuardola.

Apuntaron sus armas en sus padres. Los kachigan cayeron a tierra. Los españoles huyeron y dejaron por buen rato la comunidad de Iguasalibler. Nuestros abuelos veían a los españoles como sus más grandes agresores. Les trataban de eliminar.

Ahora, pasamos a hablar de los "urrigan". ¿Quiénes eran ellos? Los "urrigan" eran nuestros abuelos que combatían contra los españoles, eran nuestros defensores. Como se trataba de muerte, de peligro, les decían "urrigan". Ellos eran seleccionados entre los mejores cazadores, entre los mejores flecheros, entre los que corrían más, entre los que conocían mejor las selvas más tupidas, entre los que no tenían miedo de morir. Ellos se hicieron medicinas para correr mejor, para esconderse rápidamente, para no perderse por las selvas. Ellos tuvieron total rechazo de los españoles. Algunos se aislaban totalmente de la comunidad y no querían saber nada de los españoles. Todo su cuerpo pareciera estar contra todo lo que hacían los españoles. Uno de ellos vivió debajo de iguauala con su familia. Nuestros ancianos poco a poco lo integraron de nuevo a la aldea, le construye¬ron una choza en el centro de la comunidad.

Un día, José Uagun dijo a nuestros ancianos:

-¡Tenemos que reforzar nuestras flechas! Las hacemos demasiado lar-gas de mango y muy grandes los arcos, así la maleza no nos permite correr.

Entonces, José Uagun ayudó a elaborar los arcos y las flechas. Armar los arcos y las flechas quiere decir dar consejos, asesorar en tiempo de combate.

Nuestros padres también vivieron en Tigle, por el sector Atlántico. Por ese mar se va a Ongi y se llega a Tigle. Por ahí corre el Amukadiuar. Por ahí es donde llegaban los gran-des barcos españoles. Nuestros padres que vivían en Tigle fueron los que tuvieron las primeras experiencias de robos, de invasión. En ese lugar vivían los mejores urrigan.

Nuestros abuelos tomaron las enseñanzas de Ibeler. Ellos buscaban las medicinas. Recogían las huellas de los tigres, empleaban el algodón para que sus pisadas no se percibieran. Consiguieron toda clase de avispas, las más venenosas, iguapulu, molipulu, senpulu.

Desde Tigle a Takarkuna abrieron caminos de penetración y de refugio. Al camino donde pasaban nuestros urrigan denominaron Piligar. De allí llegaban a Paya. En Paya, los grandes sailas se reunían a cantar recordando el amor a la madre-tierra, la lucha de nuestros antepasados. Seguían luego a Ukupnega donde residían otros grandes neles que les seguían recordando las luchas de Ibeler. Los grandes sailas alentaban nuestros urrigan. Muchos de ellos caían de sueño.

-¿Por qué se caen, les reclamaban los sailas.

-Estamos cazando ratones, se excusaban nuestros urrigan.

Luego se buscaban grandes piraguas. Ellos salían d Ukupnega por Tuile'uala, siguiendo la comente del río en las más duras pruebas que imponía también la naturaleza. Nuestros abuelos recorrían por todo el río hasta su desembocadura. Ahí en esa desembocadura del río esperaban nuestros urrigan a los españoles que venían para entrar por ese río, buscaban el oro, quemando nuestras chozas. Cuando veían alguna nave o piragua o balsa de los españoles, los urrigan disparaban sus flechas y mataban a los españoles. Para poder cuidarse, los urrigan guardaban flechas cada uno. Terminada la expedición nuestros comba-tientes volvían por el mismo río, remaban por varios días hasta Paya, hasta Ukupnega y de ahí hasta Tigle. Volvían a prepararse, volvían a buscar los venenos más fuertes. Ellos recordaban continuamente todo lo que había hecho Bugasui en la lucha contra Piler. Ellos llegaban a Kunnuadiuala quel tomó el nombre de Kudua cerca de las faldas de Takarkuna. Esas expediciones lo hacían muchas veces. Nuestros padres sabían que la madre-tierra que pisaban era suya y no podían entre-garla fácilmente. En una de esas expediciones ocurrió algo muy interesante. Salieron de Tigle y por el camino, los grandes urrigan se encontraron con un enorme búho muerto. Como conocedores profundos de los signos de la madre-tierra, los combatientes se dijeron: -Hermanos míos, esta vez nos vamos a topar con una sangrienta lucha con-tra nuestros enemigos. Sabe Paba cómo nos vaya.

Ellos siguieron subiendo por Piligar y llegaron a Paya. De Paya a Ukupnega donde los sailas les contaban nuestras grandes historias. Luego, consiguieron grandes pira-guas y siguieron la corriente del Tuile'uala hasta la desembocadura. Esperaron la llegada de los españoles y se defendieron bien.

A mitad del camino del gran río, en una aldea llamada Aryar estaba un grupo de españoles. Ellos prepara-ron un emboscada por donde debían pasar nuestros abuelos. Consiguieron estacas afiladas, cargaron sus mosquetes contra nuestros padres. Ahí en Aryar también vivía un joven kuna que lo tenían los españoles como un siervo. El muchacho veía cómo los españoles se prepara-ban contra sus mayores, contra sus padres. El joven veía que todos los urrigan quedarían eliminados como animales. Entonces, él pidió al español que lo mantenía en la casa que le permitiera ir a pescar río abajo. Que iba a traer buenos pescados para los españoles. Como le tenían confianza, le dejaron ir. El muchacho remó hasta encontrar a los urrigan. Al amanecer el muchacho oyó el ruido de piraguas. Y él desde lejos les gritó:

-Abuelos míos, escúchenme. Nuestros abuelos creyeron que se trataba de los enemigos y le iban a eliminar de un flechazo, pero el muchacho siguió gritando:

-Abuelos míos, soy uno de ustedes, soy kuna y les traigo un gran mensaje.

Los urrigan se controlaron un poco y arrimaron las piraguas hasta el muchacho. Entonces, este les anunció:

-Los españoles han preparado una emboscada en Aryar. Los españoles dicen que no piensan dejarles ni los huesos. Los españoles se están pre-parando hasta los dientes. No vayan por este camino del río.

Por ahí cerca había un afluente de Tuile'uala que se llamaba Tiurupuruidi. Nuestros abuelos subieron por ese afluente. Nuestros guerreros dejaron sus piraguas, pero no las dejaron enteras sino que las destrozaron una a una para no dejar ninguna ventaja a los enemigos. Ellos llamaron a ese río, Umudii. Tomaron una nueva trocha hasta llegar a Ukupnega. Nuestros com-batientes sabían defenderse, ocul-tarse unos a otros, alentarse mutua-mente y no se dejaban descubrir. Entonces, los españoles tomaban represalias atroces. Mataban a las mujeres, a los niños, quemaban nuestras chozas. Los españoles acudían a los jóvenes kunas para que les dijeran dónde se escondían sus padres. Unos caían en la trampa, otros preferían morir quemados. Así luchaban nuestros padres.

Publicado en abril 2 de 2015

Última actualización: 04/07/2018