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Otros mensajes de solidaridad

 

 

Otros mensajes de solidaridad


Hace unas semanas me llegó un correo electrónico de Medellín. Su lectura, lo confieso, no ha dejado de hacerme pensar desde entonces. Su autor es Fernando Rendón, director del Festival Internacional de Poesía de Medellín y receptor del Premio Nóbel Alternativo de la Paz 2006. Últimamente, él y el festival que dirige han sido blanco de numerosos ataques. En el actual contexto colombiano colombiano, estos ataques reproducidos en los dos periódicos diarios de Medellín son, a mi parecer, nada menos que amenazantes.

Tengo por esto una gran preocupación. En cuanto a las actividades de Fernando Rendón y del Festival no tengo sino mi propio testimonio. Tuve la oportunidad de participar en este evento hace cuatro años. Inútil es decir que esta experiencia me marcó profundamente, menos por la afluencia de público a las lecturas —que por cierto fue colosal— o por el encuentro con poetas de diferentes culturas —como en cierto modo esperaba— sino por una súbita toma de conciencia del carácter abierto de la poesía. Entiendo por esto que cierta poesía, para la que son importantes las condiciones bajo las cuales se escribe, para la que es importante la razón, no deja de encontrar nuevos contextos para una nueva expresión y por lo tanto para un nuevo reparto.

La poesía, tal como la comprendo en este contexto, no es simplemente una poesía de las palabras o una poesía del yo. Es más bien, para retomar las palabras de un poeta escocés, una poesía del mundo. Y siendo una poesía del mundo, tenemos que reconocer que no tiene ni fronteras ni barreras. En ella importa más la vida de quien la hace suya que el prestigio de su autor o autora. Esta es la razón por la cual, creo yo, es tan importante el Festival de Poesía de Medellín. Nos hace pensar de nuevo en el lugar de la poesía en nuestras sociedades y nos muestra hasta qué punto ese lugar de la poesía es de extrema importancia para todos y cada uno, poeta o no.

Que un festival como este tenga lugar en una ciudad como Medellín, por mucho tiempo gangrenada por la violencia y en un país como Colombia todavía bajo el flagelo de, aunque no se la llame así, una “guerra” demasiado larga, plantea ciertas preguntas. ¿Es el poema un refugio contra la violencia? Esto es lo que dice, en otro contexto y en otra época, el poeta estadounidense William Carlos Williams: en el poema “el mundo puede, y a menudo debe, buscar refugio”.

En verdad, lo que encuentra refugio en la poesía es la libertad de expresión: es decir, dar y compartir pero también criticar y cuestionar, sabiendo que el poeta critica y cuestiona su propia existencia más que ningún otro.

Una sociedad que desea ser democrática y abierta al diálogo entre las culturas no puede sino ganar permitiendo que prospere un Festival como el de Medellín. Esta fue la convicción que tengo desde hace cuatro años.

Agradezco mucho a Suiza el apoyo que le presta a Fernando Rendón y al Festival de poesía desde hace varios años, y espero que continúe haciéndolo. Y agradezco a la fundación Ernst y Lucie Schidheiny de Ginebra el haber hecho posible para mí esta experiencia.

Suyo, con mis mejores deseos,

Alexandre Gillet
(Suiza)

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Impresiones sobre el Festival
Internacional de Poesía de Medellín

En mi opinión, el Festival Internacional de Poesía de Medellín es único en el mundo e irremplazable. Me sentí profundamente emocionada por el interés y el fervor por la poesía que manifestaron en forma constante miles y miles de personas durante una decena de días. Además, quedé subyugada por la calidad y la envergadura de este evento. En Medellín, encontré el mundo entero en miniatura: todos esos escritores que van de todas partes, pero también el pueblo colombiano presente en toda su diversidad. Viví allí una experiencia inolvidable y muy rica en el plano humano. Durante el festival yo me decía: ¡Dios mío, si hubiera en el mundo varios festivales de poesía de esta calidad y de esta amplitud, sería maravilloso porque entonces los hombres redescubrirían la belleza de las palabras y de los sentimientos, pero sobre todo porque aprenderían a reinventar una manera mejor de vivir juntos, de construir el mundo juntos, de soñar juntos, de fraternizar!

Kouméalo Anate
(Togo)

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Querido Fernando:

Aunque no he podido asistir al Festival Internacional de Poesía de Medellín, sin embargo tengo por este evento el mayor aprecio, y considero que tal vez es el festival internacional de poesía más importante de las dos últimas décadas. Como tal es reconocido por los principales intelectuales de muchos países. El hecho de que ahora esté siendo atacado por los “paraintelectuales” colombianos es una noticia escandalosa para nuestra comunidad literaria internacional. Esta clase de ataques es una vergüenza para Colombia misma. Si este tesoro cultural llegara a ser abolido, sería una gran pérdida para todos nosotros. Esperemos que unos líderes colombianos más progresistas no permitan que esto suceda.

Lawrence Ferlinghetti
Primer Poeta Laureado de San Francisco

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FESTIVAL INTERNACIONAL DE POESÍA DE MEDELLÍN

Llegar al Festival Internacional de Poesía de Medellín es asistir a un encuentro de la Palabra nuclear del universo humano. Desde mi visión de nieto indígena observo que es la prolongación del sueño de los Aburraes: así como su entorno es Valle de confluencias de los ríos cantarinos de los Andes; así el Festival es espacio de convergencia de la Palabra decantada y navegante, rojos latidos de lenguas rogativas de más de 150 naciones del planeta.

Creer en su permanencia creadora, es creer en la sonrisa-luz del Hombre en medio de la oscuridad.

Tributos

Miguelángel López-Hernández (Vito Apüshana)

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EL MUNDO, SUCURSAL DE MEDELLIN

Por Eduardo Espina

Son casi las cinco de la tarde, 16.48, y un ruido ensordecedor proveniente de la calle interrumpe mi siesta. Imperdonable. A través de la ventana del cuarto piso del hotel Liraku puedo ver una multitud en movimiento, rumbo a la plaza que tengo enfrente de mi habitación. Temperaturas casi cero y a punto de nevar, pues en Tetova, Macedonia, el invierno comienza demasiado temprano. Ya llegó, aunque apenas es octubre. Puesto que quiero ver de cerca lo que está pasando, y porque esto no pasa todos los días, ya estoy con los manifestantes en la calle. Uno más de ellos. La vida entre. De pronto me doy cuenta que soy parte de una escena surrealista salida de una película de Luis Buñuel; sólo falta Fernando Rey: jóvenes que visten una camiseta roja con la imagen en negro del Che Guevara portan una bandera estadounidense, a la cual revolotean como si con ese movimiento torpe quisieran cambiar la dirección del aire o ahuyentar a las mariposas, aunque el frío reinante ya las ahuyentó primero. Los manifestantes, tal cual constato luego de suponerlo, han venido de todos los rincones de este país idiosincrático que fue parte de la ex Yugoslavia cuando Tito era el país. Y estos, con sus pancartas y camisetas, vinieron a exigir la independencia de Kosovo, territorio o país, depende, vecino. “Kosovo libre”, es lo que gritan. Y libre será, porque el Che y el Tío Sam unidos jamás serán vencidos.

Quiero comunicarme con los manifestantes, preguntarles para saber de qué se trata todo este barullo con imágenes alucinantes, pero resulta difícil pues la única manera de hacerlo sería hablando albanés, idioma principal de los macedonios musulmanes, quienes en esta parte del mundo son mayoría. El desfile continúa. La imagen itinerante del Che barbudo (vaya, no conozco ninguna suya afeitado) y la bandera con estrellas y rayas circulan en amorosa complicidad rumbo a una utopía entre imposible y paródica. ¿Dónde estoy? Sí, ¿dónde? Ordeno ideas, pensamientos, recuerdos. ¿Qué estoy haciendo aquí, obnubilado por una dosis de absurdo mayor de lo acostumbrado? Ah, sí, participo como invitado en el festival de poesía de Tetova, el Ditet e Naimit (Days of Naim). Supongo, aunque quizás supongo mal, no sé, que esta insólita manifestación callejera es parte del escenario móvil del festival, pues cuando la poesía es protagonista activa de la realidad esta resulta beneficiada o deviene menos previsible de lo acostumbrado.

Ahora recuerdo: hasta aquí, hasta esta bulliciosa plaza con sus ocupantes, hasta estos olores de realidad para mi nueva, hasta estas imágenes contradictorias, me ha traído el poeta macedonio Shaip Emerllahu, organizador del festival de Tetova, a quien conocí en el restaurante del Gran Hotel durante el Festival Internacional de Poesía de Medellín, hace dos años, cuando Macedonia era –para mí, al menos- lugar natal de Alejandro Magno y nada más. También ese primer encuentro fue surrealista. Emerllahu estaba parado, vestido de saco y corbata, mirando seriamente a la comida quieta del buffet colombiano, con sus ricas yucas y plátanos sabrosos, como si le hubiera preguntado algo en albanés a la carne con arroz y estuviera esperando la respuesta. De pronto comenzamos a hablar, no sé bien en qué idioma, aunque eso no fue impedimento completo para iniciar un diálogo que todavía sigue hacia adelante, ya tiempo después del encuentro en Medellín y de mi viaje a Tetova para leer poesía pero, por sobre todo, para ver a miles de jóvenes ejerciendo en público una contradicción ideológica no completamente inentendible. La poesía da para todo: su filantropía es, por suerte, inextinguible.

Y todo, como siempre, tiene un origen, asociado por naturaleza a lugares originarios y originales. Los hay, todavía quedan. Conozco uno, pues el Festival Internacional de Poesía de Medellín ha sido, desde su inicio en 1990, urbe natal y origen de encuentros, proyectos, y resoluciones compartidas, las cuales se prolongan luego en lugares insólitos que únicamente pueden ser explicados en términos poéticos. Gramática salvífica. La poesía que congrega Medellín no sólo ha llevado el mundo a la ciudad que quiere ser todo el tiempo en primavera, sino que también ha enviado historias Made in Colombia a todas partes del planeta, incluso a sitios para algunos remotos donde la Tierra es incluso más desconocida.

Lo reconozco: de no haber sido por el Festival Internacional de Poesía de Medellín nunca habría llegado a Tetova, ni habría conocido a este Shaip Emerllahu, a quien jamás, de todas las veces que lo vi, he visto sin traje ni corbata, pero cuya poesía pude leer, pues gracias a las impecables versiones hechas por los traductores del festival de Medellín, poetas que escriben en lenguas de escasa circulación en América Latina, como el albanés, pueden ser leídos, esto es, accedidos en otro idioma. Entonces, también esto: el festival de poesía de Medellín es fábrica expansiva y biblioteca: ahí se traslada poesía de un idioma a otros, la cual pasa a conformar un extraordinario archivo permanente, pues las traducciones son publicadas en volúmenes de la revista Prometeo preparados especialmente para cada nueva edición del Festival. Así pues, todos los años una imponente Babel multirracial llega a Medellín y sale transformada. A partir de los resultados se abre un espacio inédito en la universalización de la poesía. Poliglotía entre flores, ron y esperanzas recientes. Ficción y realidad asumen su sinonímica condición.

Conviene pues, antes de seguir intentando hilar comentarios sobre una experiencia real maravillosa que existe, hacer una aclaración. Resulta arduo, por no decir imposible, escribir objetivamente sobre el Festival Internacional de Poesía de Medellín sin caer en el manido lugar común y en la repetición del mismo, aunque necesario, elogio. Después de todo, un acontecimiento tan bien logrado y con sostenido brillo, que ocurre año tras año contra marea, viento, y envidia, como es el festival de poesía más importante del mundo, genera asombros similares pues este, el asombro, siempre está presente en Medellín, mejor representado que en ninguna otra parte donde hay idiomas, aire, y gente.

Sin embargo, quiero detenerme en cuatro aspectos que resultan fundamentales y que componen la esencia determinante del festival de Medellín: la organización, la pluralidad ideológica, la diversidad estética, y el sentido de solidaridad que prevalece entre los concurrentes, lectores y poetas, sentido privilegiado por la bonhomía sin impostura de los organizadores (Gabriel Jaime Franco, Gloria Chvatal Londoño, y Luis Eduardo Rendón), comandados por Fernando Rendón, poeta, orador, y Papa laico en el menos petulante sentido de la expresión.

Tal vez porque la desidia forma parte de nuestra identidad continental for export, los países latinoamericanos hemos transmitido al resto del mundo una imagen de pueblos desorganizados, carentes de puntualidad y entregados a los caprichos del azar, los cuales ni de sí mismo dependen. Por eso, tal como pude comprobarlo en reiteradas ocasiones, los poetas extranjeros (incluidos los latinoamericanos) quedan sorprendidos por la disciplina logística librada de contratiempos que pone en práctica la organización Prometeo para que todas las actividades planeadas tengan precisión de reloj suizo, incluso mejor, pues tuve un reloj suizo que atrasaba.

En Medellín, ninguna lectura programada comienza fuera de la hora prevista y por eso mismo los participantes sienten (y presienten) que la poesía con sus dones varios es una actividad esencial (lo es) que no puede ni debe postergarse, y que exige rigurosa exactitud de comienzo y de finalización. Sin pretender caer en exegesis, destaco no obstante: he participado en más de una decena de importantes festivales de poesía en todo el mundo y ninguno de los que conozco, y creo conocerlos a casi todos de esta calidad y reconocimiento, presenta la excelencia de organización que tiene el de Medellín. Ejemplar. Modelo a seguir.

Cito otro aspecto distintivo. Se ha dicho por ahí, y escrito (lo leí), que en el Festival de Medellín la cancha está flechada y que los vientos ideológicos soplan en una sola dirección. La presunción dista de ser verdadera. En sus casi 20 años de existencia, el festival ha sido anfitrión de poetas con diferentes posiciones políticas y opiniones ideológicas. La larga lista de asistentes impide prolongar la majadera discusión, tal vez generada por quienes buscan precisamente instaurar eso mismo que critican, esto es, atacar al festival y a sus organizadores a partir de una ideología dominante y de una única lectura política de la historia actual, saturada como está de cambiantes circunstancias. Ninguno de los poetas participantes con los cuales he dialogado, dentro y fuera de Colombia, ha dicho, ya sea por haberlo vivido o sentido, que el festival tiene una posición política monolítica.

Por el contrario, todos ellos han destacado que la organización Prometeo, con Rendón al frente, promueve, con la variedad de voces, identidades y étnicas presentes, una apertura permanente hacia la diversidad y la disensión. Como debe ser, como no podría ser de otra manera. En el mismo espacio de reflexión, diálogo libre y, sobre todo, de intercambio poético, conviven poetas venezolanos chavistas con poetas africanos que abandonaron sus países debido a persecuciones políticas y que ahora radican en Estados Unidos; o bien conversan poetas cubanos de la revolución con poetas rusos, albaneses o macedonios que consideran a la revolución soviética como una lacra irredimible y un estigma que aún los persigue.

La misma pluralidad y diversidad prevaleciente en el aspecto político se constata asimismo en el plano estético. Todas las escuelas y tendencias liricas están bien representadas, siendo este uno de los elementos principales de destaque que tiene el festival. Basta con asistir a la lectura de clausura –impresionante- para comprobar la simultaneidad de voces disímiles y el espectro polifónico que irradia el festival, el cual permite oír en la misma noche (y en los días que dura la fiesta de los idiomas), la lírica del francés Bernard Noel, uno de los mejores exponentes mundiales de la llamada “poesía del lenguaje y de la dificultad”; la voz de un poeta metafísico y de gran resonancia filosófica como el alemán Gerhard Falkner; la poesía política de Desmond Egan y Sam Hamill, irlandés y estadounidense respectivamente, maestros de la elipsis y la prosodia; la lírica de fascinante simpleza de poetas provenientes de naciones indígenas situadas en confines antípodas del orbe; la poesía performance de Andrei Khadanovich, intraducible y enardecido; o bien la poesía amorosa de fina ironía y rasgos posmodernos del suizo residente en Berlín, Armin Senser, un descubrimiento. Así va la vida entre ejemplos diversos y palabras para tener en cuenta.

Finalmente: en un espacio de tolerancia donde los poetas convocados conversan y se entienden, las epifanías llegan por añadidura. Están ahí incluso antes de ser llamadas. El resto es comunión. Un poeta de Níger, nación más pobre de África, pregunta sobre la capital de Uruguay, país sobre el cual nada conoce ni tampoco el nombre de algunos de sus poetas, pero ante la sugerencia del interlocutor anota el nombre de Julio Herrera y Reissig (1875-1910), pues quiere leerlo. Lo prometió. Es un comienzo. Un poeta de Bélgica quiere conocer la poesía de Malawi, país africano al que ni siquiera puede ubicar en el mapa. Precisamente, lo que anoche leyó el poeta malawí en el teatro Porfirio Barba Jacob (zona centro) despertó el interés de lectores diferentes, incluso el de un poeta belga que debió venir a Medellín para poder conocerlo.

Al día siguiente, en el desayuno, la poeta nigeriana pide sugerencias al poeta de Portugal sobre qué poetas en lengua portuguesa debe leer. Y la serie de causales casualidades al margen del azar se repiten, todos los años, noche a noche. Hace dos décadas Medellín renació para ser el mundo. Las Naciones Unidas de la poesía tienen su sede en esta ciudad colombiana que 18 años atrás, entre balas y víctimas, volvió a la vida mediante el poder de la palabra insurgente. La poesía, por más gratis que sea, no es algo accesorio: antes que un arma cargada de futuro, es la bandera blanca del presente; principio y reinicio de todas las posibilidades al alcance: zona de cruces, encuentros, y fraternidades.

El Festival Internacional de Poesía de Medellín, a diferencia de otros acontecimientos que ocurren en el mundo, autoriza exagerar pues esa es la forma más precisa de aproximarse a la verdad de lo que allí ocurre, para azoro y regocijo de los sentimientos y de la inteligencia. Bienvenida pues está la hipérbole. Si no, ¿cómo informar que existen lecturas de poesía con un marco de público de más de seis mil personas, aguantando estoicamente seis horas continuas de lectura de poesía y además, aplaudiendo? ¿Lecturas simultáneas en diferentes teatros, todos llenos a la misma hora? ¿Lectores calificados de poesía desparramados por todos los barrios de la ciudad? ¿Ricos y pobres, y los del medio, unidos por el mismo entusiasmo verbal convertido en ráfaga? Sí, todo eso, y ahí. Igual que la experiencia misma del acto de leer un poema y de emocionarse por lo que no había sido dicho ni imaginado, en Medellín suceden cosas que únicamente la poesía, la que sea, puede ayudar a expresar. Son esas, justamente, las razones del corazón que sólo el corazón entiende y convierte en razones de vida.

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Soy pacifista y quiero la paz para Colombia. Cuando estuve en el Festival Internacional de Medellín viví una de las experiencias más fuertes en cuanto a la coexistencia de la poesía y la violenta situación en que se debate hasta hoy tu país y me impresionó la manera de sobrellevarla poniendo la poesía al alcance de la gente. A mí me tocó leer en una calle en la cual semanas antes había caído una bomba, lo que me hizo pensar que la palabra es la mejor arma de paz y concientización para lograr la elevación del ser humano hasta hacerlo capaz de zanjar sus diferencias pacíficamente, y que el Festival de Medellín es un oasis en el cual descansar, reponer esperanzas y apostar por un futuro sin guerras. Ahí estábamos los poetas desafiando con nuestra palabra la posibilidad de otra bomba, y eso es tener fe.

Te copio el poema surgido de la emoción de compartir la poesía pensando que un mundo mejor es posible.

CERRO NUTIBARA

Para los que estuvimos alguna vez en el Festival de Poesía de Medellín

Hay lugares que se abren cara al cielo
como si un ignoto demiurgo
los hubiera dado vuelta
dejando su interior al descampado:
resabios de cavernas que se sueltan
entre las gradas y el sol,
entre la gente.

Hay laderas que convergen en el centro
de un recinto sagrado
donde habitan los ecos de los ecos,
la palabra en su tallo florecido,
la comunión sonora del silencio.

La muchedumbre es parte del poeta.
Diminutas las voces se agigantan
desafiando al cerco de las piedras.
El cerro y la poesía
han dejado de ser para ser juntos.
El infinito entre tanto se acomoda
en la garganta del poema.

Medellín, 2001

Renée Ferrer
(Paraguay)

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Caro Fernando Rendón,

Queira registar as minhas cordiais saudações extensivas a toda nomenclatura logística que vem transformando o Festival de Poesia de Medellín na manifestação humanística única no Mundo, perante a voz unânime da comunidade de poetas da África, América, Ásia, Europa e Oceânia, que eu tive a honra e o privilégio de participar.

Registei com imensa tristeza e amarga consternação as deturpadas notícias, as infundadas acusações e a torpeza das calúnias que certos sectores vêm procurando destruir os alicerces do prestígio nacional e internacional do Festival de Poesia de Medellín.

Pessoalmente e em nome da Associação dos Escritores Cabo-verdianos expresso o meu profundo repúdio contra os detractores da obra sublime que vem, ano a ano, transformando a cidade de Medellín na capital harmónica do movimento da paz contra a guerra.

Confesso. Jamais assisti e testemunhei algo de tão grandioso como o Festival de Medellín, onde milhares de corações se unem contra a guerra, onde a poesia é um construtor de humanismo, uma força de coesão multicultural e multiracial, ao serviço da paz no Mundo, da comunhão e da solidariedade em prol do povo sofrido da Colômbia: merecedor a justo título do Prémio Nobel Alternativo 2006.

Reiterando a força do meu profundo repúdio. Digo. AVANTE Festival de Poesia de Medellín, como inabalável alicerce dos direitos humanos na afirmação cultural da cidadania.

Alta e fraternal consideração.

De,

Corsino Fortes
Cape Verde

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Hace dieciocho años, crear un festival de poesía en Medellín, representaba un desafío e incluso para algunos un delirio, teniendo en cuenta el ambiente de represión y muerte que se respiraba en ese momento, orquestado por el Estado y por el narcotráfico. ¿ De poesía? Sí. La idea era ambiciosa y loca, abrir una brecha en ese muro de odio, de violencia y de terror, hacer circular un poco de aire y de luz en esas tinieblas palpables, cortar la espiral de muerte y de miedo que parecía interminable, fatal. Organizar lecturas de poesía en la calle, abiertamente, desafiando todas las prohibiciones tácitas, era reanimar la moribunda vida cultural y espiritual, devolver el deseo a los habitantes de recuperar su ciudad; fue trazar una vía de paz a través de las voces múltiples de la poesía del mundo entero. Fue además demostrar que existen alternativas y que la resistencia siempre es posible.

Quince años después, el festival de Medellín recibía el premio Nobel Alternativo de la Paz. Pero sobre todo, lo impresionante son los ya ochocientos poetas que han venido de los cinco continentes, y han sido escuchados por millares de personas. Que la lectura sea hecha en prisiones, bibliotecas, plazas, teatros, jardines, universidades, museos, barrios populares, cooperativas, escuelas, centros comerciales o en el metro, en todas se siente la intensidad de la escucha, en una atmósfera de concentración y de festividad. Importante es decir que este éxito fenomenal ha inspirando encuentros similares en otros países de América latina y también en África.

La clausura del XVII festival de Medellín queda como una experiencia inolvidable. Hacia la media tarde, hacia las cuatro, ya estaban reunidas alrededor de cinco mil personas, habían subido a pie hasta el Carlos Vieco, el anfiteatro a cielo abierto del cerro Nutibara, llenando la gradería y luego las pendientes de hierba, a los lados, encima y entre los matorrales. Llegaron, convencidos de la necesidad de su presencia en este evento vuelto ritual; para escuchar durante más de cinco horas a los 74 poetas invitados en el 2007. Este público caluroso, entusiasta, exigente e infatigable, ha resistido incluso dos horas de recia lluvia y de truenos, negándose a dejar los lugares antes de la lectura del último poema. Los más precavidos trajeron su paraguas, otros se cubrían con una suerte de capa impermeable blanca, vendida por los sagaces vendedores ambulantes, en la negrura de la noche cebrada de relámpagos; recuerdo que en el reflejo de los proyectores centelleaban como duendes protectores, otros se estrechaban mojados, se acercaban, o llegaron para resguardarse bajo el tejado que cubre y sobrepasa la platea a los costados, todos, público y poetas reunidos en una intimidad donde el cansancio se agregaba al fervor, con la conciencia de vivir un momento de una intensidad única y que terminó en la euforia conducida por la kora de un poeta de Gambia…

A pesar de que el Festival cuenta con un numeroso respaldo y de la solidaridad de muchos poetas, a pesar del reconocimiento internacional, es amenazado y difamado sin cesar. La opinión internacional conoce los diversos estudios e informes realizados en los que se muestra que el gobierno colombiano invierte sumas enormes en el presupuesto destinado a la guerra y naturalmente lo hace en detrimento de la cultura, la educación y la salud. Es una ironía que el Festival de poesía de Medellín, siendo una de las instituciones que le da más prestigio al país en el exterior, no reciba por parte del estamento gubernamental un sólido apoyo.

Como dice Yves Bonnefoy: “A nuestros enemigos no debemos darles la alegría de vernos abandonar la esperanza.” A sus enemigos, seamos seguro de eso, Rendón y todo el equipo del Festival de Poesía de Medellin jamás los darán este placer.

Stéphane Chaumet
Francia

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Querido Fernando Rendón

Quiero expresarle mi mayor admiración por usted personalmente y por el internacionalmente famoso Festival de Poesía de Medellín, sobre el que yo había oído hablar por muchos años, y al que en el 2007 tuve el gran honor y placer de asistir como poeta invitado. Su festival es admirado y, por cierto, envidiado, en todo el mudo. Es una antorcha de paz y de esperanza para escritores y lectores de todas partes. Muchos de los poetas más respetados del mundo han leído poemas allí. Todos nosotros quedamos profundamente conmovidos por el amor a la poesía, el entusiasmo y la inteligencia del gran público (en buena parte compuesto por jóvenes) que su festival atrae; y hemos sacado de esta experiencia un sentido de inspiración y de esperanza para el futuro de la humanidad.

Quizás debería añadir, puesto que mi nombre no es necesariamente conocido por los lectores de esta carta, que soy un poeta, escritor de ficción y crítico literario de 75 años, que ha publicado su obra en inglés pero que también ha sido traducido a una docena de lenguas europeas y es uno de los dos poetas que han recibido la Orden de Nueva Zelanda, la mayor condecoración de mi país. Menciono estos hechos solo con la esperanza de que mi testimonio tenga más peso. El mundo entero te honra, Fernando Rendón. Tu festival internacional de poesía es muy grande. Debe sobrevivir y seguir prosperando.

Te mando un fraternal saludo desde el Pacífico Sur.

Sinceramente,

Christian Karlson Stead

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Querido Fernando Rendón

Espero que estés bien al recibir este correo. Como representante del cuarto idioma nacional suizo, el rético, estuve entre los participantes en el Festival Internacional de Poesía de Medellín en el 2001. Regresé del Festival enriquecida por personas que me inspiraron y con nuevas ideas para mi trabajo. El Festival permanece en mi memoria como el más impresionante y bello evento literario que conozco. El público fue grandioso, entusiasta y receptivo. Nunca había vivido una fascinación tan brillante con la poesía como en Medellín.

Al recordar el Festival todavía admiro su perfecta organización. Y me alegra mucho que a Fernando Rendón le haya sido concedido el Premio Nóbel Alternativo de la Paz por su gran esfuerzo.

Con mis mejores deseos desde Suiza

Tresa Rüthers-Seeli

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En defensa del Festival

Cuando llegué a Medellín, en el remoto abril de 1992, invitado al II Festival Internacional, había perdido la fe en la poesía, es decir, la fe en todo. Era un tiempo de derrumbes, de períodos especiales, de piñatas sandinistas, de nacionalismos furibundos, de postmodernismos paralizantes, del fin de la historia. Y en medio de aquel mundo sin utopía, Fernando Rendón, Ángela García, Gabriel Jaime Franco, la tribu toda de Prometeo, reafirmaban que la escritura no es sólo testimonio sino intervención en la realidad. Si ya no éramos calibanes, como los poetas descolonizadores que nos habían antecedido, al menos podíamos ser prometeos, lo que no es lo mismo pero es igual. En fin, el Festival y Medellín me devolvieron la fe en todo, es decir, la fe en la poesía, lo único que el capitalismo no ha podido vender ni comprar. Algo que no he vuelto a perder, desde aquel remoto abril de 1992, a pesar de que el mundo me parece cada vez peor, ni creo que perderé jamás.

Víctor Rodríguez Núñez
Gambier

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FESTIVAL INTERNACIONAL DE POESÍA DE MEDELLÍN:
LA POESÍA COMO EPICENTRO DE LA SOLIDARIDAD HUMANA

A finales del siglo XVIII el poeta romántico alemán Federico Hölderlin se preguntaba el porqué de la poesía en tiempos aciagos y para qué servía la poesía en tiempos de crisis. La respuesta la tuvo él mismo y su coetáneo Percy Shelley: “desde que se tiene noticia de la existencia del hombre se sabe que ha existido la miseria y los conflictos y si bien la poesía no tiene y ni han tenido la obligación de salvar al hombre de su catástrofe, si lo han ayudado a sobrevivir gracias a su belleza y su poder revelador”. Quizá esa sea su única obligación: ser bella sea cual sea su tiempo y su tema.

También se nos ha recordado que desde tiempos primitivos la poesía ha servido para celebrar la vida y lamentar la muerte y que no otra cosa es el poeta que el lugar donde se exalta la revelación del mundo en música y silencios. Hoy, como en los tiempos primitivos la poesía continúa festejando la existencia y combatiendo la muerte y el poeta sigue siendo el lugar de encuentro entre la palabra y el mundo.

Esa es una de las tantas justificaciones que permiten que en un país como Colombia, festivo y amargo, alegre y adolorido y carente de un verdadero Proyecto Nacional desde su independencia misma exista un espacio de festejo de la poesía y la palabra masivo y permanente como lo es el Festival Internacional de Poesía de Medellín donde la poesía contribuye una vez más a la cohesión de los pueblos y de sus identidades contribuyendo a la paz y a la solidaridad humana.

El Festival Internacional de Poesía de Medellín no solo logró crear un espacio de reflexión y recreo en una ciudad habitada por el miedo y el terrorismo sino que consiguió que los habitantes de esa ciudad con la fama más antipoética del mundo tuvieran una identidad a través de la poesía y que ese público asumiera una actitud activa frente al quehacer cultural de los pueblos. Por eso el festival es ya un patrimonio cultural de un país que acude a sus escenarios, conciente que jamás la civilización humana estuvo amenazada por tantos peligros como lo está hoy y que eso ha permitido que sea la poesía la moneda capaz de permutar tantos horrores por una sana y solidaria convivencia.

Hoy mas que nunca la poesía no tiene más asidero que la vida. En estos tiempos de descreimiento en los que ni las religiones ni las taumaturgias han logrado descifrar las angustias y los horrores del hombre solo queda creer en la poesía y hacer de esta una gran fiesta. Eso es lo que hace cada año un equipo encabezado por Fernando Rendón, Gabriel Jaime Franco, Gloria Chavatal y Luis Eduardo Rendón a través de un festival que se la juega por la vida en un país en guerra, en un país carente de asombros. Eso es lo valedero, lo que intenta recuperarnos. La poesía triunfa verdaderamente sobre sus mejores conquistas y su dialéctica consiste en que la sociedad logre su identidad y reconocimiento definitivos y permanezca para siempre en equidad. Por eso a pesar de vivir una sociedad mediatizada por el consumo, la imagen y la globalización el poeta ya no será nunca más, como nos lo recordó el gran Roque Dalton, el payaso, sirviente o enemigo o no tendrá nunca más que acudir a los tres únicos caminos posibles para su destino según un muro de Montevideo de los años 70: el encierro, el destierro o el entierro.

En conclusión quisiera citar a al gran Pablo Neruda, el poeta de las multitudes y del pueblo, el poeta de las Américas quien en su discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura en 1971 sintetizó este triunfo de la palabra: “sólo con una ardiente paciencia conquistaremos la espléndida ciudad que dará luz, justicia y dignidad a todos los hombres. Así la poesía no habrá cantado en vano”.

No sería justo hablar de las grandes verdades que entraña la poesía contemporánea si no fuéramos concientes que celebrar el Festival Internacional de Poesía de Medellín es festejar una vez más el triunfo de la poesía sobre la zozobra que gobierna el mundo, es la fiesta de la imaginación y la diversidad. El propósito será siempre contribuir a un mundo un porco más justo y libre donde los hombres seamos mejores personas. El Festival Internacional de Poesía de Medellín abre caminos para la reflexión crítica desde la diversidad y el pluralismo donde el poeta y su público asumen posiciones frente al acontecer del mundo y de la sociedad. Allí se reafirma que es a través de la poesía que las personas construyen su identidad con la absoluta seguridad que entre esa muchedumbre que acude a los diferentes escenarios y quienes motivados por festejo poético saldrán de allí muchos de ellos a comprar libros de poesía y a buscar autores de todas las latitudes del planeta y así el festival le estará aportando al país miles de nuevos lectores, de mejores personas para el mundo.

Esa será su recompensa.

Federico Díaz Granados
Colombia

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Querido Fernando, espero que con estas líneas contribuya a este llamado de la poesía. Es necesario y un compromiso con la esperanza pronunciarnos para defender el Festival.

Poder ver cómo multitudes se concentran en diferentes escenarios de Medellín para escuchar una palabra, para atrapar alguna metáfora, alguna imagen, algún gesto, algún abrazo, es ver que el otro país; el otro país que no conoce la muerte, el silencio, el grito de las armas, es tan posible y tan cercano.

El Festival de Medellín es un signo de esperanza, de resistencia. Es como la gota de agua que necesitamos para no sentirnos tan áridos de sueños, tan pobres de horizonte. Es una expresión milagrosa con escenarios atiborrados de gente que se entrega a la poesía, y al mismo tiempo, a la vida. Pues el Festival es eso, vida. Y como poeta invitada al XVII edición, eso fue lo que ví, vida, solo vida, la necesidad de continuar, de existir, de recuperar nuestra condición de personas, de seres capaces de escucharnos y sanarnos. Ví flores como gestos de agradecimientos por haber llevado una palabra, ví carcajadas, risas, ví espontaneidad, amistad, respeto, ví gratitud, ví solidaridad, reconocimiento, ví poesía; ví los gestos de la poesía.

Escribo como colombiana que sabe que la palabra es la única forma de romper el miedo, de encender la cultura de la libertad… del encuentro. La palabra desarma el espíritu, nos cura desde adentro.

Debo decir que este país necesita los infinitos abrazos del Festival, sus voces universales y diversas. Sería un magnicidio, sí, sería un magnicidio que nos arrancaran la posibilidad de ese poético y necesario abrazo.

Nos hemos dejado arrancar tanto… no nos dejemos arrancar la poesía…

Sólo puedo decir gracias Medellín, gracias Prometeo, gracias por hacer posible el abrazo, por hacer posible la esperanza, por hacer posible la vida.

La palabra es sólo para la vida, no para derramar oscuridad, la que se utilice para tal fin, deja de ser palabra para convertirse en sombra sobre papel.

Fadir Delgado
Colombia

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Desde que por primera vez, allá a mediados de 1994, descubrí profundamente conmovido, en lo alto del cerro Nutibara, rodeado en su gran anfiteatro al aire libre durante horas y horas (e incluso bajo la lluvia) por miles y miles de atentos, cálidos, fraternales habitantes de la injustamente desangrada Medellín, como no pude evitarme decirles que les agradecía poder ver al fin concretado lo que profetizara Lautréamont: “La poesía debe ser hecha por todos”, intuí con deslumbradora certidumbre no sólo que ellos eran los principales protagonistas, los auténticos poetas, sino también los verdaderos artífices de ese milagro reiterado y creciente que, a través de su Festival Internacional, ha convertido sin duda a la capital de Antioquia en capital mundial de la poesía.

Han errado, entonces, quienes han enfocado sus desdenes contra el esforzado grupo de seres humanos que, con sus más y sus menos, con sus muchos aciertos y sus previsibles errores, han ideado, organizado, sostenido y mantenido vigente a este evento memorable y ejemplar. Porque los verdaderos artífices, los verdaderos creadores del inolvidable Festival Internacional de Poesía de Medellín, al cual auguro larga vida para que nos siga dando vida, son sus muy numerosos, apasionados y devotos sostenedores, los hombres, mujeres, ancianos, jóvenes y niños de su pueblo, que le dan su verdadera dimensión y sin los cuales nunca hubiera sido posible. Gracias, de corazón. Salud, hermanos.

Rodolfo Alonso
Poeta, traductor y ensayista argentino

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MEDELLIN, O MAIOR FESTIVAL DE POESIA DO MUNDO

É bom lembrar quea história literária da humanidade é carregada pelos ombros de seus poetas. Epopéia de Gilgamesh, de origen babilônica, um dos primeiros e principais poemas nacionais, relata as aventuras do lendário rei da Suméria. Depois um bardo jônico, Homero, um cego de feira, escreve a história da Guerra de Tróia em duas volumosas epopéias populares: Ilíada e Odisséia. E houve outros que criaram pátrias e mudaram o mundo, vejam Luiz Vaz de Camões, Dante Aghieri, Ovídio, Isaias, Ezequiel, Daniel e Salomão. E os mais próximos como Pablo Neruda, Garcia Lorca, Drummond de Andrade, Ezra Pound, Rubén Dario, Gabriela Mistral, Nicolás Guillén, filho de Xangô e Oxum. Assim a Poesia dignifica e edifica a humanidade e o Festival Internacional de Poesia de Medellín é um acontecimento supremo para a marcha do do hoem nosso tempo.

Luiz de Miranda
Brasil

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Querido amigo el poeta Fernando Rendón; Queridos amigos del festival internacional de poesía de Medellin;

No sé que decir, Medellin y su festival de poesía, no es solamente una referencia para el bien de la poesía y sus mundos, sino es la referencia para las todas festivales del mundo. Habéis creado un núcleo de atención y un mundo paralelo lleno de esplendor y magnificos proyectos alrededor de los ultimos 18 años. Basta mencionar Medellin, y salta el nombre del Festival.

Los que creemos en la palabra, seguimos apostando por la belleza, no tenemos que aterrorizarnos por aquellos que no tienen tarea más que destruir.

Unos abrazos

Abdul H. Sadoun
Irak

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DEFENSA DE LA POESÍA*

El Festival Internacional de Poesía de Medellín es sin duda uno de los hitos de la poesía contemporánea. En él todas las expresiones estéticas tienen cabida: es el aleph donde la poesía universal, en plena libertad, manifiesta un alto grado de expresión.

Desde una tierra arrasada por la violencia un grupo de poetas imaginó y concretó una respuesta de amor, un espacio reflexivo a tanto odio y sinrazón. Tuve el honor de participar del festival en el año 2002 y ese hecho perdura en mí como uno de los más importantes de mi vida.

Quiero dejar por escrito mi total apoyo al Festival de Poesía de Medellín así como a Fernando Rendón, Gabriel Franco y a todos los otros poetas que conforman y llevan adelante esta verdadera utopía.

Para aquellos que enarbolan sus críticas quiero recordar unas palabras de Jorge Luis Borges, cuando en un momento de su vida a él también lo agraviaron injustamente.

Dijo: desearía que la respuesta a mi obra provenga de otra obra.

Sería saludable entonces que quienes encuentren imperfecciones en el Festival de Medellín no alienten su destrucción sino que realicen un nuevo festival de acuerdo con sus talentos y posibilidades.

Mario Sampaolesi
Argentina

*Shelley, P.B.

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Poeta Fernando Rendón Director General del Festival Internacional de Poesía de Medellín. Medellín, Colombia. COLOMBIA

Apreciado Fernando:

Para nosotros los descendientes de pueblos indígenas de México el Festival Internacional de Poesía de Medellín, organizado por “La Revista Prometeo”, y que reúne a escritores de diversas latitudes del mundo, representa y ha significado la oportunidad de difundir la veta viviente, -por mucho tiempo inexplorada-, de nuestra poesía proveniente desde nuestras lenguas indígenas.

Gracias a esa posibilidad que, año con año, nos ofrece el Festival Internacional de Poesía de Medellín, poetas, narradores, ensayistas y dramaturgos indígenas de México y de América, interactuamos y construimos, afanosamente, puentes de comunicación fraterna por medio de la palabra antigua, la que, entreverándose con la nueva palabra, resiste los embates de los procesos de aculturación, abiertos y encubiertos, en su pretensión de extinguirla y arrasar con nuestras identidades.

Ante las amenazas y el vocinglerío, aúllo procedente de Xibalbá, reciba “La Revista Prometo” y el “Festival Internacional de Poesía de Medellín”, la solidaridad de nuestra conciencia fraterna.

Jorge Miguel Cocom Pech
María Fernanda Balboa Álvarez

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Medellín, la puerta de la esperanza

Han pasado siete años desde que el Festival Internacional de Poesía de Medellín me abrió las puertas de una ciudad mostrada por las noticias periodísticas como un campo de batalla. En Centroamérica la violencia es parte del día a día, así que no tenía mucho que temer.

Para mi sorpresa, lo que encontré fue una ciudad mágica, donde miles de jóvenes (en realidad gente de todas las edades, pero especialmente jóvenes) llenaban las plazas para escuchar, ver y sentir poesía de todas las formas, colores y tamaños, de diversas procedencias y formas de expresión. Cómo olvidar al venerable Galsan Tschinag, de Mongolia, quien nos bendijo con una oración por la paz llena del espíritu de sus ancestros nómadas; o al amable poeta iraquí Saadi Yousif, que nos puso de pie con la voz de un país invadido, y de quien tuve el honor de ser improvisada traductora.

Y cómo olvidar a tantos poetas tan humanos y accesibles a pesar de la importancia de su obra, como Renée Ferrer, de Paraguay, la cubana Georgina Herrera, el español Antonio Colinas, el mexicano Juan Bañuelos y muchos otros, algunos de países tan lejanos que les tomó días llegar al punto de reunión. Me siento afortunada de haber compartido con ellos y ellas, y con los habitantes de Medellín, esos diez días que fueron como un baño de luz.

No fuimos nosotros, visitantes, quienes cruzamos las puertas de Medellín, sino Medellín, Colombia, el mundo entero, los que entraron por nuestros oídos y nuestros ojos y dejaron una vocecita en nuestro interior, repitiéndonos: es posible la esperanza. Es posible la paz. Es posible la poesía. Es posible la vida.

Que Medellín y su Festival Internacional de Poesía sigan hablándonos, conmoviéndonos, bendiciéndonos con el don de la palabra, para que la claraboya que han abierto no se cierre, sino que más bien se agrande e ilumine a este planeta oscurecido por el militarismo y la sinrazón.

María Eugenia Ramos
Honduras

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La noticia de que el Festival Internacional de Poesìa de Medellín viene siendo atacada, equivale a un latigazo en la nuca. Y quienes acometen ello no pueden ser sino los fementidos de siempre que envilecidos y parapetados en su metro cuadrado de poder desdeñan, censuran o recelan del trabajo de los honrados y apasionados ciudadanos. Cuesta creer que hayan entidades o individuos que quieran desbaratar a un Festival que durante décadas ha congregado a miles de poetas, portadores de la espiritualidad y el sentimiento de sus pueblos. Cuando me tocò participar en el XVI Festival (2006), fue subyugante comprobar las oleadas de gente que asistìan a cada acto, hecho que nunca antes y en ningùn otro festival habìa visto. Entre otros, este Festival, a mí me dio la oportunidad de llevar la voz y el sentimiento del pueblo Quechua que ni siquiera en mi propio paìs (Perù) goza de la atenciòn que Uds. le concedieron.

Asì, pues, Fernando, cuenta con mi apoyo en esta lucha infame contra la poesía.

Fuerte abrazo,

Odi Gonzales
Nación Quechua, Perú

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Un festival de poesía puede ser -y de hecho lo es para muchos- algo inútil. Pero para quienes conservan la sensibilidad íntegra, un festival de poesía es un acto de encuentro. Primero, consigo mismo, y precisamente por ello y a partir de ello, un acto de encuentro con el otro.

Hermandad, solidaridad, entrega, son sólo algunas de las implícitas y explícitas motivaciones que lo propician. Y un acontecimiento que aglutina esos conceptos, prácticas y formas de ver y actuar en el mundo, no puede sino irradiar una convivencia fraternal y plena entre iguales.

Leer poesía es leer el universo, y el asombro que hay en ello nos mantiene vivos y nos protege contra las insidias de la muerte y lo sombrío. Por eso Medellín es un reducto de luz inextinguible, un ejemplo a seguir por quienes creemos en la vida.

Haber participado en el Festival Internacional de Poesía de Medellín fue para mí un honor del que me enorgulleceré el resto de mi vida. Porque más allá de la maravilla única en el mundo entero de -según lo atestiguan año tras año poetas de todas las latitudes- congregar a miles de personas en una fiesta de la palabra llena de virtudes (desde la impecable organización, hasta el cariño inmenso del pueblo y la tierra colombiana), este festival cuyos méritos lo ubican como el más importante del mundo, hace, creo, a todos quienes en él participan desde ambos lados del escenario, mejores seres humanos. Y eso es un logro que a veces ni siglos enteros lo consiguen.

Benjamín Chávez
Bolivia

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La guerra, la poesía y Medellín

Mientras hacía mis maletas para ir a Medellín pensaba en muchas cosas. Estaba excitado sobre el viaje. Yo vivo para la poesía y las artes y fue maravilloso representar a mi país. Había oído decir cosas maravillosas sobre Colombia. Pero también estaba un poco paralizado. ¿Tendría un choque cultural? ¿Sería bienvenido? ¿Tendría que preocuparme por la violencia en el país?

Pero las cosas cambiaron por completo cuando llegué a Colombia. A pesar de la barrera del idioma (la mayor parte de la gente solo habla español allí) me di cuenta que la gente era muy amigable. Yo vengo de un país donde creemos que “ahiti devo bhava” —que quiere decir algo así como “nuestros huéspedes son nuestros dioses”. Así que su hospitalidad me recordó mucho mi patria.

Medellín es una bella ciudad con un clima muy bueno durante todo el año. Y sus gentes toman la poesía en serio. Las lecturas fueron en teatros al aire libre, salones y bibliotecas atestados de gente. Miles de personas fueron a la apertura y la clausura del Festival. En la clausura, a pesar de una lluvia torrencial, la gente permaneció al aire libre aplaudiendo cada poema y todos los poetas.

En el público había gente de todas las edades, desde niños muy pequeños hasta personas de edad. Fue maravilloso ver que los jóvenes eran más de la mitad del público en todas las lecturas.

Era obvio que era muy difícil el trabajo de los organizadores, llevando los poetas al país, cuidándolos, escogiendo los lugares de las lecturas, llevándolos allí y de vuelta al hotel, y asegurándose de que todo marchaba bien. Y todo funcionó bien. El Festival Internacinal de Poesía de Medellín fue una de las mejores experiencias de mi vida. Fue maravilloso ver la cantidad de jóvenes que forman el equipo organizador del Festival, muy activos, muy eficientes y trabajando día y noche.

¿Qué tan importante es el Festival? ¿Ayuda a detener la guerra? ¿Traerá la paz? ¿Qué tan importante es para la población de la ciudad y del país? ¿Qué tan importante es para los poetas?

Después de mi experiencia en el Festival, me di cuenta que los organizadores tienen ahora la obligación de celebrarlo cada año —no sólo para sí mismos y el pueblo de Medellín sino para la poesía misma. Una de las patrocinadoras dijo en la apertura que el Festival es el mayor del mundo. Seguro que lo es. Nunca había visto yo que la poesía se celebrara tanto.

Encontré que la gente de Medellín espera ansiosa el evento anual y que ha desarrollado un gran gusto por la poesía y las artes.

Los organizadores del Festival están obligados a celebrarlo cada año porque le han dado a todo el mundo un gran ejemplo para que pueda ver la belleza y el poder de la poesía. No pueden decepcionar ni decepcionarse.

¿Puede la poesía detener la guerra? Cuando miles se reúnen para escuchar poesía y compartir la belleza y la alegría, ¿no ayuda esto a detener la guerra? Yo creo que la poesía es la mejor amalgama de pensamientos, sensaciones, sentimientos y literatura. De modo que a través de la poesía la gente siente, celebra, se expresa y se inspira. Es difícil detener una guerra pero es maravilloso ver a la gente de Medellín sumirse en el gozo de la poesía, olvidando todos los dolores durante el Festival. Y entonces queda a la espera del otro durante todo el año. Entre otras cosas, la poesía es una curación para ella.

En cuanto a los poetas, no se puede pedir más de ellos. Ver a los poetas de todo el mundo viviendo juntos y compartiendo la cultura y la poesía fue una gran experiencia. Yo sé que, como yo, todos los poetas deben haber dejado Medellín inspirados por el Festival, la ciudad y el pueblo, y el poder de su propia poesía.

Después de mi lectura en la Plaza de la Luz el 19 de julio, dos niñas jóvenes se acercaron y me dieron esta carta:

Chirag:

Muchas gracias por haber venido a Medellín. Fue fabuloso tenerte aquí. Podemos ver que tienes un gran corazón, el corazón de un artista. Gracias de nuevo por compartirlo con nosotras. Esperamos que te guste Medellín. Por favor, no olvides decirle al mundo que en Colombia hay mucho más que guerra y pobreza. Nosotras esperamos y creemos que la POESÍA puede cambiar el mundo.

Gracias,

Marcela y Laura

Cuando leí la carta supe que el objetivo del Festival se había cumplido.

Chirag Bandel
Nepal

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Querido Fernando Rendón

Espero que estés bien al recibir este correo. Como representante del cuarto idioma nacional suizo, el rético, estuve entre los participantes en el Festival Internacional de Poesía de Medellín en el 2001. Regresé del Festival enriquecida por personas que me inspiraron y con nuevas ideas para mi trabajo. El Festival permanece en mi memoria como el más impresionante y bello evento literario que conozco. El público fue grandioso, entusiasta y receptivo. Nunca había vivido una fascinación tan brillante con la poesía como en Medellín.

Al recordar el Festival todavía admiro su perfecta organización. Y me alegra mucho que a Fernando Rendón le haya sido concedido el Premio Nóbel Alternativo de la Paz por su gran esfuerzo.

Con mis mejores deseos desde Suiza

Tresa Rüthers-Seeli

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Cuando participé en el XIV International Poetry Festival of Medellín, me sorprendió la forma tan profesional y cuidadosa como fueron organizadas nuestras reuniones, lecturas y la estadía, también en Bogotá. Es el festival de poesía más bello al que he asistido jamás.

A pesar de las circunstancias políticas que parecían más bien peligrosas según lo que habíamos leído en los periódicos europeos, los poetas nos sentimos muy seguros. Disfrutamos la atmósfera de amistad y armonía y el impresionante intercambio de visiones de la poesía y la vida con poetas de varios continentes. Me gustó en particular haber conocido poetas colombianos tan interesados en la sociedad, la solidaridad y la poesía, demostrando así que la poesía no es un privilegio de una élite sino el ambiente y el derecho natural de todo ser humano.

Volví a Suiza con el informe más positivo posible de esta experiencia.

Así que espero que el Festival sobreviva y no sea sacrificado por razones económicas o de otra clase.

Ningún otro festival puede mejor promover un mundo en paz.

Iran Baumann
Suiza

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Queridos amigos:

Como poeta y escritor, quiero reconocer desde lo más hondo de mi corazón que el Festival Internacional de Poesía de Medellín es uno de los eventos culturales más excepcionales del mundo. Le brinda a los poetas invitados una oportunidad dorada de reunirse, comunicarse, sentir las penas y alegrías de los demás, y darle a la sociedad global un bello mensaje de PAZ para la humanidad.

El Festival Internacional de Poesía de Medellín cuenta con un equipo dedicado y culto que le da a cada poeta invitado la mejor impresión posible.

¡A los poetas se les da una amplia oportunidad de leer su poesía frente a miles de personas que comparten y aprecian sus mensajes sin importar las diferencias de nacionalidades y de idiomas!

Estoy seguro que el maravilloso pueblo de Colombia está orgulloso del Festival Internacional de Poesía de Medellín.

Con mis mejores deseos y mucho amor,

Nahid Kabiri
Irán

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Kia ora y saludos,

Mi nombre is Te Kupu. Soy un poeta de Aotearoa, Nueva Zelanda.

Asístí en 2001 al Festival Internacional de Poesía de Medellín como poeta invitado y me impresionaron mucho todos los aspectos del festival. A los poetas nos atendieron muy bien y la diversidad de lugares en toda la ciudad y fuera de ella fue muy impresionante. Me gustaron especialmente las lecturas en las calles, los bares, los barrios de invasión y las prisiones.

Me siento muy honrado y es un gran privilegio haber asistido al Festival: el mundo es un mejor lugar gracias al Festival Internacional de Poesía de Medellín. Los sentimientos contra la guerra expresados en solidaridad con los colombianos y colombianas comunes sólo pueden crear e inspirar una atmósfera de paz en Colombia.

Tengo grandes recuerdos de la gente y los lugares, y no sólo adquirí un conocimiento más profundo de la convulsión colombiana, sino que nació en mí un amor por la gente y la tierra.

La reputación de Colombia como país peligroso no es aplicable al Festival Internacional de Poesía de Medellín. Estoy seguro de que si más personas aún asistieran se produciría una nueva imagen de Colombia. Una imagen llena ya no de secuestros y de masacres, sino una imagen donde estas cosas han desaparecido en la oscuridad.

Te Kupu, nación Maorí
Nueva Zelanda

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Querido Fernando y poetas amigos de Colombia

Sentí mucho saber de su situación. Esta es mi defensa del festival de poesía más importante del mundo; espero que la puedan usar con mares de luz y amor desde Islandia.

¿Por qué es tan especial el Festival Internacional de Poesía de Medellín?

He tenido la fortuna de ser invitada a muchos festivales de poesía en todo el mundo. En estos festivales me encuentro con frecuencia con otros poetas viajeros como yo. Y hablamos sobre los festivales a los que hemos asistido. Entre estos poetas de todos los rincones del mundo, el festival con la mejor reputación, sin ningún lugar a dudas, es el de Medellín. ¿Por qué?

Creo que se debe sobre todo a tres factores. Desde el principio, el festival pudo llegarle al pueblo de Medellín, en ninguna otra parte del mundo lee uno ante tantas personas, que escuchan a los poetas con honestidad y franqueza. Si no les gusta lo demuestran, y si les gusta, también. Es muy importante para uno encontrar esta especie de reacción inmediata. Pero es muy difícil encontrarla.

El siguiente elemento que constituye la asombrosa alquimia del Festival de Poesía de Medellín es la perspicacia de los organizadores en la selección de los poetas y la forma maestra en que mueven los hilos de la organización.

El tercer elemento es el sentido de la importancia y el respeto por la poesía en Colombia. Lo que los organizadores han podido realizar con pasión y esfuerzos es llevarle la poesía al pueblo, en una forma en que ningún otro festival lo ha logrado.

Considero sin ningún lugar a dudas que el Festival Internacional de Poesía de Medellín es el EL festival de poesía más importante del mundo. Como nunca había sido invitado ningún poeta de Islandia, éstos me preguntaban si era seguro ir a Colombia, a lo que yo les respondía que si los invitaban y no iban, lo lamentarían por el resto de su vida. Porque porque allí por primera vez en mi vida sentí en lo más profundo de mi ser, a través del pueblo de Medellín, lo importante que es el diálogo por medio de la poesía.

Al contrario de muchos otros festivales a los que he ido, nunca me sentí como un peón en un juego político. Todos en el festival estaban allí simplemente porque podían oír el murmullo que hay entre las palabras —un murmullo que ofrece un puente entre las culturas—, un murmullo de compasión y el susurro de misterio que se da en todo momento. Sentí que el pueblo de Medellín, que el pueblo de Colombia tiene sed de puentes sobre el horror de una realidad de guerra y tensión política— un puente hacia la esperanza eterna de un futuro libre de guerra —un esperanza de paz y de felicidad, que este festival ofrece.

El Festival es un gran tapiz que ha ido creciendo desde que estuve en 1997. Sería una indescriptible y gran vergüenza que este festival desapareciera. Sería como perder un gran amigo, no solo para mí sino para todos los que han participado en este evento único.

Nunca he sonreído tanto como durante este festival —incluso encontré un importante hilo hacia mi propio objetivo personal y por esto le estoy eternamente agradecido.

Birgitta Jónsdóttir
Islandia

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Querido Fernando

Apoyo plenamente al Festival de Medellín. Es el más bello y maravilloso festival de poesía del mundo. Nunca el pueblo de un país ha honrado a tantos poetas y a la poesía como el colombiano. El Festival de Medellin es un símbolo de libertad, paz, fraternidad y de reunión de culturas del mundo. Espero que este evento que reúne a autores de todo el mundo siga existiendo y de que tendré otra oportunidad de asistir a él.

Un cordial saludo,

Kama Symor Kamanda
Congo

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En 1995 conocí en Medellín a Anise Koltz, la poeta luxemburguesa, quien en su infancia conoció los horrores de los campos de concentración Nazi. Al quedar libre milagrosamente de aquello que se parece a una larga pesadilla, prometió, se prometió olvidar el idioma alemán, y nombrar en adelante el mundo en la lengua de Proust, Char, Valéry...

La experiencia de haber conocido a esta mujer cambió mi manera de ver el mundo, pues comprendí que la lengua que no nombra la libertad funda cautelosamente una prisión, que de tanto nombrar la palabra prisión terminamos siendo carceleros de la libertad. Comprendí que la lengua es la patria del hombre, hogar para los antiguos vocablos, el sueño de la plenitud y la infancia, tiempo de aire y resuello de fuego. La casa.

Conocí a Anise Koltz en 1995 en el marco del V Festival Internacional de Poesía de Medellín. ¿Qué más puedo decir?

María Clemencia Sánchez
Ccolombia

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Querido Fernando:

No hablaré mucho: en mi blog aparece una crónica sobre la experiencia que tuve en Medellín, la cual ha sido una de las definitivas para mi vida. Tampoco me gusta ser cursi, ni usar palabras demasiado modernistas, así que sólo puedo decir que lo que ustedes han logrado con la organización del Festival Internacional de Poesía de Medellín es algo muy sorprendente y muy fuerte. Y para los que consideramos a la poesía como uno de los materiales fundamentales para alterar el cuerpo social (desde el lenguaje de la tribu hasta el cuidado de las más humanas y revolucionarias sensibilidades) el festival se transforma en un referente ineludible, una cátedra, un ejemplo y una memoria de felicidad.

Gracias por darle al mundo algo tan especial y único. Sepan separar la cizaña del trigo en su debido momento, tienen 18 años de sabiduría para lograrlo. Reciban un fuerte abrazo de:

Alan Mills
Guatemala

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IMPORTANCIA DEL FESTIVAL DE MEDELLÍN

Mi experiencia de profesor, además de poeta, me ha convencido de que, se puede estar absolutamente desinformado sobre la historia, la teoría o la práctica de la poesía, pero si en lo más íntimo de la persona hay una médula de sensibilidad, la tarea de explicar, de difundir, de incentivar el disfrute de la misma no es ni ardua ni vacua ni mucho menos inútil. Pero si el interlocutor, en este caso enmudecido por la carencia de un órgano de simpatía necesario para el diálogo inteligente, carece de esa médula, es como pretender hacer caminar a alguien que carezca de columna vertebral. Es por eso que me resulta, ante lo palpable y categóricamente visible –no solo para mí sino para los más de sesenta poetas que lo hemos experimentado–, tan incongruente tener que argumentar un hecho de la magnitud real, innegablemente positiva y edificante como el Festival de Poesía de Medellín.

En primer lugar, debo decir que nadie nunca me preguntó mis filiaciones políticas para invitarme al Festival, ni me pidió luego adhesiones solidarias para uno u otro bando. Simplemente gané un prestigioso concurso, no de técnicas de guerra de guerrilla, solo de poesía y eso bastó. En la poesía, mi poesía, que hago no realizo labor proselitista alguna. Mis temas son los de la angustia existencial del hombre y sus dilemas y frustraciones ante un mundo cada vez más materialista y deshumanizado. Se pueden leer los textos publicados por la revista Prometeo. O sea que nadie puede decir que favorezca a grupo o partido alguno, otro que no sea el ser humano y sus conflictos, dudas y sueños. Todo esto me permite decir que lo que vi, viví, fue, por una parte, a un nutrido y altamente valioso grupo de poetas preocupados por llevar lo mejor de su arte a un pueblo de este planeta y, por otra, a un público, quizás el más fervoroso de los públicos, que recibió, con entusiasmo, emoción viva y cariño agradecido el regalo estimulante y esperanzador de la poesía.

Solo puedo responder desde la experiencia pues no conozco más allá. Pero lo vivido vale y puedo decir que he estado en varios otros festivales del mundo y es esta una experiencia única. Por el entusiasmo comunicativo que se establece con el público, por ser la poesía el centro de una armonización que busca la belleza y el enaltecimiento de los mejores valores del ser, creo que merece toda nuestra protección y defensa. No es solo por Colombia, es por el mundo. En un planeta agobiado por amenazas reales, no ficticias, como la pobreza, el hambre, la injusticia, la violencia, el consumismo irracional, la explotación irresponsable de los recursos naturales, que haya un espacio para incentivar sensibilidad, inteligencia y valores humanos, es de una trascendencia incontestable. Ya el gran poeta José Martí decía que la poesía era más necesaria a nuestros pueblos que la industria misma, pues si esta nos brinda el sustento, la poesía nos da “el deseo y la fuerza de la vida”. Esto bien vale la pena, así como nuestros desvelos y nuestro esfuerzo.

El festival de Poesía de Medellín es un espacio no solo para el pueblo colombiano, sino para el mundo y no únicamente por constituir un presente encomiable sino una visibilidad de la esperanza posible.

Manuel García Verdecia
Poeta, Cuba

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Querido Fernando

El Festival Internacional de Poesía de Medellín es motivo de inspiración para Colombia y para el mundo. ¡Me gustaría ver a sus detractores hacer un trabajo tan bien! El Festival ha inspirado la creación de otros festivales —y he visto, por ejemplo, a los organizadores en Costa Rica, enviar poetas a escuelas, prisiones y hospitales, con el mismo espíritu desinteresado.

¡Viva Medellín! El Festival es bueno para los poetas, la poesía y el público. El Festival sabe que la poesía es necesaria para el alma de una nación y su pueblo; la poesía puede ser una voz universal que cante la dignidad y el misterio del ser. La poesía es una necesidad vital.

¡Viva Medellín! ¡Viva la poesía! ¡Viva la paz!

Gabriel Rosenstock

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En 2007, cuando le conté a la gente que iba a ir a Colombia, algunos me miraron algo escandalizados. Cuando dije que iba a Medellín, mis amigos me advirtieron que tuviera cuidado. Cuando dije que iba a un festival de poesía, muchos se mostraron divertidos. Otros me preguntaron si yo sabía qué significaban Colombia y Medellín. Las únicas palabras en las que podía pensar, me dijeron algunos con franqueza, eran “cartel” y “drogas”.

Cuando regresé de Colombia y no paré de hablar sobre la belleza y la maravilla de un festival de poesía que atraía a miles de personas, que absorben ansiosas las palabras de los poemas, mis amigos se mostraron francamente asombrados. Yo les dije que miraran el sitio Web del Festival, y no podían comprender. ¿Por qué no habían oído hablar sobre eso? ¿Sobre Medellín como capital de la poesía? Algunos me preguntaban esto con una especie de extrañeza. Y en esta forma el Festival Internacional de Poesía de Medellín se convirtió en un factor de buenas noticas sobre Colombia, un inadvertido aliciente de turismo, al difundir la noticia de que en Colombia hay una fuerte corriente intelectual, un profundo amor por la literatura, una corriente que lleva la literatura a su origen con la visión poética de Homero, con las tendencias internacionales literarias y con la visión de una transformación de la sociedad a través de la palabra. Hace sólo unas pocas semanas, yo, como hablante del inglés y del criollo, conversando con alguien de Panamá, descubrimos que uno de los mayores entusiasmos que compartíamos era haber conocido el Festival de Poesía de Medellín.

Yo sé que nadie desearía que se acabara el Festival. Sea cual sea nuestra opinión política, debe ser claro que el Festival es buena publicidad para Medellín. ¡Sigan adelante! Es un producción colombiana superior. ¡Gracias por haberme dado la oportunidad de vivirlo! ¡Espero volver algún día!

Merle Collins
(Granada)

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Querido Fernando Rendón

Yo fui invitada a participar en el Festival Internacional de Poesía de Medellín en 2007. Yo soy una poeta y música, y viajo internacionalmente interpretando poesía y música. Este Festival fue uno de los eventos más importantes de mi vida. El Festival abarcó el mundo de la poesía. Éramos poetas de todos los continentes, de muchos países de todo el mundo. En los muchos actos que organizaron actuamos e interactuamos con muchos grupos de la sociedad colombiana. Cuando viajo cuento muchas historias sobre mi experiencia allí. Hablo de la hospitalidad del pueblo colombiano. Hablo sobre cómo la gente ama allí la poesía, y cómo el amor de la poesía es seña de una sociedad desarrollada. Siempre termino hablando sobre la lectura final, de más de seis horas, con todos los poetas, y el enorme y entusiasta público, y sobre cómo la lluvia nos bendijo. Nunca olvidaré cómo actué en conjunto con otros poetas indígenas. Ese momento alimenta mi corazón.

Muchas gracias,

Joy Harjo
Nación Mvskoke, poeta y música

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Colombia de mi color

Mi Colombia tan bella como frágil
Mi Colombia fuerte y frágil a la vez
Mis bellas montañas de Medellín
De llanos y habitantes adorables

Y esos otros que encuentro en los caminos
Todos yendo hacia un fin desconocido
Como todos esos pobres sin casa
En un país fecundo en recursos

La miseria allí se codea con la riqueza
Como hermanos enemigos para siempre
Esos ojos apagados de sufrimiento
Todos esos ojos me cuentan la historia

Los vehículos la confirman
Esos rostros de múltiples colores
Siendo sólo la identidad su cultura
Para ellos la poesía es una esperanza

Esa esperanza tan frágil
Ese trabajo sin tregua
De los que se encargan de su salvaguardia
Las fuerzas negativas quieren callarlos
Para las que cualquier medio vale

¡Oh Ruanda, mi bienamada!
Ojalá seas un buen ejemplo
Para este país, que se parece a ti
En el sufrimiento y la violencia

Si tu pudiste librarte de ellos
Sólo la cultura fue tu puerta de salida
Transmite tu cultura a mi Colombia adorada
Ven en auxilio de nuestros semejantes

El Festival Internacional de Poesía
Esta arma pacífica contra la violencia
Sueño con mostrártela el año próximo
Para aumentar tus posibilidades de sobrevivir
Así viviremos como hermanos

Los sufrimientos son inmensos
Las poblaciones pobres y desesperadas
Pero los jóvenes siguen siendo valientes
La única esperanza de esta Colombia

Si los hubieras visto, Ruanda mi bienamada
La esperanza en ellos es el estímulo
De muchos que viven para la poesía
Y se dedican a ella sin descanso

Ellos saben lo que sufren
Pero nada ni nadie
Podrá detener su energía
Ni hacerlos reducir al silencio

Son miles en este teatro
Este teatro al aire libre hasta la noche
Bebiendo poemas como de una fuente inagotable
Como agua descendiendo en una garganta sedienta

Las voces cantantes a cual más
Las lenguas diferentes no los atemorizan
Porque la lengua y la voz de la poesía
Son escuchadas por los oídos del corazón
Las nubes negras no arredran a nadie
El viento que mece las hojas de los árboles
Le añade un toque a cada música poética
Y las gotas de lluvia unen nuestros corazones

Qué momento idílico este cinco de julio
El día de la liberación de Ruanda, mi amor
Todo es fiesta para los ruandeses en todo el mundo
Solo nuestros asesinos ponen mala cara

Yo la celebro en Medellín, en Colombia
Yo que ya no tengo hijos, tengo aquí miles
Que me aclaman y hacen feliz
Me embellecen a pesar de que mi corazón sangra
Pero también está feliz esta tarde en Colombia

Mi Ruanda está en mi corazón y en mi voz
Mi Ruanda está en mis ojos que brillan felices
Mi Ruanda está siempre en mi alma
Mi Ruanda querida y martirizada

Nuestra arma pacífica que es la cultura
Mi Colombia me ayuda a celebrar su felicidad
Esta Colombia me recuerda el pasado
Pero el festival me inspira esperanza

Esta esperanza se la deseo a este país
A todas las madres con el corazón martirizado
Que siguen sufriendo por la desaparición de sus hijos
Sus corazones llenos de desesperanza para siempre

Viva el festival de Medellín
Viva la esperanza y la Paz de Colombia
Que este Festival sea para el pueblo un apoyo

Yolande Mukagasana
Superviviente de los Tutsis en Ruanda

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Queridos amigos

El Festival Internacional de Poesía de Medellín es el mayor evento en mi vida poética. Todos esos poetas de todas partes del mundo y la gran poesía siempre en torno a mí. Estoy muy agradecida de haber sido parte del Festival. Este Festival es fantástico.

Mis mejores deseos,

Hanne Aga
Noruega

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Un cálido saludo de las Filipinas para el director Fernando Rendón, el coordinador del programa Luis Eduardo Rendón y todos los que trabajaron tan duro para hacer del XVIII Festival Internacional de Poesía de Medellín una memorable fiesta de palabras y de reuniones afirmativas de personas para el gozo de la poesía y demás artes relacionadas en espacios de libertad y de paz.

Habiendo tomado parte en esta celebración de las aspiraciones más profundas de la humanidad a través de la palabra escrita y hablada, afirmo fuertemente que la visión de Fernando Rendón de hacer del Festival Internacional de Poesía una forma de promover el trabajo para una paz honorable en Colombia, es un esfuerzo que merece ser imitado por los líderes y trabajadores de los movimientos culturales de todo el mundo. Este alto propósito es una visión compartida, y así como los colombianos de bien están orgullosos del Festival, los poetas que participaron en su décimo octava versión sienten y saben que le apuestan a su crecimiento continuo, y que ciertamente protegerán su legado poético para el pueblo colombiano amante de la paz y para el resto del mundo.

El Festival, en su año dieciocho de actividad, ya está en su madurez, y su poder de avanzar y siempre avanzar, involucrando cada vez más poetas y artistas, e inspirando a las gentes de diversas comunidades, es la mejor razón de su existencia. A mí personalmente me conmovió profundamente la impresionante calidad del público en Medellín y en Tunja, su cálida y sincera reacción ante el poder de la poesía, y su genuino amor a los poetas en cuanto sinceros compañeros en la tarea humana de traer la paz a nuestras vidas individuales y comunitarias.

Por lo tanto, puedo decir que los recientes ataques contra la integridad del Festival y sus líderes y organizadores son falsos e irresponsables, y han puesto en un peligro innecesario una las más valiosas creaciones del espíritu humano. Como ciudadana del mundo de la poesía, comprometo mi apoyo al Festival Internacional de Poesía de Medellín de modo que pueda continuar brindándole luz y esperanza al mundo, que tan frecuentemente marcha contra los sueños y la paz de los pueblos.

Marjorie Evasco
(Filipinas)

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Milagro colectivo

Creo haberlo comentado con Fernando y Gabriel, fraternos compañeros y almas ductoras de esta suprema fiesta de la poesía. Desde que en el 2004 participé en ella, no me canso de repetirlo también a amigos y conocidos y en cuanto escenario la vida y el deber me han deparado: lo que ocurre en Medellín durante los días que dura el Festival constituye un verdadero milagro colectivo.

No me lo contaron, lo viví. Pacientes e interminables filas de hombres y mujeres, de viejos y de jóvenes, como en los grandes espectáculos deportivos o musicales esperan pacientes para entrar a ver y oír...sólo a poetas. Y ni siquiera sólo a poetas de nuestro idioma: a poetas de la gran Babel de lenguas que es el mundo.

No conozco otro festival, encuentro o manifestación cuya protagonista sea la poesía, que hubiere despertado y despierte tanto fervor compartido en tanta multitudinaria y entusiasta y respetuosa audiencia (tal vez, en nuestra América, sólo el de Caracas). Y justamente en una ciudad, Medellín, y en un país, Colombia, que han visto nacer y reproducirse en sus entrañas, durante largas décadas, la más feroz de las demencias antipoéticas –dicho sea con el perdón de Vicente Huidobro y Nicanor Parra-: la violencia. Y de su sombra, la muerte.

Porque el Festival de Medellín constituye una de esas insoslayables referencias que la poesía otorga a los seres sensibles –no pocas veces a contrapelo de la náusea y el horror cotidianos- para incitar o restituir en ellos la aventura y la fiesta de la plenitud.

Gustavo Pereira (Venezuela)

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El FIPM, o las palabras que hacen rizoma

Si todavía hay en Colombia un espacio en el cual la palabra posee la virtud de convertirse en palabra-acto, de operar una metamorfosis en quienes se detienen un momento, suspendiendo el tiempo para investirse “del aquí y el ahora”, es el espacio del Festival Internacional de Poesía. Recuerdos del 2005: imágenes caleidoscópicas, colores vivos, voces y música de las palabras que entrelazan los corazones al unísono. Y las palabras de esperanza del joven alcalde de Medellín, que en la apertura de la 15ª edición decía en un recuento cuán sorprendente ha sido la contribución del Festival al encauzar las violencias asesinas en la ciudad, pacificando los ardores belicosos… También recuerdo las palabras de sabiduría inaudita del poeta de la Sierra Nevada que crea un lazo entre la lengua, la tierra, la paz y la vida: “... Los hermanos menores ignoran la amplitud de la destrucción que infligieron al mundo. Destruyendo los árboles, los bejucos, el bosque, los ríos, destruyeron la lengua. Destruyendo la lengua, destruyeron el amor entre el hombre y la tierra y a partir de este hecho, el amor entre los hombres. Ya no hay que preguntarnos por qué hay tanta violencia en nuestro mundo, hoy… ", palabras de la verdad, palabras de resistencias ávidamente bebidas por cinco mil personas sentadas en la gradería, sentadas por tierra, sentadas entre las ramas de los árboles.

Estos millares de personas, mujeres, hombres, jóvenes, viejos y niños, en cuclillas sobre el asfalto, esperaron por más de una hora el inicio del baile de las palabras: por la tarde allí, El Premio Nobel Wole Soyinka debía hablar un momento sobre Demóstenes, pero la poesía de Irak y de Palestina que le precedieron, hicieron llorar de emoción… Los encuentros milagrosos en el mercado, delante de las tiendas, sobre el teleférico donde repetidas veces, un hombre, una mujer, un niño, me pidieron un autógrafo o un poema, o bien ofrecieron el suyo… La noche de locura en Bogotá compartida con poetas, músicos, cantando en nuestras lenguas distintas, contando historias hasta el alba, después de haber ofrecido poemas en un Centro cultural a un público entusiasta de jóvenes de los calientes suburbios …

Y la organización perfecta de un profesionalismo a toda prueba: ¡Fernando Rendón y Gloria Chvatal, a pesar de todas las dificultades, tienen el tiempo de ofrecer una palabra càlida a cada uno de nosotros!

En Medellín, redescubrí la capacidad transformadora de las palabras sobre el mundo, esta fuerza inalienable del verbo que refunda toda cosa, recose los rasgones y las heridas, este verbo que recrea el deseo de vivir, siembra la tierra de semillas de paz, planta los tallos de la esperanza, riega bejucos de solidaridad y de luchas por la vida. Del festival me llevo indestructibles amistades: las músicas Luz y Juliana Rojas que trabajaban allí, me acompañaron tres años más tarde en una caravana de artistas desde América Latina a Europa, y hasta Burkina Faso en África para honrar la memoria de Thomás Sankara. ¡Lazos qué hacen rizoma! ¡Por ellas me sentí fuerte y orgulloso de tener a Colombia conmigo para una memoria de África!

Hoy Colombia ganaría permitiendo brillar a esta joya, esta perla rara que ofrece al mundo. Este es uno de los espacios donde late su pulso más profundo, vibra el corazón del país, un espacio privilegiado para un verdadero uso de la palabra. El universo entero le mira, admirándolo… ¡Ustedes tienen entre sus manos un festival estremecedor, vivo, lleno de esperanza y fuerza! ¡Gracias por haber acogido allí mis palabras de cólera y de justicia y de libertad!

Koulsy Lamko (Chad)

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El hecho de que en muchos países del mundo se celebren en nuestros días festivales internacionales de poesía, que gozan de gran prestigio tanto en esos países como fuera de sus fronteras, no se debe tanto a una nostalgia romántica de tiempos pasados y dorados como a una necesidad vital de defender y aumentar, en las sociedades contemporáneas, una sensibilidad capaz de contrarrestar la enajenación y la indiferencia, que son productos directos de los abusos del poder y de los monólogos idílico-comerciales de los medios masivos de comunicación.

Lo antedicho concierne a todas las sociedades, porque ninguna es ideal, ninguna está exenta de defectos. La poesía despierta la conciencia o, mejor dicho, ella misma es la conciencia profunda de las sociedades. A diferencia de otros géneros literarios y artísticos, la poesía nunca ha obedecido los mandamientos del poder y del comercio. Tampoco es la poesía algo que se limite a complacer al oído o a la vista. La buena poesía está llena de significaciones, es filosofía y sabiduría, pero no como un producto exclusivamente cerebral y abstracto: es una filosofía y un saber que emana del ser humano en su totalidad. Cabalga y alza el vuelo en imágenes, en metáforas capaces de trasmitir sus mensajes a un público amplio, más allá de un círculo selecto de intelectuales.

Todo esto quedó ejemplarmente confirmado por mi reciente experiencia como participante en el 18° Festival Internacional de Poesía de Medellín. Para nosotros, los poetas, esa semana no fue solamente la máxima manifestación de una fiesta poética, sin paralelo en el mundo. Fue también un esfuerzo serio de representar dignamente a nuestros países y nuestras culturas. No se nos ha limitado a leer cinco o seis poemas una sola vez y sólo en un lugar determinado. Todos los poetas invitados estuvimos activos a lo largo de los siete días del Festival leyendo extensamente nuestros poemas, siempre en lugares diferentes, ante un público siempre nuevo y renovado, siempre cordial y agradecido, un público extraordinario no sólo por ser numeroso, literalmente inmenso, sino por ser atento, sensible y culto.

Un público tan numeroso como el que asistió a nuestras lecturas de poesía en Medellín y en otros lugares de Colombia demuestra, a la vez, la confianza y el alto aprecio con que el pueblo colombiano reconoce los esfuerzos de los organizadores del Festival, encabezados por el poeta y humanista Fernando Rendón. Con sus compañeros y amigos, entre los que destacan jóvenes estudiantes, talentosos y entusiastas, Fernando Rendón ha fundado un fenómeno, un evento que ennoblece y enriquece a su patria, Colombia, precisamente por no ser un festival de cine o de música pop (que tanto abundan en el mundo entero y son, a menudo, poco menos que parte del gran comercio internacional), sino de poesía, este arte raro, tierno, interior, que ha llegado a encarnar, a lo largo de la historia, más que otras vertientes de la actividad artística, el alma de un pueblo.

Un diálogo entre las almas de los pueblos del mundo entero, esa es la significación trascendente y universal del Festival de Medellín. En lugar de las guerras y la violencia, la paz; en lugar del egoísmo, la comprensión del otro. Sin duda es por esta dimensión, sobre todo, que el Festival de Medellín ha merecido el Premio Nobel Alternativo. No es solamente un diálogo entre voces poéticas emergidas en las grandes lenguas internacionales. Uno de los méritos más destacados del Festival de Medellín es tratar de incluir en ese foro poético a los poetas que escriben en las lenguas menos divulgadas y conocidas, hacer que ellos –esa “mayoría poética invisible“, fuertemente restringida y condicionada por la barrera del idioma– tengan la oportunidad de acceder a la visibilidad internacional.

Fui uno de los tres poetas extranjeros a quienes se ofreció la posibilidad de leer sus poemas en la sala del Senado de Colombia, en Bogotá. Este evento se transmitió a todo el país a través de la televisión colombiana. Resultó muy agradable oír que varios políticos parlamentarios colombianos, en sus discursos durante dicho acto, destacaran la importancia que tiene para toda Colombia el Festival de Medellín, y hablaran incluso de la necesidad de ampliar la dimensión de éste, para extenderlo a otras regiones del país.

Con respecto a mi propia lectura en el Senado, es muy probable que el gran público de Colombia pudiera conocer, a partir de mi largo poema “Elegía estonia“, algo sobre mi pequeño país a orillas del mar Báltico. Para ampliar este diálogo incipiente publiqué, recién regresado a casa, un artículo sobre el Festival de Medellín en uno de los principales diarios de Estonia, el Eesti Päevaleht (véase: http://www.epl.ee/artikkel/435766). Puedo asegurar que mis compatriotas estonios, a los que hasta hace poco no les sonaba mucho el nombre de la lejana ciudad de Medellín, se han enterado de que ésta se ha convertido en la “capital mundial de la poesía“, decidida en enfrentarse a la miseria y la injusticia sociales mediante una pacífica revolución del verbo poético.

Jüri Talvet,
poeta, catedrático de literatura comparada
de la Universidad de Tartu, Estonia
Pärnu.

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Querido Fernando:

El Festival de Poesía de Medellín, es, con seguridad, la tribuna más grande de la poesía en todo el mundo. Un fenómeno único que ha reunido a poetas de los cinco continentes en una fiesta que es sin lugar a dudas, una respuesta de la paz y de la creación ante tanta crueldad, injusticia y barbarie impune de nuestra época.

En un país con una guerra absurda, solventada por los peores intereses y un franco plan genocida, los poetas de Colombia, de todos los países latinoamericanos y de otras latitudes a impulso del Festival hemos adherido siempre por la pacificación de ese país .Fernando Rendón y su equipo nos impulsaron en esta campaña y, debo decir por mi propia experiencia que nunca se me exigió para ello filiación ideológica alguna. Los poetas, por ser tales, defienden una trinchera más noble .La política en todo caso debe llegar a la libertad, a la armonía de todas las criaturas y a la solidaridad sin ambages con los más postergados del planeta, tal como lo hace la poesía. Vaya mi apoyo al Festival de Medellín con la esperanza de que, ante un objetivo tan preciado como la paz en Colombia, las diferencias entre los intereses sectoriales (aún las diferencias de opinión ) se conjuguen en una síntesis y en un esfuerzo común que devuelva la alegría y el futuro libre a los colombianos.

Leopoldo Teuco Castilla (Argentina)

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Como una práctica asumida desde la transformación más vital de nuestros dolores y/o favores de la propia experiencia, la poesía debe entenderse como necesaria. Incluso para la construcción urgente de nuevos significados, que nos faciliten asumir la vida desde perspectivas mejores. Citando a Riechmann: la poesía no cambia al mundo. Pero el mundo no vuelve a ser el mismo después de un poema. Creer en esto es creer también que lo que escribimos, así como lo que leemos, reafirma nuestros pasos y abre límites otros para nuestra concepción colectiva de lo que merecería llamarse mundo.

La importancia del Festival Internacional de Medellín radica justamente en esto: hacer de un espacio físico común, un coliseo de colectividades líricas disímiles entre sí, pero atadas neciamente por el atrevimiento de escribir poesía en un mundo donde casi ya no nos queda tiempo para nada. Donde vivimos bordeando la locura de los paraísos virtuales y de los grandes comercios. Donde el otro no es más que ese animal horrendo que se atreve a levantar la mano.

En el espanto de estos tiempos, celebro que un festival de esta envergadura nos asista. Ante todo el que nos reúna, bajo este cielo ácido (dudosamente celeste) a escuchar con detenimiento las soledades o interrogantes de decenas de poetas -sea para resistirnos o identificarnos. De cualquier modo, la tolerancia es la que siempre está en juego. Y por la que no podemos nunca dejar de apostar. Menos en países como los nuestros, aquejados por enfermedades visibles.

Ernesto Carrión (Ecuador)

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El Festival Internacional de Poesía de Medellín no sólo es el encuentro de poesía más importante del mundo, sino que constituye una de aquellas raras ocasiones en que vemos la prueba palpable de que es posible que algún día los seres humanos lleguemos a ser dignos del universo que habitamos. Más aún, porque existe precisamente la poesía y un lugar que año a año la congrega, toda violencia se vuelve más evidentemente cruel, absurda, incomprensible. Si hacemos arte, si miles y miles se reúnen cada año en Medellín a escuchar poesía es porque el sueño no ceja y porque en definitiva la muerte no prevalecerá. Nacido precisamente al lado de la violencia, el Festival Internacional de Poesía de Medellín es también un recordatorio de nuestra dignidad como latinoamericanos, de nuestra fuerza y de nuestra belleza.

Ningún ataque, ninguna mala palabra, ninguna cizaña podrá rozar lo que el Festival de Poesía de Medellín ha levantado y continuará levantando. Nada podrá trizar ese cielo plural y nuestro donde la poesía vive y renace permanentemente.

Vaya mi abrazo solidario y fraterno a su director, el poeta Fernando Rendón, y a cada una de las personas que trabajan para que año a año para que este encuentro de la Paz sea posible.

Raúl Zurita
Santiago de Chile

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Elogio de una utopía
A propósito del XVIII Festival Internacional de poesía de Medellín

Primer día:

En la hondonada, a la intemperie, cinco mil personas están frente a sesenta poetas de todos los lugares del mundo. Es tarde y la brisa agita los árboles. Comienza la función y los invitados leen en sus lenguas o dialectos los hallazgos, las dádivas, los otorgados milagros de la poesía.

La clamorosa multitud se estremece, algunas mujeres fugadas por unas horas de las pinturas de Botticelli vienen a traducir la poesía del mundo.

En el cielo una danza de nubes se hace agua, llueve, el auditorio no teme a la lluvia, se sienta en la lluvia, pequeñas sombrillas de colores se abren, los oyentes comparten su pequeño escampado, nadie se retira hasta que el último poeta no ha sido escuchado.

Días de semana: en el hotel varios jóvenes envían desde la mañana hasta la noche poetas venidos desde los cinco continentes a muchos lugares de la ciudad y de la nación. Hombres construyen jardines de tinta, tulipanes hablan, mujeres resucitan a sus hijos, ciudades se crean en la voz del que camina los versos, palabras en el papel se plegan y forman aves. La belleza bebe en la belleza, el viento ulula, un hombre bajo los árboles recuerda la arquitectura de un árbol, otros del silencio hacen su música.

Último día:

En la cima de la fiesta cinco mil personas se sientan cinco horas de la última tarde hasta que el último poeta dice su canción, no se fatigan, están seguros y felices del tesoro que llevan a casa.

José Zuleta (Colombia)

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EL FESTIVAL INTERNACIONAL DE POESIA DE MEDELLIN

Por Fredy Chikangana
Poeta Nación Yanakuna.

El Festival Internacional de Poesía de Medellín es algo impresionante no solo por la magnitud de la convocatoria de poetas a nivel mundial, por la calidad de los poetas con los que hemos tenido oportunidad de interactuar, sino por la fuerza de la gente amante de la poesía que cada año se congrega en grandes multitudes en las plazas, en los parques, en las calles, en los colegios, etc. y que llegan con el deseo de llenar el corazón y empoderar el espíritu con la fuerza de la palabra. El Festival es una fiesta, es ese encuentro tan necesario con la gente, con el transeúnte, con el ama de casa, con la secretaria, con el indígena, con el empleado, con el negro, con la señora que vende frutas y suspira con los cantos de un poeta africano o con las luces que destellan en las palabras de un poeta Coreano. Es un espacio formidable hecho a pulso por hombres que aun sueñan en un país justo, un país para la vida y no para la muerte, unos hombres que pudieron dedicarse a otras labores menos azarosas y sin afanes, pero que prefirieron esa vida dulcemente azarosa y llena de hermosas dificultades para hacer vibrar a nuestra gente con el poder de todos los cantos que en cada minuto surgen en cada rincón de este planeta.

Aun tengo en mi memoria el absoluto silencio de la gente frente a un poeta que lanza sus pájaros al aire, frente a un cantor que exorciza la lluvia, frente a la voz que anida sueños en los múltiples espacios de este Medellín, he sido testigo del regocijo de la gente frente a los poetas, del cariño y el pedido de un poema como se pide un vaso de agua en un día soleado y eso toca el corazón del poeta. Es derbondante el tejido que se ha venido forjando a la luz de esta escuela de la palabra, ya no somos los poetas los iluminados, son ellos la gente del común que en muchas ocasiones nos sorprenden con su capacidad receptiva, con su sensibilidad y el grado de conocimiento que han venido adquiriendo sobre la poesía mundial. Por eso pienso que el Festival de Poesía de Medellín es el escenario mayor de la palabra que debe ser valorado como patrimonio de la humanidad por sus aportes a la perduración de la vida desde los múltiples cantos, música, sonoridad y lenguas que cada año convoca.

El Festival ha sido ese espacio de encuentro de culturas, ha sido amplio y abierto, incluyente y con disciplina. Aquí vine a reencontrarme con mis hermanos poetas de diversas naciones indígenas de América como son los zapotecas, mapuches, mayas, Quechuas, Lakotas, Navajo, Muscogee, etc, ya nos habíamos encontrado en otros eventos, pero en Medellín fue desbordante por el solo hecho de que nos encontrábamos con otros hermanos poetas del mundo y escuchar otras voces, otros sonidos de lenguas y realidades deja una experiencia valiosa, por eso después de cada lectura nos preguntábamos de lo que puede hacer la poesía, de la capacidad de dar esperanza y engendrar vida en nuestros países y en este caso en nuestro país sumido en una violencia tan enfermiza, con enormes injusticias y desesperanza. Escuchábamos otras realidades, repasábamos las lecturas de otros poetas del mundo y corroborábamos que lo que dice Jorge Zalamea es una verdad “en poesía no hay pueblos subdesarrollados”, eso nos daba la fuerza suficiente para continuar en nuestro empeño de seguir cantando sin esperar nada a cambio solo la alegría y el cariño de la gente. Aquí hemos compartido y hemos aprendido a modelar la arcilla de la poesía sin perder el diseño de nuestros abuelos y hemos entendido que así como cantan en Asia, en África o en Australia así mismo aquí cantamos y espantamos la muerte, el dolor y la rabia, creamos la alegría y seguimos construyendo sueños para la gente.

Hay que valorar el esfuerzo titánico de los organizadores del Festival, la capacidad de llevar la poesía a lugares distantes no solo en el mismo Medellín, sino en el país, eso es de admirar y apreciar en su justa dimensión, en lo que significa no solo para los poetas, sino como fuerza de vida y conciencia para la gente. Los poetas tenemos un camino trazado y somos unos pasajeros mas, pero el festival es el espacio, el libro abierto para la gente, para los amantes de la buena poesía, para los convencidos y los no convencidos de que la palabra toca la realidad y la transforma transformando al individuo, por lo tanto sin mayor afán pongo mi voz, mi corazón y mis palabras en defensa del Festival de Poesía de Medellín que ha permitido compartir nuestros cantos, captar otras imágenes y sentir ese jubiloso apoyo de la gente en un espacio que nos pertenece a todos.

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Queridos amigos del Festival de Poesía de Medellín, es difícil expresar con pocas palabras lo que ese evento significó para mí en mi paso por él el año 2005. Pocas veces he visto la fe en la palabra y en la gente ejercer tanta realidad como esos días. Un lugar implacable de ética para con lo que uno es y hace; una solvencia de oficio y dedicación y un ejercicio riguroso y apasionado transformaban a la ciudad y a quienes la visitábamos en un deber para con la paz y la humanidad. He oído muchos tratados por la paz pero nunca vi uno en acción y en palabra como es el Festival. Después de eso y a mi retorno retomé la posta y saqué la poesía a las calles de una ciudad herida en su fe y en sus posibilidades como es la ciudad de La Paz.

¿Cómo decir "con palabras de este mundo" lo que han sido capaces de transformar en nosotros? El tiempo, la poesía, la gente... sabrá decirlo mejor. Pero me uno a cualquier aliento y celebración que necesiten. Contrario a la pregunta de para qué poetas en estos tiempos, me uno a la respuesta que sentí viva en Colombia: para amar y seguir viviendo; para que ello valga la pena.

Un abrazo lleno de recuerdos bondadosos,

Mónica Velásquez
(Bolivia)

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Estimado Fernando:

Gracias por tomarme en cuenta para defender al Festival de Poesía de Medellín de los ataques, que aun sin conocer su origen, solo pueden venir de mentes deformadas por intereses que están al margen de la literatura. El Festival de Poesía de Medellín es patrimonio no sólo del pueblo de Colombia sino también de todos los latinoamericanos y se ha convertido en un paradigma revelador y fortalecedor de la poesía en el mundo.

Un festival de la calidad, entrega, organización y eficiencia como el de Medellín no se fabrica por medio de una varita mágica, sino que es fruto de un esfuerzo sostenido por décadas de un equipo de trabajo, comprometido con la causa de la belleza, la esperanza y el futuro de los pueblos del mundo, fundamentalmente de América Latina.

Desde esta tierra hermana de Nicaragua mis mejores deseos, para que frente ante tanta ignominia, el Festival continúe con mas bríos y brillos, lo cual estoy seguro ustedes sabrán, hacerlo, como siempre lo han hecho.

Un abrazo solidario

Juan Carlos Vílchez
(Nicaragua)

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Queridos Amigos,

Fiquei surpreendido com as más notícias sobre a continuidade do Festival Internacional de Poesia de Medellín.

Fui poeta convidado há 3 anos e por ser verdade devo dizer que o Festival de Medellín é possivelmente o melhor festival de poesia do mundo inteiro.

Quem o afirma é um poeta que já foi convidado para pelo menos 40 festivais de poesia de todos os continentes e em nenhum deles encontrou tão vivo e forte o amor à poesia por parte do público, o entusiasmo por parte dos organizadores e o prazer intenso de comunicar a sua arte por parte dos poetas participantes.

Medellín em si é uma obra de arte e acabar com este festival é o mesmo que destruir os Budas do Afeganistão, é o mesmo que assaltar os museus de Beirute e Bagdad durante as guerras que todos tristemente sabemos.

Como poeta que teve a felicidade de ter sido convidado para Medellín tenho levado ao mundo inteiro, a muitas dezenas de países, não só o nome do Festival como o nome do próprio país, a Colômbia, que durante todos estes anos de duração do festival apenas tem beneficiado com a beleza, a originalidade e a força do Festival de Poesia de Medellín.

O Festival de Medellín, que está enraizado nos nossos corações e é parte integrante e extremamente significativa da cultura da Colômbia, não pode nem deve acabar — pelo contrário, deve ser cada vez mais conhecido e reconhecido.

Viva o Festival de Medellín!

Casimiro de Brito
Portugal, 28/7/2008.

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Mi querido Fernando,

Durante el verano, vivo en una casa de campo a orillas del San Lorenzo, seguramente uno de los más asombrosos ríos del mundo; en frente, en la otra orilla, a 30 kilómetros de aquí yacen las montañas más antiguas del mundo, las llamamos Les Laurentides.

Te digo esto para que sepas que cada día, cada día, en este escenario grandioso, pienso en Medellín, en el Festival Internacional de Poesía en Medellín en el cual tuve el gran privilegio de participar en 1999. Tengo en esta casa el 'poster' de aquella edición – la IX – con el asombroso poema: 'se trataba de un viento más fuerte que nuestra memoria.' No sé de quién es el poema, el poster no lo dice.

Y también tengo en una pared dos fotos que saqué muy de mañana desde el hotel donde nos hospedamos, mi mujer y yo, en un lugar llamado Támesis. En la montaña, hay un pico en forma de sombrero cónico, en una foto está tapado el sombrero por las nuebes, en la otra, no.

La velada poética en Támesis queda en mi memoria como uno de los altos momentos de mi vida de poeta. Y no hay lectura pública de poesía en la cual yo participe que no compare con las lecturas en Medellín, que sea en el anfiteatro al aire libre o en los salones y salas y teatros de la ciudad. En esta comparación, Medellín siempre, siempre sale ganando por la calidad del público, por el número de espectadores, por el ambiente de respeto a los idiomas escuchados, pour la fineza de las traducciones.

Sería pues una vergüenza que este Festival esté amenazado. Sería una vergüenza para los poetas y la poesía, claro; para los cientos que estuvimos allí y lo vivimos como un regalo de la vida, pero también sería una gran vergüenza para Colombia.

Todos los poetas que hemos andado de Festival en Festival de continente en continente, de Struga a Paris, de Trois-Rivières a La Habana, de Las Palmas a Marseille – y hablo por mí, que no he viajado tanto – somos testigos del orgullo de los Colombianos que encontramos cuando les hablamos del Festival de Medellín, de la complicidad que ello crea entre nosotros.

Por favor, no me digas que Colombia va a perder este Festival. No me digas que nos van a quitar la muchedumbre fiel, religiosamente respetuosa del gran anfiteatro, los auditorios llenos de gente, los espectadores tomando notas, el soplo mágico del compartir una metáfora, un giro, une evocación, los patios de escuelas llenos, la sala del Centro Cultural de Támesis...

Por favor, que no me lo quiten, que 'se trata de un viento más fuerte que nuestra memoria'

Con un abrazo de

Émile Martel (Canadá)

p.s. Querido Fernando, como presidente del PEN Club de Québec, participaré en el 74 congreso anual del PEN Internacional en Bogotá del 16 al 20 de setiembre próximo. Le mando este mensaje a mi amiga Cecilia Balcázar, del PEN de Colombia, a ver si ella puede hacer algo en el caso.

Con cariñosos y fraternales saludos de Nicole y míos

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Querido Émile,

De verdad, si el Festival de Medellín no existiera, sería una pérdida enorme para el mundo de la poesía en general, y una herida repentina en mi vida. Ya lo hemos hablado: no dejo de sentir el asombro que he vivido en Medellín. Es sin duda, en el sentido de sin duda alguna, el viaje que más ha hecho impresión en mí de todos los viajes que he hecho como escritor. La descripción que haces del Festival, de su público es perfectamente justa. Veo y leo en tu mensaje tanto al poeta como al hombre, ambos marcados por la ciudad y por el país, por la poesía oída y vivida en Medellín. Estoy totalmente de acuerdo con tu mensaje. Hagamos todo lo que podamos para que este Festival no desaparezca.

Jean-Marc Desgent (Canada)

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Querido Fernando,

Me ha sorprendido enormemente tu correo... Siento que es nuestro deber ético como escritores y seres humanos, estar profundamente agradecidos con la existencia del Festival Internacional de Poesía de Medellín. Un milagro sin precedentes, por el que pido larga vida para que todos los poetas del mundo puedan tener la increíble experiencia de estar ahí.

Este pasado mayo me encontré con Gabriel Jaime Franco en Caracas, coincidimos en el V Festival Mundial de Poesía; fue tan hermoso verle ahí, poderle decir personalmente lo mucho que les quiero, que les aprecio, pero sobre todo que les respeto y admiro por trabajar como lo hacen en pro de la POESIA. No sólo se lo dije a Gabriel, sino a todos los compañeros poetas que venían de 38 países distintos, algunos de ellos no han estado en Medellín, y todos los que hemos tenido la dicha de ser invitados, coincidimos en que "LO QUE PASA EN MEDELLIN, NO PASA EN NINGUNA PARTE", así es mi querido Fernando, lo qué pasa en Medellín no pasa siquiera por la imaginación de muchos de nosotros.

Las palabras se quedan cortas para expresar el vívido recuerdo de esos días en la tierra Antioqueña, el nivel maravilloso de organización con que reciben a sus invitados, todo perfectamente orquestado, transportes, comida, lecturas, viáticos, oportunidades de conversar con los poetas, participar de las lecturas de los compañeros, ir, venir, sentirse en casa, entre hermanos, y no me refiero sólo a los poetas, sino también a esa increíble gente antioqueña que abarrota anfiteatros, teatros, centros culturales, parques, cementerios, calles, plazas y bares en pos de la palabra: Chicos, grandes, jóvenes, adultos, mujeres y hombres, todos ellos escuchando la poesía... De verdad ¡ESCUCHANDO!

Fernando querido, quisiera decir tantas cosas, que no son ni halagos ni zalamerías, sino realidades bellas, quizá a veces increíbles en estos días en que el mundo se envuelve en oscuridad y desasosiego, tal vez es por eso que nos cuesta creer a algunos que todavía los sueños son posibles, siempre y cuando se junte un equipo honesto, dedicado y, sobre todo, apasionado para conseguirlo. Sólo un corazón chico y una mente aviesa podría hablar en mal de este milagro del que tú, tu familia, Gabriel, Jairo y tantos otros, son creadores y del que poetas como yo hemos sido participes.

Estoy segura de que recibirás miles de cartas como esta, en 18 años la cantidad de poetas que les han visitado es inimaginable, también estoy segura de que se expresarán mejor en sus ideas, pero una cosa te puedo asegurar, nadie lo hará con tanto cariño y agradecimiento como yo.

LARGA VIDA AL FESTIVAL DE MEDELLIN, LARGA VIDA A LA POESÍA

Aída Párraga
El Salvador

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La experiencia (durante diez días) del Festival de Poesía de Medellín, que he vivido este año, corresponde de sobra a los elogiosos comentarios que había escuchado sobre anteriores festivales. Efectivamente, se trata de un fenómeno cultural que llamaría (y llama) poderosamente la atención en cualquier pais del mundo., con mayor razón si se tiene en cuenta que se realiza en un contexto tan hostil a la cultura efectiva como el colombiano actual, y en una ciudad como Medellín, famosa también por sus graves conflictos político-sociales. La masiva afluencia de público a todos los actos del Festival, su entusiasmo, los comentarios que hace después de las lecturas, sorprenden por la calidad humana y, con frecuencia, por la comprensión estética que denotan. Pienso que los 18 eventos hasta ahora realizados, han formado (en gran parte) ese público o han elevado su nivel.

El trabajo de dirección y organización es admirable, así como el desempeño de excelentes intérpretes, presentadores y asesores. La coordinación de todo este equipo muestra una disciplina, una solidaridad y amabilidad excepcionales. El alojamiento es de primera categoría y los viáticos generosos. Hay que destacar además, que el Festival es una oportunidad única para entablar relaciones de amistad y como colegas, con decenas de poetas de muy diversos y alejados países del mundo. Es un evento que debiera ser declarado patrimonio cultural de la nación.

Eduardo Gómez (Colombia)

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Medellín: La Paz, Un Gran Poema

Vasto jardín de suaves lomas y casitas con galerías donde revientan las flores. Mezcla de Jarabacoa y Santiago, donde las cercas se construyen con gigantescas y multicolores variedades de la begonia, Medellín se dio tristemente a conocer en los 70 y 80 por ser una de las ciudades mas violentas del mundo. “Capital” del narcotráfico, lo fue también de las fuerzas paramilitares, cementerio donde cada año podían morir miles de personas.

Sede del Premio Nobel Alternativo Festival Mundial de la Poesía, organizado por el poeta Fernando Rendón, los escritores que arribamos al 18avo Festival lo hicimos con un propósito: testimoniar nuestra solidaridad con un movimiento que ha sabido anteponer la poesía a la violencia; le ha devuelto a la ciudad la belleza de sus orígenes (por eso es un evento que siempre ha sido auspiciado por la Alcaldía, conjuntamente con la Corporación Prometeo), y sobre todo la esperanza de que otra Colombia es posible, de que verso a verso se puede construir la paz.

Lo que ninguno podía imaginarse es lo que ha llegado a significar la poesía en Medellín, donde cinco mil personas se dieron cita en el acto inaugural, casi con un fervor religioso, para escuchar a poetas de Suiza, Nigeria, Kenia, Alemania, Cuba, Ruanda, Vietnam, Brasil, Malawi, Francia, Estados Unidos, Palestina, Afganistán, España y Tailandia. El programa se extendió luego, con todos los y las poetas (éramos 65) a los barrios, asentamientos, bibliotecas, museos, casas de cultura, plazoletas, universidades, cárceles de máxima seguridad, escuelas de profesores, teatros, plazoletas, y universidades y municipios de Medellín y otras ciudades.

Confieso que cuando nos presentamos en el Teatro Lido, con poetas de Panamá, Bogotá, El Salvador y Bolivia, y vi una fila que le daba la vuelta a la cuadra, pensé que debía haber algún estreno cinematográfico. Lo mismo sucedió en el Municipio de Itagüí, zona textilera donde creí que un lunes, a las seis de la tarde, la Biblioteca estaría vacía, para encontrarme con 500 personas disciplinadamente esperándonos. Empero, si esto nos sorprendía mucho más nos asombraron las lecturas a las cinco y media de la mañana frente a los obreros de la refinería de petróleo de Barrancabermeja, y a los obreros desempleados en busca de la jornada del día, a las siete de la mañana. ¿Cuando se nos ha ocurrido a nosotros leer poesía en las zonas francas? ¿En el horario de los trabajadores y trabajadoras?

Era como si estuviésemos celebrando un “7 Días con el Pueblo” cada DIA, en una ciudad donde de tanto decirse el poema es ya tradición, una manifestación de masas.

El poeta Manuel Garcia Verdecia, de Holguín, parecía resumirnos frente aquella multitud de vivos y muertos a la espera de una visa para un sueño:

“Ah mis muertos amados ¿para qué quieren paz si están demasiado vivos?
Vengan a mí siempre
Vengan, vengan, déjenme estas voces
Que yo las haga canción sueño vida!”

Y el poeta Federico Díaz Granados, de Colombia, cuando recitaba, a dos voces con su padre, José Luis Díaz Granados….

“Y no queda sino mirar hacia arriba
Donde brilla esa luz que canta su eternidad
Esa luz que padecemos en el corazón
Y que nos hace sostener junto a los Ángeles
El mundo”.

El mundo las calles del pueblo, que en la voz del poeta egipcio Ashraf Amer, “mueren en las carreteras, o solas en las aceras”.

Un mundo, donde el poeta bogotano José Zuleta, ha visto a los jóvenes

“Abatidos bajo la sabana de alguna vecina…
La huida sin pausa concluida
La veloz furia sosegada
Los tatuajes y las cicatrices
Medallerias de la breve carrera,
Serenos al fin, plácidos, cubiertos
Por el sudario del silencio…
He visto a los muchachos en la paz del pavimento”.

Y el siempre callado, el siempre tranquilo, poeta boliviano Benjamín Chávez, afirma:

Que “mas allá de estas paredes
En certero lápiz
(Dios) ha trazado la geometría del mundo”.

Y había llegado la hora de despedirnos, y nadie se quería despedir porque nos habíamos quedado en el testimonio de la poeta ruandesa que perdió al marido, los tres hijos, los tres hermanos; en la increíble delicadeza de las poetas asiáticas; la avasallante fuerza de la poesía africana; el dominio del oficio de los poetas cubanos; la sensualidad de las poetas de México y Venezuela; los fríos experimentos nórdicos; la vital poesía colombiana; la femenina voz de las islas.

Pasaron siete días que fueron un instante en el cariño, en la risa, en el retomar fuerzas en ese vasto hospital para poetas descorazonados que es también Medellín. ¿Cuándo nos reencontraremos? Quizás cuando en Dominicana el cese de la violencia en nuestros barrios también se convierta en un poema colectivo, blanca bandera de una paz que aun no ondea.

Luisa Chiqui Vicioso
(República Dominicana)

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Me gusto mucho mi tiempo en Medellín durante el Festival Internacional de Poesía en 1999. Una de las más fantásticas experiencias de mi vida. Tengo grande respeto para los poetas colombianos que organizan este festival que el todo mundo de la poesía reconoce.

Tu amiga y poeta

Dorothy Porter
(Australia)

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Estimado Fernando: recibo con preocupación tu mensaje y me sumo a la defensa de este evento tuyo, nuestro, que ha sido la oportunidad para reconocernos en el diálogo, no sólo poético, sino humano, con todas sus maravillas y sus terrores plenos. En virtud de la pluralidad y el disenso mismo, la poesía es el lenguaje para la diferencia, donde la comunicación y el entendimiento son un mismo camino.

Recibe mi abrazo solidario,

Felipe Garcìa Quintero
(Colombia)

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Apreciado y recordado poeta Fernando Rendón

Si bien nunca estuve en los prestigiosos Festivales de Poesía de Medellín, ni tampoco conozco esa mítica ciudad donde alguna vez murió en un accidente mi coterráneo ilustre, no pocos comentarios emocionados recibí de los poetas, quienes una y otra vez destacaron la inolvidable experiencia poética y los momentos de confraternidad vividos. Me dices que existe una campaña contra el festival, y de verdad lo siento mucho. Pero, en fin, ya es corriente, también lamentable, que en la organización de eventos y encuentros, uno debe siempre dejar en reserva algo de energías para la defensa de lo que se está haciendo. Hay momentos de expectativas, de construcciones y sueños, también sobrevolando algunas veces, como pájaros de los malos agüeros, vientos poco propicios. Que la poesía siga, que los encuentros fraternales sigan, en fin, en la limpidez mayúscula, haciendo ondear las banderas del entendimiento, de la virtud y de la vida. Te abraza,

Eduardo Dalter
(Argentina)

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La palabra del Festival Internacional
de Poesía Internacional de Medellín

En 1992, conocí a Fernando Rendón y Ángela García en Bogotá, también a Gabriel Jaime Franco, y a través de ellos me enteré del Festival de Poesía de Medellín; por esa época, ni ellos y peor yo creíamos que el Festival iba a convertirse en lo que ahora es: El Festival de Poesía más multitudinario del mundo. Su fama ha crecido tanto que al lugar donde voy y me encuentro con poetas, me hablan del Festival de Medellín con anhelo y curiosidad, como si alguien para preciarse de poeta tendría que vivir la experiencia de este festival; tal vez es así, no conozco otro festival de poesía de esas características. Yo lo viví junto a mi esposa, la poeta Aleyda Quevedo Rojas, en el 2001, diez años después de conocer a sus creadores: una verdadera fiesta de la palabra donde se celebra la vida y se hace un llamado a la paz de Colombia y del mundo. No es de gana que en la semana que dura el festival, Medellín se convierte no solo en la ciudad de la poesía universal, sino en la ciudad del sentimiento y de la solidaridad como un llamado a la insensatez y la brutalidad humanas. No importa raza, condición social, credo, orientación sexual o política, para la poesía lo que más interesa es la palabra y es por esta misma palabra, que desdecir del Festival Internacional de Poesía de Medellín es querer tapar el sol con la uña. Y hay que decirlo ahora, pese a quien le pese, el Festival Internacional de Poesía de Medellín, desde hace algunos años ha dejado de ser exclusivamente de los colombianos para pasar a ser patrimonio de los poetas del mundo, por eso me atrevo a reprochar los ataques lanzados contra uno de los bienes más preciados que tiene Latinoamérica para el mundo.

Edwin Madrid
Poeta ecuatoriano

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Estimado Fernando,

El Festival Internacional de Poesía de Medellin, no necesita ninguna defensa de ningún escritor, pues se defiende por sí solo. Basta leer la cantidad de poetas de diferentes nacionalidades que año con año han concurrido en calidad de invitados. Desprestigiarlo es atentar no contra sus organizadores sino contra la poesía y los poetas que convierten ese Festival en una ventana abierta al mundo, cada vez más necesitado de medios que rompan el estereotipo de los medios masivos de desinformación, enemigos de la Paz y la Cultura.

Que viva el Festival y la Poesía!

Alfonso Kijadurías
(El Salvador)

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Defensa del Festival Internacional de Poesía de Medellín

El Festival Internacional de Poesía de Medellín es la reunión de poetas y artistas más importante que se conozca en la historia de la literatura universal de todos los tiempos, gracias a que ha convocado a cerca de mil poetas de alrededor de ciento cincuenta países con la asistencia de miles de personas de todo el país en distintos escenarios y ciudades del territorio nacional. No sólo se lee poesía en sus lenguas, acompañada de traducciones de reconocida calidad, sino que además se ofrecen talleres, conferencias, mesas redondas, exposiciones, entre otras actividades literarias y artísticas. Allí se han observado y escuchado poetas de alta calidad estética y humana, de los cinco continentes.

Conozco desde sus inicios los esfuerzos tenaces de los organizadores. El Festival es un auténtico patrimonio de los colombianos y de la poesía mundial. Ahora la guerra se ha querido meter a su noble corazón para desgastarlo y, el peor de los casos, destruirlo. Esa actitud de convertir su tarea en blanco de acusaciones, señalamientos, calumnias y difamaciones es producto de las estrategias del silenciamiento de una de las voces humanas más necesarias en los días que el país demanda su presencia, no sólo para contribuir a lograr una paz negociada si no y sobre todo como forma de entendimiento, de conocimiento y de afirmación de la vida como valor esencial de la existencia. Más allá de las diferencias, intereses y convicciones políticas es prioritario cerrar filas en torno a la urgente necesidad de conservar y desarrollar las labores literarias y artísticas del Festival Internacional de Poesía de Medellín.

Ricardo Cuéllar Valencia
(poeta colombiano residente en México)

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Estimado poeta Rendón. Considero que, más que un llamado de solidaridad con el digno festival de poesía de Medellín, este debe ser un llamado a la defensa de los mejores valores de ese gran pueblo colombiano, que, desgraciadamente los mass-medias propalan siempre como un país de siniestra existencia, olvidando cómo han ocurrido ciertas tragedias en Colombia.

Pero siempre estuvimos del lado de proclamar que había y hay otra Colombia. Una Colombia fraterna y solidaria con el mundo, una Colombia de magníficas realizaciones en todas las áreas artísticas. Y, una de sus culminaciones es el Festival de Poesía de Medellín. Donde han convivido, con ese magnífico pueblo que ama la poesía como una de las más altas realizaciones del ser humano, y lo comprobamos personalmente, en el inolvidable IX Festival celebrado entre el 18 y el 26 de junio de 1999.- junto a la Casa de Poesía Silva, que sostuvo con su vida Mercedes Carranza y los festivales bogotanos, sostengamos los festivales de Medellín. La patria grande latinoamericana, los grandes valores del resto del mundo que confraternizaron en Medellín, lo reclaman.

Washington Benavidez
(Uruguay)

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... En esta constante apertura y conquista de nuevos horizontes que ha sido la evolución de la poesía colombiana, cabe resaltar por último la importancia que ha tenido la Casa de Poesía Silva, fundada en 1986 y dirigida hasta su muerte por María Mercedes Carranza, así como la de el Festival de Poesía de Medellín, verdaderos impulsores de la difusión literaria y los cuales han reivindicado la actividad poética sacándola de cierto oscurantismo para hacerla partícipe de un público mayoritario. Tanto es así que los invitados extranjeros, y aún los nacionales, que asisten al Festival de Poesía de Medellín no pueden dar crédito que en sus lecturas haya como mínimo doscientos asistentes y que tanto en su inauguración como en su clausura se puedan contar hasta veinte mil personas.

... el Festival de Poesía de Medellín constituye el otro riel por el que se desplazó el tren de la poesía colombiana del siglo pasado. Año tras año, con una terquedad y una profunda convicción en su trabajo, los organizadores han demostrado con gran eficiencia y calidad cómo la poesía puede llenar estadios, alterar los cursos de los colegios, paralizar las calles, cesar la violencia en todos los barrios, disputándole esos mismos espacios a los espectáculos musicales. Tantos han sido los poetas invitados que sus voces no han sido en vano, pues el órgano oficial del festival, la revista Prometeo, ha venido dejando una memoria escrita de tantas actividades.

Ramón Cote Baraibar
(Poeta colombiano)

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El Festival de Poesía de Medellín es la solemnidad literaria de mayor connotación que tiene América Latina, hoy en día, porque en sus dieciocho versiones ha concentrado lo más notable y singular de la poesía mundial en Colombia.

Como poeta chileno que ha sido traducido a más de veinte lenguas he podido constatar en diferentes escenarios internacionales de la cultura, tanto en otros festivales, como en universidades y congresos de la lengua que el Festival de Poesía de Medellín es un referente de respeto, admiración y paradigma en cualquier parte del mundo.

En este mismo sentido, ni siquiera en la Europa contemporánea, ni los Estados Unidos, con toda la eficacia productiva de sus instituciones y de sus agentes culturales han logrado establecer un ámbito que tenga la diversidad, el pluralismo y la calidad del Festival de Poesía de Medellín.

Por ello, quiero, dejar en claro, que antes de ser honrado, en el año 2005, con una invitación a participar en este magno evento de la poesía mundial, no tenía ningún vinculo amical o afectivo, con los organizadores del festival. No obstante, posterior a esta convocatoria, después de haber compartido espacio poético con otros autores de distintos lugares del orbe, comprendí, en esencia, la magnitud del trabajo, esfuerzo y dedicación de sus organizadores .Por ello, por lo que viví en esos días de intensidad poética, por la dignidad de sus creadores y por lo quedó en mi experiencia de forjador de artificios y de arte, no puedo escatimar palabras de encomio y admiración hacia sus fundadores. Ellos merecen, por tanto, todo mi respeto, afabilidad y reconocimiento.

Quiero dejar de manifiesto, además, de lo expresado anteriormente, que quienes denuesten o imprequen al festival de Poesía de Medellín, son personas que expresan su mezquindad enfrente de los espacios que ha ganado el arte a la incivilidad y la barbarie, a los dominios que ha cobrado la poesía y su mensaje de confraternidad intelectual y pública, a los entornos que conseguido el arte en su asimilación popular.

Por eso quiero dejar mi testimonio flagrante, mi visión de poeta trotamundos que ha vivido la hostilidad y el tormento en estas palabras legítimas

Cuando estuve en los escenarios poéticos de Medellín, pensé qué cosa mágica ha logrado Fernando Rendón y la gente que lo acompaña. Cómo me habría gustado hacer un evento similar en país, donde todo se materializa, se mercantiliza con un espíritu duro y ajeno. Pensé como anteponerse al salvajismo de la calle oscura, a la brutalidad expresa de la ciudad indiferente, a la inseguridad del individuo frente a la devastación en su territorio. Medellín fue y será para mí la demostración palmaria que la poesía es la transmutación que todo lo puede y por eso, decididamente, mi perdurable fervor por su festival y su gente.

Sergio Badilla Castillo
Santiago de Chile

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El Festival de Poesía de Medellín cumple propósitos fundamentales, que no cumplen un Fondo Mixto o un Ministerio de Cultura. Esos organismos públicos dan dinero, pero no hacen un seguimiento de los impactos sociales, el efecto causado en la gente que de alguna manera se beneficia con las políticas culturales del Gobierno. El Festival de Poesía, en palabras de Gramsci, es un festival-orgánico, en el sentido en que participa de manera directa en la transformación social y cultural de una ciudad y de un país. La paz es una abstracción, una construcción que se pretende desde afuera. La poesía tiene la virtud de cultivarla de manera personal y colectiva, de escribirla a partir de la diferencia, la otredad, la alteridad. Y todo eso se da desde adentro, desde ese océano interior que es el poeta.

En mi participación como escritor, leí poesía, nunca tratados políticos. Mi conversación con Omar Lara, de Chile; Juan Carlos Mestre, de España; Mario Sampaolesi, de Argentina; José María Memet, de Chile, o Jorge Luis Arcos, de Cuba, fue alrededor de la palabra, los libros, las revistas. Nunca supe si Mario era de Izquierda, o si Arcos era amigo o no de Fidel. Eso no me importaba. El Festival no daba tiempo sino para la palabra y el público no quería otra cosa.

Y el público era diverso, heterogéneo, como lo son los poetas que llegan a Medellín. Allí no existen los estereotipos, los prejuicios sociales, la conciencia de clase. A lo mejor, quizás, eso existe afuera. Adentro, en el Festival, sólo se respira buena literatura. La literatura, por lo menos en los Festivales que yo he vivido, lo abarca todo y no da tiempo para nada más.

Creo que el público que asiste al Festival nunca será el mismo luego de una jornada tan intensa y tan esclarecedora.

Winston Romero
(Colombiano)

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Querido Fernando, me indigna la actitud de Alvarado Tenorio. Me indigna la actitud de querer destruir algo tan hermoso. Me indignan las actitudes nihilistas y seudomoralistas que pretenden erigirse en dueñas de la verdad. Por supuesto, como todo en la vida, el festival, la poesía (así lo creo) son perfectibles. Pero de ninguna manera apruebo esta crítica destructiva, injusta y cuanto menos, creo, interesada. Por supuesto adhiero al Festival con todo mi corazón. Con todo gusto escribiré todo lo que siento y lo que viví y vivo con respecto al festival de Medellín y contá conmigo para lo que creas conveniente, porque estoy con ustedes mi querido amigo.

Un fuerte abrazo para vos y para Gabriel Franco y contá con toda mi solidaridad

Mario Sampaolesi
(Argentina)

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Como una iniciativa excepcional en Latinoamérica, el Festival Internacional de Poesía de Medellín, asombró desde su primera edición al mundo y a los poetas. Abriéndose paso entre los estragos de la guerra, surgió defendiendo la paz y declarando a la poesía y a los poetas como emisarios del mensaje por la vida.

El Festival cuajó, desde su génesis como un acto amoroso y generoso; por ello, se hizo carne de multitudes, año tras año. Allí hemos ido a la comunión poética casi mil poetas en casi dos décadas. Allí hemos reconfirmado el valor de la palabra compartida, del corazón latiendo en esperanzas ciertas de mejores días.

Institucionalizado como un evento anual de enorme prestigio mundial, desde Medellín, ha sido una bandera en la cima de la cultura y un estímulo tangible para los creadores, para encontrarnos, para juntarnos en la lectura de utilidad pública.

Sus organizadores, persistentes, tenaces y sencillos, tienen que sentir la satisfacción de haber logrado situar al Festival Internacional de Poesía de Medellín como posta imprescindible de la poesía eterna.

Tiempo, larga vida y éxitos siempre para esta alentadora nave que nos reúne para surcar por los mares del ser humano.

Manuel Orestes Nieto
(Panamá)

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Poeta Fernando Rendón Director
Festival Internacional de Poesía de Medellín
Premio Nobel Alternativo de la Paz 2006

Querido amigo:

Indignados ante las calumnias y difamaciones con que algunos mediocres intentan desacreditar el prestigio y la imagen que por dieciocho años ustedes han forjado con gran esfuerzo y valentía, quisiéramos recalcar lo siguiente:

1- El Festival Internacional de Poesía de Medellín representa una alternativa maravillosa a seguir. A base de esfuerzo, creatividad y valor abrieron un espacio para la poesía en los sectores más amplios de la población, especialmente entre la juventud, ofreciendo una opción humanista, solidaria y fraterna frente a los esquemas de valor de la oligarquía neoliberal y su asqueroso contubernio con los intereses económicos de la guerra fratricida que diezma al pueblo colombiano desde hace sesenta años.

2- Ustedes representan un norte para los poetas y los festivales de poesía del mundo, demostrando que más allá del hecho creativo de la palabra y del gusto del público por compartirla y hacerla suya, es posible convertir una ciudad y un país en un espacio único donde la palabra poética de creadores de todos los continentes y todas las lenguas se convierte en una fraterna comunión que entrelaza y hermana las culturas y los pueblos.

3- El Festival Internacional de Poesía de Costa Rica surgió hace ocho años gracias a la generosa propuesta de Fernando Rendón y del Festival Internacional de Poesía de Medellín. Si nuestro trabajo ha sido duro, representado grandes sacrificios para los organizadores, en un país que se llama a sí mismo “ecologista”, donde no hay ejército desde 1948, cuya desigualdad social es mucho menor, no podemos sino expresar nuestra admiración, agradecimiento y solidaridad incondicional a ustedes, hermanos, que van muy adelante, abriendo camino, entregando generosamente el fuego y la luz de la palabra a nuestros pueblos.

4- Condenamos las falsas acusaciones que se dan contra el Festival Internacional de Poesía de Medellín y a los medios que les dan eco, intentando tapar el sol con un dedo y opacar por mezquinos intereses lo que es imposible opacar. Sabemos que el pueblo de Colombia no se dejará engañar. Medellín es la Meca de la poesía del mundo gracias a la generosidad de sus poetas. Ellos escriben su mejor poema en decenas de miles de jóvenes y adolescentes cada año, construyendo con amor lo que el odio, la envidia y el amor al dinero jamás lograrán derrotar.

Fraternalmente,

Norberto Salinas O.
(Costa Rica)

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Medellín, la ciudad de la eterna poesía

Hace quince años tuve mi primer contacto directo con el Festival Internacional de Poesía de Medellín. Fui invitado, junto a otros poetas cubanos, pero por un compromiso coincidente me fue imposible participar. No obstante, quienes fueron me trajeron las buenas nuevas de ese evento naciente, apenas con tres años de existencia y en un despegue inicial a lo que sería la repercusión internacional que todos conocemos. La imagen de miles y miles de personas, sobre todo jóvenes, nutriendo los muchos cauces de las lecturas de poesía, fue algo que me impresionó, incluso antes de poderlo constatar personalmente.

Pero es un par de años después cuando realmente empezó mi estrecho vínculo con el festival y sus organizadores, y es cuando asumen la generosa idea de patrocinar el concurso de poesía de La Gaceta de Cuba, revista de arte y literatura que edito hace más de veinte años. Desde la fundación misma del premio, contamos con el auspicio solidario, desinteresado y entusiasta de la Corporación de Arte y Poesía Prometeo, y ya llevamos trece ediciones ininterrumpidas del que constituye tal vez, por su perfil y convocatoria, el más concurrido sobre todo por los jóvenes, de los concursos poéticos de la isla. Conjuntamente, y en reconocimiento a ese apoyo, damos la Beca Prometeo, a menores de treinta y cinco años.

Junto a los premiados, han sido invitados a Medellín un nutrido grupo de autores cubanos de diversas generaciones y tendencias, cuya suma de más de treinta nombres de indiscutible representatividad, es por sí sola elocuente de la presencia antillana no sólo a participar con sus lecturas, sino igualmente a impartir talleres, oficiar como jurados, conferencistas y traductores, en el amplio abanico de actividades que se generan durante todo el año, y no sólo en los días propios del encuentro.

En mi caso, amén del vínculo institucional ya detallado, me ha correspondido participar a título personal en el festival del 97, como jurado del importante premio iberoamericano a poemarios éditos Ciudad de Medellín en el 2006, y como editor invitado al número especial que la revista Prometeo, le dedicó el pasado año a la joven poesía cubana. Aprovecho para recordar la tremenda importancia de esta revista como difusora de primera línea, de lo más diverso y actual de la poesía en los cinco continentes.

He sido testigo de con cuanto sacrificio, perseverancia y voluntad de resistencia y diversidad, como espacio humanista y democrático, se han mantenido y multiplicado estas jornadas poéticas, que han convertido al Festival Internacional de Poesía de Medellín, ¡ya por dieciocho años señor mío, y trece compartidos con La Gaceta de Cuba!, en evento madre de otros festivales, concursos, y proyectos en torno a la creación poética, y a la literatura y la cultura en general, pues ha convocado de una forma u otra a todas las manifestaciones artísticas.

Este breve recuento, centrado en un solidario puente a cuya correspondencia debemos tantas y tantas acciones a favor de la poesía, que es decir a favor de la mujer y el hombre donde quiera que se encuentren, es sólo un testimonio más, de muchos posibles, en la voluntad de fundar esta resistencia frente a las terribles pandemias contemporáneas de la desigualdad, el hambre, la destrucción de nuestro entorno, las intolerancias de todo tipo, y la explotación y enajenación que genera un mundo cuya principal dictadura, por encima de nacionalismos, fanatismos religiosos, discriminaciones raciales o de género, entre otros males, sigue siendo la del poderosos caballero, Don dinero.

Hace más de siglo y medio Matthew Arnold, autor que escapa a cualquier sospecha tendenciosa, escribió estas palabras que pudieran ser la síntesis de la noble cruzada, que durante casi veinte años, han llevado a cabo los amigos de Prometeo a favor de la poesía como salvaguarda de nuestro pasado, presente y futuro:

“El futuro de la poesía es inmenso, porque en la poesía, cuando ésta es digna de sus altos destinos, hallará nuestra especie, a medida que el tiempo pase, un apoyo cada vez más seguro. No hay un credo que no se haya bamboleado, ni un dogma acreditado que no se haya bamboleado, ni una tradición recibida que no amenace disolverse”.

Norberto Codina
(Cuba)

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Cuando en el año 2001 fui invitado a participar en el Festival Internacional de Poesía de Medellín, yo no lo conocía: ni el festival ni Medellín. Sin embargo, ellos, los organizadores del festival, sí me conocían a mí. Con el agudo olfato poético que siempre los ha caracterizado ellos saben seguir el rastro y encontrar a los mejores poetas de los cinco continentes e invitarlos a su ciudad y tratarlos con una hospitalidad, una generosidad y una fraternidad que en mí dejó para siempre un recuerdo y una huella imborrables. Antes de acudir al Festival, Medellín era para mí, lo confieso, sinónimo de violencia, narcotráfico, asesinos a sueldo y lindezas así. Después del Festival, cuando volví a España y a Italia (yo entonces vivía en Roma), Medellín era ya para mí la ciudad de la poesía y a todos, amigos y conocidos, les conté maravillas de esta ciudad durante meses. Las sigo contando. Mucha gente ha cambiado su idea de esa ciudad escuchando mi relato de aquellos días de pasión poética. La experiencia de ser escuchado en respetuoso silencio por miles de personas, de poder conversar con muchos de ellos, de intercambiar experiencias, libros, versos, instantes felices y fértiles, supuso para mí una experiencia maravillosa y creo que, sin duda, también lo era para todos aquellos miles de entusiastas “paisas” que acudían a la voz de los poetas como la abeja al polen. Medellín dejó de oler a pólvora para oler a miel gracias al Festival Internacional de Poesía. La presencia de poetas de todas las lenguas del mundo convertía al Festival en una especie de Torre de Babel donde, sin embargo, todos nos entendíamos y todos disfrutábamos porque nos unía la médula de la poesía, es decir: el amor, el deseo de paz.

El Festival, además, me permitió conocer mucho mejor la literatura colombiana (en el aeropuerto a la vuelta pagué exceso de peso del equipaje – y lo hice encantado- por la cantidad de libros que me llevé de allí) y la realidad cotidiana del país. Si soy sincero, en mi vida hay un antes y un después del Festival Internacional de Poesía de Medellín. No sólo cambió mi idea de Colombia sino que Colombia me cambió. Volví colombianizado. Ahora sigo de cerca, como una cosa mía, todo lo que ocurre y se hace en ese país y no permito, en ninguna conversación, que nadie me toque a Colombia. Soy poeta y odio lo impreciso. Amo la concisión. Creo que mi experiencia y mi deuda con el Festival de Medellín puedo resumirla en una sola palabra. Y esa palabra es: Gracias.

Juan Vicente Piqueras
(España)

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INVENTOS

a Jürg Schubiger
a Fernando Rendón

Cuando el poeta llegó al mundo lo encontró conflictuado. Pocos años antes había sido asesinado un líder popular y el país estaba encendido.

A pesar de sus pocos años, el poeta pensó que a su ciudad le faltaba algo.

“Falta una casa” –pensó-. E inventó una casa.

Luego caminó por su ciudad y sólo encontró coches-bombas, balas, asesinatos, muertes.

Pensó entonces: “Una simple casa no es suficiente. Necesitamos una casa para la paz, para el amor, para la poesía. Una casa donde quepan todos los poetas del mundo”.

Y, efectivamente, de todas partes del mundo empezaron a llegar poetas, músicos, magos, y la casa crecía cuando eran muchos y se achicaba cuando eran pocos, pero siempre había espacio para todos.

Empezó a llover y desde la lluvia llegó a la casa un hombre.

- ¿Puedo entrar?- preguntó.

- Claro, hermano, pasa.

El hombre traía armas, uniforme de camuflaje y la cara pintada. También traía libros y periódicos. Explicó que él había inventado todo eso que se oía allá afuera. Los disparos, las muertes, los latifundios, las motosierras, los tratados de comercio, las bases militares, los periódicos y las televisoras, con sus periodistas, escritores y mentiras incluidos, el narcotráfico y los paramilitares, los centros comerciales faraónicos y, sobre todo, la guerra que había traído seguridad y progreso.

El hombre se sentía orgulloso y fuerte relatando sus hazañas. El poeta mientras tanto permanecía en silencio.

Cuando el recién llegado terminó con su larga lista de inventos, se dirigió al poeta y le preguntó:

- ¿Y usted, vecino, qué ha inventado?

El poeta se quedó callado. No se atrevía a decir que él había inventado en Medellín una pequeña casa, en forma de festival, para la paz, el amor y la poesía.

Gonzalo Fragui
(Venezuela)

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Querido Fernando

-Estamos preparando en Buenos Aires en el Centro Cultural de la Cooperación un acto que hemos titulado. El Festival Internacional de Poesía de Medellín en Buenos Aires con Rodolfo Alonso, Marcos Silber poetas invitados y yo para difundir y atender los temas que me comunicas.

-Por otra parte próximamente enviaré un correo resumido sobre lo que significó para mí el Festival. -Estoy elaborando un artículo de fondo sobre el Festival: la Poesía, La Crítica y La cultura-. Las notas las difundiré en 20.000 direcciones.

Lo fundamental: El Festival está muy consolidado internacionalmente y también dentro de Colombia. Vale por cierto enfrentar la difamación, pero sin subestimar, la difamación tiene patas cortas.

Seguimos comunicados y atendiendo tus requerimientos, siempre y solidariamente.

Un abrazo, Cariños,

Juano Villafañe
(Argentina)

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Por medio de estas breves líneas deseo manifestar mi apoyo al Festival International de Poesía de Medellín. Un festival como éste, que se ha dedicado con gran entusiasmo y calidad a difundir la poesía escrita en español y en otras muchas lenguas del mundo, no puede desaparecer. Y no puede desaparecer, porque además de haberse constituido en un foro internacional importante para la poesía, se ha convertido en un espacio para la defensa de la paz en Colombia. En este sentido, el Premio Nobel Alternativo que se le concedió al Festival en el 2006, no hizo sino ratificar su relevancia, ya que dicho galardón es el reconocimiento tanto a su función social en contra de una guerra fratricida como a su función cultural en aras de una mejor comunicación entre los pueblos del planeta a través de la poesía. Por este motivo y por muchos otros que sería largo de enumerar, le deseo muchos años de vida a este importante Festival, tan necesario para Colombia y el mundo.

Un abrazo y seguimos comunicados.

Isaac Goldemberg
(Poeta peruano en Nueva York)

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GRACIAS, AMIGOS

Participar en el Festival Internacional de Poesía de Medellín ha sido una de las vivencias más intensas, hermosas y emocionantes que me han sucedido en la vida.

El Festival es, en sí mismo, un acontecimiento único. Es una expresión viva y cercana de la palabra poética. Es un compromiso con la literatura, o sea, con la vida. Porque ¿qué sería de la vida sin la literatura? O viceversa. En el Festival me emocioné escuchando voces de todos los continentes, de todas las razas, de muchísimas lenguas. En el Festival hablaron mis versos en gallego hermanados con otros que crecen en los distintos lugares del planeta. El Festival es lucha, es compromiso, es denuncia de la injusticia, pero, sobre todo, es poesía en estado puro. Poesía abierta a las necesidades del ser humano. Poesía intimista, intensa. Poesía que sacude conciencias, que hace reflexionar. Poesía que emociona, que te conmueve. Es indescriptible sentir cómo reacciona el público en cada uno de los lugares a los que llega el Festival. La gente vibra, escucha, se emociona, llora, pide más. Llueve sobre sus cabezas agua que cae de las nubes, pero permanecen inmóviles y atentos, pues sienten que sobre ellos cae la lluvia gratificante de los versos. Esa que moja sus corazones y les da fuerza para seguir luchando, sintiendo, viviendo.

Me emocioné, lo digo una vez más, en Medellín, y uno que va cumpliendo años poco a poco ya no se emociona en todos los actos en los que participa. En el Festival Internacional de Poesía, sí, y digo bien alto que me sentí libre para expresar poéticamente mis sueños. Así fue y eso lo llevaré en la piel todo lo que me falte de vida.

El Festival Internacional de Poesía de Medellín me permitió ver diversos lados de la vida que no conocía. Me permitió darme cuenta de que debemos ser más solidarios y más abiertos al mundo día a día.

Antonio García Teijeiro
Galicia (España)

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El Festival de Poesía de Medellín

El Festival de Poesía de Medellín, se ha convertido en sus dieciocho años de vida en un punto de encuentro, en un cruce de caminos, donde año a año se dan cita voces muy distintas, tanto en su expresión poética como política. Pero, con un objetivo común que trasciende lo meramente literario, como lo es la hermandad en la palabra y la búsqueda de una paz efectiva a través de la palabra. Este encuentro internacional de poetas, es, en mi opinión, por lo antes apuntado y por el sitio donde se realiza, el más destacado del mundo. Más allá de la cantidad de poetas de todos los continentes que han asistido a él, más allá de la multitud de oyentes que convoca, debemos considerar donde se realiza: la hermosa Medellín. Una ciudad que a comienzos de los 90, vivía atormentada por la violencia, las bombas, los crímenes. Donde la vida y la palabra tenían escaso valor. Sin embargo, y a pesar de ello, un grupo de poetas apostó por la palabra, la belleza y la vida. Hombres y mujeres que en medio de una ‘guerra’ soñaron y sueñan una sociedad distinta, dedicándole a su sueño todas sus energías.

En dos ocasiones caminé las calles de Medellín, en 1995 y luego en 2005, pude entonces apreciar los grandes cambios entre una época y otra. Las grandes obras, el tren elevado, la limpieza de su río, los nuevos parques y museos. Pero, sobre todas las cosas me impresionó una ciudad cuyos habitantes mantenían una imaginación activa, pensaban en términos de futuro. Una imaginación colectiva que no es ajena y mucho le debe a la poesía y al festival.

Esto es lo que verdaderamente cuenta, un público transformado por el abrazo fraternal de la palabra, por el poema. Un público cuya calidez, atención y experiencia (ha dedicado muchas jornadas a escuchar a los poetas del mundo) a su vez obliga al poeta a pensar los destinos y funciones de su oficio.

Esteban Moore

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Se escucha decir a sabios del Senado que los poetas deben ser llevados a la hoguera, pues atentan contra las buenas costumbres, contra la salud mental de las nuevas generaciones. Sabios que en otra época pidieron la cabeza de Arthur Rimbaud, Eunice Odio, César Vallejo. Ahora estos señores lanzan dardos al Festival de Poesía de Medellín, Meca de los que creemos que la Poesía es abono para un mañana más justo.

Ellos ignoran que seremos los mismos poetas quienes haremos una barricada y defenderemos la fiesta más universal de los poetas.

Durante dos semanas Colombia se coloca flores en el cabello para demostrarle al mundo su profundo anhelo de paz, su anhelo de armonía entre las naciones. No una Colombia atragantada en su propia bilis, no la que se arranca a dentelladas su propia cola.

Creo que el deseo de armonía que expresan los colombianos dispersos por el mundo, debería hacerse sentir hacia las instituciones –que como el festival- han luchado por el fin del odio entre los mismos hermanos. El Festival de Poesía de Medellín no enaltece únicamente una lengua común, sino nos invita a sentarnos alrededor del fuego de la vida.

Fernando, y todo tu equipo, les mando mis manos para continuar construyendo el edificio soñado por los antiguos poetas: la Paz.

Mario Noel Rodríguez
Poeta salvadoreño

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Llegué a Medellín una tarde de julio del año 2006. Me llamó la atención la juventud del personal de apoyo que acudió al aeropuerto. También la acogida en el hotel fue notablemente cálida; de hecho mi equipaje y yo nos quedamos en el bar hasta el otro día. Soy poeta y “simpatizante de las causas justas”, por lo tanto cualquier testimonio que diera acerca del festival estaría lejos de ser imparcial y neutro y poco serviría para una defensa. Tampoco creo que la poesía necesite defensa; son aquellas cosas que carecen de poesía las que precisan desesperadamente ser defendidas.

Medellín es la casa de los poetas. No oso decir que sea la única; por el contrario, desearía que otras existieran, con la misma exuberancia, la misma frescura y, tal vez, la misma juventud. Pero no cometeré el error de parafrasear al Che Guevara y clamar porque surjan “una dos tres, muchas Medellín”. Cada lugar es irrepetible, como lo es su experiencia. Por ello es justo que, si no defenderla, sí protejamos esa experiencia. Aún cuando aquí me vea detenido ante el enigma: ¿cómo proteger la poesía? Es como proteger al viento, a las nubes, como proteger al universo que nos protege.

Sólo decir, como todos aquellos colegas de hace dos años, gracias Medellín y ya me siento de nuevo cruzado por el aire de tus cerros, atravesado por la mirada de tus muchachas, reconocido entre tus hombres y mujeres como un loco más y no como un cuerdo menos. No basta para que mueras que muera el sentido común que sustenta toda justicia, mientras que en ti subsista la locura que alimenta todas las revoluciones.

Omar Pérez
(Cuba)

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- Apreciado Fernando,

He hecho una corta pausa en mis actividades de hoy para escribir mis impresiones acerca del festival:

Cuando regresé a Colombia por primera vez después de 15 años de exilio obligado en las brumas nórdicas, me encontré, casi que al bajarme del avión, con esa multitudinaria manifestación cultural que es el Festival de Poesía de Medellín. En medio del deslumbramiento me acordé de las palabras del inolvidable vate Antonio Machado: “cuando los políticos y los militares dicen que todo está perdido, los poetas dicen: quién sabe.” Esa agradable realidad de cientos de metáforas esparcidas bajo el cielo de Medellín, en todos los lenguajes posibles, hacía del festival un zumbido de abeja buscando los pétalos de un clavel amarillo en un charco de sangre. Y es que el país empezaba a quedarse en el círculo más horrendo de su tragedia. Ríos cargando cuerpos descuartizados, sin respetar edades, y caravanas de desplazados sin rumbos fijos. El dolor, la mentira y el odio habían conformado una despiadada trinidad ante la cual muchas voces callaron y muchos ojos se cerraron. Para no hablar de las rodillas hincadas en el piso. En ese ámbito sentí que el Festival repartía palabras de aliento para los humillados de la patria y propugnaba para que la ansiada paz no siguiera siendo tan esquiva a los colombianos. Por eso me alegré hasta los tuétanos cuando acá en Suecia, mi otro hogar, le fue otorgado el Premio Nobel Alternativo (Right Livelihood Award) al festival. Mi alegría fue doble. La sentí como poeta y como exiliado político.

Por estos días me he enterado que un par de esas voces que callan ante las atrocidades, ahora piden a gritos la desaparición del festival de poesía. No puedo en este caso hacer uso del dicho popular: no hay cuña que más apriete que la del mismo palo, pues esas voces difamadoras no son de poetas sino de azuzadores de la muerte.

Víctor Rojas (poeta colombiano en Suecia)
Jönköping.

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La Paz, La Poesía en Medellín

Cuando me invitaron al XVIII Festival Internacional de Poesía en Medellín sentí varias sensaciones a la vez. Entre otras, honor de que me hayan invitado a tan magnífico y famoso evento, que congrega a poetas de todo el mundo, alegría de conocer Colombia y especialmente la ciudad de Medellín, y la expectativa de que podría resultar algo más de lo que podía imaginarme, dado que he ido a muchos eventos poéticos internacionales, tanto en Perú, mi país, como en Chile, Argentina, Alemania o Francia.

El Festival no pudo ser mejor. No solo por la buena e impecable organización y atenciones de los responsables del evento, sino por la calidez de toda Medellín, su gente que iba a los eventos. Eso no lo he visto en ninguno de mis cientos de recitales que he dado en mi trayectoria. Y, obviamente, quise saber por qué es así la participación y el entusiasmo del pueblo paisa. La respuesta está en la edad que tiene el Festival, son 18 años, toda una constancia por crear cultura, por general conciencia y sensibilidad en la población a través de este arte de la palabra.

Ser poeta no solo es escribir unos textos que llegan al corazón, y a sus emociones, o estar en una torre de marfil; ser poeta es participar de una colectividad, recoger, a través del trabajo de la palabra, el alma de su gente. Y eso es lo que rescata, con respeto, primeramente, este Festival. Hay muchos encuentros que son muy elitistas, o de círculos de intereses; pero esto no sucede en este Festival, dado que yo soy la prueba fehaciente. Fui sin conocer a nadie.

Este afán democrático que caracteriza al Festival, va coherentemente ligado a su preocupación por incentivar la conciencia de paz no solo en Medellín, sino, dado a sus repercusiones, en todo el mundo. En Perú hubo un intento de hacer algo así en los inicios de los 90, recitales por la paz, cuando la violencia llegaba a todos los sectores, pero lamentablemente no prosperó. No prosperó porque siempre sucede que en nuestras sociedades las cosas buenas no duran tanto; esto debido a envidias, a intereses de otros que no quieren que la sociedad se armonice en paz, en diálogo y con cultura.

Por estas razones - quedan en tintero muchas más – yo felicito a Medellín por tener este importante evento que ya pertenece al mundo. Felicito a los organizadores por su fortaleza, buena voluntad y apertura. Ojalá siga por siempre el Festival Internacional de Poesía en Medellín. Ojalá que existan eventos así en Perú, en todos los países. Estoy seguro que el mundo sería mejor.

Miguel Ildefonso
Lima, 25 de julio de 2008

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Tuve la suerte de conocer el Festival de Poesía de Medellín hace algunos años y aquella experiencia me despertó no solo la sensación de haber participado de un banquete extraordinario, inolvidable, sino también una profunda admiración por la siembra que se realiza desde él. Quienes hemos fatigado auditorios leyendo poesía sabemos que esa receptividad honda, maravillosa, del público de Medellín, es producto de una siembra que se ha hecho invirtiendo anualmente el mayor de los esfuerzos para echar las mejores semillas que podría esperar una tierra marcada por el dolor. Esta tribuna abierta a toda la polifonía poética del mundo se erige año tras año en alegato vivo y potente contra la intolerancia en cualquiera de sus formas, y se convierte en ejercicio de paz, en su sentido más profundo.

Hay quienes han dicho que el Festival de Medellín tiene color político y creo que tienen razón, pero no por lo que quisieron decir, porque aquí se practica la política de la palabra poética y plural, la de la palabra humana que está por encima de las politiquerías. Hay quienes fueron más lejos y quisieron asociar al Festival con la guerrilla, una acusación que se desmorona por su propio peso, porque si fuera así, la opción hubiera sido muy sencilla: los organizadores de este encuentro hubieran tomado las armas, no la poesía.

El Festival de Medellín, con todos los aspectos que tuviera para ser mejorados, es una opción por la utopía, en un mundo donde imperan la soberbia y la desigualdad.

Susy Delgado
Poeta paraguaya

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Festival Internacional de Poesía de Medellín
Sr. Don Fernando Rendón Merino

Y Todo el Grupo de Trabajo del Festival Internacional de Poesía de la Ciudad de Medellín. República de Colombia

Estimados Amigos:

Conozco y he disfrutado del exitoso efecto de sus labores en la preparación, coordinación y ejecución del Festival Internacional de Poesía en Medellín.

Son ustedes modelo de equipo de trabajo alcanzando resultados cada vez mayores y extraordinarios para beneficio y expansión del género de la poesía. La coherencia y trato con que cada participante es dirigido se mide en amistad y excelencia. Cada presentación de los diversos grupos representantes es una sincronización que solo ofrece complacencia tanto a los numerosos asistentes como a los poetas participantes,

Nos ha dado una mayor alegría el que su Festival fuera reconocido por El Premio Nóbel Alternativo. No queda duda de que los resultados son obvios y muy alentadores. Los poetas del mundo tienen en este Festival una de las plazas más trascendentales del planeta para la presentación de sus trabajos poéticos, tienen a uno de los más numerosos públicos citados por la poesía,

En numerosos países se están dando Festivales de este tipo para promover la poesía en el espacio cultural que hace siglos tiene ganado y se olvida.

Punta de lanza son en este rescate de la poesía.

Felicitaciones. Reciban nuestro aplauso y admiración.

Vicente Rodríguez Nietzsche - Director
Festival Internacional de Poesía en Puerto Rico

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Fernando Rendón Director, Festival Internacional de Poesía de Medellín

Recordado amigo: Volver a saludarte es un privilegio. Agradezco tu confianza.

Si la invitación de Luis el año pasado me sirvió para conocer Medellín y el Festival , la tuya ahora me da la oportunidad de defenderlo (que no a la ciudad ni a la poesía; ellas se tienen la una a la otra y se defienden solas) . Pero el Festival de Poesía de Medellín, que fue para mí una fiesta cálida, amistosa, entre hermanos de América y el mundo, sí necesita que nuestras voces se manifiesten en su favor, para defenderlo de quienes quieran hacerle daño, celosos del valor que el mismo ostenta y se ha ganado sin duda en las tantas versiones que lleva de realizarse con éxito.

Esta última fue para mí impresionante, inolvidable. El XVIII Festival me permitió conocer gente maravillosa, trabajadora, capaz de HACER POESIA y luchar contra la miseria y la violencia, para enriquecer y ennoblecer la vida y la cultura de todo un pueblo, y conocer - por qué no decirlo - a Botero, allí mismo, tomándonos un café.

Aún más: significó la confirmación del valor de un oficio en el que creo desde 1969 - cuando publiqué mi primer libro - y la certeza de que eso que hacemos (el poema) obedece a una necesidad (íntima y social) de poesía.

Termino, Fernando, felicitándote por el trabajo que hacen tú y todas y todos los que contigo colaboran (gente linda, cariñosa).

Quien los quiere, amigo y poeta siempre

Benjamin Ramón
(Panamá)

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Lo que en cortos renglones pudimos salvar de algún naufragio

Si la magia surge del choque entre hombre y naturaleza, la poesía, derivada de aquella, tiene su manantial en las insatisfacciones de este con la sociedad, tanto en el aspecto macro como en el del individuo ante el espejo. Poesía para situarnos en el mundo con nuestras desigualdades e identidades. Poesía para dar razón de vida. Poesía para acunar y exaltar al hombre en sus diferentes edades. Poesía como revolución permanente del ser, que se revela a aceptar lo establecido como predeterminado, inamovible y eterno. Poesía que le restituye, enriquecida, la voz a aquellos que fueron expoliados del canto. Poesía que nos provee de un rostro colectivo que no reconoce fronteras, ni acepta manipulaciones políticas, ni oye engañosos cantos de sirena. Poesía profundamente comprometida con la realidad en cualquiera de sus niveles, pues, ya que dimana de ella, en su acción transformadora ha de hundir las manos hasta el fondo en su contradictoria esencia, reconocerla a palmos para devastarla –tal como hace el escultor ante el bloque de mármol– y contribuir a levantar la obra perfectible, si, pero capaz de adelantar la especie por los caminos del espíritu. Poesía como el grado más alto de la lucidez.

Apenas unos días en el XVIII Festival Internacional de Poesía de Medellín, bastaron para corroborar que no todo está perdido, que hasta en aquellos lugares donde la obscenidad de la muerte reina, la sed de belleza es inextinguible, y que la poesía tiene aún mucho que acompañar. Los más optimistas y los más escépticos regresamos a nuestros papeles igualmente estremecidos. Ahí, en Antioquia, en esa Colombia que tanta mala prensa tiene, se da el prodigio. Cinco mil personas, electrizadas por las palabras de los otros, confrontando anhelos y desventuras, con una profunda capacidad de penetración en discursos no siempre asequibles a primera audición, no repararon en la lluvia ni en el paso inexorable del día hacia la noche. Querían más de aquella mujer a la que la bestialidad, en Ruanda, la dejó huérfana de todos, y de la poeta asiática que ve con arrobo como las manos de su madre se van convirtiendo en sus propias manos, y del nórdico y del Caribe y del yoruba y del austral y de tantas hermanas y hermanos que por allí pasamos, con rubor, a exponer “lo que en cortos renglones hemos podido salvar de algún naufragio”. Y era un aplauso y una aceptación inteligentes, no hipnóticos ni embobecidos, como demanda la banalidad que hoy impera.

Desde hace años el Festival Internacional de Poesía de Medellín es, por derecho ganado a las tinieblas, patrimonio mundial, sin que para ello hagan falta actos protocolares ni decretos. Es algo en que el público, los poetas y los cordiales y eficientes organizadores del evento estamos absolutamente de acuerdo. Intentar disminuir o apagar su fulgor es, cuando menos, mezquino; y cuando más, un delito de lesa humanidad.

Alex Fleites

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EL FESTIVAL DE MEDELLIN,
UNA CRUZADA POR LA PAZ Y LA POESIA

"Considerando en frío, imparcialmente... "como dice Vallejo en uno de sus poemas más entrañables, y después de haber participado en la XVII versión del Festival de Poesía de Medellín (2007), tan sólo me queda decir, agradecido de por vida, que de no existir el mencionado Festival tendríamos que haberlo inventado para reconciliarnos con la especie humana.

Hasta los cielos revueltos de Lima llegan hoy los ecos de las calumnias innobles, los sabotajes de mala laya, la baba de la perversidad. Pero, como una suerte de pararrayos contra el desamor vienen al caso unas palabras sabias de José Martí: "Hasta el sol tiene manchas. Los mezquinos ven las manchas. Nosotros vemos la Luz".

Ha sido un privilegio aunar mi voz al coro de los desamparados que entona de pie, en estos tiempos oscuros, las canciones que celebran la vigencia de la paz y la armonía social. La hermosa tarea emprendida desde hace 18 años por el poeta Fernando Rendón y el maravilloso equipo de la Revista Prometeo no sólo ha restañado viejas heridas producidas por las injusticias sino que ha sabido sembrar la esperanza en medio de un país arrasado por la violencia y la insania: quienes tuvimos la fortuna de compartir nuestros versos en plazas, calles, colegios, centros parroquiales y estaciones de metro, sabemos del bálsamo milagroso de la poesía que anida en todos los corazones deseosos de cantarle a la vida, a la paz, a la hermandad.

La poesía propicia la paz, el reencuentro con lo mejor de la condición humana. El Festival de Poesía de Medellín es un arco iris de palabras que sobrevivirá a la grita destemplada de los que siempre votan por la mordaza, el silencio, la muerte.

¡Viva el Festival Internacional de Poesía de Medellín!

Hildebrando Pérez Grande
(Perú)

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Gaston Bellemare, presidente del ‘Festival Internacional de la Poesía’ en Trois-RiviPres, Québec, Canadá, y presidente de la ‘Fédération des festivals internationaux de poésie’, me pide traducir el siguiente mensaje:

‘El Festival de poesía de Medellín tiene que sobrevivir porque es uno de los Festivales de poesía más importantes en el mundo.

El Festival de poesía de Medellín ha acogido poetas de casi todos los países del mundo.

El Festival de poesía de Medellín tiene une influencia benéfica sobre la población de Colombia

Ningún poeta que haya participado en el Festival de poesía de Medellín vuelve sin llevar consigo, en sus nuevos poemas, pedazos del alma colombiana, trozos de Colombia.

Es un festival esencial a la vida de Colombia, a la imagen positiva de Colombia en el mundo.

Es un festival que crea en los que lo frecuentan una felicidad duradera.

Ningún gobierno del mundo debe cancelar esta felicidad ciudadana. Todo al contrario, los gobiernos deben apoyar sin reserva los festivales de poesía.

Gaston Bellemare
Presidente
Festival International de la Poésie
Fédération des festivals internationaux de poésie
Trois-RiviPres (Québec)

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Asunción, Paraguay.

Sr. Fernando Rendón

Apreciados amigos:

Gracias por el último correo, con la lista anexa de los participantes en el último Festival. ¿Qué es eso de elogiar y agradecer nuestra presencia? Ha sido un privilegio estar allí y conocer no sólo ese espacio universal bellísimo, sino sobre todo la gente hermosa, el pueblo generoso del que ustedes formar parte y al que representan con tanta dignidad. De veras les estoy profundamente agradecida y cuando pienso que mi viaje estuvo a punto de no concretarse... punto de no concretarse... ¡Dios mío! no hubiese participado del privilegio de contemplar la caída de las hojas desde la cúspide del cerro Nutibara sobre la gente sentada bajo la lluvia esa bellísima tarde de la inauguración, ni los hubiera conocido ni oído los poemas insustituibles de mis hermanos... Gracias por todo, principalmente por haberme alentado a perseverar en la decisión de la ida. desencadenante de lo demás.

Un abrazo paraguayo de Gladys Carmagnola

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Recuerdo el Festival de Poesía en Medellín como si fuera ayer. En la vida no había tenido una experiencia similar, ni la he tenido desde entonces. Toda la ciudad de Medellín se volcó a la calle, pidiendo poesía. Nos pararon en las calles pidiendo autografiáramos líneas de nuestros propios poemas, que el publico había escrito en programas, servilletas, lo que sea. Recuerdo a unas grandes banderas, con citas poéticas de los grandes poetas. Las lecturas tuvieron lugar en escenarios enormes--como un estadio, un parque, la aula magna de la universidad--y en otros más íntimos, como un pequeño teatro o una escuela. Donde estuviéramos, el público nos prestaba una atención eléctrica. Toda la semana trascurrió así, entre poetas de distintos países y lenguas, con nuestros anfitriones colombianos tan cordiales y generosos, y en esa ciudad montañosa tan llena de belleza y de hospitalidad. Cuando la semana se acabo, no quería irme.

Un abrazo,

Margaret Randall.

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A propósito del Festival Internacional de Poesía en Medellín.

Por Ángela García

Las impresiones se hacen cúmulo. Tantas lecturas de poemas en tan diversos auditorios, donde los rostros de los oyentes se nos antojan de cercanía entrañable. Sin embargo tienen luego una inescrutable continuidad en los rostros ensimismados, absortos o dispersos que encontramos en las calles, aventados contra el pavimento por la mano áspera y desdeñosa del azar. Hay centenas de personas circulando cada día en el centro de la ciudad, entre la bruma del smog y el plomizo color de los bajos del metro, el arrume de ventuchos cerca a las penumbrosas galerías que ofrecen toda suerte de objetos, colgando de puertas, muros y vitrinas, chazas de golosinas y cigarrillos. O entre las tiendas improvisadas en cajones o carretas de legumbres, granos y frutas que espesan otro laberinto de olores. Medellín es buen ejemplo de la doble Colombia. Lujo y miseria. En unos lados, sobre todo hacia el costado suroriental la ciudad esplende en su desarrollo, las calles están limpias y los árboles se enseñorean de amplios terrenos. En el centro antiguo las calles adquieren el aspecto de cloacas. Decenas de mendigos vestidos más con capas de mugre que con harapos, se mueven como si no pudieran explicarse a sí mismos el hecho de estar aún entre los vivos, desahuciados por un inverosímil desamparo, siendo parte de los desperdicios que no alcanzan a recoger los camiones de limpieza. Y mientras tanto el ruido como un temporal denso al borde del oído fustigando los tímpanos.

De tal modo asombra mi ciudad. Y sin embargo Medellín es un abrazo humano, profundo, visceral, definitivo. No sólo lo sentimos los oriundos sino también extranjeros que vienen y que parten con nostalgia. Es la ciudad de la fiesta del encuentro, de la sed de la voz que traspasa los decibeles de ruido. Medellín es la ciudad que ha llamado y ha forjado la mayor fiesta de la palabra. Se ha hecho lugar de cita, también para recibirse a sí misma. Es la ciudad que ha realizado la concepción del encuentro, esta fantasía asombrosa de ofrecer una noticia para el mundo que empieza siendo noticia para sí misma: que la reunión se cumple y es grande el alborozo de verse miles de prójimos, confirmando a la poesía como hecho premonitorio.

Más que la aclamación y los aplausos que pueden engolosinar en el escenario, cada poeta verificó el interés del público por la poesía, dependiendo de ella para auto-valorarse y afirmarse. Todos sentimos el oído atento, los ojos fijos, la envoltura del silencio. En buena parte del centenar de sedes: auditorios, salas, bibliotecas, recintos culturales tradicionales o improvisados, tarimas en plazuelas, parques o avenidas, los esperados y los que esperaron accedimos juntos a un acto comunicativo.

Suprema responsabilidad de poetas y organizadores, delicado proceso de formación el que viene cumpliendo el Festival Internacional de poesía en Medellín desde 1991, año de su fundación. Proceso no exento de complejidades, ya que la educación por el arte preserva la salubridad mental y espiritual, rescata de la confusión los sentidos, al tiempo que soporta la presión de prerrogativas sociales que son extraordinaria y progresivamente apremiantes en Colombia. Pues la única lealtad que han preservado la mayoría de nuestros gobernantes ha sido a la historia venal, a la tradición de vender patria. Desde los tiempos de independencia se instauró una distinción entre la autonomía criolla y la del colombiano común, se legitimó con leyes la construcción de un país para unos y la destrucción o usurpación del mismo para otros. Los frentes de acción del mandato actual se resumen en reformas tributarias, -ya lleva tres-, la ley de justicia y paz –obligan las minúsculas- dirigida a los paramilitares, la campaña de re-elección que empezó casi al tiempo con este período presidencial, y la seguridad social. Mecanismos que quieren legalizar –en el actual conflicto nacional- una vez más la perpetuación de los privilegios de algunos y la miseria de millones. Y entre telenovela y telenovela la propaganda estatal insiste en los meritos heroícos de la fuerza militar, en el falso éxito del proceso de reinserción de los paramilitares. Los noticieros acolitan las ceremonias del poder, la desinformación general de la que nos quejamos los ciudadanos del mundo adquiere en Colombia grados abominables.

En vía opuesta a semejante extravío la posibilidad de oírse, en un evento como el festival donde se escucha la experiencia diversa del hombre de hoy a través de la voz de los poetas, vigoriza la activación de los individuos, decanta la conciencia, aporta a toda ese conglomerado el reflejo de su fuerza, de los muchos que somos, el reflejo de una faz cada vez más completa del ser colectivo. Es el rasgo que diferencia estos eventos masivos o otras iniciativas artísticas y pedagógicas (como Tallerarte en Medellín), de los meramente intelectuales que conforman un espacio más entre la oferta cultural de las sociedades del bienestar, en ellas incluidas las élites altas de nuestros países.

Existen también colectivos de trabajo y medios alternativos que comparten la misma estrategia formativa en otras ciudades del país. Las revistas de poesía por ejemplo, -algunas de las cuales han preservado por años su circulación-, prueban que el lenguaje poético ejerce pese a todo un liderazgo en Colombia y quizás en América Latina; no para vanagloriarse de los grandes públicos, -ya se sabe que la multitud es un fenómeno efímero y circunstancial-, sino para atender a la fecundación de fondo. La poesía busca un orden interno que suele ser lento, accidentado pero verdadero. El poder convocador de la poesía - del cual Medellín es ejemplo emblemático-, comprende una dinámica y orientación propias. No conviene maniobrar o reducir sus alcances a una reiteración emocional del sufrimiento traumático que implicaría descender a la obviedad. Dice Brodsky que el problema con los discursos acerca de lo obvio es que corrompen la conciencia con su facilidad, con la velocidad con que aportan bienestar moral y la sensación de estar en lo cierto. Trascendente responsabilidad de poetas y organizadores en los festivales de todo el mundo. Llegan propiciatorias ahora las palabras de Heaney- que el poema además de ser placenteramente directo, posea sabiduría, que no sea una variación tocada para sorprender al mundo, sino una nueva afinación del mundo.

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Fernando, querido amigo,

Cuando leí mis poesías en el acto de clausura, estuve, como lo hicieron muchos otros, tentado de hacer un público agradecimiento por la oportunidad encontrada en el Festival, de llevar mis mensajes a un público tan maravilloso como encontré en Medellín y, asimismo a ese público que dio tan sensible e inteligente acogida a la poesía venida de todo el mundo a su escenario.

Tal vez este segundo agradecimiento hubiera sido correcto, porque ya no tendré ocasión de hacerlo, pero respecto del primero, la verdad es que no quise sonar protocolario, un agradecimiento dado porque estaba ahí.

He preferido, en cambio, hacerte llegar estas palabras de saludo y gratitud más tardíamente, cuando resulta evidente que ya nada me obliga a hacerlo y pueda entenderse entonces que nacen sinceramente del corazón.

La experiencia del Festival de Medellín trasciende además lo personal, la emoción intensa pero momentánea del aplauso y en mi caso propio, de escuchar de boca de numerosas personas elogios poniéndome a la altura de Gelman o Sabines (más generosos que ciertos), o la admiración más espontánea de la gente joven pidiendo mi dirección para comunicarse después conmigo (como en efecto lo han hecho muchos).

Trasciende además la oportunidad de enraizar amistad mutua entre los poetas participantes o la posibilidad personal de entroncarse con directores de otros festivales, como el de Rotterdam, Brasilia o Granada, para llevar nuestra poesía a otros pueblos.

La gran importancia del Festival no está solo en la dimensión literaria, sino en el plano de los mejores valores humanos. Analizo y me regocijo al comprender que esa no era la fiesta de los poetas sino de todo un pueblo, expresión de un proceso que sin duda ha venido creciendo en sus efectos a través de los años. Un pueblo al que el acto repetido de la poesía fortalece en su espíritu y lo abre a la comprensión de que otra sociedad es posible. Al fin que el arte es la expresión humana más alejada de la violencia y la guerra, que tan duramente han desgarrado a tu patria.

Ciertamente, los poemas más aplaudidos fueron siempre los que hablaban de mantener los sueños, las esperanzas, de alcanzar la paz, los que hablaban de solidaridad humana, de compasión y de dignidad. El mejor destino de Colombia está en esos hombres y mujeres renovados, fruto maduro cosecha de la tierra fértil del Festival.

Desde lo profundo, gracias

Juan Antillón

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EN DEFENSA DEL FESTIVAL

Por Tallulah Flores

El Festival Internacional de poesía de Medellín es un bien universal común. Ha sido alcanzado, aumentado y protegido por millares de colombianos y extranjeros que han asumido la poesía desde su experiencia personal (como poetas y escuchas -apasionados o no-), pero también como acto que nos permite trascender nuestro universo más íntimo para llegar al otro. El festival es fiesta, celebración colectiva de la palabra escrita que se desprende del libro y de la voz del poeta para ir al encuentro de una comunidad que crece con y durante el ritual sagrado de la palabra dicha.

Por ello, no debería requerir defensa alguna. Es. Está. Existe para custodiar el derecho a pensar y a sentir y a proyectar un mundo en el que la palabra debería ser concebida como portadora de pensamiento crítico y, por lo tanto, como acto libertario. No tendríamos, por consiguiente, que defender la tarea de quienes han hecho posible que el ser humano (independientemente de las impresionantes cifras de asistentes que registra el festival) se haya asumido como constructor y deconstructor del universo simbólico que es la poesía. Cómo calificar, entonces, a quienes descreen de un ritual colectivo que convoca para reevaluar la existencia?

Pero, por supuesto, esto puede resultar peligroso para aquellos que se percatan que las palabras adquieren de pronto una connotación distinta a la establecida; o que el lenguaje poético transgrede los signos impuestos por El Estado, descifrando sus convenciones y denunciando de una manera sospechosa (para muchos) la cadena de actos deplorables que nos han conducido a la miseria y a la muerte.

Pero, ya es tarde. La palabra poética en el Festival Internacional de Medellín ha dramatizado, desdramatizado y promovido una catarsis colectiva, única en el mundo, a través de la cual la comunidad comienza a resignificar la realidad, porque la poesía, indefectiblemente, siempre ha puesto en evidencia la gran tragedia humana de todos los tiempos, y esa, quiérase o no, resulta casi una misión que nos afecta para enriquecer la vida.

Nuestras consideraciones se dirigen a los estamentos gubernamentales o mediáticos (que es lo mismo) que han pretendido desdibujar, debilitar o aniquilar los procesos culturales y sociales de un Festival que no cederá en su tarea de vincularnos con las voces que representan los misterios de las raíces más sagradas de los pueblos del mundo. Un logro que, sin duda, debería ser interpretado desde los preceptos más éticos y con suficiente lucidez por todos los colombianos, pero, especialmente, por los hombres de letras, y por cada uno de los escritores y poetas de un país que se empeña día a día en ensombrecer las actividades revolucionarias del espíritu.

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Apreciado amigos del Festival Internacional de Poesía de Medellín,

Les escribo este mensaje desde la ciudad de Buenos Aires, donde he llegado para hacer parte de la más reciente versión del Festival de Poesía ¨Salida al Mar¨, evento, organizado y convocado por Cristian DiNapoli, entre poetas argentinos de la más reciente generación, que en esta versión cuenta con la presencia de un poderoso grupo de poetas jóvenes, editores, promotores y lectores de poesía, de toda la argentina, chile, Uruguay, Paraguay, Colombia y Bolivia; personas todas de voz fuerte y visible en sus países, comprometidas con la fuerza irredenta que tienen la palabra poética y su natural comunidad, que es vínculo para la enunciación de un presente que está vivo y que es nuestro.

Desde aquí me enteró, con demora -a mi pesar-, de los alcances que el quehacer perverso y celoso de quien amparado en la comunicación subterfugia y desinformada intenta falsear el sentido de la fuerza visible que es el Festival Internacional de poesía de Medellín. Desde un lugar oscuro y secreto, Harold Alvarado Tenorio envía un ruido triste, ruido que es servil a los grupos económicos, a los agentes neoliberales que criminalizan la pobreza, a los medios de comunicación sobornados y a un sector de la clase media que es egoista. Desde ese lugar oscuro al parecer Alvarado Tenorio no ha visto, o sí que ha visto y ha querido olvidar, a las masas de gente -joven en su gran mayoría- que año trás año acuden al teatro Carlos Vieco del Cerro el Volador en la ciudad de Medellín para hacer, ellos sí, una manifestación pública y clara de su compromiso con la necesidad y posibilidad de decir, en un país donde esa posibilidad escasea peligrosamente. Tampoco ha visto él, como hemos visto otros cercanos amigos a la organización de este encuentro, el modo en que éste ha permitido entre muchas otras cosas, que en los últimos 15 años voces de Colombia, latinoamerica y el mundo compartan un lugar de enunciación que transversaliza la noción de comunidad discursiva, pensamiento y cooperación y así rebasa estructuras cooersivas de poder, bandera, etnia, estado e incuso de lengua. La gran reunión que es el festival de poesía convoca escritores de cinco continentes, naciones indígenas, medios de comunicación, artistas, jóvenes estudiantes y niños y es por eso que su dinámica base es incluyente y que su fuerza e importancia se sustentan antes que en ningún otro poder en la voluntad de esa presencia-potencia de comunidad.

Desde mi punto de vista el encuentro le da un espacio a una palabra que ya piensa políticamente y piensa allí donde deviene de su conciencia social de la comunidad, consciencia ingobernable, abanderada por su tenacidad en primera instancia. El público del Festival Internacional de poesía de Medellín podría responer mejor que nadie a sus mezquinos detractores, los que no aciertan a saber, lo que las jóvenes generaciones de escritores y lectores, me doy cuenta, repiten en todas partes y a viva voz hasta que suene: que justamente que allí en la coyuntura de un enfrentamiento voráz con la vida y de una guerra de intereses la palabra estará pesando del lado del presente y será solidaria con la vida.

Los abrazo siempre, amigos

Mi afecto y admiración

Andre Cote Botero
Colombia

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Querido Gonzalo:

Cuenta con mi firma en este frente común contra la "paraintelectualidad" y las posturas maldicientes, siendo Harold Alvarado Tenorio uno de sus adalides más destacados, aunque no el único. En nuestra triste mediocridad artística e intelectual pululan las diatribas, los odios, la zancadilla, los egos que se alimentan de la crítica venenosa, los círculos del elogio y del insulto, las cadenas y los grilletes, la apología a la ruindad, la ofensa a la poesía. Quienes hemos vivido el Festival de Poesía de Medellín estaremos por siempre conmocionados por ese insólito prodigio, por esa suerte de orgía poética que resulta inexplicable con argumentos racionales. Las "fuerzas ocultas" que mueven el Festival, no pueden ser otras que el poder de la palabra poética para derribar la infamia y construir el mundo que soñamos bello y digno. El Festival de Poesía de Medellín no es una institución con nombres y apellidos, es un ritual que convoca a quienes creen en la realidad poética, es la gente que se aglomera en los parques y se desespera por escuchar; gente que exige poesía, que grita versos como si fueran consignas contra el mal; la misma gente a quien la lluvia no ahuyenta sino que se ovilla bajo los paraguas o se abraza a los árboles para seguir escuchando, la que oye con el mismo respeto un poema magnífico o las estrofas armadas de afán para elogiar al auditorio. En todo caso las críticas o las condecoraciones al Festival no pueden desconocer este fenómeno conmovedor que tampoco se explica con estrategias publicitarias. Ser poeta no es escribir frases en escalera. Ser poeta es creer en el poder de las palabras y cuidarse de utilizarlas como armas de mezquindad. Hacer poesía no es solo escribir poesía. Hacer poesía es una postura frente al mundo.

Con mi cariño,

Luz Helena Cordero Villamizar
Colombia

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Defensa del Festival de Poesía de Medellín

Por Miguel Márquez

Llego a esta ciudad, Medellín, mítica en tantos y contradictorios sentidos, pero llego a la ciudad construida por el imaginario de los creadores y sé que este Festival Internacional de Poesía, organizado anualmente a través de 18 ediciones por el Grupo Prometeo, que reúne a 74 poetas de 55 países en esta ocasión, cuenta con nombres propios que convocan tenazmente, de nuevo, a la posibilidad de transformar el mundo con la metamorfosis de esa obstinada elaboración de los versos. Con sueños que reinventarán mañana la sacudida valiente y sorpresiva de la interioridad, los muchachos y muchachas que intentarán traducir el universo o a encarnar la fiebre existencial con una nueva arquitectura humana, más apta a los reclamos de la aurora que a los silogismos clasistas e infernales de la guerra.

Esos nombres propios creo que hay que subrayarlos en este momento, cuando algunos, muy pocos en realidad, pero nocivos en su minúsculo radio de opinión, intentan sabotear de una manera indigna, por la mala fe de las infundadas afirmaciones, tan provocadoras de riesgos de altísima tensión y de peligros varios, lo que estos amigos del más humilde de los menesteres han conquistado. Me refiero a Fernando Rendón, Gabriel Jaime Franco, Gloria Chavatal, Luis Eduardo, por nombrar sólo a quienes dirigen esta ronca cruzada por la paz en mitad de las balas, los que, más allá del escepticismo y la rabia desértica, han apostado todo lo que tienen por una vida que realmente califique como tal, y que de paso, hay también que anotarlo, conmueve a todos los poetas del mundo.

No entiendo, y lo digo de verdad con dolor, esa furia desproporcionada, inmerecida, tendenciosa, enana en lo moral, y hedionda en su laberinto, que mueve a quienes pretenden ocultar, rebajar, pervertir, desprestigiar, esta lograda transparencia del espíritu con la escatología de la mezquindad, la envidia, la decadencia feroz de la derecha política, para-poética, militar en su empaque de tiranuelos pontificando y maldiciendo. No entiendo cómo se le ocurre a alguien soslayar los hechos con argucias mediáticas, tergiversar realidades indiscutibles desde lo que no puede ser más que terrorismo intelectual que trata de disminuir, achatar, perturbar, manosear, o vomitar sobre esta insurrecta y vigorosa presencia que se defiende sola y solamente por el hecho de poner por encima de todo, de las diferencias, de los combates, de los tumores y las heridas, del resentimiento y la venganza, el valor imponderable de la palabra poética para que todo cambie definitivamente de algún modo y en algún tiempo en este mundo, tan lleno de horrores, de intolerancia fascista, de miserias y de fosas comunes.

Tratar de enlodar con mentiras apoyadas por la prensa esta apasionada, fervorosa, y tal vez ejemplar concreción del envidiable ensayo que busca conectar las fuentes vitales con la gente, las irrigadas zonas de la imaginación y el ritmo contra el despojo y la iniquidad, no es otra cosa que introducir una horrenda y vergonzosa maledicencia para intenta hacer daño, fracturar, separar, herir; para coquetear con una inmunda señora encopetada que infértil y desdentada quiere, tan ridícula y torpe, ponerle obstáculos a un gesto audaz, valiente, probo, hermoso, que tiene lugar nada menos que en Medellín, sobre la metralla y los desplazados, sobre el desempleo y la pobreza hiriente y homicida.

“Inmundo es el rostro de quien no reconoce los hallazgos del alma”, decía André Breton, inmunda su elocuencia y la perfidia del encono. Sucia es la palabra de quien se solaza con los gusanos laboriosos de podridas arborescencias que lo habrán de aniquilar más temprano que tarde. Sucio el duelo que desearía propiciar porque no pudo amar ni disponerse al olvido cuando era necesario y piadosamente callarse.

El Festival Internacional de Poesía de Medellín, es un regalo que tenemos en América Latina y nadie será capaz de malograr esta alegría cumplida. Dejemos que la muerte desfile con todas sus miserias y se ría de vez en cuando en el estiércol de su engaño. En definitiva, Ella, la muerte, pertenece a otro mundo, el inmundo, al margen y muy, muy lejos de nuestros sueños.

¡Qué viva Medellín ! ¡Qué viva su Festival Internacional de Poesía !

* Poeta y editor venezolano director de la prestigiosa editorial El Perro y la Rana

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La poesía debe convertirse en las células de la conciencia del hombre. La humanidad como creación posee una gran similitud con el arte, pero lo creado vive en un sopor producido por años de dosis de inconciencia a través de la deshumanización, el hombre se hunde en su lucha ciega por convertirse en el dueño único de todo, se hace mezquino. ¿Cómo animamos al alma a que se aventure a la revolución de la vida, al crecimiento del ser y al saneamiento de la conciencia, a convivir como hermanos, y agradecer por un día más?

El Festival Internacional de Poesía de Medellín desde hace 18 años encontró respuesta a estas preguntas. Su bandera es a favor de la paz y la existencia, sobre todo, es un manto que arropa al pueblo colombiano y lo acalora de poesía entre el frío de la guerra.

Claro que tiene detractores ¿Acaso la envidia y la mezquindad no están en nuestro mapa genético?. Es el poeta quien debe realizar el llamado de alerta ante el letargo de indiferencia y el mordisco del odio. Es a través de la conciencia, de la búsqueda centrada en el alma cuándo podremos convencer a los mordidos más de una vez por la serpiente. El poeta, el hombre, debe tocar para su país la diana de la razón y labrar una vía para el descubrimiento de la verdad, o por lo menos establecer los linderos que lo encaminen a la búsqueda, labrar el sendero para una tierra donde reine la igualdad, la justicia y la vida.

Debo confesar, que han sido muchas las veces que me he sentido sumamente agraciado, a veces, cómo sucedió aquella noche del 5 de julio en Medellín, he sentido vergüenza por tener mucho, por distraerme entre el curso loco del planeta, por olvidarme de mis hermanos, y de mí mismo. Por eso tiendo enormemente la mano a este hermoso festival, porque son los poetas quienes acuden al recital del clamor de un pueblo que sólo desea la paz, la poesía de los poetas que participamos es apenas un aplauso de reconocimiento a semejante valor y dignidad. Nunca olvidaré la felicidad y el respeto del que gocé enormemente en Medellín, la hospitalidad y la calidez de la gente de Buga, y la frescura y la atención del pueblo de Cali. El festival Internacional de Poesía de Medellín dejó una pregunta en mi alma ¿Cómo puede uno olvidarse de su familia?

Víctor Manuel Pinto
Republica Bolivariana de Venezuela

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Alguna vez se aseguró que lo único que puede salvar al hombre es la poesía y hoy no me cabe duda de tal acierto. El Encuentro Internacional de Poesía de Medellín nos enseñó que tal posibilidad deja de ser solo una idea utópica y termina convirtiéndose en una innegable verdad; no es pura casualidad que miles de personas se reunieran por horas y bajo el fuerte sol o la lluvia espontánea siempre, solo para escuchar poesía, eso nos deja una gran lección para el resto de Latinoamérica y el mundo y es que en Medellín hay un grupo que por 18 años ha venido transformando al hombre. Sin duda alguna me atrevo a asegurar que los poetas que asistimos al Festival no volveremos a ser los mismo jamás y es que tanto amor, aceptación y ganas por la palabra que se respira en las calles, en la amabilidad de su gente y en el respeto que toda la comunidad Antioqueña tiene por los poetas, no puede atribuírsele a otra cosa, sino al plan de Fernando Rendón y el grupo Prometeo de salvar al hombre colombiano y llenar las calles y las montañas y las casa y las selvas de Colombia de paz, amor. Único y definitivo objetivo y esfuerzo que pueden hacer con este multitudinario e importante Festival, que con tal perfil está evidenciando la ineptitud de muchos en esa búsqueda por la paz, la hermandad y la igualdad de los hombres y solo nos está dejando ver la incoherencia al hacerse llamar poetas; pero como dijera Laura Antillano “Si te dan palos de ciego pues hay que dar palos de vidente”.

Por ello mi fraternal abrazo y apoyo a los amigos de Prometeo, a Fernando Rendón que descubrió como hacer que la poesía traspasara las fronteras del poema y se instalara en la vida de los hombres, de la ciudad y que poco a poco llegará a todos los espacios de Colombia. Nosotros por nuestra parte trabajaremos por ello desde nuestra patria, reproduciendo este milagro del Festival e intentando que sea como esa bomba de paz explota y expande.

Lyerka Bonanno
Republica Bolivariana de Venezuela

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Mensajes recibidos de poetas participantes

XIV Festival Internacional de Poesía de Medellín

XV Festival Internacional de Poesía de Medellín

XVI Festival Internacional de Poesía de Medellín

XVII Festival Internacional de Poesía de Medellín

XVIII Festival Internacional de Poesía de Medellín

Otorgamiento del Premio Nóbel Alternativo 2006

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Última actualización: 04/07/2018