Festival Internacional de Poesía de Medellín

Poesía y resistencia: Cinco poemas griegos




Cinco poemas de autores griegos de distintas generaciones, que ejemplifican el carácter combativo, esperanzador y crítico del temperamento heleno. Versiones de Virginia López Recio.

 *

Takis Sinópulos (1917-1981). Fue uno de los poeta griegos más destacados entre la llamada primera generación de posguerra. El tema de la guerra impregna toda su poesía, lo mismo que su postura crítica contra la dictadura. En 1934 dio a conocer el poema “Prodosía” (Traición) y el relato “LA venganza de un humilde” en el diario de Pyrgos “Nea Himera” (Nuevo Día) bajo el seudónimo de Argyrós Poubanis. En 1941 fue reclutado como sargento de Salubridad, y durante la ocupación alemana publicó traducciones de poetas franceses así como algunos ensayos sobre poesía. En 1942 estuvo preso, un corto lapso de tiempo, de los italianos acusado de actividades de resistencia y durante el período de la guerra civil fue médico en un batallón de caballería. Con el fin de la Guerra Civil comienza a desempeñarse como médico en la capital, Atenas. En 1951 publica su primer libro de poemas con el título “Metaixmio” (Linde). Sinópoulos es un poeta que reconoce la influencia de T. S. Eliot, Giorgos Seferis y Ezra Pound. 

Es autor de los volúmenes de poesía “El Canto de Ioanna y Constatino”, que fue galardonado con el Premio Estatal de Poesía en 1961, “Conocimiento de Max”, “Noche y Contrapunto” así como diversos estudios y ensayos como “Strofi” sobre la obra de Giorgos Seferis.

 

Cronología del poema
(y algunos otros detalles)


Así dijo Fílipos.

Y entonces nos reunimos bastantes. Y cada uno habló de luchar
lo más posible para limpiar este lugar de
oscuridad. Pero la oscuridad es sucia e inamovible.
Así, inicié esta obra un día que encontré por
casualidad a Orsa. Mediados de enero del 54. La
misma noche, amargado, había una luna limpia y la
primera imagen que nació fue para la luna.
 
«Redonda, gira en torno de la tierra»
Escribí algunas cosas confusas y quedaron en mis
papeles durante muchos años.
Los desenterré en el 68.
La segunda imagen fue Cristóforos.
Intentó escaparse, le dieron por detrás con un hierro.
Se arrodilló, hizo por sujetarse,
los ojos se le cerraban, la gente alrededor desapareció.
Los dedos desecados de su mano colgaban de la alambrada,
como cuelgan la ropa en el arrabal, la ropa interior
remendada. Entretanto, encontraron a otros muertos
entre los matorrales. En la calle siguiente Yannis dijo
diez muertos en orden y Yannis, bajando de su casa
nos dijo ochenta muertos en orden, no se desesperen
nos dijo Yannis, se ocupará el alcalde.
La tercera imagen fue el alcalde
desde el cielo
con su paraguas.

 *


Miltos Sajturis (1919-2005) fue un poeta expresionista de la Primera Generación de posguerra, muy respetado por los poetas jóvenes. Se convirtió en testigo y apologista del hombre antihéroe que sobrevivió a la guerra. Publicó 14 libros de poesía (1945-1997).

 
Tres lágrimas de Dios

I.

En esta casa roban las ventanas
rompen las puertas en mil pedazos
por las puertas tres hombres entran contentos
cinco mujeres salen con lágrimas
por las ventanas vuelan pájaros multicolores
hablan –amigos míos– hablan como hombres
y luego tranquilamente mueren
entonces los marcos se convierten en estos pájaros
y uno a uno abren sus alas
las formas sombrías
de un mundo perdido
 
II.

Desde la montaña, tan cerca de mí
extiendo la mano, arranco
los árboles y sus arbustos
los postes eléctricos
estos doloridos dientes
de una vida desesperadamente solitaria
Sobre ella corren astutas ovejas
¿pero acaso las ovejas han sido alguna vez astutas?
Sin embargo, éstas de aquí han sufrido mucho
y tienen balidos inhumanos
Los hombres aquí se hicieron uno con la piedra
golpean la piedra y desgarran sus entrañas
dudan y ni siquiera saben llorar
Hoy
miren bien esta montaña
miren bien esta lágrima de Dios
porque mañana se secará
 
Mañana no verán ya nada

 

III.

Ante mí, en lo alto de esta montaña,
un hombre blanco corta margaritas,
apila piedras dentro de este saco de Dios,
de vez en cuando se vuelve y me mira triste,
me arroja una flor, sigue su camino
 
En mi pecho brotaron rebaños de margaritas
este hombre soy yo.

*

 

Mijalis Katsarós (1919-1998) sirvió como sargento durante la Guerra de Italia (1940-1941). Fue jefe de prensa del Departamento de Propaganda del Ejército y conductor de programas del Sistema Nacional de Radiodifusión de Atenas. Fue despedido por la dictadura de los coroneles. Se dedicó a la pintura, la escultura y la cerámica. Publicó 11 libros de poesía.


Resiste

 
Resiste
a quien construye una casa pequeña
y dice: «Aquí estoy bien».
Resiste a quien vuelve de nuevo a la casa
y dice: «Gracias a Dios».
Resiste
el tapiz persa de los edificios,
al hombre de baja talla de la oficina,
a la empresa de importación y exportación,
a la educación estatal,
al impuesto,
incluso a mí que te hablo.
 
Resiste
a quien saluda desde la tribuna horas
interminables en los desfiles,
a esa señora estéril que reparte
estampas de santos, incienso y mirra,
incluso a mí que te hablo.
 
Resiste otra vez a todos los que se llaman grandes,
al presidente del Tribunal de Apelación. Resiste
a la música, a los tambores y a los desfiles de bandas,
a todos los congresos superiores en que parlotean,
toman café congresistas, consejeros,
a todos los que escriben discursos sobre su época
junto a su estufa de invierno,
a las adulaciones, a las bendiciones, a las muchas reverencias
de oficinistas y cobardes ante sus sabios jefes.

Resiste a los servicios de relaciones exteriores y pasaportes,
a las terribles banderas de los estados y a la diplomacia,
a las fábricas de materiales bélicos,
a los que llaman lirismo a las hermosas palabras,
a los cantos de guerra,
a las dulces canciones con trenos,
a los espectadores,
al viento,
a todos los indiferentes y a los sabios,
a los otros que aparentan ser amigos nuestros,
incluso a mí, resiste incluso a mí que te hablo.
 
Entonces, podremos acceder seguros a la Libertad.

 

 *

 

Manolis Anagnostakis (1925-2005). La obra de Anagnostakis, aunque no muy extensa, es de las más reconocidas e influyentes de entre los poetas que pertenecieron a la llamada Primera Generación de la Posguerra.


Hablo…
 

Hablo de los últimos toques de trompeta de los soldados vencidos
De los últimos harapos de nuestras ropas de fiesta
De nuestros hijos que venden cigarrillos a los transeúntes
Hablo de las flores que se han marchitado en las tumbas y que la lluvia pudre
De las casas que se quedan abiertas sin ventanas como cráneos desdentados
De las chicas que mendigan mostrando en sus pechos las heridas
Hablo de las madres descalzas que se arrastran por las ruinas
De las ciudades llameantes, de los cadáveres apilados en las calles
De los poetas proxenetas que tiemblan por las noches en los umbrales
Hablo de las noches eternas cuando la luz se reduce al amanecer
De los camiones cargados y de los andares en baldosas húmedas
De los patios de las cárceles y de las lágrimas de los condenados a muerte.
 
Pero ante todo hablo de los pescadores
Que dejaron sus redes y siguieron Sus pasos
Y cuando Él se cansó ellos no reposaron
Y cuando Él los traicionó ellos no negaron
Y cuando Él fue glorificado ellos volvieron los ojos
Y sus compañeros les escupían y les crucificaban
Y ellos, serenos, toman el camino que no tiene límite
Sin que su mirada se oscurezca o se rinda
 
De pie y solos en medio de la terrible soledad de la multitud.

 
*

Dimitris Angelís (Atenas, 1973) es poeta, filósofo. Es también ensayista, doctor en Filosofía y director de la revista literaria Frear (Nueva Responsabilidad). Su libro “Aniversario” ha sido premiado por la Academia de Atenas (Premio Porfyras).


Tres poemas sobre la crisis

 
1.

Comienzo del nuevo día, horcas puntiagudas
los dos primeros palos del sol.
 
Abre el cuaderno, poeta: ¡Escribe!
 
Cuidado con los nuevos lanceros, emigrante: ¡Tienes hermanos!
 
Araña el muro de musgos, niño recién despertado: ¡Vive!
 
Porque cada mañana tiene su niño, su poeta y su emigrante.
Y cada noche su muro ineluctable, su libro amargo, su brusco capitán de armas.
 
Igual que tú vistes la ferocidad de tu belleza para galopar
yo me quedo apartado y te admiro como caballo
de la estepa más mía.
 
 
 
2.
 
Mi ciudad hoy es una niña inmadura,
asustada, con un vestidito sucio,
se sienta en los escalones de su edificio,
tiende la mano a los transeúntes,
recoge dientes partidos,
echa pastillas en la acera, grita
pío pío a las palomas para que se acerquen,
y cuando no la miran
les saca la lengua.
 
Mi ciudad hoy es una niña inmadura,
bandera de una terquedad roja su vestidito sucio;
abraza sus rodillas desolladas, arruga los labios,
decapita mariposas, quema contenedores de basura;
con los botines de su saqueo prepara
un nuevo collar,
viene su madre, le tira de la oreja,
se niega a su madre
se niega a crecer,
nunca habla.
 
Cada tarde toca música
contando con una cuchara los rombos
de la tela metálica.
 
 
 
3.
 
La luna corría por las venas de los árboles,
dándoles un aspecto de muerte
plateada.
 
El adivino, contando en su mundo inhóspito otras sombras,
las llamaba ciervos.
 
El vendedor ambulante ofrecía sus recuerdos de los patíbulos
de las viejas baronías.
 
Todos los compraban.
 
Y el asesinato tenía una belleza brutal
como en Macbeth.

Publicado el 4 de septiembre de 2015

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