Festival Internacional de Poesía de Medellín

Por una educación estética en América Latina


Por Tarsicio Valencia
Para la XIV Escuela Internacional de Poesía de Medellín

 

Movimientos como el futurismo nos advierten el aborrecimiento por las gramáticas abstractas. “Todo debe ser nuevo como nuevo es nuestro estado de ánimo. Hemos perdido el sentido de lo monumental, de lo pesado, de lo estático y hemos enriquecido nuestra sensibilidad con el gusto por lo ligero, lo práctico, lo efímero y lo veloz”. La levedad es una propuesta de Kundera para la literatura del próximo milenio. ¿Qué vamos a llevar a la eternidad? Seguramente ninguna pesada estructura. Seguramente nuestros sueños. Seguramente tendremos que manejar una imaginación sin hilos.

Formas literarias en América Latina como el monólogo en el cuento y la novela ya nos han preparado para una sintaxis más libre. Se ha abolido la puntuación. La adjetivación progresivamente va muriendo. Marinette nos dice: “Se hará saltar el tubo del período, las válvulas de la puntuación, los pernos regulares de la adjetivación” (cfr. Colección Milenio.  Bogotá. Norma, 1997)

¿Por qué no creemos en el Dios de las palabras, evocado por Gabriel García Márquez? “La humanidad entrará entrará en el tercer milenio bajo el imperio de las palabras. No es cierto que la imagen esté desplazándolas ni que pueda extinguirlas”.

Gabo nos recuerda: “Que nunca hubo en el mundo tantas palabras con tanto alcance, autoridad y albedrío como en la inmensa babel de la vida actual. Palabras inventadas, maltratadas, o sacralizadas por la prensa, los libros, por los carteles de publicidad. Habladas y cantadas por la radio, la televisión, el cine, el teléfono, los altavoces públicos; gritadas a brocha gorda en las paredes de las calles, o susurradas al oído en las penumbras del amor”.

Poesía es una vivandera de la Guajira colombiana que rechaza un “cocimiento de toronjil porque le supo a viernes santo”. “Que un niño desvelado por el valido intermitente de un cordero diga: parece un faro”.

Es un espacio infinito el espacio de nuestra voz. El silencio también habla. También es educador. Nos ha educado el silencio. El silencio de los santos, los poetas y los místicos.

Nuestra estética en América Latina deviene del mito, de la crónica, de la hagiografía, del cuento, de la leyenda, del refrán popular. Nos ha educado estética y sentimentalmente la visión del héroe que nos ha presentado la historia; pero y con mayor fantasía la presentada por la novela.

“Simplifiquemos la gramática antes de que la gramática termine por simplificarnos a nosotros”. Hablando de esta propuesta con el poeta Jaime Jaramillo X504, me decía: “Hoy ya no sabemos hablar”. Decimos Juno y nos parece que fuera un jabón de baño. Nadie sabe que el verbo es quien conduce las acciones, que es el sujeto de quien se predican las cualidades. La mitad de nuestras palabras son neologismos técnicos. Otras palabras nos devienen del lenguaje del desierto.

Amemos ese lenguaje de la arquitectura que es un arte en nuestra América. Amemos el barroco de Carpentier, la imagen y la sobrenaturaleza en Lezama, el cuerpo desnudo, la voz de Severo Sarduy. “La sonrisa ese modo de hablar a los otros sin violencia y sin pose. Ese arte que se pierde, al contrario sea un arte por venir”. Dijo Barthes de Playa de Sarduy.

Necesitamos antropólogos que nos enseñan la vida, que nos digan: “La tierra de los mitos es redonda”. Necesitamos historiadores que nos digan la historia local. “En la microhistoria o historia local es más importante el espacio, el horizonte sensible, la región nativa donde adquiere ritmo y tiempo lo que somos. Son espacios donde se relacionan hombres concretos a los que hay que ir cuando se emprende la investigación para la restauración histórica: el bandido generoso y el sanguinario, el santo que no ha entrado al santoral, el mentiroso del pueblo, el deportista que se recuerda así no haya ganado la medalla nacional, el curandero, la bruja, el alcalde, el cura, la comadrona, el poeta y todos aquellos hombres de estatura natural que marcan el paso de los días”. (Cfr. Restrepo Toro, Hernando. Ensayos Sobre Historia y Cultura. No 84 de la Colección de Autores Antioqueños. Medellín, 1993). 

¿Por qué prestamos los lenguajes para escenificar la historia universal? La exploración de la geografía americana debe ser ahora hacia adentro. ¿De qué es capaz el alma americana? Es capaz de la fraternidad. “Vaciar la frase es postular, otra vez la literatura como artificio”.

Existe una energía indisciplinada de la materia que crea nuevas metáforas, crea nuevos nudos de pensamientos, crea nuevas dimensiones, nuevo peso, medida y velocidad de las sensaciones. Los adjetivos calificativos ya están cansados de definir al sustantivo. Las onomatopeyas vivifican el lirismo con elementos crudos y brutales de la realidad. Las palabras en nuestros lenguajes contemporáneos se deforman y se vuelven a plasmar, se alargan, se refuerzan en el centro de los extremos, con una nueva ortografía, absolutamente libre, regida únicamente por las necesidades expresivas.

Gabriel García Márquez nos pide “jubilar la ortografía”. “Enterrar las haches rupestres”: Estas preguntas al azar hechas al dios de las palabras nos exigirá una nueva y distinta dicción.

Yo creo en las revelaciones proféticas de la poesía. En ellas se prepara el ritmo venidero, la lírica del futuro. Creo en Hölderlin que “sólo habrá una belleza; y la humanidad y la naturaleza se mirarán en una deidad que todo lo abarca”.

 

POR UNA SEMIÓTICA DEL AMOR

Una semiótica del amor nos conducirá a la sabiduría; esto es el amor a la filosofía, amor a la felicidad; esto es la ética.

“La estética moderna es una estética de lo sublime, pero nostálgica”, nos dice Lyotard. La filosofía ha olvidado que ella nació de la admiración. Hoy vuelve a su primera infancia. Esto creó la herida narcisista de la filosofía. Negó la consolación de las formas bellas. Hoy indaga por la presentación de estas formas bellas, para experimentar lo impensable.

La poesía nunca ha tenido reglas establecidas.

Schiller, en El Estado Estético del Hombre, nos dijo: “La belleza junta y enlaza los estados opuestos, sentir y pensar; y sin embargo, no cabe en absoluto término medio entre dos”. (Sanchez Vásquez, Adolfo. Lecturas Universitarias. Antología, textos de estética y teoría del arte. Universidad Autónoma de México, 1972). Aprendimos el arte latinoamericano de las vanguardias. Ellas dejarán “una tras otra la rutina del mañana”, nos dijo Francastel.

El poeta ha puesto en circulación la metáfora. La literatura recoge la experiencia de lo humano. Rimbaud nos dice que debemos buscar en nuestra alma, examinarla, palparla, comprenderla. Una vez conocida tenemos que cultivarla.

“El poeta tiene que buscar todas las formas del amor, de sufrimiento, de locura; apura todos los venenos…El poeta necesita toda la fe, de toda la fuerza sobrehumana”. (Carta de Paul Demeny, 15 de Mayo de 1871. Hölderlin ).

Pablo Picasso nos dijo: “Todos sabemos que arte no es verdad.  Es una mentira que nos hace ver la verdad, al menos aquella que no nos es dado a comprender”. ¿Cuándo tendremos la alegría en el descubrimiento de nuevas formas?  ¿El gozo de lo inesperado en nuevas temas?  ¿Pero para qué decir las preocupaciones estéticas? Simplemente queremos la tablilla de los signos, la de la hospitalidad amorosa.

Una labor educativa ha cumplido la poesía en el continente latinoamericano. En la escuela nos enseñaron el respeto por el otro. La virtud en nuestros pueblos la aprendimos de la poesía.

El canto del poeta es sagrado. Pertenece al reino de la libertad, del sueño. Nuestros héroes de la infancia, como nos la recuerda Martí, “no terminan en los linderos de la vista”.

Don José Lezama Lima es la conclusión de la poesía en nuestro continente latinoamericano. Metáforas como “vigilar el lenguaje de la puerta”, nos enseña estar atentos a una semiótica.

¿Por qué no soñamos una semiótica, un lenguaje de los pájaros y que los hombres lo aprendemos para facilitar el respeto por el otro? “El pájaro es el orador incansable de la madre tierra”. (Lorenzo Aillapán Cayuelo, Chile, 1940)

Aprendimos en la infancia que se cuida el alma con las palabras. En el discurso estaba la sabiduría, la moderación y la medida. La sabiduría inseparable de la belleza.

La poesía nos enseñó el respeto por la imagen: lo sagrado del otro. Lezama nos enseñó que lo “difícil es estimulante”. Nos enseñó que las cosas bellas son sobreabundancia y sobre naturaleza. La metaforización de las ideas nos enseña Lezama en Paradiso. Allí los límites inesperados. Lo onírico aparece como lo que es. Así la infancia, así lo alucinatorio.

Procuremos leer la literatura latinoamericana como lo que es. Veamos en ella lo serio, como lo divertido. El sueño de Opiano Licario es la pasión por lo absoluto. Licario es el Ícaro en busca de una secreta sabiduría.

Nuestra literatura canta el dolor y la soledad del continente. Toma epifanías del lenguaje y las hace poéticamente suyas. Después vendrá el logos, aclarando y situando el pensamiento. En Lezama encontramos el sabor del “silogismo de sobresalto”, como llamó Cintio Vitier su prosa poética.

¿Dónde está enraizada nuestra cultura? Averiguemos nuestros arquetipos telúricos y aéreos. El adverbio justo sería: inocencia, desamparo, picardía, ternura, pobreza, caridad, risa. Nuestro conocimiento sumo es el vacío, el silencio.

Interrumpiendo la “fiesta de los trovadores herméticos”, Lezama nos propone por encima del dualismo Europa-América la fecundación interminable, comunicante,La resurrección en el valle del esplendor.

El magisterio errante de Lezama Ritmo Hesicástico,nos lleva a empezar la vida, la sabiduría, la novela, Paradiso.

Procurar el retorno de una sensibilidad estética para la cultura no es otra cosa que tomar el legado de José Lezama Lima: la futuridad estructurada bajo la marcha de la imaginación como historia.

Un año antes de su muerte, el 3 de agosto de 1975, escribió a su amigo Carlos Meneses: “Creo que cometemos un error, usar viejas clasificaciones para nuevas formas de expresión. La hybris, lo híbrido, me parece la actual manifestación del lenguaje” (La cita es de Cintio Vitier, prólogo a la edición de Paradiso, Letras Cubanas).

Todas las literaturas son un poco híbridas. España es el híbrido de ocho siglos árabes.

La poesía que no está definida se despoja del diabolismo y el poema sigue mostrándose desnudo.

“La poesía sólo es el testigo del acto inocente –único que se conoce de nacer”.

“Bona Lux”, como saludaban los etruscos.

Foción no habla para ocultar el pensamiento, sino para develarlo a tambor y zancada.

Frónesis y Cemí cuando dialogan buscan una “Teoría de los peces” como decían los griegos. Una amistad diagonal y no esfíngica.

Incorporamos una dicha en la eternidad. Ascendemos por el éxtasis al sueño.

Creemos que la parte más valiosa del ser está en la parte de lo invisible y lo sagrado. Esto también nos enseñó Hölderlin, en la fiesta de la paz: “Sentirse bendecido es sólo de los mortales”.

Cuando leemos la literatura contemporánea, reconocemos en ella ese tejido fibroso del mito extendiéndose hasta la imagen. En Joyce está Dédalo el constructor del laberinto, hasta hacerse en el poeta ese antiguo artífice suyo.

En Lezama reconocemos a Hermes en el entrecruzamiento de los caminos. El patrono de la adivinación, la literatura y las artes. Hermes ayuda a las tres parcas a componer el alfabeto. Hermes inventa la astronomía, la escala musical, las artes del pugilato y la gimnasia, los pesos y las medidas.

¿Para cuándo el silencio en la literatura?  ¿Qué hacemos cuando leemos a Kierkeggard, cuando leemos a Beckett, cuando leemos a Rilke? ¿Qué hacemos cuando leemos a Rulfo, a Fernando Pessoa? ¿Levantaríamos a ese silencio una religión?

Que nuestro arte también mire el silencio. Sea nuestra oración.

 

 CONCLUSIÓN SÍLABA  A SÍLABA.

“América son todas las edades en un mismo tiempo presente”, nos dejó dicho Alejo Carpentier. América es el continente fabuloso, el continente presentido. La ignota terra. Lo distante, el abismo. La antípoda.

El continente de los aires dulces. La última Thule. El continente de los libros raros y curiosos. La aventura de la caballería medieval.

Isabel es un adorno exótico de ojos entre verdes y azules. Los colores del reino fabuloso.
El lenguaje de Castilla y el reino aragonés, el lenguaje de Granada. Cabalga la reina, sobre cojines de brocado y con corona de perlas.

Las perlas las pescan los negros y ellos no tienen alma. Pintan con ellas sus paredes de colores y las dejan por ahí tiradas. Las pater noster y las avemaría.

Edad media hecha de colores y de telas. Vestidos guarnecidos, brocados, capuz de grana, terciopelo, faldetas, platas, dorados, paño carmesí. “Dibujo esmaltado en letra capital, en donde está todo lo demás de un libro de horas”, nos dice, Germán Arciniegas, en Alemanes en la Conquista de América. Quisieron hacer de nosotros los americanos un pueblo de ermitaños y el resultado fue el continente de la libertad. Nos hizo libres un lenguaje que hicimos nuestro. Lenguaje para decir la voz y el lirio. Lenguaje para cantar el paisaje. Los campos ríen. La metáfora de la luz, se hace, en la poesía colombiana, objeto de conocimiento. Aurora con sandalias de oro. Tiene rosados dedos.

Calificativos griegos, latinos, árabes y hebráicos para el nombrar. Esperamos nuevas auroras; verde violeta, blanca luz solar, prisma, oscilación en el éter. Átomo y palabra.

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