Festival Internacional de Poesía de Medellín

Poetas invitados al 25 Festival
Internacional de Poesía de Medellín

Julio 11 al 18 de 2015

Poetas de América


Apuntes para una autobiografía. Poema leído en la clausura
del 21° Festival Internacional de Poesía de Medellin


Fernando Linero   nació en Santa Marta, Colombia, en 1957. Realizó estudios de Música, Literatura y Filosofía. Ha publicado los libros de poesía: Sonata del Sonámbulo, 1980; La risa del Saxo, 1985; Guijarros, 1990; Aparte de Amor, 1993; y Palabras para el hombre, 1999.

En sus propias palabras: El único método que conozco para acceder al poema es el mío propio, el ser yo mismo. Yo soy mi propio modelo. El más rico material con que cuento es el de mi vida. Todos los poetas somos distintos, independientemente de sí nuestro trabajo es bueno o malo. Cada uno deja su impronta; cada uno crea su propio mundo y a su juicio lo representa. Desde su soledad, cada uno extiende su imaginación, reinventando las cosas una y otra vez para todos aquellos que sueñan. Esto es lo que constituye el estilo. No hay poesía sin estilo. El estilo es el individuo. Ese es el real aporte del poeta: su búsqueda personal”.


La poesía, el poeta: algunas aproximaciones éticas

El poeta se encuentra inmerso en las aguas de su tiempo y resiste sus acometidas y divisa sus alcances. Ya nos lo dijo Antonio Machado: “La poesía es el diálogo de un hombre con su tiempo”. El poeta no puede negar su vinculación moral con la historia. No es concebible un poeta  sustraído del acaso y la indeterminación de la vida, alejado de las cosas que suceden a su  alrededor. No es posible vivir sin el mundo. La consecuencia de sus desvelos –el poema-  no tendría carácter de necesidad.

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Al poeta no le interesan las teorías éticas, sin embargo cuando arriesga su estabilidad existencial, económica, social, etc por seguir la sombra del poema está ejerciendo una ética.

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María Zambrano sostiene que: “El poeta ya no está fuera de la razón, ni fuera de la ética; tiene su teoría, tiene también su ética propia, descubiertas por él mismo, no por el filósofo (…) en los tiempos modernos la desolación ha venido de la filosofía y el consuelo de la poesía.”


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Detrás de toda esta discusión existe una realidad que mucho tiene que ver con el resultado de esta pesquisa intelectual: que la libertad –condición sine qua non - de la poesía tiene para sí un concepto particular del fenómeno ético.

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Cualquier postura ante la vida lleva de suyo una actitud moral. La inevitable interacción entre el yo y la realidad es una trama ética. No existe un ser humano sin facciones éticas. Lo ético es el modo de vivir, y es desde ese espacio que cada colectividad establece un paradigma del hombre.

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Ser poeta es una condición que nunca podrá ser indiferente a los asuntos de la moral. Hay un contenido ético del yo del poeta muy fuerte.

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La poesía propicia la reflexión sobre el oficio, sobre los recursos, sobre su manifiesta filiación con la vida; todos los caminos de la realidad pueden ser transitados por la poesía; por esta vía es irremediable caer en la siguiente indagación: está lo ético ya contenido en lo poético? 

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Desde el momento en que el poeta se aventura en los territorios del poema, -con la elección de las palabras, con sus símbolos, con la definición de su expresión, etc...- está dando noticias de una posición personal sobre su noción del bien y del mal. Sin embargo reconozco que dilucidar al respecto no resulta fácil. Sólo sé que estamos a la sombra de parámetros de libertad que no existen; que observamos un paisaje de hombres y mujeres analfabetas, sin salud que ven morir de hambre a sus hijos; un paisaje donde ninguno cree verdaderamente en la equidad, en la amistad, en la libertad; un paisaje que acepta de la forma más burda su egoísmo; que admite sin recato que el fin es el dinero, ¿Frente a  tal espectáculo qué tipo de pensamiento moral podemos esperar del poeta? Con seguridad uno revestido de crítica de las relaciones sociales vigentes.

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 Con todo estoy de acuerdo con José Bergamín, cuando sostiene que la literatura es de hecho un producto de la sociedad, así que pretender hacer literatura social significa pecar contra la propia naturaleza de la literatura. “A la ética por la estética” proclama Juan de Mairena el heterónimo preferido de Machado.

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Esto no cierra la posibilidad de que, por ejemplo, el conflicto político pueda ser tema del poema. Cualquiera puede ser el tema de un poema, este no se fundamenta por su contenido, por sus propósitos, sean estos cuales fuesen, la poesía requiere, ante todo, una precisión estética. No existe ningún argumento, ningún pensamiento, ninguna metafísica que por el hecho de concurrir en un poema lo justifiquen desde la perspectiva del arte Al respecto el poeta Riechmann manifiesta: “¿Hasta cuándo habrá que seguir repitiendo la obviedad de que el valor estético de un poema no guarda ninguna relación con su contenido? La temática no implica una estética.”

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La poesía no es un asunto de sólo palabras. Detrás de ella hay sustratos de realidad que hablan de su época. Esto no quiere decir que –como pedía Gabriel Celaya- esté obligada a darle voz a los vencidos, a los mudos. Lo ideal es lograr que ellos puedan hablar pero -lo dice Riechmann- esto ya no es una tarea de la poesía sino de la práctica revolucionaria y las revoluciones no se hacen escribiendo poemas. Puede ser que la palabra se manifieste incapaz de encarrilar las iniquidades.


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Esto no está en oposición con lo que todos reconocemos en la poesía: esa fuerza activa que pone en riesgo el equilibrio de lo estable, de lo que tiende a permanecer quieto, que está concatenado íntimamente con ese insurrecto que hay agazapado en todo poeta y que  Rimbaud identificaba con un “desarreglo sistemático de todos los sentidos”.


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¿Cómo separar al poeta del hombre? Es inevitable que la poesía se refugie en una conciencia de lo personal. Soy de los que asume que pensar en la vida particular de cada uno es ya un tema social, y en el poema no sólo se ventilan las certidumbres del poeta sino también las de la humanidad. No puedo desconocer que las más recientes décadas han presenciado un progresivo desplazamiento de los razonamientos estéticos hacia espacios ideológicos; que actualmente, a menudo, indagación moral y reflexión ideológica se confunden. No obstante no creo en eso de que la poesía sea un arma cargada de futuro. No sé hasta dónde se pueda transformar algo a través de la poesía. Es menester que el poeta examine su entorno para cantarlo, para ser simplemente un hombre más al lado de los otros hombres.


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Personalmente creo que cualquier creación humana debe conducir hacia el bien, pero tengo claro que aunque el hombre como criatura viviente es extraordinariamente espléndido, no todas sus acciones lo son. Ser moral no simboliza obligatoriamente ser bueno. Tal claridad no me obliga a nada, me sumo a lo que dice René Char: “el poeta tiene a lo más una tarea, pero no una misión”.

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La poesía se obliga, no admite obligaciones. Comprometerse con ella estrictamente es comprometerse con su tiempo y con sus semejantes. No creo que exista un imperativo ético para la poesía, a pesar de la dimensión crítica de su lenguaje. Es un evento natural que acepta una verdad.

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La conciencia social del poeta no tiene porque hacer del poema un libelo, una proclama por la libertad, etc. Si bien la poesía puede tener un efecto moral porque explora en el seno de lo individual, no ejerce una función ética pública. Algunos poetas persiguen su propio estilo y sus propios temas casi como una obligación ética a otros por el contrario no se les ve la idea de compromiso de ética de la escritura. El poeta garabatea o no su poema, no existe un compromiso ni siquiera consigo mismo. No hay un compromiso a priori.

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Por encima de las falacias sobre las que se escribe la historia, ahora más que nunca nuestra realidad exige un espíritu particular involucrado con la sociedad. Es necesario concebir la moral, no como un listado de abstracciones, sino como una plataforma en la que sean posibles los nexos. Siempre habrá un modo distinto de ver la realidad, eso debemos tenerlo claro a la hora de juzgar. Por eso no hay que concebir el sentir del opuesto como una piedra que nos lanzan. Esto amplía el marco de acción que tiene para un individuo y para una sociedad el asunto moral.

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En cuanto a los poetas creo que mientras colaboremos con que permanezca el asombro, algo estaremos haciendo; mientras propiciemos la pervivencia de la mirada espontanea del niño, de la mirada limpia; mientras avivemos la esperanza de unidad entre seres humanos en un ámbito común, algo estaremos haciendo. Si hemos estado apartados de ciertos mecanismos sociales, es hora de recuperar los lazos; no hay que olvidar que mediante su poesía el  poeta ofrece al hombre que carga adentro. Es la hora de redimir nuestra memoria histórica, única vía para edificar una conciencia ciudadana consistente, que despliegue las puertas del futuro y para ello necesitamos una lectura progresista de lo que ha sido la construcción de este país.

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Es evidente - por encima de la diversidad de opiniones que se puedan manifestar para riqueza de esta discusión-, que la poesía ayuda a los pueblos a reivindicar sus valores; ella intenta proporcionar una explicación a todos los desasosiegos que una sociedad es capaz de formular y su avance o retroceso, obedecerá al avance o retroceso de esa sociedad.

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La apuesta es no renunciar a la historia, no renunciar al sueño de alcanzar para todos un único cielo cotidiano y feliz.

Bogotá, enero 25 de 2015


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Publicado el 2 de febrero de 2015

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