Festival Internacional de Poesía de Medellín

Poetas invitados al 25 Festival
Internacional de Poesía de Medellín

Julio 11 al 18 de 2015

Oscar Saavedra Villarroel

Oscar Saavedra Villarroel (Chile). © #25FIPM. Photo: Beatriz Ortega
Oscar Saavedra Villarroel (Chile). © #25FIPM. Photo: Beatriz Ortega


Oscar Saavedra Villarroel   nació  en Santiago de Chile, Chile, en 1977. Es poeta y videopoemista. Licenciado en Educación. Becado por la Fundación Pablo Neruda en el 2005.  Ha participado en encuentros nacionales e internacionales de poesía. Un adelanto de su proyecto poético dOPING hISTÓRICO fue publicado en "Anomalías, 5 poetas chilenos" (Editorial Zignos, 2007). Tecnopacha (Editorial Zignos, 2008) y Tecnopacha intervenido (La One Hit Wonder, Guayaquil, Ecuador, 2012). Ha obtenido varias menciones en diversos concursos (Juegos Florales Gabriela Mistral 2008). Coordinador del encuentro latinoamericano de poesía Descentralización Poética, director de la editorial Andesgraund y de las Escuelas de la Poesía. Dirige cursos de poesía en distintos lugares de Chile.

Escuelas de la Poesía website
Poemas Artepoetica.net
Poemas Antoniomiranda.com.br
Entrevista Letralia
Archivo de autor Letras.s5.com/
Poemas Laseleccionesafectivaschile.blogspot.com/
Lectura de poemas Canal Youtube de Oscar Saavedra
Entrevista Audio publicado en Ivoox.com/
Poema Tecnopacha Audiotecadepoesia.blogspot.com/



Po (ética)
Mi política es la poesía. Y trato de llevarla al máximo de la consecuencia


Por Oscar Saavedra Villarroel
Especial para Prometeo

Soñé con una biblioteca que caminaba en mi población y llevaba muchos libros de poesía.
María Ibacache, 9 años

            La ‘sociedad’  tiene un lenguaje, sus gracias y sus ceremonias que supone ha de volver a encontrar en los libros que lee »(Sartre,1990,105)

 

Escribo poesía para los perros para los pájaros para los gatos, dice Fernando;
escribo poesía porque incluso antes de saber cómo escribir ya la escribía, agrega Manque;
escribo poesía porque ignorarla no vale la pena si está en todas partes, con ternura dice lore;
escribo poesía porque a veces me olvido de como se habla,  la voz de Michelle;
escribo poesía porque nunca encontré las esferas del dragón, la risueña valentina;
escribo poesía porque un tiburón tapó el baño, el imaginario de Jordan;
escribo poesía porque me tomé una sopa de letras, ríe carolina;
escribo poesía porque una goma está borrando mi cara, tímidamente Jazmín;
escribo poesía porque un libro me dijo que alimenta el cerebro, con fuerza me grita Marcos;
escribo poesía para salir de la pizarra, sabiamente Rocío;
escribo poesía porque así imagino más cosas para seguir escribiendo poesía, dice Luis.
                        Y me pongo a leer y escuchar, entre ethos y morada, a todos estos pequeños poetas que van desde los nueve a los diecisiete años
                                   y siento a la poesía como cada palabra que sale de cualquier boca lengua, territorio, espacio, silencio ligado directamente a la memoria
y que yo estoy aquí como un obrero de la obra; que jamás seré obra: sólo un libro, que ojalá,
camine y deje sus huellas, pero donde se ponen los pies/ desaparecen los caminos, escribió Teillier.

Aunque hay que tener bien en claro
que el primer acto político  del poeta es con la palabra. Luego hacerlo sociedad,
                                   pensamiento: un jardín en medio de una habitación
                                   o una habitación rodeada de libros
                                   que cantan su alfabeto.

El sueño de la razón engendra monstruos, escribió goya.
El insomnio de la inocencia titanes, agregó Damaris.

                                   Y entre el sueño y el insomnio: la textura del texto, el atreverse a mostrar el mundo en una frase.
No vivir siempre de la cesantía del autor. O tachar cesantía y autor.
Porque:                                  
Si tiras un libro de poesía sobre la mesa, espero que se lea.
Si hay tanto libros de poesía como de narrativa, algo está pasando ¿no?
Si vamos más allá y nos damos cuenta que está el sol
mirándonos para iluminar el lenguaje,
demostrándonos quizá que  todo puede ser escrito/ visto/ oído/ percibido a través
de las palabras (amigas proletas, de bajo costo, que su grado de ocupación depende de nuestra creatividad o respiro)
                                   entonces
                                   :
escuchamos el movimiento de las hojas/ de la pala/ del carbón/ del mar, de los dialectos, del respiro social de los cuerpos,
del otoño cesante; de la primavera frondosa que es la comunicación.
Del poema kamikaze que invade nuestras cabezas.

El poeta es un triunfador –por transpiración o ethos- si logra que otro u otra agarre las palabras
y las vierta a la juguera de su vida.
Si pensamos, por ej,
que lo primero que hace un niño o niña, luego de escuchar  sonidos desde luego, es escribir, y que cuando lo hace las murallas tiritan, los padres tiritan, la casa le debe un juego lingüístico.
Posiblemente esa es una de las primeras respuestas que entrega el ser humano
                                   entorno al para qué,  el porqué de la escritura, en este caso de la poesía, en cuanto a imaginario, sociedad, tiempo presente, crónica;
                                   dejando de lado lo totalitario
para darnos cuenta que la poiesis, puede definir incluso el concepto vida.
Y de tanta vida:
                                               la palabra no conoce el concepto muerte dentro de la praxis
(aunque hay palabras que se suicidan)
a lo más desprendimiento, lejanía, borrón y cuenta impaga.

                                               La poesía es importante por muchos factores: cuando la palabra está en huelga, cuando la palabra está en crisis, entonces
                                   entramos de lleno con el poema kamikaze, aquel que hace temblar el colonialismo de la gramática imperante. (El poeta no puede mamarse la gramática imperante)
                                               Por ej: una persona que se acerque a la poesía
                                               puede definir su entorno, su vida, su adentro,
                                               la otredad que lo compone;
ese espacio entre lo sociocultural y la polis.
                                                                                  La política. El espejo pasa a estar
                                               en el segundo plano de la voz/ del ojo
                                               ok ok.
algunos dicen:
“se escribe por necesidad”. Otros por transpiración. El concepto necesidad –en tiempos utilitaristas-  me molesta. Hay que hacerse cargo cuando las palabras se añejan o pasan a ser un lugar común.
(Hay ciertas raíces que podrían conceptualizar mejor el por qué lo hago, por qué se hace)
Lo hago por la raíz, por el ethos, diría alguien, por el aire, o por un relámpago por Concepción
o la concepción
                                   de la vida: el deporte de mover el lenguaje,
                                   hacerlo visible: hacerlo pensamiento: darle respiración boca a boca a las palabras
(en tiempos de fantasmas / virtualidad o literatura fantástica)
para que el otro u otra comprenda que la historia no sólo la escriben los historiadores
y que los historiadores requieren de las palabras, de la memoria, del juego sintáctico que much@s poetas han realizado con o sin éxito
                                               -y ahí la sociedad-: todo poeta, así “todo poeta” es rotundamente político; apolítico: las pelotas; las palabras son verdaderas mutuales o colectivos dentro y fuera de la página
            Recuerdo, por ej, lo anómalo de la niñez: eso de quedarse leyendo libros antes de ir a jugar a la pelota o una fiesta. Mis fiestas eran con palabras. Extraño para un adolescente: muy anormal por lo demás en tiempos que nos quitaron o quemaron los libros. Nos patearon la memoria.
No nací con Pinochet, pero él hizo trizas los recuerdos de mi país.

Por eso, cuando viene un poeta y dice: “escribo poesía para mí mismo”.
Le pregunto: “¿500 ediciones, mil ediciones, para ti mismo?”

No creo en la propiedad privada de la idea, menos del libro; ni del texto  enjaulado
–menos menos de la lengua- . Y ni hablar de los supermercados
Neoliberales
                                               (de los libros) (de la palabra) (de los autores).
Yo hace rato que no escribo para mí, y si lo hago, ahí está guardadito (aunque todo el rato uno escribe desde adentro, por mucho que exista el ojo analítico – diarios de vida por montón, traducciones por doquier-  

Pero siempre el oído, el ojo atento, los quiebres están en la esquina o a tu lado.
Es cosa de salir a caminar
                                               y confundir si eres ser humano o palabra
                                               o eres palabra convertida en ser humano.

Podría decir:   Soy un libro objeto que todo lo que toca lo convierto en poesía.

Pero ojo: no nos leamos los poemas entre traductores.
No tiremos tanto eufumismo al aire. En este país anoréxico hay mucho activista de face,
                                               Anarquista de mall,
                                                                                  Poeta que supo inglés a temprana edad
                                                           y ahora firma no más lo que su oído ojo o lectura veloz le indica. Olvidándose que alguna vez se subió a un árbol de letras y que esas letras nacieron de los pobladores que formaron su memoria.
                                                                                                         
Porque lo que se hacen aquí son traducciones, no me vengan a decir que existe un oppen latinoamericano,
                        No me vengan a vender lenguajes, dice paíscidio (próx libro a publicar).

Nací poema, me crié poema, moriré poema, ahora veamos si soy libro, pienso.

Pero la poesía es peligrosa (se escribe con un pasamontañas).
                                   Y si sale de los libros, y si viene con todos sus significados y significantes
                                   a poner orden a nuestra historia
o desordenar el estado neovidrio de los paseos ahumados de la colonización.
El sistema tiembla e inventan clases de lenguaje con vestimenta de cow boy .
Entonces entra la poesía –el poeta: no el personaje: eso para las performances vedetteanas- : con su palabra: no su hegemonía: sino su luz, su brillantez, aquello que por ej:
                                   es más libre que la libertad.
            (aunque nos tengamos que mamar a Nebrija-la Rae- y tanta rareza colonialista)
Latinoamérica tiene historia/ chile tiene historia/ Colombia tiene historia/ la pequeña cuadra que habito tiene historia.
Aquella familia,
                                   ese auto cargado con verduras,
esa chica que cruza la calle y se saca un clavo que la molesta tiene historia.
Nosotros somos historia:
                                               la poesía nunca pasará a la historia: porque la escribe,
                                               la narra,
la desnarra: la deja en dos o tres palabras: como un condenado a parir mentes.

La tejedora ve su fibra como la poeta su palabra.
El hilo siente la mano, como la palabra la lengua,
escribe Cecilia Vicuña.

El texto como una tela a varias manos. (Uno no es una isla, por mucho que se compre una sombra)
La poesía sí que es un arma: una instancia: la posibilidad de agarrar una cabeza
y depositarla en una línea que posiblemente asumirá su rol social,
comunicativo;
su hormigueo sintáctico:
porque soy lenguaje, soy poema
soy
                        Una palabra que me distingue.
Cada lugar, cada persona tiene una palabra que lo identifica.
Cada territorio tiene un sonido.
                                               INTENTA      mantener         un habla:

Yo no he elegido la literatura, sino la poesía. No son la misma cosa. La literatura es una posibilidad de la lengua, la poesía es una manera de despertar la palabra, dice Bonnefoy
Prosigue:
La poesía está para recordarnos que todas las palabras, incluidas las que usamos automáticamente, o tanto que parecen gastadas y poco relevantes, son las responsables de la realidad

El sujeto poeta, muchas veces, dicen, apesta. Pero las generalidades para un poeta
no entran al caso (y yo no creo en el sujeto social poeta/ creo en el actor social poeta
a la manera de Marx):
                                   Conozco poetas niños, poetas niñas;
                                   Poetas dueñas de casa;
                                   Poetas que se descubrieron a sí mismos a los ochenta años;
                                   Poetas que darían su lenguaje por ver un ethos
                                   dentro de los libros;
                                   Poetas rocas, poetas desierto, poetas
                                   Professeur;
                                               Profetas de la palabra.

                                   Yo sería feliz siendo un poeta dueño de casa
cocinando libros, para invitar a la población, a comer un plato de palabras.
Por ahí existe la sopa de letras:
                        su función o fundación:
                                   Cierta conquista

No se es escritor por haber elegido decir ciertas cosas, sino por la forma en que se digan, escribió Jean Paul Sartre

Ya por el 20 alguien bajó la poesía al habla cotidiana –y no precisamente en Chile-
Antes un filósofo llamado Wittgenstein dijo que lo que no podíamos decir mejor callar.
Ya en mil 800 y algo, alguien como Withman relató la historia de su pueblo.
Otros como Lee Master levantaron un cementerio y sus respectivas confesiones.
La Violeta Parra cruzo Chile buscando el –su- sonido.
Parra desde entonces debe decir: soy el hermano de la Violeta Parra.
                                               La profesora poeta Gabriela, por otro lado, nos dijo,
“Amo las cosas que nunca tuve con las otras que ya no tengo”
Y tengo –tenemos- las palabras.
El acto político de la colectividad sobre una hoja o el aire.
                                  
Hay que ser absolutamente niño, pienso.
                                   Ahí existe y radica la escritura en su máxima creatividad
                                   (Quien ame las cosas que nunca tuvo
                                   entenderá, las que ya no tiene)
Por algo la escritura existe gracias a la oralidad.
Mientras la colonización y la propiedad privada de la palabra se encargaron
de dejarla en un tercer o quinto plano cuando reinaba
                        por sobre la escritura misma:

El escritor entonces se sienta a pensar sobre el sentarse a pensar
sobre el sentarse a pensar.
La realidad es todo.
La ficción es todo.
                                   Yo sigo la escuela x
                                   La X se disocia con la Y
                                   X más Y andan en círculos
                                   Y hay que salir de los círculos y menos sentarse en cuadrados.

La poesía existe porque existe la palabra.
La palabra en su máxima posibilidad debe ser depositada en alguien,
en algo,
                        para caminar y seguir su viaje a otra lengua.

Escribir en castellano (con el lenguaje con pasamontañas) lo que no puede decir en español.

Obreros de la obra. No la obra. Para eso Dante. Goethe. Neruda.
Estamos
                        distanciados de la palabra que camina.
Demasiado codo enmohecido de tanto escritorio.
Aye por ej. en un taller que dicto en Quilicura –periferia extrema para los centros- pensaba en el discurso estancado
(Imperialismo artístico de la pobreza, por aterrizarlo)
en cómo se habla de la realidad, se escribe de la realidad, se discursea con la periferia
de la realidad
                                   pero, yo que ando a ratos por ciertos lugares alejados del centro,
                                   y por ende soy una cámara ambulante
                                   o un escritor o escribidor, como dicen algunos niños y niñas,
puedo decir que hay mucho discurso que se queda en el discurso sobre la  movilidad del libro o la poesía
                                               a excepciones (que son textos que caminan)

Está bien pensar en un idioma selenita: ahí la ficción anda a paso gigante.
Pero el problema no es el libro. El problema es lo que antecede al libro.
La poesía tiene libros en donde esconderse y, en la más luz de los instantes, salir.
Sin embargo:
                        El medioevo-contemporaneo está adentro de las casas, del imaginario
                        del artista, de las posibilidades rotundas del mercado para estancar
                        tanto el lenguaje como lo que produce el lenguaje: pensamiento.

Entonces:
Para qué un libro de poemas en tiempos de imagen, Facebook y virtualidad.
¿Para uno mismo?
No creo que 300, 500,  1000 ejemplares sean para uno mismo.
A quién, para quiénes y por qué.
                                  
Resistencia es una palabra usada como si estuviera de moda; independiente es otro concepto demasiado manoseado.
                                   Un poeta debe saber lo que dice, lo que habla, el contexto y significado de las palabras que anda tirando por ahí
                                               -insisto: el primer acto político es con la palabra

Cuando lo estético se va volviendo estítico y no genera más que movilidad entre pares, lejos del situacionismo del libro:
                                               La poesía está velándose.

Pero el poeta es importante, ese pequeño under es importante: no por un cachetero premio
            sino porque ahí está la magia del lenguaje:
                                               ahí está el entendimiento en que la población
                                               puede recurrir:
«Filosofando con el martillo »decía  Nietzsche, poetizando con el martillo, podríamos decir nosotros.
                                               Recuerdo algunos libros que he regalado
                                               Por ej, uno de Williams Carlos Williams, edit. Visor
                                               a una niña de diez años que quedó enamorada del libro     
                                               y le hizo comprender que para ella la poesía también existe no sólo como lectura sino también como escritura:

 

-Escribir es leer leer es escribir. Leer es escribir nuestra memoria-.

Pía de diez años escribió el siguiente verso: “cuando veo un árbol/ veo un país libre”.

Y díganme ustedes con quién se encontró Pía, ¿con un profesor solamente? ¿Con un poeta o un poema soñador?
Se encontró con libros de poesía que ahora la tienen marcando el aire; cambiando los muebles de su casa; el pensamiento de su casa.
                                               Si alguien comprende esta situación es porque la vive.
                                               De lo contrario: todo es ficción,
                                               simulacro como decía Baudrillard.

 Un día el mundo me llevó a escribir poesía. Y ahora no sé si soy
un poema
 o un hombre.

                                   Al poeta, por mucho que el neoliberalismo le entró en el cuore:
                                   no le tocó fácil:

ahí la honestidad de su habla, de sus palabras
que lo único que espero
                                               es que no se borren a sí mismas
                                               y queden como fantasmas
                                               en los libros que el sistema ha matado

y que el poeta
a base de ethos puede revivir.

Quince de marzo del dos mil quince
25 Festival Internacional de Poesía de Medellín


[Traducir la lluvia continental de las voces]


Elle Hombre detrás de su escritorio planetario-Inti,
mira las piernas de la Mujora, bien tatuadas de Andes,
bien lustradas de Infanta Costa, bien depiladas de aire;
mira su corazón de roca-lava, sus mandíbulas Tasmania,
esos ojos de luna-acrílica, esa piel de arena Sahara,
ese bronceado que induce a los Pachas a seguirlo,
a escuchar su voz de lírica-esterlina, esa voz sensual de mando
que le dice: “tráeme el occidente en un ojo esmaltado junto a la luna,
tráeme el fundamentalismo de vitrina subiendo
por el Monstruo Andes como espunka,  la prosa teórica del barro
                                               y esa ternura maniquí que truena como oda”.
Porque elle Hombre, tan postal eurolírica, tan valle central de los valles,
anda, el muy presidente, presidiendo el rompecabezas poblacional
de la existencia que los Pachas floran dentro de sus jaulas
como pájaros cívicos -sin alas- que chocan con los vidrios del cielo
y caen como textos en la memoria colectiva de la masa.
¿Viste, le dice a la Mujora ,
viste la rabia  de esa media agua tatuada en los ojos de ese niño?
¿Viste a ese niño vestirse de pobreza transcultural,
babeando banderas en sus cuentos infantiles?
La Mujora salivea muy atenta, salivea nube-agua,
porque ella dice ser la salvadora burguesa de la tribu.
Mientras Elle Hombre le sigue mirando las piernas,
la flora milenaria del origen, los caminos desaparecidos
de las ciudades que pretenden ser clonadas -según el dopaje
de la historia-
                            saben  las ciudades que desaparecerán
si el dictador no comunica,
es una quinta persona,
un adjetivo histórico que nada dentro de la prosa
que prende fuego a la existencia
y hace del lenguaje un estrellato,
un film con ojos en tiempo presente;
polvo, polvo, polvo, polvo,
luego barro, agua mundi, origen costra que se introduce
en las casas-ruca
                            para gritar: “este
                                               soy yo.
                            un neandertal de sangre azul”.

  

[tiene los ojos visionarios, una especie de flor flagelante]


La lucidez de la  Mujora zurce la libido snuff,
detona la eyaculación precoz  de los cerebros occidente,
amamanta a los fantasmas de esta ciudad sin nombre,
decodifica la transculturización de las paredes de los barrios
queriendo  impresionar con sus ojos ociéalos,
con su otredad de mirada atlántico de puro himen en sus gestos.
Vamos dice. He ahí la homocasta, grita,
cuando muestra sus dientes bandera, el rojo de su ropa,
el discurso nucleado afásico a puro gesto de piernas
y trasero canta el canto acústico de la tribu.
Y en cuatro invita  a fundar, a fundir la masa yerta
embalsamada de ríos, de lagos que sueñan con entrar
a la Infanta Costa embarazarla de barros,
a la Mama erosionarla de tragedias que versan los labios
de los Pachas a quienes les dice miren.
A quienes les grita mírenme entera como usaísta mayoritaria,
o sueño bandera galicista o burdel arequipa o
quinta de recreo posmocrática.
Es  la Mujora,              
que sabe distanciar el sol de los murciélagos estatales,
que  sabe silenciar a la lluvia
e impresionar a Pacha Hombre hasta la dictadura.
Calvinista se dice. Plataforma o escala  de estrellato milenario
llena de polen triunfador o estaca justo en el centro de un poema
que pronto será fuego en dirección  al ethos.  

 

[babean costras cuando observan a la Mujora seducir los páramos existenciales y políticos]


Por algo los Pachas sudan por los ojos los ríos de sus rezos
queriendo Bergerac enamorar los cuerpos de la Mujora.
Ella es diva. Ella es la Venus prístina del mar, gritan
a todos los pueblos que nadan por la ciudad
o naufragan a través de puertos Cartagena y ahí
las Espunkas observan el sol al revés del rezo estival,
que Pacha Hombre con un cigarrillo machista-pétalo de cobre,
se los quiere echar a todos esos Pachas a sus bolsillos,
basurear su historia medioevo, casi oscura de tanta mano ajena.
Por algo los bazofia a esos Pachas. Por algo los gangrena elíptico
/a esos Pachas
que cantan hipnopédicos el himno de una raza herida,
de una raza ahuecada de tanto Pacha Hombre,
de tanta anatema simbólica partidista – libertaria-,
ellos saben apostrofitos bellar el camino que esa Mujora desata.
Somos masa. Se saben masa. Se saben cálculo vidriera
o estandarte enunciativo Televisa.
Tienen miedo a vivir por siempre con sus sombras,
a ser aplastados por el mágico aliento de los Andes
y codearse codo a codo con el gesto tercer mundo del hambre.
Ahí están:
Versalles fosilizados, apoiésicos hipnotizados por las vidrieras,
entrecubiertos, casi delirantes, de tanto escupo enunciativo,
perdidos al compás de las miserias, al compás que joya Mujora
desata tan Venus, tan sirena,
que su carne se hace espiga, que su carne se hace barro bizco de mar,
arena arrumada hecha frontera.

 

 [Las Neuronas occidente se incrustan como seducción o viento que recorre la piel del pensar que declaman]


Las neuronas occidente cantan el canto acústico
de la tribu
y escupen perlas diamantinas bañadas de usaísmo escarlata,
bañadas y preñadas por un cielo amurallado
convertido           al cristiajipismo, a la sistémica vidriera
como iceberg fatuo y delirante,
junto al estresado Capital que les habla onírico, que les habla
y las mastica fosilisado, disfrazado de plástico
y bañado de arenas casi piedras,
con una piel de oro-planetario,
en donde guarda un pensamiento Franco-liberal,
poblado de luces, de un concierto de luciérnagas,
y es un foco París, un Entel, un BMW color tierra
a la hora en que las nubes lloran su barro,
lloran neuronas occidente como televisores portátiles hipnopédicos,
lloran por las costillas de Pacha Hombre
quien las incrusta, las brega,
parecen gotas sobre el vidrio de  ese Capital,
que se tatúa en la Mujora, a quien le dice:
dile a tu pueblo que he llegado.
Grítales si es necesario.

 

[A veces las historias saltan de un siglo a un milenio que la lluvia resbala]


Los Milenios le entierran la historia
         en la punta de la lengua a la Hombra,
                   le meten tijeras en su origen,
                            le cortan las llamadas geográficas;
ellos quieren encender la hoguera,
         quieren un cuerpo que sangre décadas,
                   siglos sobre el ojo imperial de los cielos.
Es la tecnocracia del averno, dice la
Mama, la versátil maniobra wall street, manos guerrilleras.
         Y la Hombra abre sus ojos recogidos del río de sus suelos,
y la Hombra se hace el Escrivá con cojones de oro,
         escribiendo con su hermético lenguaje citadino,
                   los desastres que el milenio le realza;
qué figura, qué siglos aquellos, qué instituciones
         rasgando el aire que tus pulmones expulsan, Ma,
                            ni tu cuerpo sangrará, te grita Costa Infante,
                            ni tus costillas de barro helénico codiciarán el campo estrellado
                            del poder que babea Pacha Hombre, sentando en su sillón,
                            dentro de su loft de ruca espacial, con cara Rockefeller
                            lo mira la Hombra, vestido de Isabel, bailando
                            sombreado sobre los milenios
                   que le dicen: ánima, que le gritan ánima
                   en el valle sideral de su Varsovia.
Es que Pacha Hombre le tira el cadalso.
Es que Pacha Hombre lo tiene hiroshima a papa Hombra
que insiste en verlo a él un Minotauro político
que acaricia el sol con sus pestañas,
y crea a la intemperie liberal que sus lápices demandantes le sacian:
         la ansiedad de saberse Zeus del país que fundaron
         los cuerpos que Visnú transmuta,
         los cuerpos que lava de sus labios lo siguen.
El milenio
                   un tal Zeus:
un poema arrugado del mundi global.


Publicado el 20 de mayo de 2015
Actualizado agosto 12

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