Festival Internacional de Poesía de Medellín

Poetas invitados al 25 Festival
Internacional de Poesía de Medellín

Julio 11 al 18 de 2015

Poetas de América



Ángela Suárez Tovar  nació en Duitama, Boyacá, Colombia, el 29 de enero de 1979. Es arquitecta egresada de la Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá en 2003. Ganadora del encuentro local de escritores jóvenes Tomalapalabra Universidad del Rosario, Bogotá en 2002 y 2003. Durante 2004 hizo parte del taller de escritores Esperanza y Arena y en 2007 del taller de creación de la Casa de poesía Silva. Magíster en Escrituras Creativas de la Universidad Nacional de Colombia, Facultad de Artes, Bogotá en 2012. En el mismo año obtiene la Beca de creación literaria dentro del marco del Programa nacional de estímulos del Ministerio de Cultura de Colombia, Residencias Artísticas Colombia – México. En 2013 La editorial El Quirófano publica algunos de sus poemas en la antología Sólo la herida- Veinte poetas jóvenes colombianos, Guayaquil, Ecuador. En este mismo año Obtiene la beca Conacyt para formarse como especialista en literatura mexicana del siglo XX en la Universidad Autónoma Metropolitana, sede Azcapotzalco, Ciudad de México; dentro de este período finaliza la tesis de investigación Palinuro estuvo aquí, un análisis de la construcción de espacios urbanos y arquitectónicos a través del lenguaje, dentro de la novela Palinuro de México del escritor Fernando del Paso. En 2014 es Invitada al VII festival Internacional de poesía de Guayaquil Ileana Espinel Cedeño. En 2015 la editorial Opera prima de la Universidad Nacional de Colombia publicará su primer libro de poemas: Parece que prefieres el tren a las plantas domésticas.

Mundos posibles

Una postura sobre la ética y la poesía


Por Ángela Suárez Tovar

Este poema
es un camino
hacia all í :
ese lugar
de lunas rojas
y soles alelados ,
es un sendero
hacia la incandescencia
hacia la bull iciosa
presencia de los pájaros,
es un conjuro
que restaura la ple ni tud
(…) y nos r egresa
al color de la llama.

Renata Durán

Cuántos mundos posibles aparecen cada vez que aparece un poema, cada vez que la poesía convoca otras formas del mundo para permitir al hombre habitar múltiples territorios confiados y distintos, para dejarlo creer en otros modos y en otras siluetas del mundo: esa es tal vez la condición ética alrededor de la cual preexiste la poesía.

Si recordáramos ahora cada uno de los territorios que aparecen inmersos dentro de algún poema, en los bordes del poema, en su esquina más aguda, o en su rincón más oculto, una cantidad de lugares aparecerán a la vista, tal y como aparece el universo misterioso y auténtico, construido dentro de aquel relato corto de Chejov, el escritor ruso que dejó dentro del cuento Una bromita, un rincón secreto que parece pertenecer a otro mundo posible, un territorio al que los personajes viajan a buscar el asombro. En esta historia, N se encuentra aquel lugar oculto en la frontera de su mundo real, y decide ir una y otra vez para descubrir un poco de misterio, viaja tras la sorpresa, esa que no encuentra en el mundo actual que le ha tocado vivir.

Aunque Chejov no escribía poemas, aquel mundo paralelo que describe en su relato, es tan poético y misterioso, como muchos otros lugares que aparecen construidos a través
del lenguaje de la poesía para recordarnos que podemos residir en el mundo de otra forma.

La poesía deja que se descubran otros lugares habitables de manera esperanzadora, otros lugares que se instalan como nuevas realidades llenas de presagios, como esta que
aparece líneas abajo para dejarnos imaginar que dentro de cualquier escena de lo cotidiano puede convivir otra, sorpresiva y restauradora:

Tenía un pacto secreto con el tren de la tarde Se preparaba un café negro con el ruido nebuloso de la radio de fondo. Tomaba el tazón y salía al patio. Luego se acomodaba cerca de la higuera para ver los últimos rayos de sol consumirse en el mar. Bebía su café y, cuando sonaba el inconfundible bocinazo del tren, entraba a su casa y volvía a trabajar. 1

Este reconocimiento de realidades está vinculado con la idea de justicia poética que plantea Martha Nussbaum en el libro que lleva el mismo nombre - Justicia poética 2- y que defiende la literatura porque precisamente nos deja comprender situaciones verdaderas 3, situaciones que en contraste con todos los mundos “ficticios”, secretos y reconfortantes que construye la poesía, recuerdan además territorios reales y nos ubican en nuestro propio contexto:

Donde quiera que vayas o vivas,
de modo sorpresivo o secreto,
algo llamará para llevarte
a un país más hermoso que es el tuyo,
a una ciudad tan hermosa que era casa.
Ningún reino o república dará lo suficiente
para olvidar lo suficiente mares despoblándose,
montañas altas desiertos claros que son como
fotografías que iluminan leves, pero
que ahondan la piel, el corazón, el alma.4

Este coincidir de dos mundos, esta visibilidad que proporciona el lenguaje poético y que pone en evidencia nuestro mundo real vs el otro mundo posible, esa forma de
franqueza con la que se muestran verdades e imaginaciones, es finalmente la forma que la ética encontró en la metáfora, es también la puerta de la que se habla cuando se dice
que la palabra del poema encarna, y trasciende; cuando se dice que “La piedra de la estatua, el rojo del cuadro, la palabra del poema, no son pura y simplemente piedra,
color, palabra: encarnan algo que los trasciende y transpasa. Sin perder sus valores primarios, su peso original, son también como puentes que nos llevan a otra orilla,
puertas que se abren a otro mundo. 5 ¿Cuántos mundos posibles aparecen entonces cada vez que aparece un poema?

1 Valentina Herrera, El pacto, en Antofagasta en 100 palabras: Los mejores 100 cuentos III, Chile,
Fundación plagio, 2014, p.61.
2 Martha Nussbaum, Justicia poética, Chile, Andrés Bello, 1997.
3 “Defiendo la imaginación literaria precisamente porque me parece un ingrediente esencial de una
postura ética que nos insta a interesarnos en el bienestar de personas cuyas vidas están tan distantes de la
nuestra” Ibíd.18.
4 Marco Antonio Campos, ¿Dónde quedó lo que yo anduve?, Colombia, Universidad Externado de
Colombia, 2013, p.45.
5 Octavio Paz, El arco y la lira, México, FCE, 1972, p. 22.

Publicado el 1 de junio de 2015

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