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Hatto Fischer: La necesidad de poesía y filosofía

La necesidad de poesía y filosofía



Hatto Fischer en la Conferencia de Berlin 2010 © Yehuda Swed


Por Hatto Fischer
Especial para Prometeo
Traducción de Arturo Fuentes

Resplandecer en la luz de la poesía; aquello es simplemente maravilloso, cuando sucede. Otra cosa ocurre cuando se encuentra uno bajo un puente, ¡en su sombra!

La segunda frase implica ya una curiosidad basada en el preguntarse “¿Qué tal si…?” Normalmente se le llama comentario filosófico a tal observación. Y puede usarse para formular la pregunta: ¿Y qué de nuestra percepción de las cosas, la gente y de nosotros mismos viviendo en este mundo?

En su combinación, poesía y filosofía crean algo como el pensamiento asociativo. Se basa en adivinanzas (“Deutungen” en alemán) -sobre lo que hay ahí-. La descripción de la realidad empieza por vincular la evidencia empírica con lo que podemos imaginar ver más allá de la realidad dada. El pensamiento asociativo depende mucho de referencias literarias que habilitan un vocabulario visual basado en permitir que nuestros sentidos hablen mientras nuestros pensamientos toman sus impulsos de las preguntas que nos planteamos.

Uno puede ver la corriente que pasa para recordar los tiempos que transcurren. Luego están los sonidos del agua que gotea. Que recuerdan igualmente cómo Joyce describió el caminar a través de un túnel en el último capítulo de Ulises. Sin puntuación. El lector tiene que encontrar un pasaje entre palabras tornadas pintura, trazos de sonido. Al emprender esta caminata imaginaria por el túnel, el sonido del agua goteante y las propias pisadas es cubierto por un tren que resuena sobre nuestras cabezas, hacia Paris.

Los poetas son constructores de puentes. Usan el lenguaje para pintar con palabras. Naturalmente nadie puede competir con el amarillo pintado por Van Gogh. Pero si miramos sobre su hombro y vemos que ha pintado campos al lado de la carrilera, uno tiene la sensación de zonas de tiempo distintas: aquí los campos ofrendando sus frutos en tiempo de cosecha mientras el otoño se aproxima, y allá el tren se dirige hacia la ciudad y a otra zona de tiempo. La línea divisoria es afilada. Sí recordamos cuán tristes estábamos cuando aún niños finalizaban las vacaciones de verano. Significaba literalmente tener que despedirse de un tiempo vital experimentado en aquellos campos, por la necesidad de volver a la ciudad y a la escuela. Eso no nos esperanzaba.

El dolor de la escuela implica el cómo no lo advertimos de algún modo pero ocurre que nos desconectamos de nuestros sentidos mientras el lenguaje empieza a ser dominado por conceptos que sujetan nuestras mentes, independiente de lo que nuestros cuerpos querían, que era de hecho salir corriendo como los salvajes y los locos. Así, el dilema de la vida empieza cuando poesía y filosofía ya no dialogan y el conocimiento se torna aventura abstracta sin importar lo que la gente común pueda sentir y pensar mientras se expone a las diarias faenas de la vida. Aquella separación se acentúa más aún cuando la filosofía niega los sentidos y así a la poesía, como confiable recurso de verdad. Hegel no fue el único filósofo en sostener esta forma de negación. Significa que el poder reside en abstracciones de la vida real y eso explica entonces con qué han tenido que enfrentarse después los poetas cuando intentan comunicarse pero no llegan siquiera a la mitad de la población allá afuera en la realidad; específicamente la red urbana.

Solíamos conocer los tiempos de acuerdo a las estaciones. Hoy demasiada gente vive en ciudades e infortunadamente no nota el cambio de estación ni las estrellas arriba. La única luz que les da algún sentido de seguridad son los semáforos. Eso significa que ya no viven en la antigua Polis, donde filósofos empezaban desde poemas a preguntarse por las estrellas, sino en un mundo urbano que no sólo se ha tornado hostil a los sentidos sino que trata de abrumarlos con la creación de realidades virtuales. La tecnología ya no es por tanto una mera herramienta sino que reemplazó a cualquier teoría de sociedad, a medida que domina como lógica de organización de la vida cotidiana. Significa que nos hemos vuelto aleatorios en nuestras comunicaciones personales. Así que el problema más serio para la poesía y la filosofía se ha vuelto que no saben aún cuál es lenguaje de los sentidos. Poetas y filósofos perdieron el contacto con la gente por diversas razones. Mientras los poetas buscan el ser lírico, los filósofos ya no advierten que palpar con los dedos permite un tipo de verdad, así como es mejor que un doctor tome el pulso a que use un instrumento mecánico para medir la fiebre. Por eso el lenguaje ha sido colmado de todo tipo de distracciones artificiales y virtualmente nos venda. No sorprende que parecemos no ver la verdad, que yace en las puntas de nuestros dedos.

Incluso cuando sigues la descripción de Ces Nooteboom sobre su viaje a Compostela, no estás seguro si sucede en primavera, verano u otoño. Incluso cuando el invierno se omite, sigue válida la observación de que la literatura en ausencia de las estaciones y por tanto en ausencia de los sentidos, sólo funciona con agudos contrastes. Así, como lectores imaginamos experimentar simplemente el contraste entre el estar caliente afuera y el frío adentro del monasterio. Para lo segundo otra cosa se agrega sólo cuando el autor, hablando de las murallas del monasterio, dice que conservan un frío silencio. Ello hace visible el aliento del visitante, como Picasso que se alejó de la pintura abstracta hacia el Cubismo, para hacer visible el aire en el salón.

Aquí empieza pues el problema. Perplejos por todos los diferentes sentidos del mundo expresados no sólo por poetas o filósofos contemporáneos, hay también un sentido de ser transportados por lo que Ai Wei-Wei ha estado haciendo desde que abandonó la pintura en Nueva York y encontró su respuesta artística en lo que Duchamp definió como arte minimal. ¿La pregunta es si lo mismo aplica para los poetas que escriben haikú para intensificar un momento, como si los sentidos importaran sólo cuando pensamos que la belleza no es sólo un momento fugaz? Las estéticas de experiencia sí importan, sólo al recordar la diferencia entre voltear una página y deslizar un dedo por la pantalla al leer un libro electrónico. Thomas Kuhn, en su análisis del paradigma de la revolución científica, diría que vemos la energía cuando un motor de vapor hala aún el tren más allá de nosotros, mientras los nuevos trenes interurbanos, excediendo los límites de velocidad a más de 300 km por hora nos dejan ver sólo algunas chispas desde los cables eléctricos. Pero la energía es incluso también un trozo de dicha. Ritsos diría que para hacer realidad necesitas cierta locura.

Al mismo tiempo, la filosofía ha buscado ir más allá no sólo del modernismo, sino también del postmodernismo. La crítica se despliega desde lo que ya no es confiable, lo  simplemente construido. Se basa en el rechazo de la realidad, la cual no está arbitrariamente construida. Debido a este dilema de acabar en un espacio arbitrario cuyas fronteras son creadas por el uso de la negación de la negación, esta nada en efecto obliga sólo a los resignados a retornar a algún nuevo tipo de idealismo. Ellos lo hacen en alabanza de lo autosuficiente, una forma de realismo igual de fría. Desafortunadamente ello da lugar a un falso orgullo, entonces no nos asombramos cuando Pablo Neruda aconseja que la emancipación empieza al deshacerse todo orgullo dado que éste conduciría solamente a la soledad, lo que significaría que nos hemos convertido en autistas sin contacto con la realidad. Entonces ¿dónde obtener alguna orientación no fuera del laberinto sino desde un mundo gobernado por arbitrariedades, siendo el terror su arma principal?

Sobre este gran continente americano la literatura ya nos ha provisto de otro tipo de orientación. Está Cien años de soledad de García Márquez para mostrar que la muerte llega a la aldea con los soldados. Luego hay también la necesidad de un “intercambio de piel” como lo describió Carlos Fuentes. Al leer aquella novela percibes lo que dijo Borges acerca de que la cultura se deriva del mediterráneo, mientras una desviación de allí es lo que se convirtió en característica dominante durante los tiempos en que se crearon las colonias. Para Cortés significa traer traición a las relaciones humanas a través del amor. Ya que la relación de América con Europa ha sido de desconfianza. Un retorno al viejo continente europeo significa entonces sucumbir a la “visión de la soledad”. Lo último fue convertido en el diseño arquitectónico del Theresienstadt, usado en la Alemania de Hitler para reunir judíos antes de llevarlos a Auschwitz. Agregado a ese aislamiento a propósito, y a la separación de lo que debería estar unido, específicamente el cariño de una familia, es una broma pesada de Katerina Anghelaki Rooke, aquella gran poeta griega que dijo que  una broma alemana no es materia de risa. Fuentes describe lo que toma lugar en Theresienstadt alrededor de aquel tiempo cuando Eichmann supervisa la solución final. Él quiere hacerles una última broma a los judíos y entonces ordena a la orquesta judía tocar por última vez. Cree que lo más apropiado a su broma es que toquen el Réquiem de Verdi.

Lo que Carlos Fuentes describe es una forma de asegurar que la literatura puede conservar el papel mediador entre poesía y filosofía. Si aquel es el legado posterior a la Segunda Guerra Mundial, entonces dejemos que lo sea. No deberíamos terminar negándonos de nuevo, y este es el riesgo de perder un sentido de orientación. Lo último es llamado la visión ética del hombre y ofrece la percepción de cómo la creatividad y las mentes creativas pueden ser mejor explicadas. A aquello pertenece también lo que Thomas Mann describe como condición para que la cultura se desarrolle, esencialmente experimentar el 'Stallwärme' o la calidez del pesebre. Agregó después, conocer a una persona democrática se siente al darle la mano y darse cuenta inmediatamente que en ese hombre cuerpo y alma están unidos. Tiene sentido entonces hablar acerca de la justicia esencial como prerrequisito para la integridad intelectual. Sólo entonces será la consistencia del pensamiento capaz de aplicar lo que Van Gogh llamó lo más grande de todas las artes, esencialmente la habilidad para observar y aplicar la ley de proporcionalidad, incluyendo al niño con relación a la mesa y al hombre con relación al mundo.     

Dado que tales reflexiones del legado se alejan desde el fin de una terrible guerra en Europa en 1945, ¿qué sería entonces una noción de paz que se pudiera sostener a través del tiempo? Estaban las promesas de las viejas generaciones de no tener guerra de nuevo. Pero si tal promesa fuera simplemente construida como un edificio hecho con el silencio sobre todos los crímenes contra la humanidad, ¿qué queda para ser reverenciado? Aquella pregunta de la religión a la política tiene que ser reformulada. Quizá la mejor versión fue la de Michael Grüber, quien dirigió una obra teatral llamada “Leyendo a Hölderlin', y significaba que era un fragmento del Empédocles. Porque en aquella pieza está todavía la pregunta de por qué la gente espera la palabra del supremo líder mientras que el último fracasa en liberarse de su esclavo. Este fracaso subraya que el problema real de que la gente siga un líder está conectado al principio jerárquico, de modo que al final, aquellos que lo han dado todo, y eso significa casa, esposa, hijos, en resumen lo que Zorba el griego llamó catástrofe total, sean incapaces de vivir en libertad. Igualmente el líder no se deshará de todas las expectativas puestas sobre él, como si pudiera decidir su propio destino. Sabemos que Empédocles se negó a volver a la Polis de la que lo habían desterrado originalmente, pero entonces ¿por qué terminó su vida saltando en la boca abierta del volcán Etna? En el drama, sólo habla un hombre sabio: Manes de Egipto. Él le aconseja al gran hombre volverse como uno de nosotros: gente común que se sienta alrededor del fuego en el atardecer y escupe semillas de dátiles mientras cuenta historias salvajes que inflaman sus imaginaciones. Hölderlin, no debemos olvidarlo, tenía a Esquilo en mente al intentar escribir una típica tragedia griega, pero nunca lo logró. Sus tres fragmentos sobre Empédocles subrayan el hecho de que no es tan fácil imitar al más antiguo de los escritores griegos, porque ellos tenían algo esencial a la vida, sus espíritus. Puede ser llamado los Misterios de Eleusis, pero algo hay que añadir. Esquilo hizo de estos Misterios un secreto abierto al revelarlos, contrario a la promesa total sobre ellos en el escenario. El antiguo teatro griego se convirtió por virtud de ello en un intento de verdad pública y era más honesto que lo que los medios modernos podrán lograr o incluso decir que lo están intentando cuando hablan sobre las causas de la guerra en Irak o en otro lugar. Aquello es porque los poetas y filósofos tienen actualmente más dificultad ya que el espacio común llamado cultura no puede ser comunicado a través de un sentido de verdad compartida acerca de cómo usar los espacios públicos. E incluso si la verdad y un diálogo constructivo parecen no existir, puede ser el lugar donde se inspire cada uno a enfrentarse a toda aquella importante búsqueda de la verdad.  

Si algo es tan sagrado como una verdad desconocida, entonces cambiar la dirección sólo sería posible si no todo está permitido y la humanidad se alista a admitir que algunos errores se han cometido. Cambiar la dirección sólo será posible si nos damos cuenta de que no es demasiado tarde para corregir estos errores. Por consiguiente, era el consejo de Adorno relatar todo como había pasado y por eso, al no añadir algo o embellecer algo en la necesidad de ser críticamente nombrado, entonces podría ser una oportunidad para encontrar algo en esta búsqueda de la verdad.

La búsqueda es imposible mientras que nos aferremos a una absurda realidad hecha absoluta por la fuerza de la abstracción. Lo último hace a la vida real más difícil. Porque nos deja sin una huella de memoria por la que podemos descubrir qué huellas hemos dejado atrás, y a través de las cuales podemos contar historias sobre nosotros y de este modo descubrir nuestro verdadero yo. La huella de la memoria se conserva, de acuerdo a Jean Paul Sartre, por lo que él llamaba 'le vecu': experiencias vividas. Sin él, no sabríamos qué es la comprensión verdadera de las cosas, ni valoraríamos al mundo con juicios diferenciados. Sería casi imposible resolver contradicciones y conflictos, con el fin de alcanzar toda aquella importante consistencia en nuestro pensamiento y acción. De ahí la exigencia en la que permanecemos a tono con la vida, por lo que necesitamos los sonidos de la música no simplemente para el propósito de entretenernos, sino para conservar viva la huella de nuestra memoria. Y después de todo, esto se hace con palabras honestas. Lo que hace toda la diferencia. Nos permite crear una huella de memoria, mejor hecha de acuerdo a Simone Weil, al arraigar nosotros mismos en las palabras que usamos al alzar la voz.

Mientras la música compuesta por Bach busca la voz humana, el mundo literario marca cambios de dirección como momentos decisivos en la historia de la humanidad. Están los extraordinarios relatos breves de Stefan Zweig. Ellos están recogidos en su libro llamado “En las horas de las estrellas” que señala cuándo la humanidad triunfó al hacer la diferencia en la historia.

Tal cambió de dirección también es descrito por Peter Weiss en “Estética de la resistencia”. Él relata acerca de un hombre envuelto en la Guerra Civil Española. Mientras era perseguido por la policía de Franco, se topa con una iglesia dónde ocultarse. Una vez adentro de aquel espacio de silencio, descubre de repente tales pinturas hermosas colgando de la pared, que olvida que lo están persiguiendo. El sudor del miedo y del correr pronto desaparece. Sale del templo caminando, no como un perseguido sino como un hombre sereno. Ese cambio de dirección y transformación le da el refugio que necesita. No es reconocido por la policía que busca todavía al hombre que perseguía. Incluso aunque no fuera una historia verdadera, ¿está diseñada para hacernos pensar aún?

Está también Juan Gutiérrez en Madrid, una figura histórica de verdad. Él ha practicado siempre una actitud realista hacia conflictos y guerras mientras fue por catorce años director del Centro de Búsqueda de la Paz, que llamó sabiamente “transformaciones del conflicto”. Lo último refleja su convicción de que ninguna solución puede ser encontrada al prometer “¡nunca guerra de nuevo!” Aquello no resolverá el problema de la guerra. Porque la energía detrás de los conflictos nunca desaparecerá totalmente. Por tanto es mucho más aconsejable, así su argumentación, canalizar estas energías en vías alternativas. Cita el ejemplo de las pandillas que luchan en las calles especialmente en la noche, permitiéndoles en su lugar jugar basquetbol. Las energías están allí todavía, pero ahora alimentan una amistosa competición.

Juan Gutiérrez recoge historias de desobediencia civil bajo el aparente título “Semillas de paz”. En una de sus muchas historias recuenta cómo un hombre se aproximó a un sacerdote y le preguntó si podía confesarse. Sí, hijo mío, respondió el sacerdote, pero vamos para ello a la iglesia. Una vez adentro, el sacerdote corre la cortina y le pregunta qué tiene que confesar. Su respuesta es breve y cortante: “¡He venido a asesinarte!” dijo simplemente. Y el hecho de hacer tal confesión, le dio la oportunidad de la desobediencia civil. Nunca cumplió órdenes y por tanto no mató al sacerdote.

Juan Gutiérrez piensa que cada vez que miramos al pasado, todo parece ser una mera sopa de violencia. Este es especialmente el caso cuando estamos aún traumatizados por  violentos conflictos, especialmente guerras. Parece que ellas son lo más recordado. Entonces seguramente lo que se necesita antes que nada es una intervención positiva para cambiar este unilateral punto de vista general de cómo ha sido, y por tanto siempre es lo mismo. Para cambiar aquella generalización negativa se necesita la intervención de alguna memoria positiva. Sólo entonces podemos estar seguros, sin generalizar demasiado, que todo está mal.

Sin embargo, podemos evadir el esquema negativo de las cosas siempre y cuando no hagamos un análisis generalizado de la violencia y así reducir todo a una mera víctima, a una mera dinámica víctima-victimario. En su lugar Juan Gutiérrez propone que podríamos mirar en el contexto más amplio. Es el caso que a menudo un gran juego está siendo jugado con muchos componentes diversos. Por ello la vida no está constituida sólo de batallas sino que hay también momentos de ayuda, cooperación, redención e incluso signos de amor por la humanidad.

Todo esto es dicho como parte de las reflexiones del amplio movimiento mundial llamado Guernica de los Niños–Juventud de Guernica. Empezó en Japón en 1995 en recuerdo de  Nagasaki e Hiroshima, mientras se refiere al Guernica de Picasso. Significa permitirle a niños y jóvenes que entren a un proceso de aprendizaje colaborativo cuando pintan juntos un mural de paz sobre un lienzo con la misma medida del Guernica de Picasso, específicamente 7,8 x 3,5 metros. Para dar un ejemplo en relación con lo que se ha dicho antes, fue creado un mural en Trípoli, Líbano, con el significante título: “¡para recordar necesitas olvidar!”. Fue pintado por estudiantes de diseño y tres niños pequeños en memoria de los inocentes testigos asesinados por la explosión de una bomba cerca de dos mezquitas muy cerca de su escuela. Aquello sucedió en agosto de 2013. Muchos murieron y otros más resultaron heridos como es siempre el caso cuando el terror golpea de la más viciosa e igualmente arbitraria manera. Aquel es el signo de un mundo habiéndose vuelto un orden aleatorio en el cual todas las decisiones se basan simplemente en los cálculos de la probabilidad, porque la verdad se ha perdido, por tanto allí sólo sigue el terror. Aquello fue predicho por Robert Musil cuando escribió su novela “El hombre sin atributos”. Aún más terrible leer la carta de una amiga que vive en Trípoli, muy cerca de aquellas mezquitas, quien describe cómo las madres gritan los nombres de sus hijos sabiendo ya plenamente bien que nunca volverán.

Lo que es tan significante del título “¡para recordar necesitas olvidar!” es que cualquier política oficial basada en la promesa “nunca olvidar” es no sólo muy compulsiva, sino que no es lo suficiente realista para reconocer cómo el trabajo con la memoria se hace posible a través de la cultura. Cuando Vincent Van Gogh abandonó a Holanda para unirse a los impresionistas en Francia, se dice que tuvo que caminar primero a través del “río del olvido” antes de poder aprender a pintar de nuevo y de forma distinta a como lo había hecho anteriormente. El rechazo de la necesidad de olvidar como se practica en Israel puede llevar a un tipo de ceguera institucional acerca de lo que se le hace a los palestinos. En lugar de mantener canales abiertos de comunicación, los obligan a abandonar su herencia cultural vinculada a la tierra de sus ancestros, y al fracasar en darles un estado propio, puede amenazar cualquier comportamiento de los palestinos en cualquier tiempo como una amenaza de seguridad. Justifica la policía el sacar de la cama al propietario de una casa particular en medio de la noche y forzarlo a tapar los slogans pintados en los muros de su casa. Mientras el padre pinta de nuevo, su hijo observa cómo las letras de los slogans siguen legibles y posteriormente evocará estos signos insignificantes al crear una pintura llamada “tierra heroína” que subraya la locura de la humanidad. 

Igual en Alemania, existe una cultura de memoria oficial que arriesga distorsionar experiencias que ocurrieron mientras la gente hacía sus deberes en una realidad que se vivía de nuevo cada día. El riesgo de semejante cultura de la memoria oficial es imponer sobre cada uno una sola forma de recordar las cosas. Para el estado significa aplicar tal esquema de memoria de modo que todo pueda ser declarado de ser exitoso,  incluso cuando se conoce el presente, la gente sigue recordando cómo era antes de la reunificación alemana, entonces no todo el presente amerita la etiqueta del éxito.

La vida es mucho más complicada y requiere un proceso de socialización muy diferente. Por tanto la brecha entre este y oeste a pesar de la caída del muro de Berlín el 9 de noviembre de 1989, sirve a un nuevo propósito, específicamente que no todo fue resuelto una vez Hitler fue vencido en 1945. Sólo el miedo al movimiento Pediga, en especial en Dresden confirma lo que Horkheimer y Adorno ya preveían cuando publicaron su libro “Dialéctica del esclarecimiento” en 1944. Ellos escribieron entonces incluso cuando el fascismo había sido vencido, que perdurarían fuerzas xenofóbicas a las que necesitarían enfrentarse. Dado el flujo de muchos refugiados en Europa vía Grecia e Italia con Lesbos y Lampedusa, estos se han tornado más que meros lugares simbólicos, dado que ahora nuevas esperanzas aseguran la victoria de la solidaridad humanitaria, gigantescos retos esperan al viejo continente y a los estados miembros de la Unión Europea. Ya al final del 2015 hay casi 800.000 en Grecia y casi un millón de refugiados en Alemania. Mientras existan las necesidades prácticas de dar refugio, comida y estatus legal a los recién llegados, hay algo más de importancia. Por cómo los recuerdos están pasando ahora de generación en generación una vez que han tenido que huir de sus respectivos hogares, habrá también una diferencia acerca de cuán verídicas son las historias que se cuentan. La diferencia creará una diferencia en reconocer las necesidades reales mientras mantenemos viva la necesidad de redención a largo plazo. Porque sólo entonces la paz, en el sentido realista de Juan Gutiérrez, es concebible. Lo cierto es que los refugiados sólo recordarán vagamente los días de su infancia. Aquello les dolerá tremendamente una vez se den cuenta del gran precio que han tenido que pagar cuando sus niños no puedan jugar a la sombra del olivo que el abuelo sembró hace un tiempo.

Así llegamos a un punto crucial en nuestras reflexiones acerca de lo que viene ¿Será simplemente un asunto de entender cómo funciona la memoria? ¿O necesitamos de nuevo aprender cómo anticiparnos al futuro, y todo eso será posible si la imaginación se ha fugado con este nuevo tipo de guerra, que usa el terror como si deseara transformar la Tierra en una gran guerra civil?

 Cuando hablamos de nuestro proyecto europeo llamado HERMES para descubrir cómo los nuevos medios de comunicación pueden servir al doble propósito de promover y proteger la herencia cultural, nos referimos a la herencia cultural intangible que contiene también la memoria del futuro. Porque a menudo tenemos algunas brillantes percepciones acerca de cómo podríamos hacer algo diferente para solucionar problemas que sufrimos mientras permanezcan sin resolver. Estos varían, desde la opresión política hasta la pérdida de la libertad. Ambos necesitan ser superados si le vamos a dar forma a la democracia nosotros mismos. Pero el arte de recordar estas percepciones es no negarlas simplemente porque ellas no pueden ser advertidas bajo las presentes circunstancias. Por tanto importa para las generaciones futuras si las preservamos y esperamos activamente hasta que el momento correcto venga a realizarlas. Colectivamente la humanidad trabaja constantemente sobre tales soluciones que pueden realizarse de un modo no violento porque la cultura se basa en una constitución que preserva la dignidad de cada hombre, mujer y niño.

Hay algo más a ser dicho. Si esta búsqueda de la verdad está basada en los recuerdos del futuro, entonces nuestros sueños se vuelven conceptos realistas que podemos imaginar., lo que nos permite ver lo que hay en frente y al mismo tiempo nos da la libertad para cuestionar la realidad, ya que no es algo dado, fijo. Habrá una diferencia cuando estiremos el brazo a los demás; para entonces se volverá una posibilidad imaginar un desarrollo común basado en la empatía por el otro. ¡Esta empatía significa que los otros ya no son vistos como enemigos! Sólo si la gente se resigna y ve sólo los desarrollos negativos que tenemos por delante, entonces estará inclinada a retirar su empatía por los otros y así hará imposible que la verdad pública se base en un diálogo pacífico. 

De interés es que el más reciente Premio Nobel de Paz ha sido otorgado a cuatro representantes de la sociedad civil en Túnez, reconocidos por su honorable forma de haber contribuido sustancialmente a defender el diálogo en su país. Más que sucumbir a la violencia sectaria basada en una actitud autoritaria e igualmente absoluta que se empecina en la venganza y no en la redención, Túnez ha logrado esquivarla, aunque ha llegado peligrosamente cerca de más terror, como ha sido el caso en tantas partes.

El terror es el más arbitrario uso del poder. Busca enviar esporádicos mensajes de miedo a las multitudes, de modo que empiecen a evitar los espacios públicos, que son cruciales sitios de encuentro en ciudades que necesitan democracias, así como la gente aire para respirar y una vida diaria con un final feliz al volver a casa ilesos al atardecer. Sin espacios públicos, la cultura no puede florecer. La gente no sería capaz de compartir uno de los más importantes elementos comunitarios, especialmente la confianza.

Sin confianza en lo que percibimos, escuchamos, vemos, olemos, y probamos, no seríamos capaces de realizar prácticas democráticas. Ellas necesitan la certeza de los sentidos. Para asegurar que los sentidos permanezcan intactos, la filosofía no debería negar la poesía como fuente de verdad. Para encontrar aquella identidad verdadera el “Yo” lírico será necesitado, de modo que los poetas se tienen que volver filósofos si el amor del conocimiento se vuelve sabiduría práctica, a través de cómo la gente ama la vida.
Para continuar comprendiendo las condiciones bajo las cuales la humanidad tiene qué y puede vivir sobre este planeta Tierra, el diálogo entre poesía y filosofía es necesario, pues de hecho vienen primero las respuestas poéticas, y luego sigue el trabajo analítico de sopesar de forma consistente, nuestra aproximación a tomar decisiones transparentes para los otros.

Por tanto uno tiene que recordar aún más acerca de lo que era hace un tiempo en la antigua Grecia el arte de hacer que los misterios se convirtieran en ritos abiertos para sostener la paz. Simplemente dicho, si el misterio de la poesía y la filosofía se puede combinar para mantener vivo el asombro de la vida, entonces dará lecciones morales sin que nadie tenga que asumir la alta autoridad de un sacerdote moral, ni tomar el poder como si sólo un líder supremo, con autoridad religiosa absoluta pudiera lograr gobernar. Las lecciones que deberías sacar de Empédocles se deben mantener en mente, pero sólo aprendemos cuando reconocemos nuestras propias fallas en defender el espíritu de los hombres, mujeres y niños libres.

La necesidad de mantener la poesía y la filosofía en diálogo, es así un prerrequisito esencial para sostener tanto nuestra percepción sensorial como el discurso público. Ambas se necesitan para permitir a la cultura permanecer sobre un camino mejor descrito, por lo que Michael D. Higgins,  poeta y presidente de Irlanda, ha llamado  “una búsqueda por la verdad”.

A este concepto de verdad tiene que ser añadido el tacto del ciego. Él puede ver más que otros cuál es el mejor camino para salir de la crisis y cómo mantener un sentido para nuestro futuro común. Donde vivo en Atenas, es decir, cuando no estoy en Berlín, hay un hombre ciego de esos, acerca de quien escribí este poema:

El ciego

- para Costis, hijo de Melina

Él ve mejor que cualquiera
lo que sientes y contemplas.
Siente con sus manos
Lo que tu sonrisa significa para otros.
      Y recoge mucho de tu voz.
A menudo te preguntas cómo se mueve
por las calles y encuentra todavía
su regreso a casa,
             todo por sí mismo.
Parece nunca estar solo
en su mundo de constante distracción.
Todos le saludan y lo aman
Porque no conoce el sarcasmo
y tiene una palabra amigable para
quien pasa por su casa.
Incluso a un extraño, él le diría,
qué bueno que vives entre nosotros,
especialmente cuando una crisis
nos golpea tan fuerte que nadie puede ver
lo que viene. A esto añade,
inclinando la cabeza mientras sus ojos
tratan de ubicarte,
el pensamiento de que la vida es más poderosa
cuando la visión de un futuro común
nos guía a todos. Entonces aprieta tu mano
y te deja ir, confiando
en que encontrarás el camino, solo.

12.3.2012

A este respecto, les deseo a los colombianos todo lo mejor en su búsqueda de la paz, mejor conocida mientras tenga un futuro común con la humanidad.

Atenas
Primer borrador 18.12.2015 

Publicado el 20 de enero de 2016

Última actualización: 04/07/2018