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Koulsy Lamko (Chad, 1959)

Koulsy Lamko (Chad, 1959)


 

Concierto de ranas encintas


1
Mi sombra-tonta me sigue, me trastabilla el paso. Salto, salta; me pongo a croar, croa
Me sigue. Se empeña en seguirme. Testaruda. Me acompaña desde mi croar de rana, desde que aprendí a saltar. Sombra-tonta, espesor de mí mismo y revela el sol que ineluctablemente nos dobla.
Me pongo a croar. Sombra-tonta, desmedida: se me pega al trasero. Marcha más rápidamente que yo mismo, salta más alto que yo mismo, se pone en cuclillas, elegantemente, más que yo mismo. ¡Sombra-tonta que habla!
Cuando murmuro, ella murmura, grita sus palabras y cuando yo hablo de modo audible, ella me grita al tímpano. Me contradice. Ella propone universos sonoros de su elección. ¡Insinúa propuestas tendenciosas!
El sol huyó de allí desde que cayó la nube negra. Halos pálidos de farolas que se derrumban vertiginosos sobre el cráneo. Para infiltrarse intermitentemente.
Mi sombra-tonta me adelanta cuando la farola se aleja.
Claro-oscuro. El halo de luz desaparece a merced de los vuelos de los buitres. ¡Carroña!

 

2
Y esta sombra-tonta que no veo más a mi lado; ¡pero que se afana por contarme a mí mismo! ¡Insistente, tiñosa, y que me canturrea al tímpano, y que me ensordece a veces! Ella se impone a mi conciencia, rectifica todo lo que pienso, se subleva contra mi lógica, impone la suya, despótica, tiránica. Ella me grita:
“Soy tu sombra tonta. Yo soy tu mismo. Si tú me matas, te matarás tú mismo… ¡Me has matado!"

 

3
Me pongo a croar.
¡Ofrendas a la tierra madre! Libación. Agua. Sol.
La temporada había sido excelente, los graneros rebosaban mijo, frijoles, cacahuates, sésamo.
¡Tierra, madre de todos!
Esa tarde, la luna se había divertido en ponerse una diadema, una corona soberbia y láctea engarzada con estrellas luminosas que se precipitaban por todos lados en un correteo despeinado.
¡Me pongo a croar!

Ofrendas a la tierra que se dejó alegremente embarazar y que generosamente porta los frutos de sus múltiples amores.
Es una tierra sin petróleo

No había gemido, la tierra, durante toda la temporada, no había conocido los dolores del parto que a veces la indomable sequía introduce en el ciclo de la gestación.
Es una tierra sin coltan, sin oro
Ella no había sufrido abortos y por eso había portado las semillas a la maduración, hacia el hogar blando donde estuvieron fuertemente enganchados los ovarios a las trompas.
Es una tierra sin uranio, sin plata, sin diamantes
Ella no había sido inundada por un río de sangre roja y fluyente de gruesas olas hacia la delta de la nada, un río de cuerpos de goma-inflados ahogados flotando sobre los mantos de la crueldad
Es una tierra sin acero, aluminio, cobalto, hierro, manganeso, mercurio, níquel, platino, tungsteno, plomo, plutonio, radio, vanadio

Entonces las espigas fueron pesadas de romperse, pesadas de cosecharse, pesadas de transportarse en los cuévanos sobre la cabeza y el cuello hundido hasta los hombros. ¡No hacía falta sino que el pueblo de la tierra agradeciera a las fuerzas que agitan la vida! Y los hombres, y las mujeres danzaron.

 

4
¡Danza! ¡Eh! Sí, porque bailar es una plegaria. Que un cuerpo se mueva así en un ritmo, solicitado por la música y los cantos del ambiente, que un pie se ponga a martillar el suelo, a levantar polvo y se deje atravesar por este trance… que un individuo se licuifique en un cuerpo desarticulado con el movimiento de las mejillas que se contraen, se relajan, ojos que se abren se cierran tal el relámpago, del vientre que se contrae, se distiende ondulando sus músculos, del pecho que sacude los hombros, agita los brazos y bate las alas… de retozo en retozo, de acecho en acecho, astucias de estremecimientos felinos… luego el goteo del sudor salado sobre el torso desnudo o empapado que moldea la película fina de tela de algodón sobre los senos…esa libertad que atraviesa el pensamiento se lo lleva consigo y deja el cuerpo en ebullición…
Sólo los dioses y las diosas saben bailar
Necesito una tierra de paz… de paz , de paz, de paz.
¡La tierra de los dioses está muerta!

 

5
Salto croando e hincho mi piel rugosa recorrida de veneno mortal
si los muros del “Castillo de Varans” pudieran hablar, dirían de la esclerosis múltiple, la muerte cuajada en los intersticios de las paredes de ladrillos mal cocidos y  hormigón, gritarían el dolor de los andamiajes-árboles metálicos enmohecidos en el pasillo de un jardín de pesadillas donde crecen los bultos de patatas en las lianas invasivas; apestarían el hedor repugnante de los perros cíclopes tísicos y sarnosos que encontraron allí en el palacio conquistado sobre los campos de perfidia, el reino del caos.
Si los muros del “Castillo de Varans” pudieran hablar,
gemirían, contando la tierra cuajada en estatua de sal, cuajada en granito rosa en los cofres de feldespato de mica y de gneis, publicarían la esclerosis en las articulaciones de los gandules desgraciados y pobres diablos con el cabello prematuramente encanecido, la hipertensión correría por las venas embrutecidas de las inquietudes, farándula de enfermedades cortas: diabetes, sida, Ébola, zika… los corazones gruesos de decepciones y de delirios abortados, los hígados despedazados en la absorción de las aguas de letrinas infiltradas, aguas manchadas por el fracking, el ahogamiento de los hombres-moscas en los vapores fermentados en el alambique; la conciencia en pasta de mandioca alimentada por cianuro intravenoso;


6
Si las paredes del “Castillo de Varans”  pudieran hablar,
 gritarían el desamparo de cien mil adolescentes suicidados en la hoja de cáñamo; el desamparo de cien mil niños " los llamamos los colombianos "; vivienda-basura ocupada ilegalmente en que se amontonan arroyos de pollos pinchados y heces de cervecería; vivienda-basura ocupada ilegalmente con pedazos de chicouang seco bañado de residuos; vivienda-basura ocupada ilegalmente ocupada por noches blancas tiritando en el ángulo muerto del suelo frío de las tiendas; vivienda-basura ocupada ilegalmente por el polvo de las fábricas abandonadas, de las tiendas des- laminadas bostezando  al viento, gritarían la adolescencia que viaja bad trip con el  pegamento solvente, hurgando en el bolsillo de los demás, andando a navajazos, se rasga los nervios, la carne… viviendo en bandas-desperradas compartiendo con los coyotes de enfrente la tira de carne rebelde colgada en el hueso del pollo masticado; son todos perros, niños y perros … si, debilidades de boca en el mundo de los perros. ¡Perreros! ¡Perrerías!

 

7
Si las paredes del “Castillo de Varans” pudieran graznar,
contarían el tiempo de los niños vaqueros, esclavos de vacas, que dicen en coro el blues desmontado la llanta: " ¡Deshonrado sea quien me esclaviza! Maldito sea y mi dolor en esta tierra donde el genitor de las vidas ofrece en esclavitud sus entrañas a los rapaces por una becerra sarnosa; maldita sea la tierra y - a mí esto me desgarra- donde los vientres vergonzosos quemaron el oprobio hasta las cenizas de sal gema. En el pasado, la angustia de dar a luz era un orgullo.
Mi padre, mi madre me han vendido como boyero sin trompetas sin tambores; todavía en mi tobillo ensangrentado el anillo pesado de esclavo cautivo de vacas; la tierra se hizo pueblo de nuevos esclavos, pueblo de zombis; el granizo se derrumbó, rabioso, luego un viento de amoniaco sopla, leones trasijados yacen en tarumbas; zombis que mutan en metempsicosis, leones se dan por el culo sin esperma en los canales del glande; la tierra de los hombres está muerta; qué la tierra maldita se abra y me trague para siempre y qué jamás yo renazca nunca más, ni siquiera en estrella. No I don’t!
 Si todos estos muros pudieran llorar, derramarían torrentes furiosos de lágrimas de cólera y sollozarían: dolores de parto; daño a mi país de placenta donde mi pueblo valiente pueblo reducido a la mendicidad melindrosa y torsiones hilarantes de densas habladurías estériles; mal en mi país del sueño aplastado por las diosas llamadas geoestrategias, los lobbies petroleros, las redes militaristas, nostalgias de colonos, esbirros asesinos de llanas devociones, los falsificadores del desarrollo, los fundamentalistas iluminados cooptados, y la lista es infinita; mal en mi país desierto sabana y bosque dónde mi pueblo valiente pueblo pace heces de desesperación como un montón de orugas, torciéndose en contorsiones en una calabaza pirograbada llena de cenizas ardientes. Taparse la oreja, es indecencia; ser ciego es una vergüenza; callarse un crimen.

 

8
Si los muros del “Castillo de Varans” pudieran hablar, croarían con gravedad y se dejarían pintar un mural  en el llano de su espalda con estos colores de revolución roja de mendigo: ojos saliendo de sus órbitas cavernosas, aliento sulfuroso en huevo macerado, basura de palabras gritadas-mojadas en la baba espesa, rabia - basta - mierda – mierda… muchedumbre negra comprimida - apretada, oscurecida, bramando de esperanza; codos escamosos contra los pechos libres, arroyo que chorrea sudor de las axilas, los esqueletos desgarbados,  pies sobre pies que chapotean en la sangre de gruesos hervores; vejigas rojas estalladas por los cañones de los carroñeros; muchedumbre gris que no vacila más en los albores del día naciente; puño en alto apretado-cerrado; dedos desnudos para la alianza de bodas eternas selladas para el grito…
BASTA
 y el copular histérico con los florilegios de fraternidad autentica… de la Libertad…

México, abril 2016

*

Koulsy Lamko nació en Dadouar, Chad, en 1959. Es poeta, dramaturgo, novelista, profesor universitario, guionista, músico, actor, y gestor cultural.  Estudió Artes y Lengua y Literatura Francesa. Su obra es un símbolo contra el autoritarismo y las dictaduras que han asolado a su país y a otras regiones africanas. A causa de la guerra civil en su país natal, ha vivido en exilio desde los 20 años en algunos países de África, Europa y América. Actualmente vive en México donde ha desarrollado una importante labor en función de proteger a escritores perseguidos del mundo, a través de la Casa Refugio Citlaltépetl para Escritores, en la Ciudad de México.

Fundó y dirigió también el Centro para las Artes y el Teatro en la Universidad Nacional de Ruanda. Ha publicado, entre otras obras: Exilios, 1993; El reposo de las máscaras, 1995; Como las flechas, 1996; Aurora, 1997; La cabeza bajo la axila, 1997; La falena de las colinas, 2000; La serpiente emplumada, 2002.

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Poemas

Publicado el 10 de mayo de 2016

Última actualización: 04/07/2018